miércoles, 29 de abril de 2015

Vienen alegrías


En un telegrama fechado el pasado día 22 de abril y llegado a mis manos por medios un tanto azarosos hum..., pero ciertamente expeditivos y, desde luego, éticamente inmaculados (¡qué se creen ustedes!), monsieur Barbusse anuncia a su buen amigo Gustave Lenitier, afamado Catedrático emérito de Lenguas Indoeuropeas en la Sorbonne y asiduo contrincante ajedrecístico de mi representado durante los meses estivales hum..., anuncia, les digo, lo que, según él, es todo un "acontecimiento editorial". 

El mensaje, que les reproduzco fielmente, sigue de este modo: 

Vienen alegrías, querido Gustave (Stop) Cuentos completos, Amis padre, Impedimenta (Stop) Sí, he dicho completos (Stop) Qué humor e ingenio (Stop) Subrayo lo de humor, que sé que no soportas los libros graves (Stop) También a mí últimamente solo me apetecen libros divertidos, ¿será esto la vejez? (Stop) Acuérdate de este aviso si valoras nuestra AMIStad (Stop) Abrazo (End)

Y es en el encabezado del citado telegrama donde aparece: "Acontecimiento editorial". (Yo no me invento nada, como ven.)

Mi representado, Barbusse, me encarga y autoriza apresurado -ya que los ejemplares podrían volar de las librerías en tan solo unas horas desde su puesta a la venta- a darles razón de este telegrama. Yo, qué quieren que les diga hum... Que, aparte de que es palpable que a mi representado no lo ha dotado la Naturaleza con habilidades para el chiste (ese intento de ser gracioso usando el apellido del escritor para formar la palabra "Amistad" resulta desoladoramente patético), aparte de esto, ya les digo, me parece un tanto exagerado calificar de "acontecimiento" a un manojo de cuentos de un inglés hum..., por muy simpático y talentoso que éste sea, vamos, pero bueno, donde manda patrón (ya saben), no manda secretario etc.

E. Duvenand, a sus pies siempre.

lunes, 27 de abril de 2015

Talento sin avales
("Los falsificadores de moneda", de André Gide)

Fotograma del telefilme dirigido por Benoît Jacquot basado en la novela de Gide

Cuando un escritor es grande, lo es y punto. Y no hace falta que venga fulanito de copas con petulancias a decirnos esto o lo otro. Cualquiera que se acerque a su obra lo puede comprobar. Está ahí, al alcance de todos (lo que pasa es que no a todos les apetece comprobarlo, pero, bueno, eso ya es cuestión de cada cual). El talento, sabemos, no necesita avales erudito-sesudo-académicos. 

Para no tener que lamentar nada de lo que a continuación sucedió habría bastado con que la alegría que sintieron al encontrarse Édouard y Olivier hubiera sido más expresiva; pero los paralizaba a ambos una singular incapacidad que tenían en común para calibrar la consideración de que disfrutaban en el corazón y el pensamiento del prójimo; de forma tal que cada uno de ellos pensaba que era el único emocionado y, al embargarlo por completo la alegría propia y notar algo así como un apuro porque fuera tanta, su máxima preocupación era que no se le notase demasiado. 

Así fue como a Olivier, en vez de contribuir a la alegría de Édouard diciéndole que le había faltado tiempo para acudir a su encuentro, le pareció más decoroso hablar de un recado que había tenido precisamente que despachar esa mañana por el barrio, como si se disculpase de haber ido. Su alma, excesivamente escrupulosa, se daba buena maña para convencerse de que era posible que a Édouard le pareciese inoportuna su presencia. No bien dijo esa mentira se ruborizó. A Édouard lo sorprendió ese rubor y, como de entrada le había cogido del brazo a Olivier apretándoselo con pasión, pensó, no menos escrupuloso, que por eso se ruborizaba.

Así es como Gide cuenta el encuentro de dos de sus personajes, Édouard y Olivier, que han pasado algún tiempo sin verse. Hay aquí una impresionante capacidad de observación, una dosificada inteligencia, una exquisita sensibilidad. Hay esa mirada agudísima y clarificadora, solo al alcance de unos pocos (pienso en Proust, Henry James, Virginia Woolf, Dostoievski, Tolstói...) para narrar los entramados sentimentales, los complejos sistemas de interacciones que se dan entre las personas. Y la forma de plasmarlo no puede ser otra, porque es sencillamente, por idónea, la mejor (el "así es la rosa" juanramoniano). El lector atento se da -debería darse- cuenta de que esto no es literatura de andar por casa.

Veamos otra muestra. Un poco antes de este encuentro, Édouard, que lleva un diario, anota:

¡Qué irritante es esta cuestión de la sinceridad! ¡Sinceridad! [...] Si me miro a mí, dejo de entender qué quiere decir esa palabra. No soy nunca sino el que creo que soy, y eso es algo que cambia continuamente, de forma tal que si no estuviera yo aquí para juntarlos, mi ser de por la mañana no reconocería al de por la noche. Nada puede ser más diferente de mí que yo mismo. Sólo en la soledad se me aparece a veces el sustrato y consigo alcanzar cierta continuidad de raíz; pero entonces me parece que se me vuelve más lenta la vida, que se detiene y voy a dejar de ser en el sentido propio de la palabra. El corazón no me late ya sino por simpatía: sólo vivo ya mediante el prójimo, por poderes, por desposorio, y nunca me siento más intensamente vivo que cuando me evado de mí mismo para ser cualquiera.

¿Cuál es el sentimiento que uno experimenta ante una obra así? En mi caso -no sé en el de otros- el de sentirse abrumado, empequeñecido y acongojado -en ese orden estricto-, si bien estos síntomas se acompañan, durante todo el rato, de una agradecida y persistente admiración. ¿Para qué escribir, si hay gente que ya escribe y ha escrito así?

Gide, en la propiedad de Barbusse

Me rondaba en la cabeza hace mucho tiempo esta obra de Gide, Los monederos falsos (más exacta y recientemente traducida como Los falsificadores de moneda), pero no había dado el paso de embarcarme en su lectura, debido sobre todo a que la traducción disponible en español (la de Julio Gómez de la Serna, de 1934) me tiraba de espaldas, no solo por la castellanización que hace de los nombres de los personajes -Oliverio, Bernardo, Eduardo, etc.- (terrible, sí), sino por ese soniquete falso y rancio que tiene toda versión que ha envejecido. Afortudamente Alba, consciente de esta circunstancia, encargó hace pocos años una nueva traducción  a María Teresa Gallego y ha publicado una nueva edición como dios manda.

Ahora sí he podido disfrutar de una novela que habla, a través de muchos personajes, de la identidad y del destino, de la búsqueda de rumbos y de la posibilidad -o no- de elegir. Pero más admirable aún que lo que cuenta es cómo lo cuenta. De manera libre y osada.

Un libro impresionante.

miércoles, 22 de abril de 2015

Pensamientos volátiles

Barbusse, aproximadamente en la época en que redactó sus Pensamientos volátiles

En el volumen segundo del compendio de monsieur Barbusse titulado Pensamientos volátiles para días de cansancio extremo, publicado por la casa Hanger e Hijos, de Leyden, sin fecha, puede leerse una curiosa batería de anotaciones a vuela pluma que su autor quiso incluir en dicha obra por tratarse de, según él mismo redacta, "inaprensibles, intrascendentes y efímeras máximas que pueden servir para trazar una biografía futura de mis inquietudes más íntimas y sociales, sin óbice del provecho que puedan obtener de éstas aquellos de mis semejantes que tengan afán en pensar deleitosamente y sin cortapisas." Los pensamientos volátiles fueron muy cultivados por Virgilio Barbusse en una determinada época, prueba de ello es el generoso número de páginas que dedicó a tales breves e inocuas -permítaseme el atrevimiento de calificarlas así- meditaciones. He seleccionado en esta ocasión unas seis, para no empacharles en exceso su tiempo de ocio.

Lo peor de los llamados intelectuales de hoy es que no buscan la verdad, sino solo la parte de ella que les da la razón y, por tanto, les mantiene bien alimentado su ego, su cortedad de miras y su deshonestidad. Aun así, son aplaudidos.

Asesinar tu ego es la premisa para que te llamen idiota, pero también para ser feliz.

No puedo dejar se sentir un latigazo supraespinal cada vez que oigo expresiones como "Poner en valor", "Como no podía ser de otra manera" y "Con la que está cayendo", por no hablar de "A día de hoy". Afortunadamente existe el ibuprofeno.

No soporto a los que leen libros con la misma grotesca e improductiva voracidad con que comen patatas fritas. Luego, además, como eructos, emiten sus puntuaciones.

No por morirte más tarde, vas a estar menos tiempo muerto. Si esto que dijo Lucrecio lo repitiéramos todos lo días, nos tomaríamos menos en serio y entonces viviríamos realmente. Pero, ¿qué pasa? Pues que nadie lee a Lucrecio.

No veo series de televisión. Ni jamás las veré. No insistan.

martes, 21 de abril de 2015

Teletipo de librería Laie

La libreria de Meijer Warnars. Johannes Jelgerhuis, 1820

Como monsieur Barbusse está ahora menguado de ideas, me encargo yo, por petición suya, de hacerles llegar este teletipo de la librería Laie de Barcelona, que a su vez le pide al infierno apoyo para su difusión. Así que, acometiendo mis labores de secretario de mi representado y sin más, ahí les dejo. Fdo. E. Duvenand.


Invitamos a los tuiteros lectores a una cita con la literatura

La librería Laie de Barcelona quiere fomentar la buena literatura desde que abrió sus puertas en Barcelona. Este Sant Jordi, día del libro, queremos que todo Twitter hable de buenos libros.

Para eso, hemos creado un hastag, #Tienesunacita, que queremos lanzar desde ahora hasta el día 23 de abril. Invitamos a los lectores a que compartan en Twitter sus citas literarias favoritas acompañadas de #Tienesunacita y @laietana. Los tuits serán retuiteados por Laie y la revista www.paseodegracia.com para amplificar el impacto.

Nuestra vocación es la lectura y estamos dispuestos a contagiar a Twitter. ¿Te apuntas? A los lectores que vivan en Barcelona y que pasen por Laie mostrando en el móvil un tuit con #Tienesunacita les haremos regalos y descuentos en libros.

¡Por un Trending Topic literario!

sábado, 18 de abril de 2015

Ganadores Sorteo El anticuario

Gafas, sombrero y objetos personales de escritura de Walter Scott en Abbotsford.

Hoy a las 20:00 h., a la caída de la tarde, como le gustaría a Jonathan Oldbuck, se darán a conocer los ganadores del Sorteo El anticuario que gratificará a tres seguidores de este blog con su correspondiente ejemplar de la magnífica novela de Walter Scott, editada por Alba.

Han sido muchos los participantes en este sorteo que ha consistido en completar correctamente tres actividades -espero que didácticas y divertidas- sobre el gran escritor escocés.

Gracias a todos por participar, suerte y -me adelanto ya- enhorabuena a los que resulten premiados porque se llevan a casa un gran obsequio.

(20:00 h.: Aquí la lista de ganadores. Enhorabuena.)

jueves, 16 de abril de 2015

Sorteo El anticuario. 3

Ilustración para El anticuario de Scott, por Patrick Allan-Fraser

El personaje principal de la novela El anticuario de Walter Scott, es el inolvidable Jonathan Oldbuck, señor de Monkbarns, solterón, locuaz, misógino y apasionado de la arqueología y de los libros antiguos. Oldbuck siente fascinación por aderezar sus diálogos con pintorescas citas en latín de los grandes autores clásicos. A propósito de esto: ¿podrías emparejar correctamente los autores y títulos de la lista que se propone aquí? Imprímela, complétala y cuando la tengas terminada, envíala (una simple foto con el móvil valdrá) al mail elinfiernodebarbusse@gmail.com. Podrás ganar uno de los tres ejemplares de El anticuario, en la magnífica edición de Alba editorial, que se sortearán el próximo 18 de abril, si contestas a esta y a las otras dos preguntas que se han formulado estos días. El plazo máximo de admisión de respuestas será hasta las 23:59 h. del 17 de abril de 2015. Y las condiciones para participar: aquí.

lunes, 13 de abril de 2015

Sorteo El anticuario. 2

Casa de Walter Scott, al sur de Escocia

Esta segunda pregunta consiste en hacer un crucigrama temático sobre Walter Scott. Accede a él aquí, imprímelo y complétalo. Cuando lo hayas acabado, envíalo (una simple foto con el móvil valdrá) al mail elinfiernodebarbusse@gmail.com. Podrás ganar uno de los tres ejemplares de El anticuario, en la magnífica edición de Alba editorial, que se sortearán el próximo 18 de abril, si contestas a las tres preguntas que se formularán. El plazo máximo de admisión de respuestas será hasta las 23:59 h. del 17 de abril de 2015. Y las condiciones para participar: aquí.

jueves, 9 de abril de 2015

Sorteo El anticuario. 1

Retrato de Walter Scott, 1820

En la siguiente biografía de Walter Scott se han colado tres importantes gazapos. ¿Cuáles son?

Walter Scott nació en Edimburgo un 15 de agosto de 1771. Hijo de un abogado, desde su infancia se sintió fascinado por las leyendas y los episodios históricos, preferentemente medievales, de su tierra natal escocesa, que posteriormente constituirían el tema principal de muchos de sus poemas y novelas. Pasó gran parte de su niñez en la granja de sus abuelos, en la región rural de los Borders. Estudió Medicina, pero la literatura era su verdadera vocación. Comenzó su carrera literaria como traductor. Desde 1792 se dedicó, a pesar del asma que sufría, a recorrer Escocia y a recoger baladas del folklore local. La novela histórica romántica tiene en Walter Scott, si no a su inventor, a su primer y más influyente representante. Muy admirado por Dickens, es autor de novelas espléndidas como El anticuario, El monje y Rob Roy. Obtuvo grandes beneficios por la venta de sus obras, beneficios que empleó en construir una enorme propiedad en Escocia, bautizada Abbotsford. Asociado a una firma de impresores y a una editorial, que sucumbieron a la crisis económica de 1826, rechazó ampararse en el fácil recurso de declararse en bancarrota, y estuvo pagando durante el resto de su vida una enorme deuda. Murió en 1832.

Envía tu respuesta, junto con las correspondientes a las dos preguntas que se formularán en breve, al mail elinfiernodebarbusse@gmail.com y podrás ganar uno de los tres ejemplares de El anticuario, en la magnífica edición de Alba editorial, que se sortearán el próximo 18 de abril. El plazo máximo de admisión de respuestas será hasta las 23:59 h. del 17 de abril de 2015. Y las condiciones para participar: aquí.

lunes, 6 de abril de 2015

Cien años de una obra maestra


Se cumple 100 años de la publicación de, en mi opinión, una de las mejores obras literarias jamás escritas, y algunas editoriales lo subrayan con reediciones y nuevas traducciones, lo que siempre es una buena noticia para el lector, que así puede elegir entre un mayor número de versiones. Destaco dos de las más recientes: la de Navona, con traducción de Xandru Fernández (con el título de La transformación), y la que acaba de salir, con traducción de la siempre impecable Isabel Hernández, en Nórdica. A propósito, felicidades a los de Nórdica por no estamparnos el escarabajo pelotero en la mismísima cubierta y ser un poquito más originales. 

Juan José Millás en el prólogo de esta edición dice:

«Se pueden olvidar otros libros, incluso otros libros que no tendríamos inconveniente en reconocer como más importantes, pero nadie que haya tenido en sus manos La metamorfosis puede olvidarla, pues es uno de esos curiosos relatos por los que el lector es leído (o devorado) al tiempo que lo devora (o que lo lee).» 

Y es cierto.

Y sigue diciendo: 

«No importa cuántas veces penetre uno en este libro; al final siempre se pregunta lo mismo: ¿Cómo lo ha hecho? Y es que se trata de una novela sin forro. Quiero decir con ello que le das la vuelta y es exactamente igual por un lado que por otro: ni siquiera es fácil advertir, una vez colocada del revés, esa fina cicatriz que en los calcetines delata si se encuentran de uno u otro lado. No hay forma de verle las costuras. [...] La simpleza aparente del relato es tal que si uno va levantando capas de materiales narrativos en busca del motor primordial, cuando levanta el último velo no hay nada detrás. Nada. En eso, curiosamente, La metamorfosis nos recuerda a la vida.»  

Así es, es la vida, la vida misma, con su horror y su nostalgia de belleza, con su rotundidad y su abismo. 

(Mientras tanto, el autor de Riñas de gatos sigue diciendo que Kafka era un mal escritor. Cada uno a lo suyo, mientras no se haga daño a naide.)