lunes, 12 de noviembre de 2018

Desaprender la mirada
("El estupor y la maravilla", de Pablo d'Ors)


Pablo d'Ors tiene la virtud de escribir sobre asuntos serios (en el sentido de vitales, de desencadenantes del discernimiento) con las herramientas más sabias que pueden emplearse en literatura (y probablemente también en la vida): un gran sentido del humor y de la ligereza. Pasear por sus libros -sí, pasear, porque esa es la sensación de libertad y de frescura que se siente al leerlos- supone siempre una experiencia vívida y memorable. Sus personajes, sus historias, a fuerza de sencillas, se quedan para siempre en nuestras retinas, en la cara oculta de nuestro cerebro, y surgen, de pronto, cuando menos te lo esperas (o sí, sí te lo esperas) para recordarte que quejarse sin motivo es de canallas y de desagradecidos. Y esto, d'Ors lo hace con extrema facilidad, sin sermones ni cursilerías, sino dibujándonos una permanente sonrisa en los labios.

Alois Vogel, protagonista de este admirable y precioso libro, fue un niño, un adolescente y un joven enfermizo, que dejó por completo de estar enfermo a los treinta y cuatro años de edad, al ser contratado por el Museo de los Expresionistas de Coblenza, donde trabajará de vigilante hasta su jubilación. Con esa ingenuidad fértil y entrañable que le caracteriza, Vogel se define desde el principio, para que no haya malentendidos por parte de algún lector despistado: «Los que todavía hoy acuden a los museos son gente extraña: raros, inadaptados, solitarios, enfermos... Pero a mí siempre me ha interesado la gente así; yo mismo soy un inadaptado y un solitario y un enfermo. Soy indefectiblemente uno de ellos; cualquiera que me conozca, y aun sin conocerme, puede testificarlo».

Y, después, Vogel describe muy bien el entorno donde va a pasar tantas horas, días y años de su vida, al mismo tiempo que nos da el tono (entre surrealista, lúcido y cómico) en el que se dispone a narrar sus memorias:

«En realidad, la gente más interesada en arte es, con frecuencia, la que menos visita los museos. Según he observado a lo largo de estos últimos veinticinco años, ocupado en vigilar algunas salas del Museo de los Expresionistas de mi ciudad natal, el visitante habitual no dedica la mayor parte de su visita a contemplar las obras de arte, sino a observar al resto de los visitantes. El visitante común suele fijarse a menudo en sus propios zapatos, así como en los ajenos y, por supuesto, en las uñas de sus manos, que apostaría que se observan cuando se visita un museo mucho más que en cualquier otra circunstancia. Si un hombre pasa a diario de uno a dos minutos mirando sus uñas -establezcamos este promedio-, ese mismo hombre duplicará y hasta triplicará esa marca el día en que visita un museo, en que llegará a invertir cuatro y hasta cinco minutos para mirarse esas mismas uñas. Pero, junto a las uñas y a los zapatos, propios y ajenos, el visitante esporádico también dedica un tiempo no desdeñable a mirar los focos o el techo, o los estores, o las baldosas, o los bancos -en los que tanto le gustaría sentarse, si estuvieran libres- o, en fin, el regulador de la temperatura, que es, sin duda, junto al extintor de incendios, uno de los objeto más observados».

El arte es co-protagonista de esta novela. Alegría desbordante, Paul Klee, 1939  

El estupor y la maravilla es todo un tratado de la mirada y de cómo, si nos fijamos bien, si estamos suficientemente atentos, podremos comprobar que todo alrededor nuestro es un misterio. Pero, para descubrir esto, es necesario desaprender la mirada, reconducirla a su estado primigenio y más perfecto, que es nuestra mirada de niño. Esto lo sabe bien Alois Vogel: «Sí, este pequeño niño me ha enseñado a mirar o, por decirlo mejor, a no cansarme de mirar», dice. Y añade: «Cuando algo fatiga, es que aún no se mira bien; quien se cansa de mirar algo no está todavía dentro de lo que mira. Por eso, precisamente, se cansa. En realidad, las personas empiezan a quererse cuando aprenden a mirarse; eso que llamamos amor consiste, después de todo, en mirar como conviene. Después de mirar algo adecuadamente, ya no podemos ser los mismos; después de mirar algo mucho tiempo, no podemos sino cambiar de vida».

El estupor y la maravilla es también una exaltación del arte como vía para recuperar el asombro ante el misterio de existir. Porque, como dice Vogel, «se puede vivir cuando todo es un misterio; cuando no es un misterio, resulta insoportable». Y, lo que es peor, aburrido. «Y el aburrimiento -de nuevo Vogel-  es el más grave insulto a la vida»

lunes, 5 de noviembre de 2018

Lectura Frankenstein, caps. 18-24 (y final)

Ilustración de F. Solé y F. del Amo, 2006

Actividades 

A) Di qué momento de la novela plasma la ilustración que puedes ver arriba y, después, cita una frase o párrafo del libro que sirva de pie descriptivo a la misma. 

B) Observa estas ilustraciones (solo para participantes inscritos) y elige para cada una de ellas un pie descriptivo adecuado de entre los que se ofrecen a continuación: 
1. Habíamos acordado descender el Rin en barco desde Estrasburgo a Rotterdam, donde podíamos coger un barco para Londres. 2. "Recuerda esto: estaré a tu lado en tu noche de bodas". 3. Aproveché esos minutos de oscuridad y arrojé el cesto al mar. 4. Entré en la habitación donde estaba el cadáver y me condujeron hasta el ataúd. 5. Elizabeth estaba allí, sin vida, atravesada en la cama, con la cabeza colgando y el semblante pálido y desencajado, semioculto por los cabellos. 6. Hacía algunas semanas que me había procurado un trineo y unos perros, y de este modo había atravesado las nieves a increíble velocidad. 7. "Aún estamos cercados por los icebergs y en inminente peligro de ser aplastados si chocan entre sí". 8. Me arrojé sobre ella y la abracé con ardor; pero su mortal languidez y la frialdad de sus miembros me hicieron comprender que lo que ahora sostenía en mis brazos había dejado de ser la Elizabeth a la que había querido y amado. 9. Permanecí sentado junto a su lecho, vigilándole; tenía los ojos cerrados, y me pareció que dormía; pero poco después me llamó con voz débil. 10. Las olas se lo llevaron rápidamente, perdiéndose en la oscura lejanía. 11. Aquellos fueron los últimos momentos de mi vida en que gocé de felicidad. Navegábamos bastante deprisa; el sol abrasaba, pero nos protegíamos de sus rayos con una especie de toldo, mientras disfrutábamos de la belleza del paisaje. 12. Elegí una de las islas más remotas de las Orcadas como lugar de mi trabajo. Era el marco apropiado para una obra de este género, ya que se trataba de una roca cuyos altos acantilados azotaban continuamente las olas. 13. Verdaderamente, me hallaba abismado en tenebrosos pensamientos, y no prestaba atención a cómo descendía el lucero de la tarde, ni a los reflejos que en el Rin producía el dorado amanecer. 14. Observé que se acercaba más gente. Sus rostros expresaban una mezcla de ira y de curiosidad que me irritaba, y en cierto modo me alarmaba. 15. "Observa aquel castillo encaramado sobre el precipicio; y aquel otro, en la isla, casi oculto entre el follaje de aquellos hermosos árboles". 16. "Sígueme; voy en busca de los hielos eternos del norte, donde sentirás el suplicio de los fríos y del hielo, a los que soy insensible". 17. Al principio supusieron que se trataba del cadáver de algún ahogado que el mar habría arrojado a la playa; pero al examinarlo, descubrieron que no tenía las ropas mojadas.  
C) Completa esta guía de lectura (solo para participantes inscritos).

D) Comparte tu opinión, en la zona de comentarios, acerca de alguna o todas de las siguientes cuestiones de debate:
1.- ¿Qué te ha parecido la novela? Justifícalo. 
2.- La Criatura: ¿víctima o verdugo? 
3.- ¿Qué crees que tiene esta obra para ser un clásico plenamente vigente hoy día? O lo que es lo mismo: ¿sobre qué parece advertirnos Mary Shelley con este relato-mito?

MATERIALES DE APOYO

Se aportan a los participantes en esta última parte de la lectura varios ensayos y estudios introductorios a la novela, los cuales, no siendo en absoluto necesarios para hacer las actividades ni para comentar las preguntas de debate, sí son recomendables como documentos para un cambio de impresiones o una reflexión más detenida sobre lo leído:
Envía tus respuestas a elinfiernodebarbusse@gmail.com y comenta las preguntas de debate antes del 18 de noviembre. Es la fecha de cierre de este Otoño Shelley.