jueves, 31 de mayo de 2012

Iban Barrenetxea

Ayer veíamos una ilustración de Iban Barrenetxea para el David Copperfield de Dickens. Este autor está dejando trabajos excepcionales. Blancanieves, Alicia en el país de las maravillas y las Fábulas de Samaniego son algunas de las obras a las que les ha puesto imágenes. Sus ilustraciones emanan una gran elegancia, limpieza y fuerza visual. A propósito de que sorteamos en breve un ejemplar de Otra vuelta de tuerca, de Henry James, dejo aquí, algunas de las ilustraciones que Barrenetxea hizo para la edición de Teide de esta obra.   

miércoles, 30 de mayo de 2012

Ilustrando clásicos


Esta preciosa imagen es de un autor español que está actualmente ilustrando una obra clásica de esas grandes, grandes.

¿Cuál podría ser?

martes, 29 de mayo de 2012

Descubriendo a James


Henry James fue un esteta. Un buscador de belleza literaria. Sabida es su elegancia estilística y su precisión descriptiva. Los papeles de Aspern, Los embajadores o Retrato de una dama —considerada por Bloom como su mejor obra— dan testimonio de ello. Hay obras suyas —alguien me podría mirar con mala cara— un poco plastas: La copa dorada, por ejemplo. Y otras, más accesibles: Washington Square, Las bostonianas, Daisy Miller... Fue un perspicaz diseccionador de la psicología humana, especialmente la femenina. Maestro en describir emociones que jamás sospechábamos que se pudieran plasmar con palabras. Practicó una nueva manera de narrar, no en primera, ni en tercera persona, sino en lo que él llamaba punto de vista, una especie de observación directa de los personajes con que entra y sale, como escrutador notario, de sus cabezas. El lector —que no se percibe fuera o a distancia, sino enmedio y en lo más hondo de lo que se está contando— llegará a conocer hasta el más leve gesto de Isabel Archer, hasta el más inasible y fugaz pensamiento del señor Lambert Strether. De oración larga y disgresiva, también James fue capaz de podar su prosa y derramar su talento en una novela de género: Otra vuelta de tuerca. Trató el tema de la inocencia y de la alienación. Enfrentó el Viejo y el Nuevo Mundo. Excepcional en el relato breve: La figura en la alfombra, La lección del maestro, En la jaula... Su soledad de gigante —dijo Graham Greene— solo fue comparable a la de Shakespeare. Nació en Nueva York y murió en Londres, y no al revés, como cabría suponer. Fue tartamudo.

lunes, 28 de mayo de 2012

Sorteo de verano

Con motivo de que el verano está ahí a la vuelta de la esquina y llegará pronto a su máximo esplendor, con el consiguiente buen (?) tiempo y más horas que podremos aprovechar para leer, El infierno de Barbusse quiere celebrarlo con todos sus seguidores sorteando un ejemplar de la obra Otra vuelta de tuerca, de Henry James. Qué mejor libro que esta reciente y magnífica edición de Siruela, con una traducción de José Bianco que tiene ya categoría de clásica, y con un clarificador prólogo de José María Guelbenzu. Reconocida como una de las mejores novelas de fantasmas jamás escritas, James llevó al extremo el estudio psicológico de los personajes, dando como resultado una obra enigmática y deliberadamente ambigua, de ambientes inquietantes, y de personajes que, más que decir, insinúan. El resultado es un texto que, por su gran solidez y factura, se estudia hasta en las facultades universitarias de Psicología.


El sorteo se realizará el día 18 de junio y para participar se deben contestar tres preguntas que se formularán en el blog los viernes 1, 8 y 15 de junio. Los interesados deberán contestar a cada pregunta enviando un mail con la respuesta correcta a elinfiernodebarbusse@gmail.com. Podrá participar cualquier persona. Por cada participante que haya satisfecho las respuestas correctas, se adjudicará un número, que será con el que participe en el sorteo. Si eres miembro o seguidor oficial del blog, se te bonificará con dos números adicionales más, con lo que participarás en el sorteo con un total de tres números (si estás interesado en hacerte seguidor, puedes hacerlo aquí, en la barra de la derecha, donde pone 'Participar en este sitio'). Las respuestas se pueden enviar conforme se vayan formulando las preguntas o bien todas al final, en cualquier caso, deben llegar al correo antes del día 17 de junio a las 23:59 h. Se sorteará con la herramienta Sortea2 para garantizar la claridad del proceso, que siempre hay por ahí algún mal pensado.

domingo, 27 de mayo de 2012

Pero Moravia, ¿qué?


Vale, sí, que la Feria del Libro de Madrid —leo en ABC Cultural— está este año muy volcada con la literatura italiana, con novedades editoriales realmente interesantes, con autores y autoras (como dirían los lumbreras renovadores de nuestro idioma) que necesitaban una presencia en lengua española, y que era sonrojante no dedicarle un hueco en nuestras librerias a escritores que tienen tanto que ver con nosotros en carácter, en experiencias y en biografía. Vale, todo eso está muy bien, y ya era hora de poder adquirir en una buena edición la mítica Mentira y sortilegio de Elsa Morante (Lumen), o los relatos de mi adorada Anna María Ortese —a la que dedicaré pronto aquí unas notas imperfectas— editados por Minúscula (qué maravillosa edición con qué maravillosa portada la de Silencio en Milán, con el que la editorial celebra su número 50), o la intrigante historia de El tren de la última noche de Dacia Maraini (Galaxia Gutenberg), o la que parece que está siendo todo un exitoso rescate del olvido, la obrita Una postal de 1939, de Marcella Oslchki (Periférica), a la que algunos lectores de los que me fío califican de preciosa. 

Que sí. Que todo eso es magnífico y da prueba de que la industria editorial española está muy viva, a pesar de la crítica crisis económica y financiera (y política y social y moral). Pero, digo yo: ¿qué pasa con Moravia? ¿Qué pasa con este grandísimo escritor? ¿Qué pasa con el maestro influyente y referente, con este renovador de la literatura italiana del siglo XX? Porque si hay un nombre ahora mismo que merezca una labor de rescate editorial en profundidad, ese es Alberto Moravia. El que los lectores que usamos el lenguaje de Cervantes tengamos que conformarnos con leer al autor de Los indiferentes o El conformista en ediciones de bolsillo, con cubierta flexible, papel de dudosa perdurabilidad y traducciones que, en algún caso —no en todos— necesitarían una seria revisión, no es propio de un país que se tilda de avanzado en cuanto a cultura del libro se refiere. A ver si se anima Galaxia, por ejemplo, que últimamente está prestando mucha atención a los autores italianos, a incluirlo en su catálogo, o Backlist, que ya editó dos títulos suyos —La atención y El tedio—, sin que haya habido continuación, o Asteroide, ¡qué bien quedaría Agostino o El desprecio en sus atractivos formatos y en sus elegantes diseños! Mientras sí o mientras no, hemos de conformarnos con leer los textos moravianos en discretos volúmenes con cubiertas diseñadas a partir de fotos de sus adaptaciones cinematográficas. Fotos en blanco y negro, eso sí, todo un detalle.

Imagen: Alberto Moravia y Elsa Morante, en Capri, años 40.

sábado, 26 de mayo de 2012

Un poquito de kallocaína, por favor

Hace unos días, mi amiga M. me hablaba de este libro, que yo desconocía y al que seguiré la pista. La verdad es que me encanta su portada, con ese aire retrofuturista de mediados del siglo XX. Ambiente grisáceo y frío, aséptico, en el que las personas se convierten en máquinas. Fue Kallocaína —investigo— una de las primeras novelas antiutópicas —es de 1940— y está en la línea de la orwelliana 1984 y de Un mundo feliz, de Huxley. También de Farenheit 451. El título alude a una sustancia química que, inyectada en el cuerpo humano, hace decir la verdad.  De esta forma, la policía y los jueces de ese Estado totalitario en que se desarrolla la trama pueden realizar mejor su trabajo y tener a buen recaudo a quien no se somete a sus dictados, que no son otros que trabajar, procrear y no sentir. Karin Boye, su autora, fue una inquieta escritora sueca. Conoció la Alemania de Hitler y la Unión Soviética de Stalin. Se suicidó en Grecia con 41 años. Ahora la editorial Gallo Nero rescata su más conocida novela, inédita hasta ahora en nuestro idioma. A algunos —a más que algunos—, un poquito de kallocaína, no les vendría mal.

viernes, 25 de mayo de 2012

Diez razones para leer Drácula

  1. Estar al día, este año se cumple el centenario de la muerte de Bram Stoker.
  2. Ser testigo de cómo un escritor mediocre puede firmar una novela genial.
  3. Poder elegir entre una amplia variedad de ediciones para todos los gustos y bolsillos.
  4. Leer un clásico que ha ido creciendo con el tiempo.
  5. Asistir al milagro de cómo un personaje, Drácula, se convierte en protagonista principal con solo salir en 15 de las 500 páginas que tiene la obra.
  6. Manosear con deleite la reciente edición de bolsillo en cartoné de Valdemar, ideal para salir de paseo. 
  7. Comprobar que ninguna adaptación cinematográfica fascina tanto como la obra literaria.
  8. Curiosear el relato El invitado de Drácula, germen de la novela, que acaba de reeditarse.
  9. No tener que avergonzarse al pronunciar un lacónico "no" cada vez que le pregunten si lo ha leído.
  10. Disfrutar desde la primera hasta la última página (garantizado). 
   
 
Arriba: Bram Stoker y un ejemplar de la primera edición de la obra, de 1897; edición de Clásicos Mondadori (izquierda), y edición de bolsillo de Valdemar (derecha).

Ilustración de entrada: Luis Scafati. Drácula. Ediciones del Zorro Rojo

miércoles, 23 de mayo de 2012

Libros que no me interesan que quizá le interesen


Se habla del homenaje literario a Austen que la escritora de novela policíaca P.D. James se ha dado el gusto de hacer a sus casi 92 años. La muerte llega a Pemberley es una secuela que se sitúa cronológicamente al final de Orgullo y prejuicio, y que introduce, como novedad, el elemento del crimen y del misterio por resolver. Libro muy bien acogido por los lectores y también por los opinadores (antaño llamados críticos). Parece que está dignamente tramado. James imita a Austen en fondo y forma. Estudió en Cambridge. Vale 19 euros. Lo pueden encontrar en el supermercado, junto a la harina. 

martes, 22 de mayo de 2012

A la verdad por el absurdo

Lo diré brevemente y solo una vez, para no cansar, Basara es muy bueno. Tiene la extravangancia de lo genial, sin artificialidades forzadas. Es mordaz, incisivo, desinhibido, nada pretencioso (esto último se lo agradezco en el alma, porque soy alérgico a dicho virus, tan propio de pavoneadores literarios y otros pretendidos "talentos" narrativos que despuntan con una primera obra y con –aparentemente– mucho que contar, para luego hundirse en el más absoluto de los olvidos).

Cómo un libro con un título tan horrendo como este puede ser tan estimulante como para dejarme pegado al sillón todo el santo domingo, no lo sé. A Basara lo conocí a través de una breve referencia que Enrique Vila-Matas dejaba caer, de pasada, en uno de sus  artículos. Y, como lo que subraya Vila-Matas siempre es objeto de mis pesquisas, el viernes me acerqué a mi proveedor de libros habitual (calle Doctor Burgos Canals, 17), y compré esta Guía de Mongolia, y he aquí que resulta ser el libro mas sorprendente, chispeante, desconcertante, inadmisible, surrealista y lúcidamente divertido que he podido leer en años. Perdida la ilusión por encontrar a autores nuevos que me sorprendan, genuinos, diferentes a los demás, la recupero ahora con Svetislav Basara, este escritor serbio que la editorial Minúscula se está encargando de dar a conocer en España (acaba de salir, por cierto, hace unas semanas otro título suyo, Peking by night).

La realidad y el sueño, lo auténtico y  lo suplantado, lo objetivo y lo manipulado, la identidad personal y las raices biograficas, el escepticismo creativo y aun biológico son temas que están presentes en esta singular lectura. Presidida por una aguda cita de Carlos Fuentes ("Pero la razón, ni tarda ni perezosa, nos indica que, apenas se repite, lo extraordinario, se vuelve ordinario, y apenas deja de repetirse, lo que antes pasaba por hecho común y corriente ocupa el lugar del portento."), a la que se vuelve en varios momentos de la novela, Guía de Mongolia es un intento –corrijo, ni siquiera es un intento, más bien una autoterapia– de explicar lo incomprensible del ser humano por la vía del absurdo. Porque solo a través del absurdo –como se dice en la contraportada del libro– puede accederse a ciertas verdades, entre ellas –añado yo– el grado de ridiculez que podemos alcanzar si nos tomamos demasiado en serio. El humor es, una vez más, la máxima expresión de la inteligencia.

[Fragmento]:
«En fin, todo esto no son más que descripciones de las capas más profundas de mi personalidad, a la que he llegado en el curso de las investigaciones arqueológicas del alma correspondiente. Me he callado algunas partículas doradas encontradas entre las gruesas capas del fango. Dios me las tiró como a un perro –lo que soy básicamente–, para consolarme, aunque no me lo merecía. Y para que no haya malentendidos, explico las razones por las que en el fondo soy un perro: deambulo sin objetivo, estoy lleno de pulgas por dentro, y a pesar de todo soy fiel. ¡Fiel! Exagero. Más bien soy una hiena. Por lo demás, en la superficie soy un hombre como los demás. Incluso peor; a causa de las mencionadas excavaciones de capas diluvianas de la psique, estoy más hueco por dentro que otros. Sin embargo, resulta que por dentro siempre hay algo diferente, lo afirmo y lo afirmaré, a pesar del peligro de exponerme a la cólera de las feministas, los izquierdistas, los liberales y la pléyade de alcaldes belgradenses. Conocí a una serie de personas que por dentro –igual que yo era una hiena– eran zorros, halcones, cornejas, bulldogs, pelotas de fútbol, acuarios, y yo qué sé más. Digamos que empecé a escribir porque en mi juventud temprana, mientras todavía no me había corrompido, tuve cierto parecido con un portaplumas. Nunca tendré claro por qué empecé a escribir. Por ambición desde luego que no. Jamás, excepto en mis fantasías juveniles, cuando quise ser astronauta, tuve ambición alguna, no aspiré a ninguna carrera. Solo deseaba que me dejaran en paz. Que me dejaran vivir sin proyecto alguno. ¡Pero ni hablar! Este mundo es precisamente horrible porque nadie deja en paz a nadie, porque en el fondo de nuestras almas todos somos tiranos y reformadores, en pocas palabras: porque cada uno de nosotros tiene la idea alocada de rehacer todo el universo –ni más ni menos– de acuerdo con sus convicciones y necesidades.»

Guía de Mongolia. Svetislav Basara. Trad. de Luisa Fernanda Garrido Ramos y Timohir Pistelek. Ed. Minúscula.

lunes, 21 de mayo de 2012

Lo desagradable útil

«El oficio y la meta final del adulador es esto: hacer elegante y sazonar una broma, una acción o un discurso con el placer y para el placer. Para decirlo brevemente, el uno, el adulador, para ser agradable cree que debe hacerlo todo; el otro, el amigo, haciendo siempre las cosas que debe, muchas veces es agradable, otras muchas desagradable, no porque lo prefiera, sino que, si eso fuera mejor, ni siquiera lo evitaría. Pues, igual que el médico, si conviene, administra azafrán y ungüento de nardo y, si, ¡por Zeus!, muchas veces lava bondadosamente y alimenta generosamente, hay casos en los que, dejando estas cosas, proporciona un castorio o polio, de olor pesado, que huele, en verdad, de manera terrible, u obliga a beber eléboro después de triturarlo, no persiguiendo en este caso lo desagradable ni en el otro lo agradable, sino llevar a su paciente a través de ambos medios a un estado que le conviene; así (…),  conviene que el amigo cause tristeza, si con ello es útil, pero no conviene destruir la amistad causando tristeza, sino usar esto como se usa un medicamento molesto, que salva y defiende al paciente. Por lo cual, como el músico, el amigo con el cambio hacia el bien y la utilidad, unas veces tensando las cuerdas y otras aflojándolas, muchas veces es agradable, pero siempre es útil; el adulador, en cambio, acostumbra a tocar como acompañamiento lo agradable y lo que es gracioso en una sola escala, y no conoce ni acciones que contradigan ni palabras que entristezcan, sino que sigue sólo lo que quiere otro, cantando siempre y sonando de acuerdo con él. En efecto, como dice Jenofonte de Agesilao, que de buena gana se dejaba alabar por aquellos que también estaban dispuestos a vituperarlo, así es preciso tener por amigo lo que alegra y agrada, aunque pueda entristecer y oponerse alguna vez, pero sospechar de la compañía constante en los placeres y favores, siempre solícito y sin asperezas, y, ciertamente, ¡por Zeus!, tener presente el dicho de aquel lacedemonio  que, al ser alabado el rey Carilo, dijo: '¿Cómo puede ser un hombre bueno, el que ni siquiera es severo con los malos?'»

(De Cómo distinguir a un adulador de un amigo. Plutarco. Trad. de José García López. Ed. Gredos) 

Imagen: Mural de Pompeya, del libro L'Antichitá di Ercolano.

domingo, 20 de mayo de 2012

El misterio de Billy Budd


Ayer firmaba Antonio Muñoz Molina un espléndido artículo a propósito de la obra de Melville, Billy Budd. Con el título "Ejecución del inocente", explora en el misterio de ese libro y en los recónditos paisajes interiores del ser humano que en él expone el genial escritor norteamericano.

No me resito a dejar el enlace al texto completo. Aquí.

Imagen: Cubierta de la edición de Libros de arena, con acuarela de Hugo Pratt.

sábado, 19 de mayo de 2012

África y sus placeres de oro


Este libro me llama desde hace varios días. Se habla —fiablemente— de él aquí. También aquí, corroborando mi oído. Al oeste con la noche, de Beryl Markham. Paisaje de África y trasunto aeronáutico. Autobiografía intimista. Alabado por Hemingway y comparado con Dinesen. Escrito con voz firme y ritmo acompasado. Presentación elegante y garantía Asteroide. Y esta espléndida cita de Shakespeare que le sirve de entrada: «Hablo de África y de sus placeres de oro».

Los buenos títulos están ahí, ellos mismos nos llaman...

jueves, 17 de mayo de 2012

Vigencia del Lazarillo


Vivimos en el país del Lazarillo. En realidad, nunca hemos salido de ahí, de ese escenario burlón y amargo, de estafa y triquiñuela. Cuánto le debemos a ese escrutador autor anónimo (¿será Valdés, como argumenta Rosa Navarro, o Diego Hurtado de Mendoza, tal como dice Agulló?). Qué más da, ¿qué aporta eso? Lo esencial es su (nuestro) retrato, su ojo atento, su testimonio visionario. Qué espejo —honesto y fidelísimo— de cómo somos, de lo que hemos sido, de lo que seguimos siendo. No hay más que poner un pie en la calle, o asomar la nariz a la ventana, o mirar el telediario. Se comprende la indesbancable  permanencia de este libro como lectura obligatoria en centros de enseñanza. No hay mejor libro de la historia de España. No ha habido mejor radiografía. Ahora que la crisis acucia y que aflora el fiemo que había debajo de la alfombra o detrás de la cortina, volvamos la vista al Lazarillo. Leámoslo —o releámoslo, según el caso—, nos veremos, nos reconoceremos. Nunca hemos sido mejores, ni hemos pretendido serlo. Nos creímos listos, ricos y carismáticos, pero vemos que todo fue un espejismo, que somos los mismos pobres diablos —con distintas voces, con distintos trajes— que contempla Lázaro...

Imagen: El lazarillo de Tormes. Luis Santamaría Pizarro, 1887

miércoles, 16 de mayo de 2012

Un clásico revitalizado


Ayer busqué refugio del insoportable calor que barría las calles de Granada y me metí en la acogedora y —permítaseme el oxímoron— cálida frescura de La Madraza. En su sala de exposiciones pueden verse durante este mes de mayo las impagables acuarelas que Guillermo Pérez Villalta realizó para el libro Los viajes de Gulliver, editado por Galaxia Gutenberg en 2006. Quien no tenga este libro, por cierto, no sé en qué está pensando, pues ya lleva varios años en stock y no va a estar disponible ad eternam, se agotará más temprano que tarde y luego vendrán los suspiros y los lloros intentando a la desesperada siempre deseamos lo que no tenemos encontrarlo en librerías de segunda mano o buscar otras soluciones de urgencia y éxito indeterminado. Pues bien, quien conozca el libro y/o lo posea (si es esto último, me imagino que colocado en alguna ubicación casera a buen recaudo de inoportunos y profanos manoseos), ya sabe de qué le hablo: de la delicada belleza con que Villalta ha sabido captar la atmósfera, los escenarios, las divertidas situaciones y el tono punzante y burlón que preside la obra de Swift. La simbiosis entre ilustración y narración alcanza aquí resultados espectaculares. El mimo con que están hechos estos dibujos, estas ornamentadas letras capitales de inicios de capítulos, los colores y las perspectivas utilizadas denotan  el respetuoso cariño que el artista gaditano profesa a este texto clásico entre clásicos. No es grauito el lema que, firmado por el propio artista, preside el panel de entrada a la exposición: "Amar el presente no significa el olvido de lo pasado y vivido." Desde su presente, que es el nuestro, Pérez Villalta se asoma a este texto del pasado, y lo hace con una mirada revitalizadora que da como resultado un Gulliver impecable, exquisito. Un libro para disfrutar. Y perdurar.


Imágenes: dos ilustraciones de Guillermo Pérez Villalta para Los viajes de Gulliver. Jonathan Swift. Ed. Galaxia Gutenberg (arriba), y cubierta del libro (abajo)

martes, 15 de mayo de 2012

Albert Camus en imágenes

Seguramente ya lo habrán visto en librerías, pero yo subrayo su interés y su impecable factura. Albert Camus, solitario y solidario es un libro que nos acerca a la figura del este gigante de las letras a través de una selección de fragmentos de algunos de sus libros y de un buen número de fotografías, cartas, ilustraciones y otros documentos clave. Un libro realizado por la hija del escritor, Catherine, que justifica así su publicación: «Mis hijos y mis nietos, mis sobrinos y mi resobrina no lo conocieron. Por ellos he querido volver a todas estas imágenes. Para recobrar la sonrisa, la vivacidad y la generosidad de aquel hombre despierto y entusiasta que me dejó vivir.»

Creador de una de las obras literarias más importantes del siglo XX, con títulos trascendentales como El extranjero, La peste o La caída, filósofo del absurdo y la rebeldía, comprometido social y políticamente, crítico a partes iguales con el fascismo y el comunismo esto último le valiló quedarse marginado entre los intelectuales de su época, que lo tacharon de reaccionario, de ahí el calificativo de 'solitario' del título de este libro, inconformista, rebelde, Premio Nobel, fumador empedernido... 

Como una cruel burla del destino, su muerte, no pudo ser más absurda. El automóvil en que el escritor viajaba a París como acompañante chocó el 4 de enero de 1960 contra el único árbol que había en el camino, después de que reventara un neumático trasero. Tenía 46 años.

Las obras de Camus tratan de la búsqueda del sentido de la vida y el desgarramiento interno del ser humano. Sus libros nos afectan y nos dejan desolados y maltrechos anímicamente, quizá proque hablan el lenguaje de la autenticidad. A menudo, en ellos, el escenario es el paisaje argelino y mediterráneo que para él era muy importante.

Este magnífico libro de su hija Catherine, editado por Plataforma, de formato grande y cuadrado, un tanto incómodo para encajarlo en estanterias de medidas ordinarias, nos muestra la vida en imágenes de un intelectual de los de verdad, de los que hoy haría tanta falta, no esta medianía intelectualoide, interesada y acomodada, de pacotilla, que nos circunda.


 Imágenes: Camus en la terraza de Gallimard (izquierda), en barca en el verano de 1957 (centro), y Camus y Michel Gallimard (derecha).

lunes, 14 de mayo de 2012

Más sobre Robinson Crusoe

«¿Puede afirmarse que jamás ha habido una traducción al español, íntegra, completa y actualizada, de los dos volúmenes que conforman la novela Robinson Crusoe?  
Al parecer, sí. Y si alguna vez la hubo, hace tanto tiempo que no queda ni rastro de ella.»

(Enrique de Hériz, del prólogo a Robinson Crusoe, Ed. Edhasa, 2012)

Pues sí que estamos bien. Ya ven lo que afirma este traductor: Robinson Crusoe no contaba hasta ahora con una edición completa en lengua española. Hasta ahora, digo, porque Edhasa acaba de publicar hace unos meses en su colección Edhasa Literaria los dos primeros volúmenes traducidos por Hériz, Robinson Crusoe y Nuevas aventuras de Robinson Crusoe (disponibles sueltos y estuchados), y próximamente aparecerá la tercera entrega, Serias reflexiones de Robinson Crusoe. Hériz afirma que las traducciones disponibles estaban mutiladas (a la de Julio Cortázar le falta aproximadamente un 30% del texto) o no incluían el segundo volumen (del que no existía una versión actual), mientras que la tercera parte estaba inédita en español. 

En resumen, que la traducción que hasta ahora considerábamos como modélica y más digna realizada en el idioma del dómine Cabra, y que podíamos encontrar en sendas ediciones, Mondadori Clásicos y Valdemar (véase abajo), con sus hermosas ilustraciones, su tapa dura, su prólogo de Premio Nobel incluido, pues resulta que no es trigo limpio, que se trata de otro timo literario, otra usurpación del original, otra corrupción bibliográfica.

Si Mr. Betteredge se enterara...


Imágenes: Arriba, portada y contraportada de la primera edición original de 1719. Abajo, edición completa de Edhasa (izquierda) y las dos con la traducción mutilada de Cortázar, editoriales Mondadori y Valdemar.

domingo, 13 de mayo de 2012

Cuando el Domingo es Viernes, o al revés

Aquí, como la ven —con su inconfundible logo de la cabra de la colección Austral, editorial Espasa Calpe (todo un referente de la difusión popular de la literatura en España e Hispanoamérica), y su tono cromático identificador, en este caso el rojo, que indica que se trata de una novela de aventuras—, les dejo un ejemplo de edición de gran interés para coleccionistas del disparate universal y para historiadores de la astracanada patria en lo que a cultura impresa se refiere. En esta edición de la famosa novela de Daniel Defoe, publicada por primera vez en 1959 y luego reimpresa en varias ocasiones hasta nuestro días, el traductor —cuyo nombre no figura ni en la portada ni en los créditos del libro— se cubre de eterna gloria y, a partir de este trabajo, entra por méritos propios en el Olimpo de su gremio. Aparte de otros malabarismos inolvidables de traslación lingüística del inglés al español, el susodicho, ni corto ni perezoso, e imagino que presionado por la inteligente censura de la época —siempre vigilante de que sigamos el camino recto y no nos dejemos tentar por el pecado, auque este sea de pensamiento—, bautizó como Domingo a Viernes, el salvaje y fiel compañero de Crusoe. El insólito rename resulta totalmente incomprensible para el estupefacto lector, ya que el traductor no solo se erige en creador con capacidades bautizantes, sino que además, y sin ningún remordimiento de conciencia, hace mentir al pobre Robinson cuando dice aquello de: "Decidí, pues, llamarle Domingo, al ser este el día de la semana en que lo encontré." En fin, una versión poco fiel al original, pero más acorde con nuestra tradición judeocristiana, vayamos a líos.

sábado, 12 de mayo de 2012

Lecturas de sábado


Esta mañana me he levantado con ganas de leer esto, no sé por qué... Uno de mis múltiples y más claramente perceptibles achaques bibliopáticos es la lectura a impulsos asíncronos y desaforados. Así que, haciendo caso de aquello que decía Wilde de que la única manera de superar una tentación es caer en ella, me he dispuesto a abrir el correspondiente libro de cuentos completos, buscar el relato en cuestión y ponerme a leer. Este cuento es tan inexplicablemente misterioso, tan bien escrito, tan envolvente, tan raro... Te atrapa y no te suelta. Me encanta cómo está narrado, el autor es el ejemplo máximo de decir tanto con tan poco. Como si estuviésemos ante un ejercicio matemático del que no hemos de perder detalle, te obliga a estar atento y concentrado. Una vez satisfecha su lectura, no más de veinte minutos, ya he podido salir a la calle (menudo día de calor), desenfadado, asintomático y libre.

viernes, 11 de mayo de 2012

El Maestro y Margarita, una obra de culto

«A la hora de más calor de una puesta de sol primaveral en 'Los Estanques del Patriarca' aparecieron dos ciudadanos. El primero, de unos cuarenta años, vestido con un traje gris de verano, era pequeño, moreno, bien alimentado y calvo. Tenía en la mano un sombrero aceptable en forma de bollo, y decoraban su cara, cuidadosamente afeitada, un par de gafas extraordinariamente grandes, de montura de concha negra. El otro, un joven ancho de hombros, algo pelirrojo y desgreñado, con una gorra de cuadros echada hacia atrás, vestía camisa de cowboy, un pantalón blanco arrugado como un higo y alpargatas negras. El primero era nada menos que Mijaíl Alexándrovich Berlioz, redactor de una voluminosa revista literaria y presidente de la dirección de una de las más importantes asociaciones moscovitas de literatos, que llevaba el nombre compuesto de MASSOLIT; y el joven que le acompañaba era el poeta Iván Nikoláyevich Ponirev, que escribía con el seudónimo de Desamparado.
Al llegar a la sombra de unos tilos apenas verdes, los escritores se lanzaron hacia una caseta llamativamente pintada donde se leía: 'Cervezas y refrescos'. Ah, sí, es preciso señalar la primera particularidad de esta siniestra tarde de mayo. No había un alma junto a la caseta, ni en todo el bulevar, paralelo a la Málaya Brónnaya. A esa hora, cuando parecía que no había fuerzas ni para respirar, cuando el sol, después de haber caldeado Moscú, se derrumbaba en un vaho seco detrás de la Sadóvaya, nadie pasaba bajo los tilos, nadie se sentaba en un banco: el bulevar estaba desierto.
   — Agua mineral, por favor — pidió Berlioz.
   — No tengo — dijo la mujer de la caseta como ofendida.
   —¿Tiene cerveza? — inquirió Desamparado con voz ronca.
   — La traen para la noche — contestó la mujer.
   —¿Qué tiene? — preguntó Berlioz.
   — Refresco de albaricoque. Pero no está frío — dijo ella.
   — Bueno, sírvalo como esté.
El sucedáneo de albaricoque formó abundante espuma amarilla y el aire empezó a oler a peluquería.»

Así arranca El Maestro y Margarita, esta obra satírica, crítica, divertida, emocionante..., esta obra de culto de Mijaíl Bulgákov. Adelanto ya que es uno de mis libros preferidos y que lo situaría entre los diez títulos que más me gustan. Y es que no se necesita leer más que este fragmento para darse cuenta de que estamos ante un escritor de una habilidad inusual, capaz de hacer maravillosa magia literaria de un argumento tan ridículo como el que, en principio, plantea: Satán aparece en Moscú acompañado de múltiples demonios, entre ellos el gran gato negro Popota, dispuestos a castigar con crueldad la hipocresía y el oportunismo que la burocracia y la miseria humana hacen crecer a raudales. Al mismo tiempo, el lector se encuentra, de súbito, en el Jerusalén del año 33, con un Poncio Pilatos a punto de juzgar —no sin serias cavilaciones y el aporte de una oscura intriga detectivesca— al revolucionario Yoshúa Ga-Nozri (Jesús de Nazareth). Ambas tramas, a milenios de distancia cronológica pero tan cercanas por el genio literario, las presenta, desarrolla, alterna y fusiona Bulgákov con verdadero hilo de oro, desplegando las piezas sobre el tablero de manera absolutamente magistral. Eso tienen los grandes: son capaces de llegarnos y tocarnos y conquistarnos, haciéndonos verosímil lo más disparatado; otros, sin embargo, se mueven en el terreno de lo real y lo posible y —¡pobres!—  no consiguen que los creamos ni de lejos. Si aquellos, además, son capaces de hacernos reir y, lo que es aún más difícil, de que nos riamos de nosotros mismos, el arte de la Literatura está plenamente justificado. Lean El Maestro y Margarita. No me digan luego que no se lo avisé.

En español, a falta de una edición a la altura de la obra, en cartoné y no de bolsillo (esperemos que se subsane pronto), hay disponible la ya clásica edición de Alianza, que podemos encontrar con diferentes cubiertas y formatos, pero siempre con la misma (magnífica) traducción de Amaya Lacasa. También existe una edición cubana publicada por Editorial Arte y Literatura en 2009, con traducción del escritor Julio Travieso. Esta última no la conozco, pero si quieren aventurarse, la reconocerán fácilmente porque más que El Maestro y Margarita parece un libro para la preparación de la Catequesis. En fin, cosas de las editoriales...

Algunos materiales adicionales:
Aquí una interesante reseña y aquí un vídeo con la ferviente recomendación de la obra.

Traducción del fragmento: Amaya Lacasa, Ed. Alianza
Ilustración: Retrato de Mijaíl Bulgákov. Andrey Volkov. 2007

Sergey Alimov

En efecto, era El Maestro y Margarita la obra para la que Sergey Alimov hizo la ilustración de la que hablábamos ayer. Este director de cine ruso emprendió en 1975 el proyecto de hacer una película de animación de la famosa obra de Bulgakov. Alimov no pudo llevar a cabo su proyecto, al ser rechazado por el Comité Nacional de Cinematografía de la URSS, pero realizó varios sketches que servían de base para la película y que hoy día se han convertido en imágenes muy apreciadas y populares en Internet. Abajo, otra imagen más, y aquí, otras varias.



jueves, 10 de mayo de 2012

miércoles, 9 de mayo de 2012

Los buenos consejos de Polonio

POLONIO: ¡Todavía aquí, Laertes! ¡A bordo, a bordo! ¡Qué vergüenza. El viento sopla en la popa de tu nave, y sólo aguardan tu llegada. Acércate. ¡Que mi bendición sea contigo! Y procura imprimir en la memoria estos pocos preceptos: No propales tus pensamientos ni ejecutes nada inconveniente. Sé sencillo, pero en modo alguno vulgar. Los amigos que escojas y cuya adopción hayas puesto a prueba, sujétalos a tu alma con garfios de acero, pero no encallezcas tu mano con agasajos a todo camarada recién salido sin plumas del cascarón. Guárdate de entrar en pendencia; pero, una vez en ella, obra de modo que sea el contrario quien se guarde de ti. Presta a todos tu oído, pero a pocos tu voz. Oye las censuras de los demás, pero reserva tu juicio. Que tu vestido sea tan costoso como tu bolsa lo permita, pero sin afectación a la hechura; rico, mas no extravagante, porque el traje revela al sujeto, y en Francia las personas de más alta alcurnia y posición son de esto modelo de finura y esplendidez. No pidas ni des prestado a nadie, pues el prestar hace perder a un tiempo el dinero y al amigo, y el tomar prestado embota el filo de la economía. Y sobre todo, esto: sé sincero contigo mismo, y de ello se seguirá, como la noche al día, que no puedas ser falso con nadie.

 
(De Hamlet, Acto I, Escena III. W. Shakespeare. Trad. de Luis Astrana Marín)

martes, 8 de mayo de 2012

La más perfecta novela policíaca

En 1841, un pobre hombre de genio, cuya obra escrita es tal vez inferior a la vasta influencia ejercida por ella en las diversas literaturas del mundo, Edgar Allan Poe, publicó en Philadelphia Los crímenes de la Rue Morgue, el primer cuento policial que registra la historia. Este relato fija las leyes esenciales del género: el crimen enigmático y, a primera vista, insoluble, el  investigador sedentario que lo descifra por medio de la imaginación y de la lógica, el caso referido por un amigo impersonal y, un tanto borroso, del investigador. El investigador se llamaba Auguste Dupin, con el tiempo se llamaría Sherlock Holmes... Veintitantos años después aparecen El caso Lerouge, del francés Emile Gaboriau, y La dama de blanco y La piedra lunar, del inglés Wilkie Collins. Estas dos últimas novelas merecen mucho más que una respetuosa mención histórica; Chesterton las ha juzgado superiores a los más afortunados ejemplos de la escuela contemporánea. Swinburne, que apasionadamente renovaría la música del idioma inglés, afirmó que La piedra lunar es una obra maestra, Fitzgerald, insigne traductor (y casi inventor) de Omar Khayyam, prefirió La dama de blanco a las obras de Fielding y de Jane Austen.
  Wilkie Collins, maestro de la vicisitud de la trama, de la patética zozobra y de los desenlaces imprevisibles, pone en boca de los diversos protagonistas la sucesiva narración de la fábula. Este procedimiento, que permite el contraste dramático y no pocas veces satírico de los puntos de vista, deriva, quizá, de las novelas epistolares del siglo dieciocho y proyecta su influjo en el famoso poema de Browning El anillo y el libro, donde diez personajes narran uno tras otro la misma historia, cuyos hechos no cambian, pero sí la interpretación Cabe recordar asimismo ciertos experimentos de Faulkner y del lejano Akutagawa, que tradujo, dicho sea de paso, a Browning.
  La piedra lunar no sólo es inolvidable por su argumento, también lo es por sus vívidos y humanos protagonistas: Betteredge, el respetuoso y repetidor lector de Robinson Crusoe; Ablewhite, el filántropo; Rosanna Spearman, deforme y enamorada; Miss Clack, «la bruja metodista»; Cuff, el primer detective de la literatura británica.
  El poeta T. S. Eliot ha declarado: «No hay novelista de nuestro tiempo que no pueda aprender algo de Collins sobre el arte de interesar al lector; mientras perdure la novela, deberán explorarse de tiempo en tiempo las posibilidades del melodrama. La novela de aventuras contemporánea se repite peligrosamente: en el primer capítulo el consabido mayordomo descubre el consabido crimen; en el último, el criminal es descubierto por el consabido detective, después de haberlo ya descubierto el consabido lector. Los recursos de Wilkie Collins son, por contraste, inagotables». La verdad es que el género policial se presta menos a la novela que al cuento breve; Chesterton y Poe, su inventor, prefirieron siempre el segundo. Collins, para que sus personajes no fueran piezas de un mero juego o mecanismo, los mostró humanos y creíbles.
  Hijo mayor del paisajista William Collins, el escritor nació en Londres, en 1824; murió en 1889. Su obra es múltiple; sus argumentos son a la vez complicados y claros, nunca morosos y confusos. Fue abogado, opiómano, actor y amigo íntimo de Dickens, con el cual colaboró alguna vez.
  El curioso lector puede consultar la biografía de Ellis (Wilkie Collins, 1931), los epistolarios de Dickens y los estudios de Eliot y de Swinburne.      

[Jorge Luis Borges. Prólogo a La piedra lunar, de Wilkie Collins, Biblioteca Personal Borges, Ed. Orbis]

En español hay disponibles varias ediciones. La mejor de ellas, sin ninguna duda, es la de Alba Editorial (arriba en la imagen), que cuenta con la impecable traducción de Catalina Martínez Muñoz.                      

lunes, 7 de mayo de 2012

Biblioanglofilias

Mi bibliopatía, más concretamente mi biblioanglofilia crónica, se ve estos días aquejada de manera calamitosa por un nuevo y severo envite, con el correspondiente proceso subsiguiente de agravamiento de tan particular desorden psico-desestabilizador. Las razones..., a pares.

 
Aún más razones, si pinchan sobre las imágenes.

domingo, 6 de mayo de 2012

Miremos las nubes


"Todo siguió igual hasta el amanecer. El cielo entero estaba cubierto de nubes aisladas, que se rozaban unas a otras, y de las cuales una parte se disolvía en la capa superior de la atmósfera, mientras la otra bajaba tan hirsuta y cenicienta que a cada momento esperábamos verla bajar en forma de lluvia”.
Goethe. El juego de las nubes, 1825

Estos días de primavera, que fluctúan entre el sol y la lluvia, en los que corren raudas las nubes —negras, blancas y grises— allá arriba en el cielo, invitan a levantar la vista y a jugar a averiguar qué nos sugieren las distintas formas que estas adoptan. Podria ser buena idea salir al campo, por ejemplo, pertrechados con un buen libro bajo el brazo, mejor si es ligero —ligero, en todos los sentidos—, y buscar un buen recodo que nos dejase evadirnos de nosotros mismos. No desentonaría, en absoluto, en medio de la naturaleza, hacernos acompañar de un librito titulado El juego de las nubes, escrito por Goethe. Resulta curioso cómo esta breve colección de anotaciones descriptivas puede producir un efecto tan evocador. Esta obra es un título menor en la brillante trayectoria del autor de Las penas del joven Werther, pero la reciente edición de Nórdica, que le añade al volumen un curioso Tratado de Meteorología, lo ha convertido en un precioso libro que conserva el sabor de la época en que fue compuesto. A ello contribuye, en gran parte, las maravillosas ilustraciones que acompañan al texto, realizadas por Fernando Vicente, que ha optado por una iconografía de inequívoco aire romántico —levitas, chisteras y diligencias, paseantes solitarios y parejas de enamorados, cielos luminosos o crepusculares o envueltos en tinieblas— para ilustrar con calidez unos textos donde no se registra presencia humana y en los que el propio observador, como corresponde a un trabajo de campo, se esconde detrás de lo observado. En cuanto a la traducción, está en las buenas manos de Isabel Hernández, traductora de Heine, Schiller y Kafka.

Miremos las nubes. Se aprende tanto de nuestra insignificancia...
 

viernes, 4 de mayo de 2012

La milana bonita



La Milana Bonita es un programa de radio dedicado completamente a la Literatura que alcanza ya las tres temporadas en antena. En él se analiza durante casi una hora una obra determinada, la gran mayoría clásicos -Moby Dick, El extranjero, La invención de Morel, La conjura de los necios, El Aleph, De ratones y de hombres, Cien años de soledad, Demian, etc.-, aunque también hay títulos más recientes: La soledad de los números primos, La sombra del viento, Entrevista con el vampiro...

Es un programa realizado por gente joven, dinámico y sin complejos, con una visión fresca de la lectura, lo que se agradece, aunque a veces hay que disculpar algún que otro puntual desliz.

Merece la pena descargarse un podcast sobre nuestro libro favorito, ponerse los auriculares y apagar la televisión, si es que no lo hemos hecho ya.

jueves, 3 de mayo de 2012

Libros felices contra la crisis
("La juguetería errante" de Edmund Crispin)

Queridos lectores de El infierno: 

Si quieren ustedes descansar un poquito, no sé, unas tres horas y media  —a ritmo de lectura ágil— o unas cuatro —a un ritmo más moroso y acompasado—, si quieren, digo, descansar de metrallas auditivas y azarosos titulares de prensa sobre ajustes y recortes, sobre subidas y bajadas de ibexs y de primas, sobre el gris-negro horizonte que se nos pinta y en el que ya nos imaginamos, más temprano que tarde, desasistidos y viejos, bajo un puente..., si quieren, ya les digo, desenchufar de tanta dosis de grostesca realidad, cójanse este libro de Edmund Crispin, que les saque de aquí durante un buen rato. 

¡Abundan tan poco los libros felices! Y este es, sin duda, uno ellos. Diversión y misterio inteligentemente entrelazados. Humor inglés, disparate surrealista. Y, encima, ambientado en Oxford. ¿Qué más se podría pedir? Bueno, sí: un excéntrico profesor universitario y detective aficionado, Gervase Fen, que usa expresiones del conejo de Alicia en el país de las maravillas; un poeta ocioso, Richard Cadogan, que acompaña a Fen en sus pesquisas; un jefe de policia obsesionado con la intencionalidad de Shakespeare en Medida por medida. ¿Qué más? Un coche deportivo, destartalado y ruidoso, llamado Lady Chistine III. Un cadáver en una juguetería que aparece y desaparece. Y continuas referencias literarias, entre ellas ese juego de acertijos basado en Los poemas absurdos de Lear, que termina siendo fundamental para la trama y la resolución del caso.

Y,  encima, el libro está bien escrito y mejor traducido.

La editorial, Impedimenta, lo promociona como una obra clásica del género detectivesco, pero más preciso sería definirlo como una comedia que incluye, además, la investigación de un asesinato —no se lleven a engaño los recomponedores de puzzles a lo Agatha Christie o Dorothy Sayers—-, aunque aquí las piezas encajan y no menos perfectamente.

Si, como dejó dicho Baudelaire, el verdadero héroe es el que se divierte solo, ahora pueden robarle al tiempo ese privilegio durante unas horas leyendo La juguetería errante.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Fin, de David Monteagudo, en película

Ya puede verse el trailer de la película basada en la novela Fin de David Monteagudo, que se estrenará el 31 de agosto. El trailer no dice mucho, o sí. A ver qué tal. 


martes, 1 de mayo de 2012

Strindberg, el genio perturbado

Como ocurre con Dickens, este año se celebra el centenario, pero en este caso de la muerte, de otro importante autor, el sueco August Strindberg. Por este motivo, algunas editoriales se han lanzado a publicar parte de su obra que estaba inédita en español. Strindberg está considerado el padre del teatro de la crueldad y del teatro del absurdo. Monomaníaco de la persecución, severo misógino, impenitente polemista, su turbulenta  vida se vio reflejada en todas las facetas de su arte: el teatro, la narrativa, el ensayo, la pintura, la fotografía. Crítico atroz de la sociedad burguesa de su época, a la que ama y odia al mismo tiempo, Strindberg cultiva una literatura acerada y turbulenta, de la que no está exenta la ironía y el ácido sarcasmo. 
Dos novedades, cuidadas al extremo y muy atractivas, del autor sueco podemos encontrar por estos días en las librerías. La primera de ellas, y que personalmente me interesa más, es El salón rojo, que ha sido considerada la primera novela moderna sueca. Aparecida en 1879 es un retrato fiel del Estocolmo de su época y por ella pululan editores sin escrúpulos, funcionarios corruptos, pintores que han de empeñar las sábanas para comer ese día, sociedades anónimas de teatro, negocios que se proyectan sin tener ninguna idea previa, sociedades caritativas de señoras desocupadas, periódicos rivales que encumbran a alguien o le hacen perder la fama, y tantos otros aspectos de una sociedad burguesa y podrida. Editada por Acantilado, en su web (aquí), pueden leerse los excelentes comentarios positivos sobre la obra y el primer capítulo de la misma, el famoso vuelo de pájaro sobre la ciudad de Estocolmo.


La otra novedad interesante es la edición de los Cuentos que ha publicado Nórdica. Escritos en 1903, nos muestran una faceta muy poco conocida del escritor, la del artista de "buen humor", capaz de hacernos disfrutar y aprender con las moralejas presentes en algunas de estas fábulas, realistas unas, satíricas otras, todas ellas cargadas de poesía y de sugerentes imágenes. Sus raíces están en los cuentos de hadas, a la manera de Hans Christian Andersen y E.T.A. Hoffmann. La edición de estos cuentos, y que le da un valor añadido, incluye las ilustraciones originales de 1915 realizadas por Thorsten Schonberg.

Ambas novedades, altamente apetecibles.

Ilustración de cabecera: Thorsten Schonberg para los Cuentos.