lunes, 25 de junio de 2012

Shakespeare como medicina

«Y en el lomo, en letras doradas brillantes, leí: 'William Shakespeare / El mercader de Venecia'. Lo abrí. Me di cuenta en el acto de que era una obra de teatro. A los diez años, odiaba las obras de teatro. Desde que a los seis años había empezado como zanahoria de áspero papel crepé el 'día de la salud' en el Santísimo Rosario, había participado con timidez y renuencia en las torturadoras obras navideñas y los festivales de primavera.

    El mercader de Venecia
    William Shakespeare
    Acto primero. Escena primera
    Venecia
    Entran Antonio, Salarino y Solanio 
    ANTONIO. En verdad no sé por qué estoy tan triste...

   En verdad no sé por qué estoy tan triste... 
   Volví a leerlo. Nueve palabras sencillas de una y dos sílabas; por supuesto, no sabía lo que significaba 'en verdad', claro que no era imprescindible. No cambia nada en la oración enunciativa simple, una declaración que no podría describir mejor al niño que la leía. De pronto la pequeña vidriera me pareció mucho más viva iluminada por los últimos rayos del sol invernal.
Creo que cuanto más confuso está uno por dentro, más necesita confiar en algo externo. Yo me moría por apoyarme en algo más grande que yo, y era evidente que William Shakespeare comprendía lo que era sufrir sin saber por qué.
   El silencio era la norma en nuestra casa. Procurábamos eludir por todos los medios el tema del que más necesitábamos hablar. Les pasa a muchas personas. Shakespeare se convirtió en mi lenguaje secreto, un idioma cuneiforme antiquísimo que de alguna forma me hacía más visible a mí mismo. Aún hoy lo compruebo continuamente. Cuando una frase ilumina la sala con alguna verdad arrolladora, veo a la gente estremecerse ante la confirmación. 'Sí', dicen. '¡Eso es! ¡Eso es exactamente lo que pienso! ¿Cuándo lo escribió?'
   Mi entusiasmo por Shakespeare no tenía nada que ver con su posición en la cumbre de la literatura inglesa, por supuesto, ni siquiera con el hecho de que él también hubiera nacido en una ciudad llamada Stratford. Yo no sabía nada sobre su persona, y no me importaba. Shakespeare era como mirar fijamente los calendarios religiosos, como la misa en latín. La poesía se convirtió en un lugar hermoso para esconderme de mi vida y de mis padres, un lugar al que sabía que no me seguirían nunca.»
(Salvar la vida con Shakespeare. Bob Smith. Ed. Galaxia Gutenberg)

La obra de la que extraigo este fragmento demuestra hasta qué punto Shakespeare fue un genio que abordó las principales cuestiones y preocupaciones que atañen al ser humano, esa "demasiado sólida masa de carne". El libro entrevera con gran inteligencia y medida sensibilidad extractos de las principales tragedias shakesperianas con la propia (y dura) biografía del autor, y con su enriquecedora experiencia en centros de ancianos en los que pasó varios años leyendo y divulgando las obras del dramaturgo inglés. Bob Smith escribe muy bien y sabe además lo que quiere contar, por eso el libro es bueno, sin solemnidades ni cursilerías, tan fáciles de encontrar las obras que relatan experiencias personales. Galaxia Gutenberg lo editó en España con el aterrador título de Salvar la vida con Shakespeare, traducción, hemos de suponer, del título original, Hamlet's dresser. Tal desatino se compensa, en cierto modo, con la atractiva y adorable cubierta.

Shakespeare: tres gotitas al día, mañana, tarde y noche, con el estómago vacío. 

4 comentarios:

  1. Magnifica aportación la d hoy, pero es que acabo de comprar El Libro de la Señorita Buncle, y para un modesto y humilde funcionario, ya està cubierto el cupo del año 2012. Al final nos acercamos a esos típicos funcionarios galdosianos con rebéca raída y cubremangas que realizaban su trabajo bajo la luz de un quinqué.
    Un saludo

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    1. La aportacion está bien, pero yo tambien soy un modesto y humilde funcionario, y ademas de la Junta de Andalucia, vamos que Shakespeare si....pero de bolsillo y baratito..

      Pd. yo no me acerco, yo ya soy un funcionario galdosiano...

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    2. Ramón, desde el sorteo no te veo aparecer por el blog, parece que has superado la frustación de que le toque a alguien que nunca participa y cuando lo hace es para decirnos que es la segunda vez que le toca un libro, no te fastidia..
      pues yo me compré El libro de la Señorita Buncle y ya està, que sea lo que Dios quiera.

      Un saludo, espero que hayas terminado Los Gozos y las Sombras.

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    3. Todavia no lo he superado, habrá que comprarse algo para ver si se me pasa. No conozco el libro de la Señorita Buncle....

      Me queda un poco todavia del tercer volumen de los gozos....he estado desperándome unos dias y no he leido mucho..

      Un saludo

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