lunes, 26 de noviembre de 2012

Lectura Madame Bovary, II, caps. 1-6

Los Bovary llegan a Yonville donde son recibidos con gran expectación por todos los vecinos. Emma, que pensaba que allí podría ser feliz pronto se asfixia en el ambiente puritano y rutinario del pueblo. Ni siquiera el nacimiento de su hija Berthe llenará su vida. Como contraste, Charles es completamente feliz y enseguida se mimetiza con los aldeanos, para espanto de Emma. Esta empieza a sentirse atraída por el joven pasante, Léon, que comparte con ella el gusto por las artes. Aunque Léon intenta un acercamiento Emma no es capaz de engañar a su marido. León entonces decide cumplir su sueño y se marcha a París. 

Guión de lectura:

1. El primer capítulo de esta segunda parte es fundamentalmente descriptivo, para preparar el escenario al que van a llegar los Bovary. Yonville es, como Tostes, un lugar inventado por Flaubert. ¿Cuáles son los centros neurálgicos del pueblo? [Cap. 1]

2. No resulta difícil adivinar en este primer capítulo qué personaje del pueblo va a tener un protagonismo más destacado en la novela. ¿De qué personaje se trata?  [Cap. 1]

3. Observa la habilidad con que Flaubert logra crear dos mundos diferentes en la velada nocturna. Este lo logra con un depurado uso del método del contrapunto, que consiste en las interrupciones paralelas de dos o más conversaciones o corrientes de pensamiento. Este método lo empleará el autor más veces a lo largo de la novela (sin ir más lejos en el capítulo 5, en la escena de la conversación entre Emma y el cura, interrumpida continuamente por los niños, que incordian y desvían la atención del sacerdote), pero es ésta la primera vez que nos aparece. Exactamente un año después de empezar a componer el libro, Flaubert escribió a su amante Louise Colet el 19 de setiembre de 1852: «¡Qué pesadez es mi Bovary!... Esta escena de la posada puede llevarme tres meses. A veces me siento al borde de las lágrimas, tan profundamente siento mi impotencia. Pero prefiero que me estalle el cerebro, antes que prescindir de esa escena. Tengo que situar simultáneamente, en la misma conversación, a cinco o seis personajes (hablando), a varios otros (de quienes se habla), a toda la región, descripciones de personas y cosas... y en medio de todo eso, mostrar a un caballero y a una dama que empiezan a enamorarse el uno del otro porque tienen gustos comunes. ¡Y si por lo menos tuviese espacio suficiente! Pero la verdad es que la escena tiene que ser rápida sin que resulte seca, y amplia sin que resulte farragosa.». El lector juzgará si Flaubert consigue su propósito o no. [Cap. 2]

4. ¿En qué parecen coincidir los gustos de Emma y de Léon? ¿Qué frase del narrador es reveladora del interés y la admiración que Emma empieza a sentir por Léon? [Cap. 2]

5. ¿Por qué prefiere Emma que su hijo sea varón? El párrafo en el que encontrarás la respuesta es un ejemplo perfecto de estilo indirecto libre, del cual ya hemos hablado. [Cap. 3]

6. Reflexiona sobre los sentimientos de Emma hacia su hija: ¿puede hablarse de insensibilidad? [Cap. 3]

7. Fijémonos ahora en las palabras que aparecen en cursiva en estas dos frases: "En Yonville opinaban que tenía unos modales muy como es debido." [cap. 3, p. 111] y "A finales de esa misma tarde ya lo sabían en Yonville, y la señora Tuvache, la mujer del alcalde, dijo delante de la criada que la señora Bovary se estaba comprometiendo." [cap. 3, p. 117]. Anteriormente ya nos han ido apareciendo algunos ejemplos y no surgirán muchos más a lo largo de la novela. Es interesante que el lector sepa, si es que no se ha dado cuenta ya por sí mismo, que, en estos casos, se produce, por brevísimo tiempo pero sin que quepa duda, un cambio del punto de vista narrativo. Al comienzo de cada frase, quien está contando es el narrador omnisciente, pero a la mitad de esas frases una voz intrusa —la de un narrador/personaje— se añade y superpone a la suya. Ésa es la importancia de las cursivas: reflejan la voz de los propios personajes. Naturalmente, la cursiva era innecesaria; Flaubert hubiera podido prescindir de ella, como lo hace un novelista moderno, que no vacila en mezclar las voces de un narrador omnisciente y de narradores-personajes en una misma frase si lo cree necesario. Esa elasticidad del punto de vista es hoy posible gracias a que alguien, un día, lo hizo por primera vez. Y quien comenzó a efectuar esas mudas —subrayándolas con una señal gráfica para evitar confusiones, quizás asustado de su audacia, quizá sin darse bien cuenta de la revolución que iniciaba al romper la rígida separación entre narrador omnisciente y narrador-personaje, quienes antes no compartían jamás una misma frase— fue Flaubert, en esta obra. [Cap. 3]

7. ¿Se corresponden los sentimientos de Léon con los de Emma? [Cap. 4]

8. En cuanto a los sentimientos de Emma enamorada: ¿qué hace para no exteriorizarlos? ¿Qué contradicciones experimenta?  [Cap. 5]

9. ¿Cómo influyen en la conducta de Emma sus sentimientos hacia Charles? [Cap. 5]

10. Emma, con la marcha de Léon, pierde la posibilidad de alcanzar sus sueños. ¿Por que se sobresalta cuando Homais y Charles hablan sobre la vida de Léon en París? [Cap. 5] 

11. Fijémonos en la presencia de elementos cargados de simbolismo en la novela. Ya nos habían aparecido varios en la primera parte: la gorra de Charles, el ramo de novia, la cigarrera. En estos capítulos aparecen otros. Por ejemplo, la galguita italiana de Emma. La pérdida del animal en el viaje de Tostes a Yonville simboliza el fin de los sueños benignamente románticos y elegíacos en Tostes, y el inicio de sensaciones más apasionadas en la nueva localidad. Otro símbolo destacable son las ventanas. La figura de Emma aparece —y ya desde la primera parte de la novela— muy ligada al hecho de mirar por las ventanas. Sin duda, representan la posibilidad de huída, el anhelo de libertad y de escape. 

El pasaje favorito de Otoño Flaubert:

Flaubert fue un maestro del contrapunto —como hemos visto más arriba—, pero también de las transiciones suaves y elegantes, de un tema a otro dentro de los capítulos. En esta ocasión, el pasaje que elijo, de largo recorrido [cap. 6, p.143-148], incluye una magistral y compleja transición que nos lleva de Emma y su estado de ánimo a Léon y el suyo, y de éste a su despedida. Al efectuar esta transición, Flaubert, como hace varias veces en el libro, aprovecha las sinuosidades estructurales de la transición para examinar a alguno de sus personajes, tomando y analizando rápidamente, por así decir, algunos de sus rasgos. Empezamos con Emma en el momento en que regresa a casa tras una entrevista decepcionante con el cura (intentaba apaciguar la fiebre que Léon había despertado en ella), molesta de que todo esté tranquilo en casa mientras ella siente un torbellino en su interior. Aparta con impaciencia a su hija Berthe, que cae y se corta la mejilla. Charles acude corriendo a Homais, el boticario, en busca de esparadrapo, y le cubre la herida. Le asegura a Emma que la cortadura no es grave, pero ella decide no bajar a cenar, y se queda con Berthe hasta que la niña se duerme. Después de cenar, Charles va a devolver el esparadrapo, y se entretiene en la botica hablando con Homais y su mujer sobre los peligros que corren los niños. Charles lleva aparte a Léon y le pide que pregunte en Ruán el precio de un daguerrotipo que, con patética presuntuosidad tiene intención de regalarle a Emma. Homais sospecha que Léon tiene algún lío amoroso en Ruán, y la posadera, la señora Lefrançois pregunta al recaudador Binet si sabe algo. La conversación de Léon con Binet contribuye, quizá, a que cristalice su aburrimiento por el hecho de amar a Emma sin ningún resultado. Se alude a su miedo a cambiar de localidad, pero decide irse a París. Flaubert consigue lo que se proponía, y efectúa una transición impecable desde el estado de ánimo de Emma al estado de ánimo de Léon y su decisión de marcharse de Yonville.

Claves de lectura (para puesta en común):

1) El 15 de enero de 1853, a punto de empezar la segunda parte de su obra, Flaubert escribe a Louise Colet: «He tardado cinco días en escribir una página... Lo que me preocupa de esta novela es la insuficiencia del llamado elemento divertido. Hay poca acción. Pero sigo opinando que las imágenes son acción. Es más difícil mantener el interés de un libro por este medio; pero si se fracasa, es por culpa del estilo. Tengo cinco capítulos seguidos de mi segunda parte en los que no sucede nada. Es un cuadro continuo de la vida de una pequeña ciudad y de una aventura amorosa inactiva, una aventura que resulta particularmente difícil de plasmar pues es a la vez tímida y profunda; pero, ¡ay!, sin una pasión interior tempestuosa. Léon, mi joven amante, es de naturaleza sobria. Ya en la primera parte del libro me he enfrentado con algo parecido: el marido ama a su esposa un poco a la manera de este amante. Los dos son mediocridades en el mismo ambiente, y aun así es preciso diferenciarlos. Si lo consigo, será toda una proeza, porque supone pintar un color sobre otro color, sin contrastes definidos.» Hasta donde llevamos leído, ¿qué opinas de Léon? ¿Crees que puede considerarse como un alma gemela de la señora Bovary por su carácter fantasioso y superficial? ¿Está Léon más cerca de Charles en tanto que siente un amor sincero por Emma?  

2. Analicemos el tema de la maternidad en la novela. ¿Podemos calificar a Emma Bovary de "mala" madre? ¿Hasta qué punto hubiese sido diferente su actitud en el caso de haber dado a luz a un hijo en lugar de una hija? Sabemos que Emma quedó huérfana de madre siendo niña y su padre, el señor Rouault, la cuidó lo mejor que supo. Teniendo en cuenta este dato, ¿crees que el personaje de la señora Bovary es coherente, desde un punto de vista psicológico, en el trato a su hija Berthe? 

lunes, 19 de noviembre de 2012

Lectura Madame Bovary, I, caps. 6-9

La vida transcurre sin grandes acontecimientos en la casa de los Bovary. Así como Charles llega a la cima de su felicidad, Emma descubre pronto que su vida matrimonial no tiene nada que ver con la vida de las heroínas de los libros románticos a cuya lectura se aficionó tanto desde su época de formación en un convento de monjas ursulinas. Casualmente, son invitados a un baile donde Emma descubre que la vida de los libros existe en la realidad, pero también comprende que esta vida le está negada a ella. Su estado anímico se resiente y Charles decide buscar otro destino para que su mujer se recupere. Emma se queda embarazada.

Guión de lectura:

1. Observa cómo se engarza el final del capítulo anterior con el comienzo de este. Como antes ocurriera con Charles, el narrador vuelve ahora atrás en el tiempo para contar la infancia y adolescencia de Emma. ¿Cómo influyó en ella el ambiente en que se educó? [cap. 6]

2. Es clásico ya el paralelismo establecido entre Don Quijote y Emma por su intensa afición a los libros y, a partir de ahí, por su idealización de la realidad. En este capítulo se establecen las bases para justificar ese parecido. Al igual que Cervantes parodiaba las novelas de caballería, aquí, Flaubert lo hace con las novelas románticas. Fíjate en los detalles que las ridiculizan. [cap. 6]

3. ¿Por qué le atraían tanto a Emma los grabados de los libros? [cap. 6]

4. ¿Qué echa de menos Emma en su marido? ¿Qué le disgusta de él? [cap. 7]

5. ¿Cómo hace Emma el papel de enamorada? ¿Qué pretende con ello? [cap. 7]

6. A Emma se le ocurren varios pensamientos sobre su matrimonio mientras pasea por el campo con su galguita. ¿Cómo describe su vida y con qué la compara? Fíjate en cómo la descripción del clima (ventoso y desapacible) y del paisaje (que transmite, visto al atardecer, una sensación de inquietud y miedo), parecen estar en sintonía con el estado anímico de incertidumbre y desilusión de la protagonista. Esta es otra de las características de esta novela. [cap. 7]

7.¿Qué le seduce a Emma de la vida y las personas que conoce en el castillo del marqués de Andervilliers? [cap. 8]

8. En los dos últimos párrafos del capítulo, se condensan los efectos o secuelas que ha producido en la vida de Emma esa estancia en el castillo. Atiende a cuáles son. [cap. 8]

9. Uno de los grandes aportes técnicos de Flaubert es el estilo indirecto libre. Consiste en reproducir los pensamientos o las palabras de los personajes dentro del discurso del narrador, sin que medio un verbo de lengua (dijo, pensó...) ni un nexo subordinante (que). De este modo, el narrador omnisciente se acerca tanto al personaje que las fronteras entre ambos se evaporan, hasta tal punto que el lector no sabe si aquello que el narrador dice proviene del relator invisible o del propio personaje que está monologando mentalmente. Es un estilo empleado para narrar la intimidad (recuerdos, sentimientos, sensaciones, ideas) desde adentro y permite una aproximación a la conciencia del personaje que Flaubert logra gracias al uso del pretérito imperfecto y, frecuentemente, de la interrogación. En el cap. 9 tenemos varios ejemplos: "¿Cómo era París? ¡Qué nombre desmedido!" (p. 79), "¿Por qué no tenía al menos por marido a uno de esos hombres de pasiones taciturnas que andan metidos en los libros por las noches y lucen por fin, a los sesenta años, cuando llega la edad del reúma, un pasador con condecoraciones en el frac negro y mal cortado?" (p. 83), "¡Así que en adelante pasarían así los días, en fila, siempre los mismos, incontables, sin traer nada consigo!" (p. 85), "¿Iba a durar siempre aquel infortunio?" (p. 89). Este procedimiento es la base para el desarrollo del stream of consciousness o monólogo interior que perfeccionaron Marcel Proust, James Joyce, Virgina Woolf y, más tarde, William Faulkner en el siglo XX. Piensa en lo diferente e, indudablemente, menos efectiva que hubiese sido la historia que se nos cuenta en el libro sin el empleo de este procedimiento y, por tanto, sin la posibilidad de que el lector acceda a los pensamientos que surgen en la cabeza de los protagonistas [cap. 9]

10. ¿Qué le sugiere París a Emma? ¿A qué tres mundos o clases reduce ella la sociedad parisina? Por contraste, ¿cómo ve el mundo que la rodea? [cap. 9]

11. Una serie de detalles de la vida cotidiana van acentuando el desencanto de Emma. ¿Cómo interpreta Charles la actitud de Emma ante esos detalles? Por otro lado, Charles la irrita cada vez más, y Emma, desencantada e indolente, espera "un acontecimiento": ¿qué deja traslucir esa espera? [cap. 9]

El pasaje favorito de Otoño Flaubert:

Elijo uno de esos momentos sordos y desoladores que tienen lugar en casa del matrimonio Bovary a la hora de la comida. Flaubert emplea aquí un tiempo narrativo circular para contar una situación reiterativa, que se repite un día tras otro. Lo usa en escenas que no exhiben una acción específica sino una actividad serial, reincidente, un hábito, una costumbre. En esta escena, el ojo del narrador fija su atención en los objetos más imperfectos de la casa (la chimenea que humea, la puerta que chirría...) y en los más cotidianos (el cocido, el hule) para transmitirnos esa sensación de vacío, soledad e incomunicación que se va adueñando de Emma y que acentúa su ahogo vital y su desesperación. En el cocido humeante la protagonista parece proyectar todo su asco por la realidad en la que se haya inmersa. Charles y Emma, sentados a la misma mesa, viven, en realidad, en mundos muy distantes.
"Pero era sobre todo a la hora de las comidas cuando no podía ya aguantar más en aquella salita de la planta baja, donde la estufa humeaba, la puerta chirriaba, el agua rezumaba de las paredes y el suelo estaba húmedo; le parecía que tenía servida en el plato toda la amargura de la existencia y, según humeaba el cocido, le subía del fondo del alma algo así como otras bocanadas de insipidez. Charles tardaba mucho en comer; ella mordisqueaba unas avellanas o, apoyada en el codo, se entretenía haciendo rayas en el hule con la punta del cuchillo."
(La señora Bovary, cap. 9, p.87, trad. de María Teresa Gallego Urrutia)  

Claves de lectura (para puesta en común):

1) La imagen romántica que Emma se hace de París emerge de la cigarrera de seda que recoge de esa carretera desierta, al regresar de Vaubyessard, muy a la manera en que en la novela de Proust En busca del tiempo perdido, la más grande de la primera mitad del siglo XX, la pequeña ciudad de Combray, con todos sus jardines (una evocación), emerge de una taza de té. Esta visión de París es uno de los muchos ensueños de Emma que aparecen a lo largo del libro. El tema de los ensueños se enlaza con toda naturalidad al tema del engaño. Nabokov, autor de un estudio exhaustivo de la novela, ha dicho: "Emma esconde la cigarrera que le hace soñar; engaña a Charles desde el principio, a fin de que la lleve a vivir a otro lugar. Fingiendo estar enferma, consigue que se trasladen a Yonville, que pasa por tener mejor clima." ¿Compartes esta opinión? ¿Crees que Emma finge su malestar o realmente está entrando en una depresión nerviosa?

2) ¿Por qué crees que Charles ha conseguido ser feliz y Emma no? Valora hasta qué punto la insatisfacción de Emma es consecuencia de sus lecturas y de su imaginario literario.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Sorderas y cegueras voluntarias

Este libro data de esa fecha en la que todavía muchos ciudadanos alemanes, por no decir del resto del mundo, eran incrédulos y negadores —por mucho que hubieran oído, no hay sordo peor que el sordo voluntario— acerca de la realidad de los campos de exterminio de judíos. Es precisamente lo temprano de su redación con respecto a los acontecimientos narrados lo que resulta asombroso de este breve Medallones. Ocho relatos, escritos en 1946, a cual más espeluznante, ocho testimonios de otros tantos protagonistas que vivieron de primera mano y en sus propias carnes la atrocidad del genocidio nazi. Repito y subrayo, por si el adjetivo ha podido pasar inadvertido: espeluznante. En ocasiones, repulsivos, rozando casi lo nauseabundo. Ya la cita de tintes hobbianos (en la línea de homo homini lupus) que preside la entrada del libro turba al lector, y lo prepara para lo que va a encontrarse en las siguientes y escasas noventa páginas de que consta la obra: «Fueron hombres quienes a otros hombres depararon semejante destino».

Desde su posición privilegiada de miembro de la Comisión de Investigación de los Crímenes Hitlerianos en Polonia, Zofía Nalkowska compone una obra a caballo entre el volumen de relatos y el reportaje, con la fuerza y la penetración que tienen los documentos inmediatos en el tiempo a los acontecimientos que se narran. No es un libro sórdido, no obstante, sino estremecedor —que es distinto—, luminosamente estremecedor, porque la prosa de Nalkowska es recia y decidida, concisa y reveladora, compacta y documental, pero también capaz de diseccionar sentimientos, sin recrearse en ellos, y, por tanto, generar belleza a partir de ingredientes tan monstruosos y delicados como con los que literariamente trabaja. Nosotros tenemos la suerte de que la editorial Minúscula haya rescatado esta joya —triste y devastadora, pero joya, en definitiva— donde podemos leer, no sin escalofríos, verdades imperecederas como las que dejó fijadas, con mano firme y para vergüenza del ser humano, su autora: «La realidad es soportable porque no la experimentamos en su totalidad. O no la experimentamos toda a la vez. Nos llega en fracciones de acontecimientos, en briznas de relatos, en ecos de disparos, en lejanas humaredas que se desvanecen en el cielo, en incendios de los que dice la historia que "reducen a cenizas", aunque nadie se imagina el alcance de estas palabras. Esa realidad que es lejana y al mismo tiempo se desarrolla al otro lado del muro no parece verdadera. Solo el pensamiento puede intentar recomponerla, fijarla y  comprenderla.»

La otra cara de la misma horrenda moneda es Un mundo aparte, la novela-testimonio que Gustaw Herling-Grudziński escribió sobre los dos años que pasó en el campo de trabajo de Arkangelsk en el Gulag soviético. Al igual que ocurre con Medallones, destaca este libro por ser un temprano testimonio, en esta ocasión en dar a conocer en Occidente la infamia del Gulag. Es curioso, impactante y, hasta cierto punto, irritante observar cómo la atención prestada a los campos de exterminio nazi sigue siendo mucho mayor que a los del estalinismo, a los que aún hoy cubre una bruma de confusión, cuando no de ignorancia, entre una parte no desdeñable del público. Auschwitch se ha convertido en sí mismo en un género literario, mientras que Kolima o cualquier otra isla de muerte del archipiélago Gulag suenan a terrores lejanos, esteparios, que no nos atañen de una manera tan directa, tan medular, pese a que la suma de víctimas en ellos fuera mayor. No se trata de establecer jerarquías, sino de ser honesto, tener alergia a los partidismos y reconocer que el Horror es uno y múltiple. Precisamente esta es la talla intelectual (y humana) que no demostraron tener quienes relegaron al ostracismo público al autor de esta obra, objeto de una auténtica caza de brujas por parte de la izquierda ortodoxa europea que negaba la existencia de los campos. 

Un  mundo aparte  fue escrita en polaco entre julio de 1949 y julio de 1950, coincidiendo con una estancia en Inglaterra. En 1951 la editorial londinense Heinemann publicó la versión inglesa con un prólogo de Bertrand Russell. En 1953 apareció la primera edición en su lengua original publicada por la editorial polaca en el exilio Kultura. En Francia, ninguna editorial tuvo el valor de publicarlo a pesar de que los derechos se compraron varias veces y de que Albert Camus —un intelectual comprometido que pensaba por sí mismo, sin siglas de partido grabadas en la frente— recomendó el libro a varios editores, aun así el libro tardó más de treinta años en publicarse allí. En 1990 pudo por fin publicarse en Rusia y en Polonia, donde durante décadas había encabezado el índice de libros prohibidos por el régimen comunista. Y, ahora, la editorial Libros del Asteroide nos permite conocer a los lectores en lengua española toda su terrorífica verdad a partir de una traducción directa del polaco.  

Este libro no es únicamente un testimonio del horror, sino también una obra que analiza el sufrimiento humano en clave de piedad y esperanza. Bien escrito, con prosa poderosa, Bertrand Russell destacó de él su "extraña fuerza descriptiva, sencilla y vívida" y Camus incidió en que era una obra que  "tendría que ser publicada y leída en todos los países, tanto por lo que es como por lo que dice."

lunes, 12 de noviembre de 2012

Lectura Madame Bovary, I, caps. 1-5

Al comienzo de la novela asistimos a los primeros años de vida de Charles Bovary, joven introvertido y poco ambicioso, dominado por su madre. Estudia medicina, pero su falta de interés y su escasa inteligencia lo convertirán en un médico mediocre. Sin demasiado convencimiento se casa con una mujer viuda mayor que él, Heloïse, a la que no ama. Un día, en una visita médica conoce a Emma Rouault, hija de un labrador adinerado, y se queda prendado de su belleza. Meses después enviuda y decide perdirle la mano de su hija al señor Rouault. Tanto éste como Emma están de acuerdo, por lo que la boda se celebra una vez acaba el luto que guarda Charles por su primera esposa. Después de la celebración, a la que "asistieron cuarenta y tres personas que pasaron sentadas a la mesa dieciséis horas", el joven matrimonio se instala en Tostes. Emma, al casarse, creía experimentar el amor, pero ahora se da cuenta de que no era así.

Guión de lectura:

1. Es significativo que Flaubert no abra la novela fijando la atención en la figura de su protagonista principal, Emma, sino en Charles Bovary, al que vemos llegar, como alumno nuevo, al colegio. Este personaje es presentado con rasgos negativos, proporcionando así una imagen premonitoria de lo que será luego su vida. Fíjate en los más destacados. [Cap. 1]

2. La exhaustiva descripción que de la gorra de Charles Bovary (p. 20) hace el narrador nos anticipa la importancia que los objetos van a tener en la obra. Vargas Llosa ha hablado de "la humanización de las cosas" en Madame Bovary. Más adelante comentaremos esto, ahora simplemente vuelve a leer ese pasaje y observa la pericia detallista de Flaubert. [Cap. 1]

3. Después del primer episodio, la llegada al colegio, narrada con cierto detalle, la acción se acelera, y en pocas páginas, o incluso en pocas líneas, se pasa de la infancia a la juventud de Charles. Este es un rasgo característico de esta novela: los períodos de desarrollo sosegado, de lenta sucesión de hechos de poca importancia, alternan con bruscas aceleraciones en que la acción de un hecho importante se condensa en una pocas líneas. Observa cómo se sintetiza en unos párrafos la iniciación a la vida de Charles, y cómo, al final, ocurre lo mismo con su matrimonio. [Cap. 1]

4. Tras una sosegada descripción de la casa de Les Bertaux, Charles ve por primera vez a Emma: ¿qué impresión le causa? Fíjate en qué detalles de su aspecto le atraen, y en cuáles le desagradan. [Cap. 2]

5. Sabemos que Flaubert era un gran fetichista (sentía debilidad, por ejemplo, por los pies de las mujeres y por los botines). ¿Qué objetos concretos del vestuario de Emma atraen particularmente, a manera de fetiches, la atención de Charles? [Cap. 2]

6. Emma, se dice en la obra, ha recibido una "esmerada educación", ¿qué se entendía por tal en la época? [Cap. 2]

7. ¿Comienza el matrimonio con la pasión propia de una relación amorosa? ¿Cómo se explica que no sea así? ¿Deja traslucir Emma alguna emoción al día siguiente de la boda? [Cap. 4]

8. Charles es feliz y el narrador así lo recalca, pero ¿dice algo de cómo se siente Emma? ¿Qué indica su silencio? [Cap. 5]

9. Las premoniciones van a ser frecuentes en la novela. ¿Qué objeto despierta momentáneamente en Emma una primera premonición de un final trágico? [Cap. 5]

El pasaje favorito de Otoño Flaubert:

Hay una escena que me parece espléndida. Es aquella en la que Charles pide a Rouault la mano de su hija Emma, aunque en realidad, más bien sucede al revés, y es Rouault quien se adelanta a las intenciones que no termina de trasnsmitirle Charles. Flaubert es aquí genial, una vez más, tanto en la manera de relatar como en la perspectiva escogida para hacerlo. A diferencia de lo que cabría esperar, Flaubert escatima al lector la conversación que Rouault mantiene con Emma, dejando que sea cada cual quien componga la escena en su imaginación. Nunca sabremos por qué se demoró tanto ese momento (cerca de una hora), qué dijo Emma, cuál fue su reacción. El lector, al igual que Charles, solo llega a conocer que la respuesta de Emma es afirmativa, y esto mediante la señal que Rouault ha convenido en hacer en tal caso: abrir de par en par los postigos de la ventana. Una escena muy inteligente, que trata al lector como inteligente.
  "-Compadre Rouault, me gustaría decirle algo
  Se detuvieron. Charles callaba.
  -Pero ¡cuénteme lo que sea! ¿Acaso no estoy enterado de todo? -dijo Rouault, riéndose bajito.
  -Compadre Rouault... Compadre Rouault... -balbució Charles.
  -A mí me parece muy bien -siguió diciendo el granjero-. Y, aunque seguramente la niña coincide conmigo, no queda más remedio que preguntarle qué opina. Váyase; me vuelvo a casa. Si dice que sí, atienda bien, no hace falta que vuelva, por la gente, y, además, ella se impresionaría mucho. Pero, para que no se consuma demasiado, abriré del todo la celosía de la ventana y la pegaré a la pared: podrá verla por la parte de atrás si se asoma al seto.
  Y se alejó.
  Charles ató el caballo a un árbol. Fue corriendo a colocarse en el camino; esperó. Pasada media hora, contó luego diecinueve minutos en el reloj. De pronto, se oyó un ruído contra la pared; la celosía estaba abierta y la falleba se estremecía aún."
(La señora Bovary, p. 41. Traducción de María Teresa Gallego Urrutia)

Claves de lectura (para puesta en común):

1) Las mudas del narrador:

La novela comienza con un narrador en primera persona del plural ("Nous étions à l'étude, quand le Proviseur..."; en la traducción al español se pierde el pronombre Nous (Nosotros) y queda "Estábamos en el aula de estudio cuando entró el director..., p. 19). Este narrador misterioso es alguien que está allí en el aula en la que Charles entra precedido del director. Es un narrador que oye -y quizás participe en ellas- las burlas con las que los demás reciben al muchacho provinciano. Convive con Charles los años que éste pasa en el colegio. Es un narrador testigo del que no sabemos nada, que se esconde en un "nous" plural y general, como si fuese un narrador colectivo, como si se refiriese a un grupo de alumnos y no a un ser individual, lo que mantiene aún más el anonimato. Este narrador está presente solo en el primer capítulo y se desvanece imperceptiblemente (en un alarde de sutileza técnica de Flaubert) para dar lugar a otro narrador, ya que se van a contar los antecedentes familiares de Charles, algo que el enigmático "nous" no puede conocer. Ese otro narrador es un narrador omnisciente, en tercera persona del singular, y es el que perdura a lo largo de la obra, con ligeras mudas e intencionalidades. Con éste, la realidad externa como la vida interior de los personajes se cuenta con objetividad: el narrador muestra, pero no juzga. Esta objetividad fue una de las obsesiones de Flaubert, empeñado en lograr la desaparición del narrador en la novela. Es por esto que aún resulta más llamativa, si cabe, la apertura de la obra con ese misterioso "Nous". ¿Qué crees que aporta a la historia este narrador anónimo? ¿Cuáles son, a tu parecer, los efectos que logra en el lector?

2) Charles Bovary:

Se nos ha dicho que la mayoría de los personajes de Madame Bovary son burgueses. Pero una cosa que debemos dejar muy clara es el significado que Flaubert da al término bourgeois. Salvo cuando significa simplemente ciudadano, como sucede a menudo en francés, el término bourgeois utilizado por Flaubert equivale a "filisteo", personas preocupadas por el aspecto material de la vida y que sólo creen en los valores convencionales. Nunca emplea la palabra bourgeois con connotaciones político-económicas marxistas de ningún género. Burgués, para Flaubert, es un estado del espíritu, no un estado del bolsillo. Aclarado esto, centrémosnos en Charles Bovary. Este personaje ha sido calificado por Vladimir Nabokov, en su Curso de literatura europea, como "un cargante, un pesado sin atractivo, inteligencia ni cultura, y con toda una serie de ideas y hábitos convencionales. Es un filisteo; pero es también un ser humano patético." ¿Se corresponde esta definición con tu visión del personaje hasta el momento?

viernes, 9 de noviembre de 2012

Comienza la lectura de Madame Bovary

Bienvenidos a este segundo bloque de Otoño Flaubert, dedicado a la lectura guiada y participativa de Madame Bovary (o La señora Bovary). Como reflejan sus bases, en esta lectura puede participar cualquier persona, haya o no participado con anterioridad en el bloque monográfico de introducción a la vida y obra de Gustave Flaubert, que concluyó el pasado día 2 de noviembre. Son, por lo tanto, dos bloques complementarios, pero independientes.

A lo largo del proceso de lectura se irán publicando diversas entradas con las pautas y claves de lectura que han de seguir los participantes. Cada entrada está pensada para que el lector trabaje a título individual y, al mismo tiempo, pueda compartir opiniones sobre alguno de los temas planteados o sobre algùn aspecto que le haya llamado especialmente la atención. Las entradas han de ser abordadas por el lector una vez haya leído los capítulos a los que se hace referencia. Es por esto que para poder trabajar adecuadamente la primera entrada, que se publicará el día 12 de noviembre, el lector deberá haber leído los cinco primeros capítulos de la obra.

Cada entrada constará de las siguientes partes:

1. Un breve resumen argumental de los capítulos leídos.

2. Guión de lectura: se compone de una batería de preguntas y observaciones sobre el texto que tiene como objetivo sacarle el máximo partido a la lectura realizada. Esta parte no está pensada para ser resuelta ni comentada en común por los lectores, sino para ser trabajada a nivel particular por cada lector, bien por escrito o bien mentalmente, como desee cada cual. No obstante, los participantes podrán, si lo desean, hacer comentarios sobre cualquier aspecto tratado, pregunta o duda que deseen exponer.

3. Fragmento: se cita un fragmento significativo o que destaque por su relevancia, alcance o construcción narrativa.

4. Claves de lectura: se destaca uno o varios aspectos, ya sea de tipo técnico como argumental o narrativo de la obra, y se propone alguna pregunta o reflexión para que los participantes en la lectura expresen sus opiniones y puntos de vista mediante comentarios. La puesta en común y el intercambio de impresiones redunda en una mayor riqueza de la experiencia lectora.

En cuanto a la edición que pueden utilizar para la lectura, como se dijo en su momento hay numerosas ediciones publicadas en papel (Alianza, Cátedra, etc.) y también la posibilidad de compra a través de Internet de diferentes ediciones digitales o ebooks, aunque, sin duda, la mejor opción de lectura, por su traducción y cuidado es la reciente edición de Alba Editorial, La señora Bovary, con la excelente traducción de María Teresa Gallego Urrutia. Es precisamente esta edición la que servirá de base para todas las citas y referencias de la obra que se hagan por parte del blog en el proceso de lectura.

Los participantes pueden seguir el ritmo de lectura que deseen, aunque les resultará más provechoso seguir el calendario de entradas y pautas de lectura marcado por el blog, que es el siguiente:

Inicio de lectura (9 de noviembre)

Parte I
Caps. 1-5 (12 de noviembre)
Caps. 6-9 (19 de noviembre)

Parte II
Caps. 1-6 (26 de noviembre)
Caps. 7-10 (3 de diciembre)
Caps. 11-15 (10 de diciembre)

Parte III
Caps. 1-11 (17 de diciembre) 

Fin de lectura (21 de diciembre)

Por último, Otoño Flaubert quiere tener un detalle con todos los participantes en la lectura sorteando, al término de la misma, un ejemplar de La señora Bovary (Alba Editorial). El sorteo será el 22 de diciembre de 2012 y entrarán en él todos los participantes que hayan realizado comentarios a lo largo del proceso de lectura de la obra. A cada participante se adjudicará uno o varios números para entrar en sorteo, en función del grado de participación que haya tenido a lo largo del proceso de lectura. Así, quien haya contribuido con un total de 1 a 5 comentarios durante el desarrollo de la lectura, se le adjudicará 1 número en el sorteo; quien haya contribuido con un total de 6 a 10 comentarios, participará con 2 números; y, finalmente, quien haya realizado de 11 a 15 comentarios, lo hará con 3 números. El sorteo se hará con la herramienta Sortea2, para garantizar la objetividad y claridad del proceso. (Nota: Los participantes que ya fueron premiados con anterioridad en el sorteo del bloque I de Otoño Flaubert quedan excluidos de este sorteo.)

Y, ahora, a leer. Que lo disfruten.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

¡Por mis patas de conejo!
("El canto del cisne" de Edmund Crispin)

Quien se lo pasó en grande -y yo fui uno de ellos- con las aventuras cómicamente detectivescas o detectivescamente cómicas -aún no lo sé bien- de ese excéntrico profesor de Oxford y aficionado a desenredar insólitos crímenes llamado Gervase Fen, está de enhorabuena, y de campana repiqueteante, y de albricias, porque dispone ahora, para su solaz, de una nueva y prometedora y recién horneada aventura del protagonista de La juguetería errante.

Que ¿qué pienso de esta literatura? ¡Que es más eficaz que los tranquimazines, los ibuprofenos y los acidoacetilsalicílicos para alejar el potencial y diverso abanico de malestares que pueden hospedarse en nuestros maltrechos cuerpos y en nuestras dislocadas mentes y en nuestros confusos espíritus occidentales imbuidos en esta pertinaz crisis de la civilización! Aquí ya les dejé mi opinión sobre La juguetería..., y aventuro que este nuevo episodio va a estar en la misma línea de diversión y de puzzle mental. Y, además, traduce -igual que en la anterior entrega- el solvente José C. Vales. E Impedimenta edita, con sus preciosas y elegantes cubiertas. ¿Por qué no, entonces, habrían de esperarme unas cuantas horas de lúdica lectura?    

El canto del cisne es el segundo título que se publica en España de esta serie escrita en los años cuarenta del siglo pasado por Edmund Crispin, autor inglés por los cuatro costados, ¡y porque no hay cinco! En esta ocasión Crispin nos sitúa a Gervase Fen en el mundillo de la ópera, que tanto gustaba al autor. Y es que una encopetada compañía de ópera recala en Oxford para poner en marcha la primera producción posbélica de Los maestros cantores de Núremberg, de Wagner. La felicidad que reina en el ambiente, sin embargo, pronto quedará ensombrecida por la aparición del odioso y molesto tenor Edwin Shorthouse. Todo el mundo tiene un motivo personal para odiar con toda su alma a Shorthouse, pero ¿quién de los presentes será tan torpe como para acabar con él ahorcándole y apuñalándole en su propio camerino, cerrado por dentro? Y es que como dice Edmund Crispin en la primera línea de esta perspicaz novela: «Pocas criaturas hay en el mundo más estúpidas que un cantante».

Ya saben. Ya les digo. Ya les comento. Avisados quedan. Luego no me vengan con que no se enteraron, ¡por mis patas de conejo! (que diría Fen).

lunes, 5 de noviembre de 2012

Un must de la aventura remozado

Uno, que ha dejado ya las lecturas de Verne en el recuerdo inmarcesible de la más recóndita juventud, envueltas en largas tardes de cálida atmósfera y sol trepidante, no puede impedir, cuando surge una belleza como la que acaba de editar Nórdica (una pieza absolutamente llamada a ser huésped de la biblioteca de cualquier detector de maestrías bibliográficas, como es mi caso), no puede impedir, digo, que las papilas gustativas por el papel impreso se reactiven y anhelen una revisitación -como dicen "los pedantones al paño" (vid Machado)- de un clásico de la aventura como es Veinte mil leguas de viaje submarino.

Los viajes hacia abajo son para Verne un especial motivo de inspiración aventurera. Recordemos ese otro gran periplo literario por el subterráneo que es Viaje al centro de la tierra. No obstante, a diferencia de las interioridades terrestres, la profundidad marina representa no un mundo de ida y vuelta, de visita, sino un mundo paralelo, literalmente para desterrados. Los que lo eligen, mueren a todos los efectos en su vida anterior. La tripulación de ese buque errante y fantasma, el Nautilus, está formada exclusivamente por muertos. Su capitán ha perdido su anterior nombre y rango para llamarse Nemo (palabra latina que significa Nadie). Es muy acertado lo que dice Fernando Savater en su inolvidable ensayo La infancia recuperada acerca de que Nemo es como un Ulises que ha renunciado consciente y definitivamente a la ilusión de encontrar su Ítaca. La figura del capitán se reviste de una especie de aura romántica, la búsqueda de la libertad es el corazón mismo de su personaje. El propio Nemo lo declara en su apasionado elogio al mar: "El mar no pertenece a los déspotas. en su superficie, pueden todavía ejercer sus derechos inicuos, allí pueden luchar, devorarse y trasladar ahí todos los horrores terrestres. ¡Pero a treinta pies por debajo de su nivel, su poder cesa, su influencia se apaga, su poderío desaparece! ¡Ah, señor mío, viva, viva usted en el seno de los mares! ¡Solamente aquí hay independencia! ¡Aquí no reconozco amos! ¡Aquí soy libre!" Personaje desgraciado y brillante, con un oscuro pasado, el misántropo Nemo entiende la independencia como mayor acopio de fuerza y resistencia para hacer su voluntad, y, al mismo tiempo, la libertad que anhela está más cerca del ímpetu que mueve a los conquistadores de imperios que a la intención humanista de los grandes exploradores.

La ambición personal produce aventura y desde este punto de vista Veinte mil leguas de viaje submarino constituye todo un festival de acontecimientos, experiencias y descubrimientos que elevan la obra a la categoría de auténtico must indiscutible del género. La novela, que se lee con el mismo excitante interés que en la fecha en que publicó, 1869, ha sido ahora, felizmente, objeto de atención de Nórdica, que pone en nuestras manos una impresionante edición con nueva traducción (¡Aleluia!) y el valor añadido de más de cincuenta extraordinarias ilustraciones a color de Agustín Comotto.

Muchos han tachado a Verne, tanto en su tiempo como en el nuestro, de escritor "menor", de mero escritor de novelas de aventuras (¡como si escribir aventura no implicara talento creativo o imaginativo!, ¡qué se lo digan a Homero, Apolonio o Luciano de Samósata!). Y digo yo, ¿cómo alguien dotado con una capacidad tan arrolladora de fabulación, con una visión tan anticipatoria de la ambición humana (en su vertiente positiva y negativa), y con una gran habilidad para dibujar personajes que han traspasado el tiempo puede ser considerado "menor"?  El tiempo, como un puzzle, encaja cada pieza en su lugar.

Aquí, para su disfrute, el vídeo de presentación de esta preciosa edición de Nórdica:

domingo, 4 de noviembre de 2012

La señora Bovary se va con...


Buenos días. Estos dos fastuosos ejemplares de La señora Bovary, editados por Alba, que vemos aquí reposando ayer noche en el escritorio balzaquiano de El infierno de Barbusse, ya tienen dueño. Mejor dicho, dueña y dueño.

Realizado hoy el sorteo del primer ejemplar a las 10:00 h., y posteriormente, las 10:05 h. el del segundo ejemplar, doy a conocer los resultados de ambos:

Resultado del sorteo del primer ejemplar (clic)
Resultado del sorteo de segundo ejemplar (clic)
 
¡Enhorabuena a los dos! ¡A disfrutarlos!

A todos los demás participantes, decirles que no se desanimen, hay un ejemplar más que entrará en sorteo al final de la lectura guiada y participativa de la obra que empezamos el próximo día 9 de noviembre en este Otoño Flaubert.

sábado, 3 de noviembre de 2012

Sorteo Otoño Flaubert. Bloque I


Una vez terminado el bloque I del Otoño Flaubert y cerrado el plazo para la entrega de las actividades propuestas, procedo a recopilar los nombres de los valientes participantes que durante tres largas semanas han estado trabajando intesamente sobre la figura y sobre la obra del genial escritor francés. ¡Enhorabuena a todos! Espero que hayan disfrutado y aprendido a partes iguales. Hora es ya de premiar su aplicación y su esfuerzo durante estos días en los que no han dejado descanso al lápiz y a la libreta de anillas.

Los números y nombres de los participantes en este primer bloque de Otoño Flaubert, donde se sortean dos ejemplares de La señora Bovary (por cortesía de Alba Editorial), son los siguientes:

1 (Ángel Gutiérrez)
2 (Antonio Luis)
3 (Bécquer)
4 (Carmen Martín)
5 (Esteban Nogalés)
6 (Isabel Medina)
7 (Malena)
8 (María López Villarquide)
9 (Mariuca)
10 (Pedro G.)
11 (Ramón)
12 (Antonio Luis)
13 (Isabel Medina)
14 (María López Villarquide)
15 (Mariuca)
16 (Pedro G.)
17 (Ramón)
18 (Antonio Luis)
19 (Isabel Medina)
20 (María López Villarquide)
21 (Mariuca)
22 (Pedro G.)
23 (Ramón)
Tal como consta en las bases del sorteo, los seguidores del blog participan con tres números, con lo que, a priori, tienen más posibilidades de ser premiados. El sorteo tendrá lugar el día 4 de noviembre a las 10 horas. Se llevará a cabo con la herramienta Sortea2. Al ser dos ejemplares de la obra los que entran en juego, se hará un doble sorteo: un primer sorteo para el primer ejemplar (en el que entrarán todos los participantes), y un segundo sorteo para el segundo ejemplar (en el que se excluirá el nombre del participante que ya haya sido agraciado en el primer sorteo). Los resultados se podrán consultar aquí  y aquí desde la misma fecha y hora fijada para la celebración.

¡Suerte!

jueves, 1 de noviembre de 2012

Ridere, plorare

«Pero no sirve de nada haber desechado los motivos de la aflicción particular: pues no pocas veces nos invade el odio al género humano. Cuando piensas qué rara es la sinceridad  y qué ignoradas la inocencia y la lealtad, salvo en contadas  ocasiones, sólo si interesa, y te viene a las mientes tanta cantidad de crímenes afortunados y las ganancias y las pérdidas del placer, odiosas por igual, y la ambición, que no se contiene dentro de sus límites, hasta tal punto que resplandece por medios infames, tu ánimo se adentra en la noche y, como si se hubieran desgajado las virtudes, que ni es posible aguardar ni es útil poseer, se hace la oscuridad. Así pues, hemos de tender a que todos los vicios del vulgo no nos parezcan odiosos, sino risibles, y a imitar a Demócrito antes que a Heráclito. Pues éste, cada vez que se presentaba en público, lloraba, aquél reía; a éste todo lo que hacemos le parecía una desgracia, a aquél una estupidez. Hay que restarle importancia a todo y aguantarlo con una actitud optimista: es más humano reírse de la vida que reconcomerse por ella. Añade el hecho de que también merece más agradecimiento por parte del género humano quien lo toma a risa que quien lo lamenta: aquél le deja alguna buena esperanza, éste, en cambio, deplora neciamente las cosas que desconfía de que se puedan corregir; y para quien contempla todo en conjunto, demuestra más grandeza de espíritu el que no contiene su risa que el que no contiene sus lágrimas, dado que remueve un sentimiento muy superficial del espíritu y entre tanto decorado nada considera importante, nada grave, ni siquiera lamentable. Que cada cual se plantee una por una las razones por las que estamos contentos y tristes, y se percatará de que es cierto lo que Bión dijo, que todos los actos de los hombres son muy semejantes en sus comienzos, y que su vida no es más sagrada o más seria que la de un feto, que ellos, como han nacido de la nada, se ven reducidos a la nada.»

(De Sobre la tranquilidad del espíritu. Séneca. Trad. de Juan Mariné Isidro. Ed. Gredos.)