martes, 12 de junio de 2018

Amada soledad

Angler in a forest interior, Thomas Hill, 1874

«A ciertas horas, Anton Reiser buscaba otra vez su amada soledad, aunque ahora tuviese un amigo. Y cuando hacía buen tiempo iba por las tardes al prado que había junto al río, a las afueras de Hannover, y buscaba un sitio donde, entre guijarros, corría un claro arroyo que acababa vertiendo sus aguas en el río que por allí pasaba. Como se dirigía allí tantas veces, aquel sitio se había convertido para él en una especie de hogar en plena naturaleza. Y se sentía, en efecto, como en casa, cuando se sentaba allí no estaba constreñido por paredes ni muros, sino que disfrutaba sin fin de todo lo que le rodeaba».


Karl Philipp Moritz. Anton Reiser, 1785

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