lunes, 5 de junio de 2017

Thoreau en un gran ensayo



El nivel de excelencia del ensayo literario que se cultiva hoy en España está a años luz del de su compañera de viaje, la literatura de ficción (novela, sobre todo), la cual parece poseída hace tiempo por un supervirus de autocomplacencia, autocompasión y vacuidad extremadamente contagioso. La cuestión es que obras como la que ha escrito Esquirol (La resistencia íntima, ed. Acantilado) o Juan Arnau (La invención de la libertad, ed. Atalanta) son dos ejemplos recientes de ensayos excepcionales, cuya lectura he disfrutado muchísimo, y a los que ahora sumo este El triunfo de los principios en el que Toni Montesinos aborda la figura de Henry David Thoreau, su gran lección vital y su importante e inspiradora obra escrita. 

Thoreau fue un hombre que anhelaba, por encima de todas las cosas, estar, vivir, ser, integrarse en la Naturaleza. Un hombre digno, con principios, con valores, un ejemplar de la especie humana que hoy parece casi extinto. Un hombre que fue intensa e ininterrumpidamente él mismo, alguien que interpretó su papel en este escenario del mundo con todas las consecuencias: "Si yo no soy yo, ¿quién lo va a ser?", escribió. 

Es el mismo que, asqueado de la falsedad humana, se construyó una cabañita de madera al borde del lago Walden, en Massachussets, y allí se pasó dos años, viviendo de manera libre y salvaje. En Walden (1854), libro donde relata esta experiencia solitaria en la naturaleza y feroz crítica de la sociedad y sus imposiciones, dejó clara cuál era su intención: "Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente, enfrentándome solo a los hechos esenciales de la vida, y ver si podía aprender lo que la vida tenía que enseñar, no fuera que cuando estuviera por morir descubriera que no había vivido. No quería vivir nada que no fuera la vida, pues vivir es algo muy valioso".

Haciendo un juego con los títulos de los ensayos antes citados, puede decirse que Thoreau es uno de los más valiosos ejemplos de resistencia íntima y de invención de la libertad de los que el ser humano dispone. Hoy más que nunca, en una sociedad como la nuestra, podrida por dentro y perfumada por fuera, el mensaje de Thoreau resurge poderoso, provechoso e imprescindible.

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