jueves, 5 de julio de 2012

Ovejas, cabras y amigos

«Pero a menudo (vuelvo a Escipión, que siempre hablaba de la amistad) se quejaba de que los hombres fueran más diligentes en cualquier otra cosa: podían decir cuántas ovejas y cabras tiene cada uno, pero no cuántos amigos; ponen cuidado al hacerse con aquéllas, pero a la hora de elegir amigos, no hay, diríamos, señales ni marcas que permitan juzgar cuáles son aptos para la amistad. Por tanto, hay que elegir a los que sean firmes, estables y constantes: este tipo escasea mucho. Además, es difícil juzgar, si no se les ha probado y, por otro lado, sólo puede probárseles dentro de la propia amistad.  Así que la amistad va por delante del juicio sobre ella y elimina la posibilidad de experimentar. Es prudente, en consecuencia, sujetar el ímpetu del cariño, como se sujeta un carro, que se usa una vez que se han probado los caballos; pues igual las amistades, deben usarse una vez que se ha puesto a prueba de alguna forma el comportamiento de los amigos.
Muchas veces, con poco dinero se percibe cuán ligeros son algunos; otros, a los que no mueven cantidades pequeñas, se reconocen en las grandes. Si bien es cierto que existen algunos que consideran una mezquindad preferir el dinero a la amistad, ¿dónde encontraremos a alguien que no anteponga a la amistad los cargos públicos, las magistraturas, la capacidad de mando, el poder o las riquezas y que, puestas ante él todas estas cosas de un lado y, de otro, las reglas de la amistad, no prefiera con mucho aquéllas? Y es que, a la hora de despreciar el poder, la naturaleza es débil; incluso cuando se ha conseguido a costa de la amistad, piensan que se borrará el recuerdo, porque la amistad se ha relegado por una causa importante. Y así, los amigos verdaderos se encuentran muy difícilmente entre aquellos que andan metidos en cargos públicos. Desde luego, ¿cuándo puedes encontrar a alguien que en la aspiración a un cargo público anteponga la elección de un amigo a la suya propia? Dejando esto a un lado, ¡qué penoso, qué difícil le parece a la mayoría la participación en las desgracias de los demás! No es fácil encontrar personas que descienden a ellas, aunque con toda razón decía Ennio:

Un amigo cierto se descubre en situaciones inciertas.

En cambio, hay dos circunstancias que dejan en evidencia la ligereza y la poca solidez de la mayoría: despreciar al amigo en la prosperidad y abandonarlo en la desgracia. Así que quien en ambas situaciones es capaz de mantenerse sólido, constante y firme en la amistad, ese debe ser considerado un tipo de hombre extraordinariamente infrecuente y casi divino.»
(Lelio o de la amistad. Cicerón. Trad. de Mª Esperanza Torrego. Alianza Editorial)

Este es un fragmento de la obra De amicitia, un breve tratado escrito por Cicerón en el año 44 a.C. y uno de mis textos clásicos latinos preferidos. Junto con algunos capítulos de Ética a Nicómano, de Aristóteles, y algunos Moralia de Plutarco, conforma el corpus literario más importante y transcendente que nos ha legado la Antigüedad sobre el tema de la amistad. Conocido también como Laelius, el tratado, en forma de diálogo, está dirigido a Ático y tiene lugar supuestamente en el 129 a. C., poco antes de la muerte de Escipión Emiliano. El interlocutor es Lelio, amigo íntimo de Escipión, y sus dos yernos, C. Fannio y el augur Quinto Mucio Escévola. En este tratado, Lelio discute sobre los fundamentos de la relación amistosa y los principios que deben gobernarla. Cicerón se expresa aquí certero y elocuente, con una prosa incisiva y apaciguadora a la vez, enormemente efectiva. 
 
Ilustración de entrada: Gabriel Pacheco

6 comentarios:

  1. Extraordinario Jesús, no hay ni una frase del extracto que no sea cierta. No te acerques ni por error a aquellos que repiten de manera frecuente que son tus amigos, so peligrosisimos,
    También y relacionado con este fragmento aporto, por si en el blog se quiere discutir, el tema tan importante de que es màs importante elegir a tus enemigos que a tus amigos. En fin, otro acierto de Barbusse.
    Un saludo

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    1. A. Luis: interesante tu apostilla. Me recuerda a Wilde cuando decía que "Lo peor que uno puede tener es un enemigo tonto, lo mínimo exigible es que, al menos, esté a nuestra altura"
      Te aconsejo la adquisición (compra, préstamo o hurto) de la reciente edición de Alianza de este tratado, que viene acompañado por el también excelente tratado "Sobre la vejez", tapa dura y cubierta color celeste, con prólogo de Francisco Mora.

      Seguimos.

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  2. Extraordinario fragmento y mejor ilustración. Adecuados a los tiempos que corren, en donde la verdadera amistad prevalece más que nunca. Por desgracia, la traición y la mala conducta son aspectos frecuentes en nuestra sociedad e incluso en la de siglos pasados.
    Por otro lado, los amigos, buenos o malos, te enseñan y son con ellos, con los cuales concuerdas y compartes tus puntos de vista, de ahí el dicho: "dime con quien andas y te diré quien eres".
    Con este breve y no se si acertado comentario inauguro, por mi parte, esta sección. No será el último. Un saludo.

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    1. Hola, Álvaro: me alegra verte por aquí, bienvenido a este infierno.
      Has dado con un tema clave, del que Cicerón trata también en este tratado: el fundamento de la amistad es la inclinación hacia quienes son afines a nosotros, es decir, buscamos lo agradable y con quienes nos sentimos a gusto y nos alejamos de lo que nos resulta desagradable o incómodo. Por eso la afinidad es esencial y que tú has resumido bien con el dicho popular "dime con quien andas..."

      Espero verte por aquí.
      Saludotes.

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  3. Yo creo que una oveja no te traicionaría nunca...y menos una cabra.


    Pd. Bienvenido, Alvaro

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