lunes, 31 de marzo de 2014

Clásicos por los suelos


La editorial Gredos se reinventa y nos ofrece a precios irrisorios -si tenemos en cuenta la calidad de las traducciones y el atractivo y cómodo formato- su colección de textos clásicos. Si usted se decide a entrar en el nunca mejor aprovechado tiempo de conocer la obra de Sófocles, Homero, Séneca, Cicerón, Jenofonte, etc., aquí dispone de esta maravillosa oportunidad. Luego dicen que los libros son caros. En fin, no me tiren de la lengua, que me sulfurizo [sic] ...

martes, 25 de marzo de 2014

Cómo entender los silencios


El abate Dinouart publicó en 1771 un librillo titulado El arte de callar donde trata del silencio y examina y clasifica sus diferentes significados. "El rostro habla por la lengua -dice- y no basta, para callarse, con cerrar la boca. Porque no habría en eso ninguna diferencia entre el hombre y los animales. El silencio del hombre deber significar."

El abate, que establece como máximo grado de la sabiduría el saber callar, diferencia diez tipos de silencios: un silencio prudente y un silencio artificioso; un silencio complaciente y un silencio burlón; un silencio inteligente y un silencio estúpido; un silencio aprobatorio y un silencio de desprecio; un silencio político; y un silencio de humor y de capricho. Y sobre cada uno aclara:

1. El silencio es prudente cuando se sabe callar oportunamente, según el momento y los lugares en que nos encontremos en sociedad, y según la consideración que debamos tener con las personas con quienes nos vemos obligados a tratar y a vivir. 

2. El silencio es artificioso cuando uno solamente calla para sorprender, bien desconcertando a quienes nos declaran sus sentimientos sin darles a conocer los nuestros, bien aprovechando lo que hemos oído y observado sin haber querido responder de otro modo que mediante maneras engañosas. 

3. El silencio complaciente consiste no sólo en aplicarse en escuchar sin contradecir a quienes se trata de agradar, sino también en darles muestras del placer que sentimos con su conversación o con su conducta; de modo que las miradas, los gestos, todo supla la falta de la palabra para aplaudirles. 

4. El silencio burlón es una reserva maliciosa y afectada para no interrumpir, en las cosas carentes de sentido o desconsideradas, las tonterías que oímos decir, o que vemos hacer, para gozar del placer secreto que proporcionan quienes son sus víctimas, imaginándose que uno los aprueba y admira. 

5. Es un silencio inteligente cuando en el rostro de una persona que no dice nada se percibe cierto talante abierto, agradable, animado, e idóneo para reflejar, sin la ayuda de la palabra, los sentimientos que se quieren dar a conocer. 

6. Es por el contrario un silencio estúpido cuando, inmóvil la lengua e insensible el espíritu, toda la persona parece abismada en una profunda taciturnidad que no significa nada. 

7. El silencio aprobatorio consiste en el consentimiento que uno da a lo que ve y a lo que oye, bien contentándose con prestar una atención favorable, que pone de relieve la importancia que le atribuimos, bien testimoniando, mediante algunos signos externos, que lo consideramos razonable y que lo aprobamos. 

8. Es un silencio de desprecio no dignarse responder a quienes nos hablan, o que esperan que opinemos sobre el tema, y mirar con tanta frialdad como orgullo todo lo que viene de su parte. 

9. El silencio de humor es el de un hombre cuyas pasiones sólo se animan según la disposición o la agitación del humor que en él domina, y del que dependen la situación de su ánimo y el funcionamiento de sus sentidos; el de un hombre al que parece bien o mal lo que oye dependiendo del mal o del buen funcionamiento físico, que sólo abre la boca para hacer afirmaciones extravagantes y para decir únicamente cosas desatentas o fuera de lugar. 
10. El silencio político es el de un hombre prudente que se reserva y se comporta con circunspección, que jamás se abre del todo, que no dice todo lo que piensa, que no siempre explica su conducta y sus designios; que, sin traicionar los derechos de la verdad, no siempre responde claramente, para no dejarse descubrir. Tiene por divisa estas palabras de Isaías, Secretude meum mihi. Hay otras polémicas arteras, pérfidas, que la sociedad conoce de sobra y que es inútil definir aquí, omnium temporum homines; su silencio es el explicado en el número 2 anterior.

Supongo que ustedes -como yo- alguna vez habrán practicado uno o varios de estos silencios. Y también -¡cómo no!- habrán sufrido en sus carnes la aspereza o bálsamo de otros. Ecce homo.


Imagen: Hombre mirando al mar, de Emilio González Sainz, 2007

viernes, 21 de marzo de 2014

Veinte novelas gráficas básicas


Afirmar -como se afirma en varios medios- que el cómic está de moda y que su público lector ha dejado de ser un bicho raro para convertirse en un lector formado es, como poco, para mondarse de la risa mañanera y no parar hasta bien entrada la tarde. Quien dice o escribe tal cosa ignora que el cómic nunca ha dejado de estar de moda. Una moda minoritaria y subterránea, vale, pero constante, gracias a un número de asiduos fieles que han creído con firmeza en el valor cultural e intelectual (que son conceptos  bien distintos) de ese producto y que entran y salen de una libreria de cómics con la misma naturalidad con que entran en la cafetería del barrio o en la charcutería de la esquina. Pues bien: paradoja. Miren por dónde son precisamente éstos los que siempre han visto como bichos raros a quienes nunca han manifestado la más mínima curiosidad por hojear u ojear un cómic o que, por desprecio de lo que ignoran, tienen al cómic ubicado dentro de la categoría mental de libro con dibujitos para niños raros, adolescentes asociales y adultos con alguna imprecisa pero severa tara intelectual. Como siempre, la incultura en este bendito país es marca de la casa. La marca España.

El cómic o Historieta gráfica (que es como a mí me gusta llamarlo) es un medio de expresión artística como cualquier otro, ni mejor ni peor. Y tiene, claro, sus propias reglas, su propio lenguaje narrativo. Por eso comparar cómic con literatura es absurdo y baldío.

Yo he sido, si no un buen, sí un agradecido lector de cómics durante mucho tiempo. Aún lo soy y sigo con atenta mirada las novedades de los principales editores especializados. Y sé muy bien que en una determinada sucesión de viñetas de Seth o en un guión de Moore, por poner dos ejemplos, puede encontrarse más belleza y talento que en un millar de abominables páginas de la última obra maestra imprescindible del escritor o escritora de turno.

Decía Jesús Cuadrado, uno de los críticos decanos de cómics de nuestro país, que “en la narrativa gráfica hay obras clásicas y las hay modernas, hay maulas y exquisiteces, timos de la estampita y maravillas imposibles, basuras delirantes y naufragios de la independencia, bazofia consumista y guerrilla estética”. Como en todos sitios, añadiría yo. Por eso y por si acaso quiere algún neófito introducirse en este mundo de la literatura gráfica -tan de moda, como dicen-, les dejo este listado de algunas -veinte, para ser exactos- de las novelas gráficas que a mí más me han gustado de la últimas tres décadas (se considera como primera novela gráfica Contrato con Dios, de Will Eisner, 1978). En él hay representación de todos los estilos, de todas las nacionalidades, de todas las técnicas… con un único denominador común: la calidad narrativa, la calidad gráfica, la calidad artística. Ahí van esas veinte novelas gráficas, para mí, básicas y clásicas. El resto -la búsqueda, la elección, el salto desde el trampolín- es cosa suya. 

Barrio lejano, de Jiro Taniguchi (el imposible retorno)
La vida está bien, si no te rindes, de Seth (la búsqueda como metáfora)
Maus, de Art Spiegelman (la expiación de la conciencia)
Jimmy Corrigan, de Chris Ware (la dolorosa asunción de la otredad)
Las reglas del juego, de Will Eisner (el pesimismo consciente)
Adolf, de Osamu Tezuka (la cinética de la emoción)
From Hell, de Alan Moore y Eddie Campbell (la émesis del pavor)
V de Vendetta, de Alan Moore y David Lloyd (la magnitud de la libertad)
El almanaque de mi padre, de Jiro Taniguchi (la memoria reconstruida)
Persépolis, de Marjane Satrapi (la valiosa inocencia de la mirada)
Paracuellos, de Carlos Giménez (la lucidez del horror)
Ikkyu, de Hisashi Sakaguchi (el silencio detenido)
Agujero negro, de Charles Burns (la belleza de lo ominoso) 
Estigmas, de C. Piersanti y L. Mattotti (el expresionismo de lo frágil)
Watchmen, de Alan Moore y Dave Gibbons (la perfección milimetrada)
Ventiladores Clyde, de Seth (la soledad presentida)
Ice Haven, de Daniel Clowes (el malabarismo inteligente)
La ascención del gran mal, de David B. (la sinceridad compulsiva)
Atravesado por la flecha, de Luis Durán (la inexorabilidad del destino) 
David Boring,de Daniel Clowes (la impronta del desasosiego)

Imagen: el exquisito y elegante trazo de Seth en La vida está bien, si no te rindes

jueves, 13 de marzo de 2014

Un libro inexcusable
("1984" de George Orwell)

Decía George Orwell que "para escribir en un lenguaje claro y vigoroso hay que pensar sin miedo. Y si se piensa sin miedo no se puede ser políticamente correcto". Esto, aparte de ser una verdad como un templo, es la definición más precisa de su estilo y, en última instancia, de su manera de entender la literatura: como una herramienta de la que dispone el individuo para alejarse de la estupidez y el adocenamiento. Su obra sigue viva -quizá más viva que nunca- porque ese futuro que él imaginó -y temió- en un remoto año 1984 está aquí y ahora  -treinta años después-, si es que no lo ha estado siempre. 

Escribió contra los totalitarismos de cualquier pelaje (fascitas, comunistas) pero su denuncia también se ajusta como un guante a la dictadura del pensamiento único, de la economía, de la imbecilidad, del aborregamiento, de la pseudointelectualidad y de la desidia. Es justo ver su 1984 como una espeluznante crítica sobre la deshumanización del hombre moderno, sobre los riesgos de que éste llegue a convertirse en un permanente anestesiado que asiste, dócil y aquiescentemente, a cualquier intromisión o coartación de su libertad. Hombre autómata, hombre esclavo, hombre obediente. Hombre acrítico que nunca pone en tela de juicio la verdad oficial, la verdad admitida, la verdad irrefutable que se le cuenta. Buen chico que no comete travesuras; esto es, que no piensa; esto es, que no molesta. Buen muchacho al que se le da una palmadita en la espalda porque siempre acaba pasando, obediente y sin formar ruido, por el aro que mejor conviene al poderoso y vigilante "Gran Hermano" de turno.

Orwell en la BBC, 1942

Libro importante y exponente de las inquietudes más profundas y universales del ser humano, es mucho lo que hay dentro de sus páginas que nos imcumbe, que nos toca de un modo particular y directo como personas. Ahora -siempre, en realidad- es buen momento para leer, si aún no lo ha hecho -no se disculpe, todos cometemos errores-, la trágica historia de Winston Smith que tiene lugar en la lúgubre atmósfera de un Londres fantasmal de 1984. Lumen acaba de poner en la calle una edición especial con traducción de Miguel Temprano García, el prólogo que Umberto Eco escribió para la edición italiana aparecida el año que da título a la obra, y una austera pero preciosa cubierta (en tapa dura, por supuesto, como es de recibo para un libro de obligada perdurabilidad).

"Lo importante no es mantenerse vivo, sino mantenerse humano", escribió Orwell. No se me ocurre mejor resumen o mejor eslogan para su 1984.

martes, 11 de marzo de 2014

Querido Gervase, querido Crispin
("Trabajos de amor ensangrentados" de Edmund Crispin)

Castrevenford, plena campiña inglesa. Hay un instituto; bueno, en realidad, son dos. Y un misterio enrevesado en que se ven involucrados algunos profesores y alumnos. Y también hay una entrega de diplomas y un manuscrito de Shakespeare. Y un sabueso medio tocado y aparentemente -solo aparentemente- cobarde que responde al nombre de señor Merrythought. Y hay, dejadas caer como semillas, estimulantes adagios latinos y citas de escritores ingleses. Y hay cottages y un pub, y una escena impagable en el bosque (sin duda, lo mejor del libro) donde somos testigos de la insospechada utilidad que puede llegar a tener una Biblia. Y Fen está aquí más detective que nunca. Y las gotitas de humor y sorna están diseminadas en su justa y cordial medida. Y hay, claro, un bólido petardeante. Y dos chicas valientes. Y un excursionista que se enamora. Y todo ello hilvanado con una gran pericia. Inteligentemente escrito. Y se disfruta yo diría que casi tanto o más -es mi caso- que La juguetería errante. Lo veo más redondo, más sólido, más policíaco. Lectura excelente y adictiva este Trabajos de amor ensangrentados. Hasta la próxima intriga, querido Gervase, querido Crispin.    

lunes, 10 de marzo de 2014

Tristram Shandy dibujado



Esta tarde me acercaré al pueblo, a mi librero de confianza, para recoger este pedido que le solicité hace unos días. Ya saben que tengo debilidad por Tristram Shandy, así que ni remotamente entraba dentro de mis pronósticos más inmediatos hacer la vista gorda de esta adaptación al cómic de la novela -o lo que sea- de Laurence Sterne. 

Martin Rowson es un magnífico dibujante británico que se ha dedicado sobre todo a la sátira política. Su estilo, al mismo tiempo nervudo y elocuente, caricaturesco y detallista, se ajusta como un guante a la libertad narrativa de Sterne y a la comicidad de sus personajes y de sus situaciones argumentales. Rowson recoge el guante del osado escritor del XVIII y se toma sus propias libertades respecto de la obra original, así que no espere el lector una fiel y encorsetada versión gráfica de la novela, entre otras cosas porque eso sería imposible. El cómic tiene su propias reglas narrativas y su propio lenguaje, y Rowson los explota en toda su amplitud para hacer un homenaje a Sterne y a sus inolvidables caracteres: el prolijo Tristram, su extrañísimo tío Toby, el Doctor Slop, el cabo Trim, el párroco Yorick... Todos ellos están aquí para suscitarnos afecto y muchas sonrisas. Y, de paso, para hacer que nuestro cerebro no se anquilose.

Edita Impedimenta (a la que habría que avalar ya para alguna categoría del Premio Príncipe de Asturias o similar) en su flamante colección de novela gráfica El chico amarillo.

Aquí les dejo un vídeo en el que se puede ver a Rowson en pleno trabajo.

viernes, 7 de marzo de 2014

¿Qué tramas Auladell?


 
No sé lo que se trae el gran Pablo Auladell con Impedimenta, pero me inquieta, me ansía, me aturde. Desencadenan mi latente síndrome de Stendhal esas dos muestras que ha dado a conocer el sensacional ilustrador alicantino, como siempre en estado de gracia.

Juzguen, si no, mientras esperamos.


jueves, 6 de marzo de 2014

Aquella tarde remota...


«Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo.»  

(G. García Márquez. Cien años de soledad)

Hoy cumple años don Gabriel -87- y también su Cien años de soledad -47-, cuyo comienzo -absolutamente deslumbrante- les incluyo arriba. Obra abrumadora. Un clásico que, si usted no ha leído, es porque sufre un grave desorden de conducta.

lunes, 3 de marzo de 2014

Gervase has come back


Eso: ha vuelto Gervase Fen. Y creo -intuyo- que con fuerza. Muchos dicen que es la mejor entrega después de La juguetería errante. Espero -y deseo- poder comprobarlo. 

Felicitas multos habet amicos.