sábado, 9 de junio de 2012

Los mejores bestsellers para este verano


En la lista de top ventas literarios, no verá estos dos títulos. Verá, probablemente, el enredo de Mendoza, el jardín de Kate Morton, o los chismes monárquicos de Pilar Eyre. Y, a lo mejor, usted ha llegado a pensar y planificar y casi comprar (no quiero ni imaginármelo) alguno de dichos libros para ensalzar lúdicamente este verano y aliviar -todo es posible, si se escoge bien- las horas más cálidas de las tórridas mañanas de julio, o las detenidas tardes estivales en agradable penumbra, o las algo más livianas y frescas noches agosteñas, cuando se puede respirar y dejarse llevar por la imaginación, en compañía de una grata lectura. Me parece una feliz tarea la de planificar lecturas próximas, pero, ¡cuidado!, hay libros que más que relax producen neuralgia, grima más que confort, malestar más que placer. Por eso, yo me atrevo a darle una vuelta de tuerca a su inicial propósito, y recomendarle dos magníficos bestsellers (más de 100.000 ejemplares vendieron en su tiempo) de alguien que, un 9 de junio, tal como hoy, pero de 1870, falleció rodeado de las más extraordinarias muestras de cariño y admiración popular jamás testimoniadas. Pocas veces la muerte de alguien que se dedica a la literatura ha dejado tantos regueros de lágrimas y tanto sentimiento de orfandad entre ricos y pobres, entre mujeres y hombres, entre ingleses y el resto de los mortales (esto último, todo un logro). 

No encontrará estas dos obras, ya le digo, entre las reflectantes listas de superventas y, tal vez, usted, tentado por la publicidad, o el llamativo envoltorio, o el boca a boca de los tenores huecos, caiga (la carne es débil) y tire su tiempo y su dinero -libremente, eso sí- en la última patochada con la habitual etiqueta de "imprescindible obra maestra".

Hágame caso. Me lo agradecerá, pasado el tiempo. Acérquese a estas dos obras vivas, inmarcesibles, memorables. A Dickens le bastan un par de páginas para hacer que un personaje se salga de la historia y se instale cómodamente en nuestro salón. Su prosa es una riada de fluidez narrativa, de encanto y humor, de nervio y perspicacia, de fino tino descriptivo. Es un animal literario. Un genio. Un gigante.

En una reciente entrevista, a propósito de la Feria del Libro de Madrid, le preguntaban a Carlos Ruiz Zafón qué autor le gustaría que le dedicase un ejemplar. Y respondió: "Si tuviese una máquina del tiempo, Dickens. A ver si así se me pegaba algo." ¿Lo ve?, hasta los autores más comerciales tienen, a veces, fría lucidez y buen gusto.

Busque estas dos ediciones de Alba, quien sabe buscar, encuentra. Y cuando, en mitad de la lectura, levante la mirada para saborear tal o cual observación, tal o cual párrafo, entonces sonreirá, cómplice, y se acordará de los tenores huecos. 

12 comentarios:

  1. Ja,ja,ja,Barbusse. No hará mas de 6 horas que he estado en unos grandes almacenes, me he acercado a uno de esas torres construidas con docenas de ejemplares del mismo libro de superventas y he comprado uno de ellos. Me rio porque he tenido esa doble sensación que mencionas de tirar el dinero y comprar una patochada (reconozco que mientras pagaba el libro apenas miraba al dependiente!), pero sin embargo, el hecho de ver como la persona a quien se lo regalé disfruta con su lectura ha hecho que merezca la pena la vergüenza que he pasado esta mañana al compar ; "Amapola" de Macu Tejera.

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    1. ¿Tú crees?¿Espeluznante? Totalmente de acuerdo.

      Un saludo.

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    2. Yo jamás compraria un libro que se llame Amapola, ni de Macu Tejera ¿?, ni de nadie....jamás.

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    3. Bueno hombre, tampoco te pongas así. Que cada uno compre lo que quiera. Eso sí estoy de acuerdo en los Gozos y las Sombras.

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  3. yo aparte de estas dos obras maestras que propone Barbusse, me atrevo a recomendar a todos los seguidores del blog, otra obra maesra:"Los gozos y las sombras",en sus tres volumenes, de Gonzalo Torrente Ballester....

    ¡Portentoso!

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  4. Dado el exito que ha tenido entre algunos de los seguidores (Magdalena, Antonio LUis, etc), propongo un sorteo veraniego de "Amapola"....con preguntas sobre la trama, los personajes, la autora y su obra...se lo dejo caer a Barbusse por si recoge el guante.

    Un saludo

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    1. Vaya,vaya,Ramón, parece que te estás ablandando...Ay,ay,ay,¡¡arrepentidos quiere Dios!!

      ¿Qué ha sido de esa afirmación categórica de "Yo JAMÁS compraría un libro que se llame Amapola? Vamos, que no te lo comprarías pero dejarías que se te regalara...

      No te preocupes, si Barbusse nos sorprende "gratamente" y convoca un sorteo de Primavera(lo digo por lo del florecer de las flores, entre ellas las amapolas. Muy malo el chiste,no?),yo te puedo chivar alguna respuesta pues para aquel entonces ya lo tendré leído (y requeteleído...)

      Un saludo.

      Pd/Por cierto,aprovecho para agradecer desde aquí el apoyo que me brindó A.Luis ante mi "peculiar" compra literaria del sábado.

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  5. Ramón: de momento no se admite la propuesta para "Amapola". De todas maneras, hay que hablar en favor de Magdalena, en el sentido de que no le faltó valor al confesar su terrorífica compra. ¿Quién de nosotros no ha sido artífice de alguna sonrojante adquisición bibliográfica alguna vez, eh?

    A ver... ¿Quién se atreve?

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    1. Muchas gracias por tu defensa, Barbusse.

      Yo también creo que con mi confesión del sábado se me podrá catalogar de muchísimas cosas(bueno,quizá no de tantas) pero en ningún caso de falta de valor,e incluso de osadía!

      ¿Te atreves tú a ser el primero en confesar alguna sonrojante adquisición literaría?

      Ni qué decir tiene, que albergo la esperanza de que Ramón también confiese...

      Saludos

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    2. Magdalena he de confesar que yo tambien admiro tu valor y, como tu dices tu osadia. yo recuerdo haberme comprado muchos libros malos, algunos malos de solemnidad, pero lo que se dice sonrojante no recuerdo ninguno, pero alguno habrá. Si lo recuerdo prometo comentarlo en el blog...


      De todas formas cada vez me atrae mas "Amapola"...

      Saludos

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    3. Magdalena: tiempo habrá de hablar de compras sonrojantes (aunque más que sonrojantes, yo hablaría de decepcionantes, e incluso cabreantes), aunque ya te digo que no he practicado muchas, probablemente por mi deformación profesional, que me lleva a informarme mucho antes de dar un paso en esto de las compras literarias. Vaya, que apuesto por lo seguro o por autores de los que ya tengo una experiencia positiva, estimulantes, o que simplemente me gustan. Eso no quita que, a alguien, la compra de un Dickens o un Collins o un Faulkner le parezca sonrojante, que de todo hay. Y sobre gustos y entendimientos, menos.

      Ya te digo, habrá espacio en El infierno para hablar del tema, con total confianza.

      Saludos.

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