domingo, 27 de mayo de 2012

Pero Moravia, ¿qué?


Vale, sí, que la Feria del Libro de Madrid —leo en ABC Cultural— está este año muy volcada con la literatura italiana, con novedades editoriales realmente interesantes, con autores y autoras (como dirían los lumbreras renovadores de nuestro idioma) que necesitaban una presencia en lengua española, y que era sonrojante no dedicarle un hueco en nuestras librerias a escritores que tienen tanto que ver con nosotros en carácter, en experiencias y en biografía. Vale, todo eso está muy bien, y ya era hora de poder adquirir en una buena edición la mítica Mentira y sortilegio de Elsa Morante (Lumen), o los relatos de mi adorada Anna María Ortese —a la que dedicaré pronto aquí unas notas imperfectas— editados por Minúscula (qué maravillosa edición con qué maravillosa portada la de Silencio en Milán, con el que la editorial celebra su número 50), o la intrigante historia de El tren de la última noche de Dacia Maraini (Galaxia Gutenberg), o la que parece que está siendo todo un exitoso rescate del olvido, la obrita Una postal de 1939, de Marcella Oslchki (Periférica), a la que algunos lectores de los que me fío califican de preciosa. 

Que sí. Que todo eso es magnífico y da prueba de que la industria editorial española está muy viva, a pesar de la crítica crisis económica y financiera (y política y social y moral). Pero, digo yo: ¿qué pasa con Moravia? ¿Qué pasa con este grandísimo escritor? ¿Qué pasa con el maestro influyente y referente, con este renovador de la literatura italiana del siglo XX? Porque si hay un nombre ahora mismo que merezca una labor de rescate editorial en profundidad, ese es Alberto Moravia. El que los lectores que usamos el lenguaje de Cervantes tengamos que conformarnos con leer al autor de Los indiferentes o El conformista en ediciones de bolsillo, con cubierta flexible, papel de dudosa perdurabilidad y traducciones que, en algún caso —no en todos— necesitarían una seria revisión, no es propio de un país que se tilda de avanzado en cuanto a cultura del libro se refiere. A ver si se anima Galaxia, por ejemplo, que últimamente está prestando mucha atención a los autores italianos, a incluirlo en su catálogo, o Backlist, que ya editó dos títulos suyos —La atención y El tedio—, sin que haya habido continuación, o Asteroide, ¡qué bien quedaría Agostino o El desprecio en sus atractivos formatos y en sus elegantes diseños! Mientras sí o mientras no, hemos de conformarnos con leer los textos moravianos en discretos volúmenes con cubiertas diseñadas a partir de fotos de sus adaptaciones cinematográficas. Fotos en blanco y negro, eso sí, todo un detalle.

Imagen: Alberto Moravia y Elsa Morante, en Capri, años 40.

4 comentarios:

  1. Gran acierto, traer aqui al gran Alberto Moravia. Me parece un escritor de primera y por el que no ha pasado, ni pasará, el tiempo. Uno de mis libros de cabecera, son sus Cuentos Romanos (Cátedra), donde nos narra historias cotidianas, intrigantes, historias que nos podrian pasar a cualquiea de nosotros,y siempre con Roma, como telon de fondo. De etos cuentos destaco uno especialmente curioso que se titula "No ahondes". Absolutamente maravilloso..

    Totalmente de acuerdo con Jesus, en que las ediciones españolas de los libros de Moravia son bastante pobres, y que mereceria, sin duda algo mejor. Esperemos que alguien se anime....

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    1. Eso, eso.. los "cuentos romanos". Anda que no quedarían bien una edición asteoridal.

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  2. Ramón, tú también conoces los cuentos de moravia? Estoy asombrado, ademàs de libro de cabecera y todo.

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    1. Cuentos Romanos, extraordinaro. Te lo recomiendo totalmente, o cualquier otra novela de Moravia..

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