jueves, 28 de junio de 2018

Y a Pan se le llamó Diablo



Dice Hillman* que en la habitación de todo viajero hay una Biblia, cuando debiera de haber una Odisea. Cuando hablamos, Grecia está en nuestras palabras; cuando pensamos, construimos, calculamos y organizamos, Grecia da forma a nuestras mentes. Incluso la idea de idea es griega. Independientemente de que seamos tibetanos o jamaicanos, que hayamos nacido a orillas del mar Rojo o del mar Amarillo, sin resto alguno de la Grecia real en nuestros huesos ni la más vaga idea acerca de los mitos griegos, desde el momento en que nos hallamos inmersos de manera inexorable e innegable en el curso arrollador de aquello que ha conformado la civilización euro-americana-atlántica —sus nociones acerca de las leyes y la educación, de la tecnología y el razonamiento, de la psique y la persona—, si queremos conocernos a nosotros mismos debemos retornar a Grecia, donde esta misma idea fue formulada por primera vez.

Pero la Grecia a la que regresamos no es literal. "Grecia" persiste como un paisaje interno más que como un paisaje externo, como una metáfora del reino imaginal en el que moran los arquetipos en forma de dioses.

Ninguna otra mitología conocida por nosotros evolucionada o primitiva, antigua o moderna goza de un grado de complejidad y de sistematización semejante a la griega. El mito griego sirve de un modo menos específico como una religión y de un modo más general como una psicología, operando en el alma a un tiempo como estímulo y contenedor diferenciado de la extraordinaria riqueza psíquica de la antigua Grecia. Volvemos a Grecia para descubrir los arquetipos de nuestra mente y de nuestra cultura.

Existe una buena razón  para que Pan sea el guía de este retorno a la imaginación de Grecia ese tipo de mentalidad que precedió a la civilización cristianizada. El famoso tratado de Plutarco (ca. 46-120 d.C.) en el que se anuncia la muerte del Gran Dios Pan coincide con el ascenso del cristianismo. Leyendas, imágenes y teología dan fe de un conflicto irreconciliable entre Pan y Cristo, una tensión nunca aliviada en la que el Diablo, con sus cuernos, sus pezuñas y su cuerpo peludo, no es otro que el viejo Pan reflejado en el espejo cristiano.

La muerte del uno supone la vida del otro. Este contraste aparece de nuevo en la simbolización de sus cuerpos, sus geografías, su retórica. Uno tiene la caverna, el otro el Monte; uno la música, el otro la Palabra; las patas de Pan saltan y bailan, aunque sean torcidas, peludas y con pezuñas; las piernas de Jesús están rotas y estiradas, sus pies están cruzados y clavados en la cruz. Jesús es el Buen Pastor; Pan, la cabra montaraz e ingobernable. Pan ofrece una figura desnuda y fálica; Jesús se nos presenta circundado, vestido y asexuado.

En nuestra civilización, el conflicto Pan/Jesús presenta dificultades inmensas para el individuo. ¿Cómo puede uno superar los obstáculos históricos para entrar de nuevo en la imaginación pagana de Pan y su naturaleza sin caer en un culto satánico salvaje? No podemos deshacernos sin más de nuestra historia, pero debemos luchar contra sus prejuicios.

El famoso ensayo de Matthew Arnold Hebrewism and Hellenism, ofrece una definición de este prejuicio. "La idea predominante del hebraísmo", escribe, es "la rigidez de la conciencia"; la del helenismo, "la espontaneidad de la conciencia". Por lo tanto, los fenómenos espontáneos de Pan pánico, instintos sexuales, pesadillas son abordados desde un punto de vista moral. Se nos dice que hemos de librar el combate del bien contra los malos impulsos.

La historia occidental nos ha dejado dos alternativas igualmente repugnantes. O bien adoramos a un Pan arcadio de una Naturaleza sentimentalizada que nos ofrece la liberación de esta historia, o bien lo maldecimos como un demonio pagano que amenaza a la civilización con su atavismo anárquico y otros excesos merecedores de etiquetas psicológicas como oscuridad, representación, exhibicionismo o instinto primitivo. El modo en que cada uno de nosotros responde a las llamadas de Pan y es conducido por él al territorio de "Grecia" depende en buena manera del matiz cristiano que subyace en el seno de nuestras más íntimas actitudes.

Así pues, parece que la única posibilidad de cruzar el puente hacia una imaginación de la Antigüedad pasa por dejar de lado esos puntos de vista tan llenos de prejuicios que nos han hecho "civilizados", y que siguen repitiendo la muerte de Pan a base de sentimentalizarlo y demonizarlo a un mismo tiempo.


James Hillman, Pan y la pesadilla (Editorial Atalanta)

miércoles, 20 de junio de 2018

Escolios a la modernidad, 4

© Francesco Romoli

«Tonto es el que tiene opiniones sobre los tópicos del día».

Nicolás Gómez Dávila
Escolios a un texto implícito

lunes, 18 de junio de 2018

Lectura gourmet



   Stephen King
+ 1 relato de Nathaniel Hawthorne
+ 15 ilustraciones de Ana Juan
+ edición 10 de Nórdica
+ 1 mañana de domingo de junio
= Lectura gourmet




viernes, 15 de junio de 2018

Escolios a la modernidad, 3

Popcorn nude, Philippe Halsman, 1949

«La sociedad moderna trabaja afanosamente para poner la vulgaridad al alcance de todos».

Nicolás Gómez Dávila
Escolios a un texto implícito

martes, 12 de junio de 2018

Amada soledad

Angler in a forest interior, Thomas Hill, 1874

«A ciertas horas, Anton Reiser buscaba otra vez su amada soledad, aunque ahora tuviese un amigo. Y cuando hacía buen tiempo iba por las tardes al prado que había junto al río, a las afueras de Hannover, y buscaba un sitio donde, entre guijarros, corría un claro arroyo que acababa vertiendo sus aguas en el río que por allí pasaba. Como se dirigía allí tantas veces, aquel sitio se había convertido para él en una especie de hogar en plena naturaleza. Y se sentía, en efecto, como en casa, cuando se sentaba allí no estaba constreñido por paredes ni muros, sino que disfrutaba sin fin de todo lo que le rodeaba».


Karl Philipp Moritz. Anton Reiser, 1785

lunes, 11 de junio de 2018

La sabiduría de los animales

Rory Coyne, 2017

«Podría vivir con los animales, son tan serenos e independientes,
me detengo y los miro largo rato.
No conocen la amargura ni se quejan de su condición.
No se despiertan por la noche llorando por sus pecados,
Ninguno está insatisfecho, ninguno enloquece con la manía de poseer cosas,
Ninguno añora a otro, ni siquiera la especie que vivió hace mil años.
Ninguno carece de respeto o es infeliz en toda la tierra.»

Walt Whitman. Fragmento de "Canto a mi mismo" (Hojas de hierba, 1855)

viernes, 8 de junio de 2018

Irreparables ausencias

Ayer, en su blog Devaneos, Francisco H. González publicaba un post titulado Ausencias irreparables donde citaba dos textos tan preciosos, tan verdaderos, que no me resisto a tomárselos prestados para compartirlos aquí.

Con su permiso. 

miércoles, 6 de junio de 2018

Escolios a la modernidad, 2

Tommy Ingberg, Hollow, 2013

«Limitemos nuestra ambición a practicar contra el mundo moderno un metódico sabotaje espiritual».

Nicolás Gómez Dávila
Escolios a un texto implícito

lunes, 4 de junio de 2018

Bless you God, Karel Capek


Podría entonar una oración a las divinidades matriarcales que amparan las artes gráficas. O a las que protegen las artes literarias. O a las que se encomiendan los editores sin complejos. O, simplemente, a las que inspiran las mentes de los escritores de genio y de ingenio. También, para no complicarme la vida, podría mezclar todas esas deidades, como cóctel, y entonar una oración de agradecimiento conjunto, y que ya entre ellas se repartieran la parte del agradecimiento que les corresponda. Bless you God, Libros del Zorro Rojo, that you are in Heaven, diría esta oración. Alguna variante formal, siguiendo la tradición protestante anglicana podría introducirse, pero, créanme, no cambiaría sustancialmente el alcance de la plegaria. En cuanto al número de repeticiones de la misma, queda a juicio de cada lector. 

Razón de la plegaria: esta edición de La guerra de las salamandras que Libros del Zorro Rojo acaba de publicar. Una señora edición, como dicho libro merece. Una edición preciosa que incluye el trabajo artístico que Hans Ticha realizara en 1987 para la edición alemana de la obra, y que hoy es considerado uno de los libros más bellos de la República Democrática de Alemania. Las más de cien ilustraciones de Ticha, inspiradas en el pop art, el cubismo y el cartelismo del constructivismo ruso, armonizan a la perfección con la ironía ácida y casi surrealista que desprende el texto de Karel Capek, el cual, a su vez, se ve realzado por la magnífica traducción al castellano de Anna Falbrová. Si a ello sumamos unas cubiertas en cartoné, un formato manejable y un papel de gran calidad, estamos ante la edición de un clásico que simplemente hay que tener

Una de las ilustraciones de Hans Ticha para La guerra de las salamandras

No va a ser, por cierto, la única edición de la obra que veamos este año. También Impedimenta anunciaba en su avance de novedades para 2018 una nueva traducción de esta novela. La esperamos con  ganas, claro está, como todo lo que publica la editorial madrileña. Difícilmente, no obstante, alcanzará la belleza de esta edición que comentamos.  

La guerra de las salamandras, esa divertidísima obra maestra de la literatura que Karel Capek escribió en 1936, se mantiene fresca e incisiva como el primer día. Su mordacidad, su ironía, su imaginación y su humor siguen intactos. Yo diría que han crecido con los años, porque la tontería de los hombres (y de las mujeres —aquí podría confundir el género neutro—), su avaricia sin límites y su enfermiza necesidad de manipular a los demás no se han estancado, antes bien, han ido a más, alentados por una sociedad materialista y radicalmente hedonista. Debajo de esta maravillosa fábula de Capek subyace una pregunta importante que todo el mundo debería hacerse al menos alguna vez en la vida:  ¿Qué mundo ayudamos —con nuestros actos, con nuestra pasividad— a construir?

Libro esponja, de los que te sorbe la atención nada más pongas tus ojos en él. Libro genial. Libro importante.

Oremos:

Bless you God, Karel Capek, bless you God, Libros del Zorro Rojo, that you are both in Heaven