jueves, 9 de marzo de 2017

Lectura guiada de La colmena

Madrid, Gran Vía, años 40

En palabras de Camilo José Cela, La colmena "no es otra cosa que un pálido reflejo, que una humilde sombra de la cotidiana, áspera, entrañable y dolorosa realidad. (…) No aspira a ser más –ni menos, ciertamente– que un trozo de vida narrado paso a paso, sin reticencias, sin extrañas tragedias, sin caridad, como la vida discurre".

Si bien es un testimonio fiel de la vida cotidiana en las calles, cafés y alcobas de aquel Madrid de 1942, esta novela es también una amarga crónica existencial. Un aire de rutina y fatalidad ha invadido la conciencia de las gentes. Todos creen que las cosas pasan porque sí y que nada tiene remedio. Entre la abigarrada multitud se oye el solitario zumbido de muchos seres confusos y a la deriva. Como es habitual en su obra, Cela presenta la vida española sin piedad, con agria ironía y humorismo atroz. Sin embargo, de vez en cuando, un soplo compasivo alivia la áspera y dolorida realidad.

La variada escala y el dominio del contrapunto que exhibe Cela en esta novela, la armónica y compleja orquestación de voces, temas, anécdotas, espacios, tonos y estilos en ella representados, así como la proliferación de personajes, la simultaneidad y reducción temporal, la selección de unos determinados ejes temáticos y la ausencia de una historia o argumento al modo tradicional, convierten a La colmena en una indiscutible obra maestra de la literatura española.


ACTIVIDADES

A) Contesta a las preguntas que se proponen en esta guía de lectura y envía tus respuestas a elinfiernodebarbusse@gmail.com.

B) ¿Qué te gustaría comentar sobre la novela? Opina sobre cualquier aspecto (estructura, intencionalidad, personajes, secuencias, ambiente, recursos lingüísticos, pasajes que más te hayan gustado, etc.) en la zona de comentarios.

La fecha tope tanto para la entrega de la guía como para la realización de comentarios es el martes día 18 de marzo, sábado.


MATERIALES DE APOYO

Se ofrecen aquí, para el lector interesado, dos estudios introductorios a la novela, los cuales, no siendo en absoluto necesarios para hacer las actividades, sí son recomendables como documentos de lectura y reflexión previa a la realización de las mismas.

Alonso Zamora Vicente. C.J. Cela: acercamiento a un escritor, Gredos, 1962
Jorge Urrutia. Introducción a La colmena, Cátedra, 1988

Otros dos textos, de mayor extensión, se ofrecen aquí para aquellos lectores que deseen profundizar en la novela a través de un estudio más pormenorizado y analítico:

Ana Mª Platas. Camilo José Cela, Síntesis, 2004
Paul Ilie. La novelística de Camilo Jose Cela, 3ª ed., Gredos, 1978
 
¡Participa y podrás llevarte una preciosa primera edición de la novela (Madrid, Afrodisio Aguado, 1944), con ilustraciones de Suárez del Árbol. El sorteo se realizará el día 19 de marzo, domingo. Toda la información aquí!

39 comentarios:

  1. Buenos pues rompo yo el hielo con el primer comentario sobre la novela.

    A mí lo que más me ha llamado la atención de la obra es la capacidad de Cela para poner encima del tapete todo tipo de temas sin que se note: por debajo de lo que el lector lee, toda esa monotonía, reiteración, languidez late una gran inquietud, una gran zozobra. Nos refleja unos hombre y unas mujeres adaptándose al medio que les ha tocado vivir, el Madrid de después de una tremenda guerra civil. Son como náufragos que buscan su resquicio de arena -a costa de cualquier cosa- después de una tormenta que les ha arrojado a la orilla.

    Es precisamente esa repetición de actitudes, de costumbres, de usos que muestran los personajes lo que más me ha sobrecogido de la novela. Como si fuesen cobayas o insectos (nunca mejor elegido el título de la obra) que no tienen porvenir, ni salida ni esperanza.

    No había ledido La colmena y he de decir que me ha fascinado.

    Saludos.

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    1. Lo que comentas es una de las claves de la literatura de Cela: la reiteración.

      El desarrollo temporal de "La colmena", no siendo lineal, no está dejado al azar, y se inserta en dos ejes principales: uno horizontal, o sincrónico, subrayado por las relaciones de simultaneidad tras las diversas secuencias, y otro vertical, diacrónico, medido por la recursividad de los acontecimientos.

      El espacio ajustado al relato iterativo, en realidad, subraya la repetitividad de la existencia, consumada en una serie de acciones habituales de las que és imposible evadirse. El tiempo aparece como una especie de rueda que gira continuamente sobre sí misma proponiendo cada vez las mismas escenas.

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  2. A mí también me ha parecido una novela excpecional. Curioso que la leí en clase de literatura de segundo de bachillerato y la verdad no me acordaba de nada, es como si ahora leyera otro libro. Será la edad que influye mucho en cómo te enfrentas a una obra de esta categoría, y sobre todo el interés, que ahora tengo y creo que con 16 años no tenía. Tampoco la profesora se esforzó mucho por destacar las técnicas innovadoras que Cela había aplicado en la novela, ni tampoco la importancia de una obra que es considerada una de las mejores del siglo XX español.

    Bueno, aparte de ello, decir que me ha parecido especialmente interesante la maestría del autor para "montar" las más de doscientas secuencias de que consta la obra y hacerlo de manera que puedas seguir un hilo perfectamente y no se te pierda ningún personaje, porque siempre recuerdas perfectamente de quién está hablando en cada momento.

    El ambiente que refleja Cela es otra de los aspectos impresionantes de la novela: el ambiente de sordidez, de hambre y miseria así como todo lo que conlleva eso: la prostitución, la lucha por la vida, el buscarse el pan a cualquier precio. Pudiera parecer que Cela exagera y que la realidad española de los primeros años 40 no era así, que ha puesto su mirada en lo más triste y en las personas más débiles y desfavorecidas. Pero si se lee bien se da uno cuenta de que no, de que te ofrece también esa dualidad, ese doble plano, el de la burguesía acomodada y el de la clases sociales más perjudicadas, el del bando vencedor y el de los perdedores.

    En definitiva, una obra, en mi opinión, excelente.

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    1. Dejo aquí un extracto de la obra de Rafael Abella "Por el Imperio hacia Dios. Crónica de una Posguerra (1939-1955)", que ilustra perfectamente la realidad que refleja Cela en "La colmena" y que sirve para reforzar lo que tú comentas arriba:

      «Eran los años en los que la prostitución de mancebía y esquina creció en proporciones inusitadas. Muchachas solas, hijas de ejecutados o de encarcelados hubieron de recurrir a la prostitución, faltas de toda ayuda o, a veces, después de haber tenido un apoyo que se creía desinteresado [...]. Un cúmulo de apremiantes necesidades, ausencias, muertes o enfermedades en el entorno familiar empujó a muchísimas mujeres a vender su cuerpo en el mercado negro de los cuerpos como un exponente más del gigantesco tráfico de compra y venta en que se había convertido toda la vida española. Unas de forma descarada y otras cubriendo las apariencias, el número de mujeres que accedieron a venderse por dinero o por obtener algo, como la vida o la libertad de un ser querido, fue enorme y demostrativo de la sordidez moral de un ambiente capaz de explotar en su provecho hasta lo más íntimo de la dignidad humana. [...]

      La desigualdad más ignominiosa saltaba a la vista al comprobar cómo los adinerados podían abastecerse de todo en el mercado negro, mientras que los empobrecidos se veían obligados a recurrir a aquello que antes de la guerra se rechazaba por su monotonía o su escasa calidad. Y así los españoles pobres se convirtieron en devora- dores de farinetas, de almortas, de salazones, de castañas. En 1943 la castaña se convirtió en el plato nacional. [...]

      El estraperlo es el que marcaba la discriminación entre los españoles que quedaron clasificados desde el punto de vista dietético en tres categorías: los privilegiados [...] que no carecieron de nada y en consecuencia atravesaron este siniestro período bien nutridos y algunos hasta engordando descaradamente; los que malvivieron, hasta el punto de darse entre ellos casos de enfermedades carenciales o de otras de las que fueron víctimas propiciatorias por su estado de desnutrición; y, por último, los que no llegaron ni a malvivir, es decir los que no superaron esta etapa y quedaron como las víctimas del hambre y las enfermedades de la posguerra.»

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  3. Magnífica novela, que por supuesto, no te deja indiferente, al contrario, a mí, me ha dejado un poco afectado, en el sentido, de que te planta delante de la cara una sociedad, unos personajes, una situación social lamentable. Está muy acertado Rafael Abella. Por otra parte me voy a atrever a plantear una duda, la división de la obra en secuencias ha aumentado en gran medida mi confusión, en este mismo sentido, ¿que persigue el autor con la línea temporal? ¿Porqué ese galimatías entre los capítulos? Hubiera conseguido de igual manera plasmar la realidad existente en ese momento, si los capítulos se hubieran sucedido en un orden distinto, es decir, tarde-noche del primer día, amanecer del segundo y así sucesivamente no?
    Un saludo

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    1. Es verdad que la estructura de la novela es compleja, pero yo creo que en esa forma de narrar es donde radica su genialidad. Esos capítulos desordenados, las secuencias que se interrumpen abruptamente, los personajes que a veces están en el mismo espacio temporal. Es como un gran puzzle desordenado que al final encaja a la perfección. Yo creo que Cela con esto consigue dar a la novela un gran dinamismo, un efecto de movimiento continuo que se va renovando en cada secuencia.

      Para mi aquí está el acierto y la genialidad de Cela, en esta narración secuencial, si no La Colmena no sería más que otra novela anodina de la posguerra en España y además no sería de Cela.

      A luis no sé si te he aclarado algo, de todas formas esperaremos la respuesta, siempre acertada, del maestro Barbusse

      Saludos

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    2. La duda que planteas, A. Luis, y que en cierta forma ha respondido acertadamente Ramonj, es muy interesante, puesto que la estructura narrativa en Cela no es algo baladí, todo lo contrario, está muy estudiada y pensada.

      Cela es un creador, un artista. Por eso intenta siempre acoplar, ajustar lo que quiere contar y cómo lo quiere contar, es decir, CONTENIDO y FORMA. Los artistas buscan siempre la mejor forma para contar algo. En este caso, yo creo que coincidimos todos, Cela ha escogido la mejor de las formas posibles para el contenido de su novela. Fondo y forma se mezclan en "La colmena" como un guante, de manera que nos resulta imposible pensar en lo que se nos cuenta de otro modo distinto a cómo se nos cuenta. Lo ha dicho Ramonj: el resultado sería muy distinto: no sería Cela, desde luego. Y desde luego ni mejor ni más eficaz.

      Por otra parte, no es un capricho ese desorden que Cela muestra y deliberadamente busca. Cela es un vanguardista, escritor de su tiempo, atento a las nuevas técnicas narrativas que buscan romper con la narración lineal. Como Joyce, como Woolf, como Faulkner, Cela juega con las naipes de la literatura: juega con el tiempo y con el espacio, con la simultaneidad, con la trama, con los personajes. Por eso nos fascina hoy su obra y nos resulta tan moderna. Fue, sin duda, un adelantado a su tiempo. No obstante, esta arquitectura compleja de "La colmena" no es meramente un juego compositivo, sino que alienta toda una filosofía y una concepción antropológica. El escritor de vanguardia se hace eco de los hombres y mujeres que conforman la masa, el montón, y esto lo refleja en la literatura disolviendo la novela unipersonal. Su nuevo personaje es el coro, la masa. Como dice Benjamín Jarnés, la vanguardia "crea la novela red, la novela poligráfica en lugar de la ya aburrida novela monográfica, porque el hombre no es un pino o una palmera que crecen solos, en el norte o en el sur; es un peón de ajedrez que tiene un claro -o misterioso- enlace con gran número de otros personajes o piezas mayores". Y esto conlleva narrar de manera no lineal, desde una sola perspectiva, sino de manera simultánea, desordenada, caótica, como la vida misma.

      No olvidemos tan poco que Cela, nuevamente como escritor vanguardista, quería y buscaba la participación activa del lector, reclamaba y exigía su total atención, que no se sintiese alguien ajeno, al margen de lo que se cuenta: exigía concentración, implicación. El escritor gallego contaba con el lector como un parte más de la creación artística. Desde luego de Cela se pueden decir muchas cosas menos de que toma por tonto al lector, o de que falta al respeto a su inteligencia.

      En resumidas cuentas, A. Luis, esa ruptura del tiempo lineal, esa anacronía la usa Cela para crear desorientación como forma de ruptura con las tramas claramente diseñadas del concepto de novela anterior, la novela naturalista, donde había una intriga que se planteaba, se anudada y finalmente se resolvía. Aquí, como vemos, eso se destruye por completo.

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    3. Interesantísimo lo que dices.

      Y supongo que esa implicación que busca Cela por parte del lector es la razón de que el narrador se dirija a éste en numerosas ocasiones.

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    4. Así es. Es ese narrador que de pronto gira la cara y nos mira a nosotros los lectores. Una genialidad.

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  4. He de reconocer que yo era una gran desconocedora de Cela y su obra, y tengo que agradecer al Sr Barbusse la oportunidad que nos ha brindado de poder leer estas dos maravillas, Pabellón de Reposo y La colmena. Si me gustó Pabellón de reposo, he quedado fascinada con La colmena, me parece una genialidad.

    En primer lugar a mí me ha encantado la estructura original de la novela en secuencias, no hay un protagonista, no hay un hilo conductor con su inicio, su desarrollo y su fin, y sin embargo te cuenta una historia, una historia que se va contando con las pequeñas vivencias de un montón de personajes que se cruzan unos con otros en una “colmena” perfectamente orquestada, para mí ha sido sencillamente magnífico. Por otro lado, la obra te traslada perfectamente al Madrid de los 40, puedes hacerte una idea exacta de cómo era y de cómo transcurría la vida. Y una cosa que a mí me ha llamado la atención es que a pesar de que la obra transcurre de forma tranquila, que transmite ese aire de rutina y monotonía en el que se vivía en el Madrid de la posguerra, al final te crea un suspense y te pone en alerta. No sé si a alguien más le ha pasado, pero yo en las últimas secuencias estaba inquieta y deseando saber que era lo que le había pasado a Martín Marco, cuál era la noticia que venía en el periódico. Finalmente me ha parecido una obra desgarradora y tremendamente triste, triste por darnos cuenta de la realidad de las miserias humanas. Cela nos presenta a través de sus innumerables personajes la cruel realidad de la España de la posguerra, mujeres que tienen que vender su cuerpo para poder comer o para poder ayudar a sus familias, mujeres que no venden su cuerpo, pero hacen de proxenetas para que otras lo hagan y así poder vivir ellas, madres que se alegran de que la novia del amante de su hija haya muerto, porque así su hija tendrá una oportunidad, personas que no tienen nada y que sienten que no pueden hacer nada y se resignan, mujeres que venden a niñas de 13 años y hombres que las compran, seguramente con la conciencia tranquila de que hacen algo bueno por ella al mismo tiempo que se benefician, hombres y mujeres de la burguesía que viven bien y desprecian a los que no tienen, etc. Y todo esto se desarrolla en un ambiente de egoísmos, de fatalidad, de conformismo, de rutina… La colmena es, sin lugar a dudas, una amarga crónica existencial, y tengo que decir que me ha afectado, me ha sobrecogido ver de frente esa realidad, toda esa miseria humana.

    Saludos

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    1. La manera en que Cela crea tensión en esta novela es sencillamente prodigiosa y demuestra cómo a partir de personajes de la calle, de vidas anodinas, una novela no solo es capaz de procurar una lectura absorbente (el lector se engancha a la obra desde el primer momento), sino también de crear intriga: el motivo de por qué se busca a Martín Marco, las circunstancias que rodean la muerte de Doña Margot, la trama alrededor del cuadro de don Obdulio son algunas de estas generadoras de tensión narrativa.

      Como ya hemos dicho antes, es esta una novela vanguardista y, como tal, ni siquiera se preocupa por dar explicación a los asuntos que en ella tienen lugar. Se dice por ello que es es una novela abierta.

      A propósito de esto a Cela le preguntaron en cierta ocasión cuál era el peligro que acechaba a su Martín Marco y éste respondó: "En cuanto a lo que le pasó a Martín Marco yo no lo sé porque yo no era ni deudo ni allegado de Martín Marco. Yo no era más que su biógrafo. Es posible que si lo hubiera sabido, lo hubiera dicho".

      Ya sabes, Mª José, ni el propio Cela te podría haber ayudado con esto.

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    2. Una respuesta francamente unamuniana la de Cela, ¿no le parece señor Barbusse?

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    3. No sé si muchos habn visto la película que hizo Mario Camus de "La colmena". La traigo a cuento de que en ella a Martín Marco se le detiene por ser el presunto asesino de doña Margot, si bien es cierto que después lo sueltan porque se averigua que fue un suicidio.

      No sé si esto va mucho en consonancia con la novela, a mí realmente me parece que no tiene ni pies ni cabeza.

      Saludos.

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    4. No jodas. ¿Y qué tiene que ver una cosa con la otra?

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    5. Yo tampoco doy crédito, ¿es verdad eso?

      No he visto la película pero no creo que la vea.

      De todas maneras ya estamos curados de espanto de la mayoría de versiones cinematográficas de novelas donde ni se respeta su trama, ni a sus personajes, ni su esencia literaria.

      Pienso que ver la película después de haber leido esta formidable obra no me depararía más que irritación, así que no tengo ni curiosidad, jajaa.

      Un saludo.

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    6. Totalmente cierto, en la película se le detiene y encarcela acusándolo del asesinato de doña Margot. En la cárcel coincide con Julián y Pepe El astilla. La policía constata que no ha sido un asesinato y se les deja libres a los tres.

      Como siempre en estas cosas, ver la película después de leer la novela es, como dice Mildred, irritante.

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    7. "Cabe preguntarse ahora: ¿de qué debe tener miedo Martín Marco? (un miedo muy parecido, intenso, casi paralizador, al que había sentido el personaje cuando es interceptado en plena calle por un policía que le pide su identificación, en el cap. IV).

      La crítica, apoyándose en que Cela menciona los edictos que a diario publicaban los periódicos, como requisitorias judiciales o gubernativas a ciudadanos que habían de aclarar sus implicaciones con ciertas posturas políticas anteriores, ha señalado que lo que esa mañana se podía leer en el diario utilizado en la novela era algo muy parecido al edicto de los Juzgados Militares que se insertó en el diario Arriba del 7 de diciembre de 1943 (nótese la coincidencia en mes y en año, y casi en día) y en su segunda página (edicto que ya transcribió Darío Villanueva en la pág. 65 de su iluminadora Introducción a la 40.ª edición de la novela):

      EDICTO.—Amadeo Rodríguez Sánchez, de treinta años de edad, de estado soltero, natural de Medina del Campo, de profesión camarero, y que tuvo su domicilio últimamente en Madrid, calle del Amparo, 21, desconociéndose en la actualidad su paradero, comparecerá en el término de ocho días, a contar de la fecha de publicación del presente edicto en la prensa, para prestar declaración en diligencias previas que se instruyen en el Juzgado Militar Eventual Número 24, Piamonte, 2, segundo; apercibiéndosele de que en caso de no efectuar dicha comparecencia le pasará el perjuicio a que haya lugar.

      Así pues, habría que pensar que sobre Martín Marco está a punto de caer la Ley de Responsabilidad Política decretada en febrero del 39, pues nuestro personaje, como el ciudadano reclamado en el edicto real, no tiene un domicilio declarado y conocido, militó en el sindicato estudiantil republicano FUE y se relaciona con personas que, como él, están también bajo sospecha. Es, en definitiva, como dice Darío Villanueva en la Introducción citada, un individuo «en libertad vigilada».

      En las últimas páginas de la novela, ante ese doble movimiento de unos personajes preocupados que, contra reloj, están buscando a Martín, y de éste que, más optimista y confiado que nunca, regresa del cementerio a la urbe sin sospechar lo que le espera, se comprende mejor el subtítulo de la misma («caminos inciertos») pues Martín Marco es un perfecto ejemplo de lo que, a juicio de Sobejano, le interesa sobremanera a la novela moderna: tratar de la incertidumbre de los destinos humanos (es oportuno recordar ahora
      el título del poema que está componiendo uno de los clientes del café —capítulo primero— para enviarlo a un certamen poético: «Destino») lo que sólo se puede paliar con un cobertor de solidaridad entre todos los aquejados de la misma incertidumbre, siempre que se tenga voluntad para ello. Lo dejó dicho con meridiana claridad el profesor Sobejano al final de un fundamental y clarificador trabajo sobre la novela de Cela: que este séptimo tramo del texto «representa un epílogo alumbrado por el resplandor de la caridad […]

      Martín Marco será un pobre diablo, un piernas, un perro callejero; pero otros, a distancia, piensan en él, le quieren, están decididos a socorrerle. Como ya había diagnosticado doña Rosa en el primer capítulo, refiriéndose a una situación puntual (el bicarbonato que ha pedido el violinista Seoane) y que a la luz de la novela toda se hace lema generalizado de convivencia: «Aquí estamos para ayudarnos unos a otros; lo que pasa es que no se puede, porque no queremos. Ésa es la vida» (pág. 92) Y eso es también 'La colmena'".

      Fragmento de "A vueltas con el final de 'La colmena'", de Gregorio Torres Nebrera, Anuario de Estudios Filológicos, 2013

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    8. No obstante lo anterior, decir que la genialidad de Cela estriba precisamente en no explicar las cosas, en decir mucho con muy poco, con meras sugerencias, creando un ambiente, trasladando a la letra unos diálogos que parecen capturados con un magnetófono (el oído de este escritor era excepcional, prácticamente de músico).

      Este no decir explícitamente, dejando libertad al lector para suponer, para colegir, para imaginar es lo que lo aleja de la novela politica (aquella que tiene una fecha de caducidad tan corta) y lo acerca a la obra artística consciente en la que la realidad se sublima, se convierte en lección vital, moral. Es por eso que hoy estamos hablando de ella, como una obra absolutamente actual, moderna, pues, como decía el filósofo Gustavo Bueno, 'La colmena' es una novela que "pertenece al género científico, ya que, sin perjuicio de sus méritos literarios, debe ser tomada esencialmente como un instrumento para el conocimiento positivo de la realidad humana".

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  5. En el caso de una novela de corte tradicional, resulta fácil organizar el estudio en apartados como el argumento, los personajes, los ambientes, la construcción, etc. En cambio, en el caso de La colmena, tales aspectos se superponen en buena medida: no hay argumento propiamente dicho, pues se disuelve en las peripecias de los numerosos personajes; y éstos constituyen, a la vez, tanto el ambiente como la esencia de la estructura de la obra.
    La colmena un testimonio social, ya que sus personajes pertenecen a un buen número de estratos sociales. Así, tenemos a los ricos, a los triunfadores (doña Rosa, Vega el impresor, el señorito Pablo Alonso, el prestamista...). Son los avasalladores, los insolentes o los inconscientes, que a menudo expresan un odioso desprecio a los demás. Y por debajo, diversos escalones que van del quiero y no puedo hasta la pura miseria.
    Dentro de los temas sociales, hay que destacar la extraordinaria frecuencia con que se habla de dinero o de comida, apuntando al hambre y a la penuria económica. Y entre las miserias morales, resultan claros los casos en que la degradación tiene concretas causas sociales (vla historia de Purita o la de Victorita, entre otras).
    Creo que La Colmena es sin duda, un título clave de la literatura española posterior a la guerra civil.

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    1. Ricardo Gullón ha visto muy bien lo que tú comentas sobre los estratos sociales:

      “Para reflejar la vida de una ciudad no existe, creo yo, mejor procedimiento que el simultaneísmo. No hay protagonistas y los tipos podrían ser sustituidos por otros análogos sin que la estructura y la significación de la obra cambiaran en nada esencial. La supresión del "héroe" es la primera condición de este género de narraciones, en donde la aventura individual [núcleo de las anteriores novelas de Cela], cede el paso a la crónica de una colectividad [...]. Los personajes aparecen en función del grupo social: por eso son sustituibles.»

      Es por eso, añado yo, que el lector consigue recordar sin grandes esfuerzos ni despistes casi todos (por no decir todos) los personajes que aparecen en la novela. El lector tiene perfectamente dibujado en la cabeza ese entramado de personajes, ese enjambre que Cela nos muestra. Y no los recuerda precisamente por sus nombres, sino por sus peripecias vitales y sociales. Por algo, algún detalle de su carácter, de su biografía, de su comportamiento que nos viene de inmediato a la memoria y que funciona como un recurso nemotécnico.

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  6. A mi me parece también una novela magnífica. tampoco yo la habia leido nunca. Tengo tendencia a picotear libros del tres a al cuarto y luego me dejo sin abrir los libros más importantes, los que son considerados como muy buenos. Este es sin duda uno de ellos. Así me lo parece, por su contenido, por su alutra literariay por su innovador punto de vista, estrcutura y composición.

    Como de eso se ha hablado ya bastante, citaré aquí un par de episodios de la obra que me parecen sublimes: uno de ellos es la trama alrededor de la muerte de doña Margot que conecta muchísimos personajes y escenarios distintos (el señor Suárez y Pepe el Astilla; don Ibrahím y todo el vecindario del edificio, la cárcel, los bares, etc.); y otro momento, el del Final en su totalidad, y cómo Cela va creando tensión hacindo que todo el mundo sepa la noticia de que se busca a Martín Marco, excepto él mismo, y encima ocultando al lectores motivo por el que se le busca. Me parece excepcional.

    Tanto Pabellón de reposo como La colmena me han parecido excelentes, aunque muy distintas: el estilo es diferente y la estructura, aun siendo compleja en Pabellón, aquí da una vuelta de tuerca más a esa complejidad. También por el gusto de meter muchos personajes, aunque el número de los que salen en La colmena es el no va más. Bueno, quizá tienen más parecido ambas obras de lo que se cree en una primera ocasión.

    Saludos.



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    1. Pues sí, Pedro, ambas obras son distintas pero tampoco tan distintas: Tienen un aire familiar que las emparenta, ¿verdad?

      Darío Villanueva ha visto muy bien la deuda que La Colmena tiene con Pabellón:

      «En Pabellón de reposo Cela ensaya la pintura de la colectividad, mediante un mosaico de anónimos enfermos aislados en sus celdas —como las abejas en su colmena—, pero también en contacto e interrelación, y sobre su drama personal vierte el autor el bálsamo de la compasión y la solidaridad.

      En el hall del sanatorio, los enfermos conversan un rato antes de acostarse. Son susceptibles y sociables, huraños y con ganas de vivir y de contarse sus vidas, pensátiles y comunicativos. Los hay hermosos y horrendos, elegantes e inelegantes, sabios y poco cultivados. El aspecto que forman es siniestramente abigarrado. Junto a la pobre virgencita tísica que llora de nostalgia, de histeria y de irrealizables y jamás concretados amores, se sienta el tiburón catarroso que la mira con insaciables ojos de fauno. Al lado del poeta que mira atentamente para el techo, juegan a las damas el masturbador de negras ojeras y cansino mirar y el agente de bolsa de blanquecinas sienes y guantes de gamuza. Enfrente de la piadosa señorita que enfermó de virtudes, fuma su clandestino cigarrillo la casquivana incrédula y coqueta.

      Un novelista tendría en aquel ambiente preciosos datos para sus libros.


      En este párrafo del 'Intermedio' de Pabellón de reposo late en germen La colmena. La técnica de ambas es la misma. La única diferencia es la distancia que va del microcosmos sanatorial de aquélla al macrocosmos urbano de ésta.»

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  7. ¡Uy!, qué de cosas se han dicho ya! Creo que llego un poco tarde…

    Se ha hablado de la estructura, del lenguaje, del espacio, del tiempo, de la excepcional habilidad creadora e innovadora de Cela, para engendrar este tipo de novela narrativa, donde la belleza, el arte y la imaginación sin bien no tienen cabida en el fondo, en lo que se nos cuenta, si que lo tienen absolutamente en la forma, en la manera de contarlo. A veces, recuerdo cuando en clase de lengua en el colegio nos explicaban las partes de un texto o una narración: Planteamiento, Nudo y Desenlace, y me pregunto ¿qué habría/ o habrá dicho Cela acerca de estas rigideces y encorsetamientos en la creación literaria? Aquí, como ocurría en Pabellón de Reposo, tampoco hay acción, tampoco ocurre nada en especial, solo transcurre y pasa el tiempo y los personajes ⎯ese enjambre que Cela nos planta de frente, de seres vulgares, y mediocres, opresores y oprimidos, miserables y pobres, sufridores e indiferentes⎯, y envueltos todos por las máscaras de la apariencia, recién salidos de una guerra espantosa , que como bien dice Martín en la última secuencia ⎯“Esto de la guerra es la gran barbaridad. Todos pierden y ninguno hace avanzar ni un paso a la cultura” ⎯se aferran a esa existencia sobreviviendo como pueden.

    Hay un personaje que para mí es fundamental: el gitanillo. Nuestro genial narrador, nos dice esto de él:

    “Todo lo que le pasa es un milagro para el gitanito, que nació de milagro, que come de milagro, que vive de milagro y que tiene fuerzas para cantar de puro milagro”.

    Para mí ese pequeño párrafo ronda y se pasea por toda la obra, como un espectro que la sobrevuela, porque igual que el gitanillo, los demás personajes, también están totalmente inmersos en ese ambiente de desolación, tristeza, sufrimiento, miseria, indiferencia y desesperanza, que tras de sí ha dejado a su paso la guerra. Seres totalmente paralizados física e intelectualmente.

    Y hay otra escena, que a mí también me provoca escalofríos: la indiferencia y frialdad, ante el pobre perro que atropellado por un taxi agoniza en el alcorque de un árbol, y cómo los basureros, se acercan al can lo cogen de las patas y lo tiran dentro del carro, dando el animal un desalentado aullido de dolor en este volar por los aires y caer de golpe. Horror y espanto: ¿qué no habrán visto estas gentes en esta época para que semejante escena – totalmente creíble- no les provoque ningún tipo de sentimiento, estremecimiento y/o repulsión?

    Sin duda, esta obra es un fresco narrativo perfecto de un momento histórico fundamental de nuestra España. Un mosaico maravilloso donde cada pieza, incluso con su desorden, termina encajando a la perfección, y donde lo que se nos cuenta nos parece tan real, que no deja de asombrarnos y estremecernos toda su crudeza.

    Gracias amigo Barbusse, por hacer que este monográfico haya girado en torno a este genial escritor del que no conocía nada. Me maravillé con Pabellón de Reposo, por su delicadeza, su poesía, su capacidad de adentrarse en el interior del hombre, de mostrarnos la profundidad, y amplitud sin límites, de unos seres abocados a la muerte pero aferrados a la vida. Me he maravillado con esta otra, por ser un fresco histórico de nuestra España, perfecto, a pesar de su crudeza, y por hacernos reflexionar sobre esos valores universales como son la condición moral del hombre, la barbarie y la fragilidad de la vida. Ambas obras, nada corrientes. Ambas excepcionales.

    A veces me pregunto, esa Colmena que captó perfectamente Cela de ese periodo histórico de los años 40, ¿en qué se asemejaría a una posible y más cercana para nosotros “Colmena contemporánea”? y con la salvedad del momento histórico que refleja y lo a él inseparable, muchas de las cosas que aquí suceden creo que siguen sucediendo en la actualidad.

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    1. El episodio que comentas, Rosa, es sencillamente magistral, no solo por la carga de crueldad muda, casi aséptica, que transmite la secuencia por sí misma (la impasividad ante el sufrimiento ajeno, aunque sea el sufrimiento de un perro), sino también por cómo Cela coloca dicha secuencia entre otras dos que tienen un signo bien distinto, una carga positiva, esperanzadora y de compromiso. Es decir, cómo usa el contraste entre secuencias, algo de lo que no hemos hablado pero que es ciertamente interesante.
      Esto lo vio muy bien José Ortega, en un artículo de 1965 aparecido en la revista "Symposium", donde reunió en siete grupos las diferentes modalidades de transición entre secuencias. Unas veces, decía Ortega, ésta es meramente temática, cuando existen puntos de contacto entre el significado de una secuencia y la siguiente. Pero ese contacto puede darse también por oposición, y de hecho en "La colmena" abundan las secuencias contrastivas, que remiten, además, por su condición temporal simultánea, al procedimiento musical del contrapunto. Por poner sólo un ejemplo muy relacionado con el tema esencial de la novela, mencionaría la ligazón contrapuntística establecida entre las secuencias 205 y 206 del FINAL. En la primera, un grupo de personas contempla pasivamente cómo un perro malherido, víctima de un atropello, es maltratado por unos golfillos antes de ser retirado dela calle por unos basureros. Después, «cada uno tira para un lado. Entre las gentes hay, quizás, algún niño pálido que goza —mientras sonríe siniestramente, casi imperceptiblemente— en ver cómo el perro no acaba de morir...» En la viñeta que comienza inmediatamente después del fragmento transcrito, frente a la crueldad humana presente en la anterior luce la solidaridad a través de Ventura Aguado y su novia, que se ponen en acción para conjurar el peligro que se cierne sobre un amigo suyo, Martín Marco, al que muy oportuna y significativamente se aplica en el texto el refrán «en perro flaco todas son pulgas».

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  8. Totalmente de acuerdo, Rosa. Nuestra actual colmena sería en algunos aspectos casi peor, en otros no tanto, pero en lo que se refiere a la incomunicación, soledad y desorientación que refleja la obra de Cela qué dudad cabe que se ha intensificado. Antes incluso podría esperarse un rayito de solidaridad (como el todos a uno para ayudar a Martín Marco), hoy nos hemos vuelto más distanciados y más egoístas, más vueltos hacia nosotros mismo, de manera que lo que le pase a nuestro vecino o vecina nos trae un poco sin cuidado, a veces ni siquiera los conocemos. La proximidad que había antes, aunque relativa, al menos en lo físico, hoy no existe, se ha extremado el aislamiento en que vivimos y por tanto, la incomunicación y la soledad. Al menos así lo veo yo.

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    1. Yo también estoy de acuerdo. Al menos la sociedad que retrata Cela venía con la resaca de una terrible guerra civil y, aunque esto no justifica su comportamiento sí que contextualiza la situación de miseria, de hambre, de represión y de analfabetismo que había. Hoy, sin embargo, nos seguimos comportando igual con unas condiciones mucho mejores (todo es mejorable, desde luego) en lo político, económico y social. Pero se ve que lo único que no cambia, que no evoluciona es el ser humano.

      Saludos.

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  9. Yo me quedo con su estructura caleidoscópica de la novela y la habilidad de Cela para conseguir que el lector no se pierda ni aburra. Voy a intentar leer en breve Manhattan transfer, la obra que le inspiró en este sentido.

    A mí la novela me resulta adictiva, es la segunda vez que la leo. La primera fue por el año 2000 y a pesar de mi mala memoria, recordaba muchas secuencias. Excepto que hay personaje de mi pueblo, el tal Consorcio López: menudo pájaro, jaja.

    Esto es casi un perogrullo, pero destacaría también la perfección de su prosa, especialmente al combinar un lenguaje más literario con otro vulgar, de la calle. Es increíble, pero no chirría en absoluto. Creo que leer a Cela es una experiencia para cualquier hispanohablante que no puede proporcionar ninguna novela traducida. Me gustaría conocer además las impresiones de un lector de La Colmena en por ejemplo, sueco. Debió gustar, porque Cela tuvo firmes defensores, pero más por el contenido.

    Y este es el otro punto a destacar de esta obra maestra, su vertiente social. El recurso del tremendismo acentúa el efecto. Como algún compañero ha comentado, a mí también me ha llegado a remover y causar desasosiego y hasta pesadillas. La Colmena es literatura, pero también es historia. Aunque hay que decir que los “intocables” del régimen quedan, efectivamente, intocados. Apenas hay alusiones a la Iglesia triunfante y ya sabemos, por Rafael Abella precisamente, como las gastaban en la inmediata posguerra. Tampoco hay militares ni falangistas, Cela se mueve en otro contexto, en el sustrato de los perdedores y supongo que esa era su intención.

    He estado pensando si algún escritor actual se atrevería a hacer algo parecido a día de hoy, aunque la última obra de Chirbes tiene un contenido social potente, pero con diferencias. Lo veo tan difícil, sobre todo porque la dictadura de lo políticamente correcto impone una autocensura comparable a la franquista. ¿Qué escritor y mucho menos editor estaría dispuesto a ser lapidado?

    Para acabar, tengo que defender la adaptación que hizo Mario Camus, Oso de Oro en el Festival de Berlín (con el mismísimo J.L. Mankiewicz entre el jurado). Hay que tener en cuenta la dificultad por la infinidad de personajes y secuencias, pero ahí está lo mejor de nuestro cine, incluso el propio Cela hace una aparición como “inventor de palabras”. De hecho, opinó al respecto lo siguiente: “El lenguaje cinematográfico es otro lenguaje, con que no traicione mucho al espíritu de lo que he querido decir ya me conformo. Ambas adaptaciones (La Familia de Pascual Duarte y La colmena) me parecen bien, quizá mejor esta última, más ceñida a lo que yo quise hacer. Mario Camus es un gran director”.

    Un saludo a todos los compañeros de este otoño-invierno Cela, estoy aprendiendo mucho con vuestras apreciaciones (me quedan algunas por leer).

    *Señor Barbusse, me temo que no tendré las actividades a punto para mañana, pero prometo hacer un poder. En cualquier caso, felicidades otra vez.

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    1. Desde luego es difícil, casi imposible, encontrar quien pudiera escribir algo así hoy, por lo que dices de lo políticamente correcto, pero principalmente porque no hay escritor (al menos que yo conozca) que tenga tal dominio de la lengua española como lo tenía Cela y que venga acompañado por un oído tan excepcional para captar cómo habal la gente de la calle, y luego plasmarlo con naturalidad y verosimiliud en el papel.

      Si Alonso Zamora Vicente, conocedor en profundidad de Cela, ha subrayado en el volumen colectivo “Novela española actual” (1977) como rasgo esencial suyo un «inmenso amor por la lengua y por los personajes que la hablan», el diálogo de “La colmena” hace cierta su afirmación, pues en ella encontramos, como dice el propio Zamora Vicente, «esa prodigiosa superchería de darnos un habla viva a través de una creación artística». Además de una depurada selección de los mecanismos del lenguaje coloquial —recursos de apelación al oyente, muletillas, comodines y palabras gramaticales, sufijación apreciativa, vulgarismos, economía, pleonasmo y desorden sintáctico, etc.—, el habla popular está magníficamente captada en La colmena.

      Algunos personajes se caracterizan por sus comportamientos lingüísticos. Doña Rosa, efectivamente, como se anuncia en I, 1, «dice con frecuencia leñe y nos ha merengao». También es cierto que a «don Leonardo, lo que más le gusta decir son dos cosas: palabritas del francés, como, por ejemplo, madame y rue y cravate, y también, nosotros los Meléndez» (I, 2); que «don Jaime Arce es hombre que habla muy bien, aunque dice, en medio de una frase bien cortada, palabras poco finas, como la monda o el despiporrio, y otras por el estilo» (I, 23); que el guardia Julio García Morrazo y el sereno Gumersindo Vega Calvo muestran en su castellano el sustrato de su gallego nativo (IV, 127), como también el camarero Pepe (II, 48). Don Ibrahim, por su parte, conserva en la charla cotidiana el estilo engolado de sus discursos académicos (II, 86 y 92; III, 103).

      "La colmena" incluye una variada gama del léxico y la fraseología populares, así como de idiotismos. Destaca, en plena consonancia con el enrarecido clima que envuelve a sus personajes, una completa muestra del lenguaje de la agresividad, de insultos entre los que no faltan símiles de animalidad lexicalizados. Por ejemplo, doña Rosa es una «foca» para su cliente Mauricio Segovia y un «jabalí» para Martín Marco. En esto coinciden, por cierto, las voces del narrador, el autor implícito y los personajes.

      Gerardo, te espero. Tienes hasta mañana noche. Seguro que te da tiempo.
      ¡Cómo se empeñan ustedes en hacerme trabajar los fines de semana!

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    2. Vamos Gerardo, que sí puedes, que yo también voy muy muy justita. Pero aquí estoy ya, dispuesta a que nuestro estimado y erudito Sr. Barbusse se tenga que calar sus quevedos esta tarde...

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    3. Gracias, Rosa. Anoche le di un empujón y acabo de rematar la faena.

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    4. Si ya digo, avalancha de actividades este sábado..., como suponía...

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    5. Me tendré que quedar encerradito esta noche, diciendo improperios, como el loro Rabelais...

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  10. Debo reconocer que me ha costado trabajo terminar y lo acabo de enviar. Dentro de plazo por los pelos. Me ha gustado muchísimo, tanto la lectura como la actividad posterior. Al final, si tuviese que resumir La colmena en pocas palabras, diría tristeza, miseria y dolor. Y si tengo que destacar una escena que no se me irá de la cabeza en mucho tiempo, me quedo con la del perro medio muerto en un alcorque de un árbol. Tanto dolor. Y las terribles sonrisas que le rodean. El pobre que no acaba de morir. Terrible.
    No diré más sobre Cela que no se haya dicho anteriormente por los compañeros de lectura. Me parece espléndido.
    Un saludo a todos y hasta la próxima.

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    1. Esa escena, Helena, es puro Cela. Si fuese esta una obra suya posterior, hubiese añadido el narrador seguramente:

      "Es para troncharse ver cómo se le escapa la vida al chucho, jajaja, da mucha risa verlo, puede dolerle a uno hasta el estómago de tanta carcajada".

      La crueldad paradójica del narrador la fue intensificando en su producción posterior. Es su sello propio.

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  11. Por cierto, en la pregunta del Yo rotundo del narrador en la escena 1 están ustedes cayendo como moscas....

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  12. Jaja, yo también : Caí como mosca en la miel de La Colmena!

    ¿Qué pasaría con nuestro Sr. Barbusse? ¿Terminaría muy tarde? ¿Soltaría muchos improperios al estilo Rabelais contra sus aplicados pupilos? ...

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    1. En torno a las 2 de la madrugada de un domingo, no está mal.

      Y alguno solté, ciertamente.

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