miércoles, 9 de mayo de 2012

Los buenos consejos de Polonio

POLONIO: ¡Todavía aquí, Laertes! ¡A bordo, a bordo! ¡Qué vergüenza. El viento sopla en la popa de tu nave, y sólo aguardan tu llegada. Acércate. ¡Que mi bendición sea contigo! Y procura imprimir en la memoria estos pocos preceptos: No propales tus pensamientos ni ejecutes nada inconveniente. Sé sencillo, pero en modo alguno vulgar. Los amigos que escojas y cuya adopción hayas puesto a prueba, sujétalos a tu alma con garfios de acero, pero no encallezcas tu mano con agasajos a todo camarada recién salido sin plumas del cascarón. Guárdate de entrar en pendencia; pero, una vez en ella, obra de modo que sea el contrario quien se guarde de ti. Presta a todos tu oído, pero a pocos tu voz. Oye las censuras de los demás, pero reserva tu juicio. Que tu vestido sea tan costoso como tu bolsa lo permita, pero sin afectación a la hechura; rico, mas no extravagante, porque el traje revela al sujeto, y en Francia las personas de más alta alcurnia y posición son de esto modelo de finura y esplendidez. No pidas ni des prestado a nadie, pues el prestar hace perder a un tiempo el dinero y al amigo, y el tomar prestado embota el filo de la economía. Y sobre todo, esto: sé sincero contigo mismo, y de ello se seguirá, como la noche al día, que no puedas ser falso con nadie.

 
(De Hamlet, Acto I, Escena III. W. Shakespeare. Trad. de Luis Astrana Marín)

2 comentarios:

  1. Un nuevo acierto. Magnifico y didáctico fragmento.

    Fdo: Polonio

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    1. Gracias, Ramón/Polonio, me alegra que te guste.

      Has de saber que, pese a lo acertado de sus consejos, Polonio era el primero que los incumplía, pues era un servil y un "vendido". Hamlet se lo cargó, atravesándolo con su espada, cuando aquel espiaba detrás de unas cortinas. :)

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