martes, 8 de mayo de 2012

La más perfecta novela policíaca

En 1841, un pobre hombre de genio, cuya obra escrita es tal vez inferior a la vasta influencia ejercida por ella en las diversas literaturas del mundo, Edgar Allan Poe, publicó en Philadelphia Los crímenes de la Rue Morgue, el primer cuento policial que registra la historia. Este relato fija las leyes esenciales del género: el crimen enigmático y, a primera vista, insoluble, el  investigador sedentario que lo descifra por medio de la imaginación y de la lógica, el caso referido por un amigo impersonal y, un tanto borroso, del investigador. El investigador se llamaba Auguste Dupin, con el tiempo se llamaría Sherlock Holmes... Veintitantos años después aparecen El caso Lerouge, del francés Emile Gaboriau, y La dama de blanco y La piedra lunar, del inglés Wilkie Collins. Estas dos últimas novelas merecen mucho más que una respetuosa mención histórica; Chesterton las ha juzgado superiores a los más afortunados ejemplos de la escuela contemporánea. Swinburne, que apasionadamente renovaría la música del idioma inglés, afirmó que La piedra lunar es una obra maestra, Fitzgerald, insigne traductor (y casi inventor) de Omar Khayyam, prefirió La dama de blanco a las obras de Fielding y de Jane Austen.
  Wilkie Collins, maestro de la vicisitud de la trama, de la patética zozobra y de los desenlaces imprevisibles, pone en boca de los diversos protagonistas la sucesiva narración de la fábula. Este procedimiento, que permite el contraste dramático y no pocas veces satírico de los puntos de vista, deriva, quizá, de las novelas epistolares del siglo dieciocho y proyecta su influjo en el famoso poema de Browning El anillo y el libro, donde diez personajes narran uno tras otro la misma historia, cuyos hechos no cambian, pero sí la interpretación Cabe recordar asimismo ciertos experimentos de Faulkner y del lejano Akutagawa, que tradujo, dicho sea de paso, a Browning.
  La piedra lunar no sólo es inolvidable por su argumento, también lo es por sus vívidos y humanos protagonistas: Betteredge, el respetuoso y repetidor lector de Robinson Crusoe; Ablewhite, el filántropo; Rosanna Spearman, deforme y enamorada; Miss Clack, «la bruja metodista»; Cuff, el primer detective de la literatura británica.
  El poeta T. S. Eliot ha declarado: «No hay novelista de nuestro tiempo que no pueda aprender algo de Collins sobre el arte de interesar al lector; mientras perdure la novela, deberán explorarse de tiempo en tiempo las posibilidades del melodrama. La novela de aventuras contemporánea se repite peligrosamente: en el primer capítulo el consabido mayordomo descubre el consabido crimen; en el último, el criminal es descubierto por el consabido detective, después de haberlo ya descubierto el consabido lector. Los recursos de Wilkie Collins son, por contraste, inagotables». La verdad es que el género policial se presta menos a la novela que al cuento breve; Chesterton y Poe, su inventor, prefirieron siempre el segundo. Collins, para que sus personajes no fueran piezas de un mero juego o mecanismo, los mostró humanos y creíbles.
  Hijo mayor del paisajista William Collins, el escritor nació en Londres, en 1824; murió en 1889. Su obra es múltiple; sus argumentos son a la vez complicados y claros, nunca morosos y confusos. Fue abogado, opiómano, actor y amigo íntimo de Dickens, con el cual colaboró alguna vez.
  El curioso lector puede consultar la biografía de Ellis (Wilkie Collins, 1931), los epistolarios de Dickens y los estudios de Eliot y de Swinburne.      

[Jorge Luis Borges. Prólogo a La piedra lunar, de Wilkie Collins, Biblioteca Personal Borges, Ed. Orbis]

En español hay disponibles varias ediciones. La mejor de ellas, sin ninguna duda, es la de Alba Editorial (arriba en la imagen), que cuenta con la impecable traducción de Catalina Martínez Muñoz.                      

4 comentarios:

  1. Hoy Barbusse ha acertado de pleno, cosa que por otra parte hace casi siempre, pero es que la entrada del blog de hoy es mi novela de intriga favorita. Y no solo de intriga, sino policiaca, con personajes creados ya para siempre. ¿A quien no le gustaria ser el Sr. Betteregde? Ese mayordomo fiel a la familia de la casa que fuma tranquilamente y que todas las soluciones a los problemas cotidianos los encuentra en su manoseado Robinson Crusoe. Y no digamos del gran detective Cuff, que al final se da por vencido en sus indagaciones. Que les voy a decir, verdaderamente maravillosa. Lean la Piedra Lunar.
    Enhorabuena Jesus P.

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  2. Totalmente de acuerdo, Antonio Luis. Es una obra maravillosa e inolvidable, una de las grandes obras de la literarura. Al lado del viejo Wilkie la gran mayoría de escritores de hoy lo único que pueden hacer es agachar la cabeza, no te parece?

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  3. No quiero parecer demasiado condescendiente pero me ha encantado el blog. Enhorabuena.

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  4. Hola, me está encantando tu blog, que no te guste Quebert y que te apasione este libro ( y "La dama de blanco", la tensión que tiene, hasta miedo da ... ) te da muchos puntos :-).

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