jueves, 15 de noviembre de 2012

Sorderas y cegueras voluntarias

Este libro data de esa fecha en la que todavía muchos ciudadanos alemanes, por no decir del resto del mundo, eran incrédulos y negadores —por mucho que hubieran oído, no hay sordo peor que el sordo voluntario— acerca de la realidad de los campos de exterminio de judíos. Es precisamente lo temprano de su redación con respecto a los acontecimientos narrados lo que resulta asombroso de este breve Medallones. Ocho relatos, escritos en 1946, a cual más espeluznante, ocho testimonios de otros tantos protagonistas que vivieron de primera mano y en sus propias carnes la atrocidad del genocidio nazi. Repito y subrayo, por si el adjetivo ha podido pasar inadvertido: espeluznante. En ocasiones, repulsivos, rozando casi lo nauseabundo. Ya la cita de tintes hobbianos (en la línea de homo homini lupus) que preside la entrada del libro turba al lector, y lo prepara para lo que va a encontrarse en las siguientes y escasas noventa páginas de que consta la obra: «Fueron hombres quienes a otros hombres depararon semejante destino».

Desde su posición privilegiada de miembro de la Comisión de Investigación de los Crímenes Hitlerianos en Polonia, Zofía Nalkowska compone una obra a caballo entre el volumen de relatos y el reportaje, con la fuerza y la penetración que tienen los documentos inmediatos en el tiempo a los acontecimientos que se narran. No es un libro sórdido, no obstante, sino estremecedor —que es distinto—, luminosamente estremecedor, porque la prosa de Nalkowska es recia y decidida, concisa y reveladora, compacta y documental, pero también capaz de diseccionar sentimientos, sin recrearse en ellos, y, por tanto, generar belleza a partir de ingredientes tan monstruosos y delicados como con los que literariamente trabaja. Nosotros tenemos la suerte de que la editorial Minúscula haya rescatado esta joya —triste y devastadora, pero joya, en definitiva— donde podemos leer, no sin escalofríos, verdades imperecederas como las que dejó fijadas, con mano firme y para vergüenza del ser humano, su autora: «La realidad es soportable porque no la experimentamos en su totalidad. O no la experimentamos toda a la vez. Nos llega en fracciones de acontecimientos, en briznas de relatos, en ecos de disparos, en lejanas humaredas que se desvanecen en el cielo, en incendios de los que dice la historia que "reducen a cenizas", aunque nadie se imagina el alcance de estas palabras. Esa realidad que es lejana y al mismo tiempo se desarrolla al otro lado del muro no parece verdadera. Solo el pensamiento puede intentar recomponerla, fijarla y  comprenderla.»

La otra cara de la misma horrenda moneda es Un mundo aparte, la novela-testimonio que Gustaw Herling-Grudziński escribió sobre los dos años que pasó en el campo de trabajo de Arkangelsk en el Gulag soviético. Al igual que ocurre con Medallones, destaca este libro por ser un temprano testimonio, en esta ocasión en dar a conocer en Occidente la infamia del Gulag. Es curioso, impactante y, hasta cierto punto, irritante observar cómo la atención prestada a los campos de exterminio nazi sigue siendo mucho mayor que a los del estalinismo, a los que aún hoy cubre una bruma de confusión, cuando no de ignorancia, entre una parte no desdeñable del público. Auschwitch se ha convertido en sí mismo en un género literario, mientras que Kolima o cualquier otra isla de muerte del archipiélago Gulag suenan a terrores lejanos, esteparios, que no nos atañen de una manera tan directa, tan medular, pese a que la suma de víctimas en ellos fuera mayor. No se trata de establecer jerarquías, sino de ser honesto, tener alergia a los partidismos y reconocer que el Horror es uno y múltiple. Precisamente esta es la talla intelectual (y humana) que no demostraron tener quienes relegaron al ostracismo público al autor de esta obra, objeto de una auténtica caza de brujas por parte de la izquierda ortodoxa europea que negaba la existencia de los campos. 

Un  mundo aparte  fue escrita en polaco entre julio de 1949 y julio de 1950, coincidiendo con una estancia en Inglaterra. En 1951 la editorial londinense Heinemann publicó la versión inglesa con un prólogo de Bertrand Russell. En 1953 apareció la primera edición en su lengua original publicada por la editorial polaca en el exilio Kultura. En Francia, ninguna editorial tuvo el valor de publicarlo a pesar de que los derechos se compraron varias veces y de que Albert Camus —un intelectual comprometido que pensaba por sí mismo, sin siglas de partido grabadas en la frente— recomendó el libro a varios editores, aun así el libro tardó más de treinta años en publicarse allí. En 1990 pudo por fin publicarse en Rusia y en Polonia, donde durante décadas había encabezado el índice de libros prohibidos por el régimen comunista. Y, ahora, la editorial Libros del Asteroide nos permite conocer a los lectores en lengua española toda su terrorífica verdad a partir de una traducción directa del polaco.  

Este libro no es únicamente un testimonio del horror, sino también una obra que analiza el sufrimiento humano en clave de piedad y esperanza. Bien escrito, con prosa poderosa, Bertrand Russell destacó de él su "extraña fuerza descriptiva, sencilla y vívida" y Camus incidió en que era una obra que  "tendría que ser publicada y leída en todos los países, tanto por lo que es como por lo que dice."

15 comentarios:

  1. Hablando de genocidas, Stalin ha sido posiblemente el mayor y el más tapado de todos. No conocía ninguno de los dos títulos, pero me interesan.
    Saludos, Jesús.

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    1. Sí, y con esa apariencia de no haber roto un plato. Terrible.

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  2. Medallones es un libro que cuenta algunas de las historias más espeluznantes que nunca haya leído nunca. Yo lo leí con una mezcla de congoja, lágrimas y asco. Inolvidable, y muy recomendable, precisamente por iluminar el mal que causaron aquella peste que fueron los nacional-socialistas.
    Un saludo cordial,

    Jorge

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    1. Coincido contigo, Jorge. Había momentos que tuve que volver a releer algún pasaje, porque no asumía lo que me estaban contando.
      Un saludo.

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  3. Sin duda son dos obras realistas y magníficas, pero... Llámame cobarde, porque soy incapaz de leer algo tan "espeluznante" como lo has descrito, sobre todo si va una de ellas sobre nazis. Es un tema que me supera y que intento evitar por todos los medios. La historia sobre el Gulag, tampoco me parece la ideal y al menos yo si la tengo como algo reciente y presente, al nivel que las atrocidades de los nazis. De hecho durante un tiempo estuve leyendo distintos artículos y algún libro que retrataba la vida en uno algunos de esos Gulags y desde luego no era una novela.
    Un saludo.

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    1. Te comprendo, Mariuca. Te ahorras un mal rato, lógicamente, aunque la lección que se aprende no la olvidas nunca. Sobre todo porque sabes que aquello sucedió realmente. En fin, libros desagradables, pero absolutamente snecesarios.
      Un saludo.

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  4. Son testimonios terribles, pero necesarios. No hay que olvidar, ni disimular, ni perdonar. Es peligroso. Por cierto, que siempre me ha intrigado la actitud del pueblo alemán que "miraba para otro lado", los sordos voluntarios, como bien apuntas. Difícil justificarlo pero han pasado disimulados a la Historia. Saludos!!

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    1. Yo creo que era tan terrible lo que llegaba a oídos de los ciudadanos de a pie que muchos de ellos -no todos-, no podían llegar a creerlo.
      un saludo.

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  5. A fuer de abusar de la potestad de recomendación que tiene aquí el amigo Barbusse,quisiera aportar la que me parece una obra fundamental, y complemento de la que se cita, para entender la que fue una de las más espeluznantes dictaduras del siglo XX: el estalinismo. Se trata de "Koba el Temible" del escritor inglés Martin Amis. Yo lo leí hace ya unos cuantos años, pero lo editaron en Anagrama y es facil de encontrar. Lo traigo a colación porque el autor se hace idéntica pregunta que se hace Barbusse aquí, ¿Por que no existe sino indignación y estremecimiento ante lo que significan Dachau, auschwitz o Buchenwald y, sin embargo, palabras como Slovki, Vorkutá o Kolymá no nos dicen absolutamente nada? Amis, escritor muy inteligente, describe entre el ensayo y la novela, los horrores del estalinismo y con el estupor de quien no comprende por qué la mayor parte de intelectuales desde los años 30 hasta hoy cerró los ojos ante lo que estaba ocurriendo. Creo que es un libro muy interesante, valiente y que busca hacer justica histórica señalando aquella brutalidad que durante tanto tiempo se intentó soslayar o minimizar.
    Perdón por usurpar tanto espacio, pero creo que la recomdaciön casaba perfectamente con el libro "Un mundo aparte" que hoy recomendaba el autor del blog. Por cierto, que ambos libros de la que hoy habla, no los conocía y seran objeto de mis próximas adquisiciones. Agradecido quedo.
    Un saludo afectuoso.

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    1. Me parece oportunisima la aportación de Esteban, pues comprobamos a lo largo de la Historia, que casos similares son tratados de forma diferente según la ideología politica o prisma político con el que se mire. En la actualidad, le podemos aplicar el título de la entrada a la situación que se vive en Cuba con la dictadura comunista de Fidel, que como vemos a veces es hasta bien tratada por politicos de democracias occidentales, entre las cuales se encuentra España. De todas formas vuelvo a insistir en lo oportunisimo que ha estado Esteban con su aportación

      Francisco Gopar

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    2. Así es , Francisco. Pocos son los que tienen talla suficiente para no distinguir horrores, provengan de donde provengan. Y si lo hacen, son injuriados y apartados. Es el caso de Camus, con respecto a la izquierda oficial y oficialista que le hizo la vida imposible. Y todo ello, como ha dicho Barbusse, por pensar y opinar con independencia de partidos y de bloques.

      Gracias por tu comentario y un saludo cordial.

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    3. Coincido con Francisco en la oportuna e interesantísima recomendación de Esteban.

      Tan solo un dato acerca de "Koba el temible": al día siguiente de que Amis publicara el libro, lo más granado de la crítica literaria bienpensante comenzó a lanzar escupitajos sobre su prestigio literario. Y aún no ha parado. Pobre del que no lo haga poque podría ver truncada su gloria profesional.

      Un saludo.

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    4. Es un libro espléndido, el de Amis, los otros -objeto de esta reseña- no los he leido ni sé si lo haré.

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  6. Yo tampoco he leído todavía el libro de Amis, pero caerá. La figura del monstruo georgiano me fascina, y no me canso de recomendar las biografías que de él ha escrito Simon Sebag Montefiore.
    El libro de Nalkowska es una pequeña y, en efecto, espeluznante joya. El de Herling-Grudzinski tengo también muchas ganas de leerlo.
    Coincido con todos en que el horror del gulag, el pasado y el presente, sigue gozando de una gran comprensión y justificación en muchísimos círculos sociales e intelectuales. Para algunos, hay dictaduras malas y dictaduras buenas. Las malas son las que te matan por ser maricón, comunista o judío. Las buenas, las que te matan por tu bien, tus derechos y tu libertad. Y cuando alguien se atreve a denunciarlo, le pasa lo que a Amis.
    Saludos.

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    1. Niño: se puede decir más alto, pero no mas claro ni mejor.
      Saludos.

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