lunes, 19 de noviembre de 2018

Clausura Otoño Shelley

Ilustración de Bernie Wrightson


Las olas se lo llevaron rápidamente, perdiéndose en la oscura lejanía.
Mary Shelley, Frankenstein


Con esta imagen de la Criatura alejándose en la oscuridad, se clausura hoy el Otoño 2018, dedicado a Mary W. Shelley. Quiero agradecer a todos los participantes su amable y resolutiva  dedicación a lo largo de estos casi dos meses de atenta lectura. 

Miremos cara a cara a nuestros monstruos, parece decirnos Mary desde el fondo de su corazón de niña. No huyamos, no salgamos despavoridos. Al fin y al cabo, lo que éstos nos tienen que decir, nos lo van a decir de todas formas, por las buenas o por las malas. Y, a lo mejor -casi seguro-, para sorpresa nuestra, lo que nos dicen no es tan terrible como imaginamos. 

Ponemos aquí fin a un otoño más. Felicidades a todos. 

lunes, 12 de noviembre de 2018

Desaprender la mirada
("El estupor y la maravilla", de Pablo d'Ors)


Pablo d'Ors tiene la virtud de escribir sobre asuntos serios (en el sentido de vitales, de desencadenantes del discernimiento) con las herramientas más sabias que pueden emplearse en literatura (y probablemente también en la vida): un gran sentido del humor y de la ligereza. Pasear por sus libros -sí, pasear, porque esa es la sensación de libertad y de frescura que se siente al leerlos- supone siempre una experiencia vívida y memorable. Sus personajes, sus historias, a fuerza de sencillas, se quedan para siempre en nuestras retinas, en la cara oculta de nuestro cerebro, y surgen, de pronto, cuando menos te lo esperas (o sí, sí te lo esperas) para recordarte que quejarse sin motivo es de canallas y de desagradecidos. Y esto, d'Ors lo hace con extrema facilidad, sin sermones ni cursilerías, sino dibujándonos una permanente sonrisa en los labios.

Alois Vogel, protagonista de este admirable y precioso libro, fue un niño, un adolescente y un joven enfermizo, que dejó por completo de estar enfermo a los treinta y cuatro años de edad, al ser contratado por el Museo de los Expresionistas de Coblenza, donde trabajará de vigilante hasta su jubilación. Con esa ingenuidad fértil y entrañable que le caracteriza, Vogel se define desde el principio, para que no haya malentendidos por parte de algún lector despistado: «Los que todavía hoy acuden a los museos son gente extraña: raros, inadaptados, solitarios, enfermos... Pero a mí siempre me ha interesado la gente así; yo mismo soy un inadaptado y un solitario y un enfermo. Soy indefectiblemente uno de ellos; cualquiera que me conozca, y aun sin conocerme, puede testificarlo».

Y, después, Vogel describe muy bien el entorno donde va a pasar tantas horas, días y años de su vida, al mismo tiempo que nos da el tono (entre surrealista, lúcido y cómico) en el que se dispone a narrar sus memorias:

«En realidad, la gente más interesada en arte es, con frecuencia, la que menos visita los museos. Según he observado a lo largo de estos últimos veinticinco años, ocupado en vigilar algunas salas del Museo de los Expresionistas de mi ciudad natal, el visitante habitual no dedica la mayor parte de su visita a contemplar las obras de arte, sino a observar al resto de los visitantes. El visitante común suele fijarse a menudo en sus propios zapatos, así como en los ajenos y, por supuesto, en las uñas de sus manos, que apostaría que se observan cuando se visita un museo mucho más que en cualquier otra circunstancia. Si un hombre pasa a diario de uno a dos minutos mirando sus uñas -establezcamos este promedio-, ese mismo hombre duplicará y hasta triplicará esa marca el día en que visita un museo, en que llegará a invertir cuatro y hasta cinco minutos para mirarse esas mismas uñas. Pero, junto a las uñas y a los zapatos, propios y ajenos, el visitante esporádico también dedica un tiempo no desdeñable a mirar los focos o el techo, o los estores, o las baldosas, o los bancos -en los que tanto le gustaría sentarse, si estuvieran libres- o, en fin, el regulador de la temperatura, que es, sin duda, junto al extintor de incendios, uno de los objeto más observados».

El arte es co-protagonista de esta novela. Alegría desbordante, Paul Klee, 1939  

El estupor y la maravilla es todo un tratado de la mirada y de cómo, si nos fijamos bien, si estamos suficientemente atentos, podremos comprobar que todo alrededor nuestro es un misterio. Pero, para descubrir esto, es necesario desaprender la mirada, reconducirla a su estado primigenio y más perfecto, que es nuestra mirada de niño. Esto lo sabe bien Alois Vogel: «Sí, este pequeño niño me ha enseñado a mirar o, por decirlo mejor, a no cansarme de mirar», dice. Y añade: «Cuando algo fatiga, es que aún no se mira bien; quien se cansa de mirar algo no está todavía dentro de lo que mira. Por eso, precisamente, se cansa. En realidad, las personas empiezan a quererse cuando aprenden a mirarse; eso que llamamos amor consiste, después de todo, en mirar como conviene. Después de mirar algo adecuadamente, ya no podemos ser los mismos; después de mirar algo mucho tiempo, no podemos sino cambiar de vida».

El estupor y la maravilla es también una exaltación del arte como vía para recuperar el asombro ante el misterio de existir. Porque, como dice Vogel, «se puede vivir cuando todo es un misterio; cuando no es un misterio, resulta insoportable». Y, lo que es peor, aburrido. «Y el aburrimiento -de nuevo Vogel-  es el más grave insulto a la vida»

lunes, 5 de noviembre de 2018

Lectura Frankenstein, caps. 18-24 (y final)

Ilustración de F. Solé y F. del Amo, 2006

Actividades 

A) Di qué momento de la novela plasma la ilustración que puedes ver arriba y, después, cita una frase o párrafo del libro que sirva de pie descriptivo a la misma. 

B) Observa estas ilustraciones (solo para participantes inscritos) y elige para cada una de ellas un pie descriptivo adecuado de entre los que se ofrecen a continuación: 
1. Habíamos acordado descender el Rin en barco desde Estrasburgo a Rotterdam, donde podíamos coger un barco para Londres. 2. "Recuerda esto: estaré a tu lado en tu noche de bodas". 3. Aproveché esos minutos de oscuridad y arrojé el cesto al mar. 4. Entré en la habitación donde estaba el cadáver y me condujeron hasta el ataúd. 5. Elizabeth estaba allí, sin vida, atravesada en la cama, con la cabeza colgando y el semblante pálido y desencajado, semioculto por los cabellos. 6. Hacía algunas semanas que me había procurado un trineo y unos perros, y de este modo había atravesado las nieves a increíble velocidad. 7. "Aún estamos cercados por los icebergs y en inminente peligro de ser aplastados si chocan entre sí". 8. Me arrojé sobre ella y la abracé con ardor; pero su mortal languidez y la frialdad de sus miembros me hicieron comprender que lo que ahora sostenía en mis brazos había dejado de ser la Elizabeth a la que había querido y amado. 9. Permanecí sentado junto a su lecho, vigilándole; tenía los ojos cerrados, y me pareció que dormía; pero poco después me llamó con voz débil. 10. Las olas se lo llevaron rápidamente, perdiéndose en la oscura lejanía. 11. Aquellos fueron los últimos momentos de mi vida en que gocé de felicidad. Navegábamos bastante deprisa; el sol abrasaba, pero nos protegíamos de sus rayos con una especie de toldo, mientras disfrutábamos de la belleza del paisaje. 12. Elegí una de las islas más remotas de las Orcadas como lugar de mi trabajo. Era el marco apropiado para una obra de este género, ya que se trataba de una roca cuyos altos acantilados azotaban continuamente las olas. 13. Verdaderamente, me hallaba abismado en tenebrosos pensamientos, y no prestaba atención a cómo descendía el lucero de la tarde, ni a los reflejos que en el Rin producía el dorado amanecer. 14. Observé que se acercaba más gente. Sus rostros expresaban una mezcla de ira y de curiosidad que me irritaba, y en cierto modo me alarmaba. 15. "Observa aquel castillo encaramado sobre el precipicio; y aquel otro, en la isla, casi oculto entre el follaje de aquellos hermosos árboles". 16. "Sígueme; voy en busca de los hielos eternos del norte, donde sentirás el suplicio de los fríos y del hielo, a los que soy insensible". 17. Al principio supusieron que se trataba del cadáver de algún ahogado que el mar habría arrojado a la playa; pero al examinarlo, descubrieron que no tenía las ropas mojadas.  
C) Completa esta guía de lectura (solo para participantes inscritos).

D) Comparte tu opinión, en la zona de comentarios, acerca de alguna o todas de las siguientes cuestiones de debate:
1.- ¿Qué te ha parecido la novela? Justifícalo. 
2.- La Criatura: ¿víctima o verdugo? 
3.- ¿Qué crees que tiene esta obra para ser un clásico plenamente vigente hoy día? O lo que es lo mismo: ¿sobre qué parece advertirnos Mary Shelley con este relato-mito?

MATERIALES DE APOYO

Se aportan a los participantes en esta última parte de la lectura varios ensayos y estudios introductorios a la novela, los cuales, no siendo en absoluto necesarios para hacer las actividades ni para comentar las preguntas de debate, sí son recomendables como documentos para un cambio de impresiones o una reflexión más detenida sobre lo leído:
Envía tus respuestas a elinfiernodebarbusse@gmail.com y comenta las preguntas de debate antes del 18 de noviembre. Es la fecha de cierre de este Otoño Shelley.

lunes, 29 de octubre de 2018

Lectura Frankenstein, caps. 11-17

Ilustración de Lynn Ward, 1934

Actividades 

A) Di qué momento de la novela plasma la ilustración que puedes ver arriba y, después, cita una frase o párrafo del libro que sirva de pie descriptivo a la misma. 

B) Observa estas ilustraciones (solo para participantes inscritos) y elige para cada una de ellas un pie descriptivo adecuado de entre los que se ofrecen a continuación: 
1. De pronto, mientras lo contemplaba, se me ocurrió que esta pequeña criatura carecía de prejuicios, y había vivido demasiado poco para haber adquirido alguno a la deformidad. 2. Apenas si podría describirte el efecto que me produjeron estos libros. Despertaron en mí un sinfín de imágenes y sentimientos nuevos. 3. Al oírla, Félix se acercó apresuradamente a la dama, la cual, al verlo, se quitó el velo, revelando un semblante de una belleza y una expresión angelicales. 4. Todo el pueblo se alarmó; unos huyeron, otros me atacaron. 5. "Niño; ya no verás más a tu papá; vas a venir conmigo". 6. El asegurar los pies en el suelo mientras avanzaba por los senderos serpenteantes de la montaña me producía perplejidad, dado lo absorto que me tenían las emociones sufridas durante el día. 7. Había una rendija pequeña y casi imperceptible. 8. Le apreté la garganta para callarle, y un instante después cayó muerto a mis pies. 9. Era tu diario [...] ¡Sentí náuseas al leerlo! ¡Maldito sea el día en que recibí la vida!, exclamé atormentado. 10. Cuando ellos se retiraban a descansar, si había luna o la noche era estrellada, me internaba en el bosque y recogía comida para mí y leña para la casa. 11. Al principio retrocedí aterrado, incapaz de creer que era yo, efectivamente, quien se reflejaba en aquel espejo. 12. "Niño, ¿qué significa esto? Yo no trato de hacerte ningún daño; escúchame". 13. Me apuntó con una escopeta que llevaba y disparó [...] Esta era, pues, la recompensa a mi gesto de benevolencia. 14. El viento avivó las llamas, que envolvieron rápidamente la casa y la lamieron con sus lenguas bífidas y destructoras. 15. Había un hombre viejo sentado cerca del fuego, donde se preparaba el desayuno. 16. En un arrebato de furia, me arrojó al suelo y me golpeó violentamente con un bastón. 17. Prendí fuego a la paja, el brezo y los matorrales amontonados. 18. Cogiéndole la mano al anciano, exclamé: "¡Ha llegado el momento! ¡Sálveme y protéjame! Usted y su familia son los amigos a quienes busco. ¡No me abandone en la hora de la prueba suprema!". 19. Gravemente magullado por las piedras y muchas otras clases de proyectiles, escapé a campo abierto.
C) Completa esta guía de lectura (solo para participantes inscritos).


Envía tus respuestas a elinfiernodebarbusse@gmail.com a lo largo de esta semana. Si por algún motivo no has podido leer durante esta semana, no hay problema por enviar varias actividades conjuntamente, siempre que esta excepción no se convierta en un hábito general. 


Pregunta compartida

Di qué momento del relato de la Criatura te ha impresionado más. Usa para ello la zona de comentarios que aparece al pie de esta entrada.

lunes, 22 de octubre de 2018

Lectura Frankenstein, caps. 5-10

Ilustración de Bernie Wrightson, 1983

Actividades 

A) Di qué momento de la novela plasma la ilustración que puedes ver arriba y, después, cita una frase o párrafo del libro que sirva de pie descriptivo a la misma. 

B) Observa estas ilustraciones (solo para participantes inscritos) y elige para cada una de ellas un pie descriptivo adecuado de entre los que se ofrecen a continuación: 
1. Había levantado la cortina de la cama, y sus ojos, si es que podían llamarse ojos, estaban fijos en mí. 2. A menudo, cuando el resto de la familia se había retirado a descansar, cogía el bote y me pasaba horas enteras en el agua. 3. Encontramos a Justine sentada en su rincón sobre un montón de paja; tenía las manos esposadas. 4. Respiró con dificultad y, con un movimiento convulsivo, agitó sus miembros. 5. Dejaba que la embarcación siguiese su propio rumbo y me entregaba a melancólicas reflexiones. A menudo me sentía tentado a arrojarme al lago silencioso, para que sus aguas me engulleran y mis desdichas terminasen para siempre. 6. Vi de pronto, a cierta distancia, la figura de un hombre que venía hacia mí a una velocidad sobrehumana. 7. ¿Qué hacía allí? ¿Sería acaso (y me estremecí solo de pensarlo) el asesino de mi hermano? 8. Con una ansiedad casi rayana en la agonía, dispuse al alcance de mi mano el instrumental capaz de infundir la chispa vital al ser inerte que yacía ante mí. 9. El día siguiente lo pasé recorriendo el valle. Estuve en las fuentes del Averion, que reciben sus aguas de un glaciar que desciende lento desde la cima de los montes hasta el valle. 10. “Hay en tu semblante una expresión  de desesperación, y a veces de venganza, que me hace temblar. Querido Victor, desecha esas pasiones tenebrosas”. 11. Henry me propuso una excursión por los alrededores de Ingolstadt, a fin de despedirme del país donde había residido tanto tiempo. 12. El resplandor de un relámpago iluminó aquel bulto y me reveló su figura con toda nitidez. 13. Nadie puede imaginar la angustia que sufrí durante el resto de la noche, que pasé tiritando de frío y empapado, a la intemperie. 14. Se le cedió la palabra a Justine para que hiciese su defensa. 15. Descubrí, al aproximarse más aquella forma (¡tremenda, odiosa visión!), que era el desdichado ser que yo había creado. 16. Y a la mañana siguiente, Justine murió.   
C)  Completa esta guía de lectura (solo para participantes inscritos).

Envía tus respuestas a elinfiernodebarbusse@gmail.com a lo largo de esta semana. Si por algún motivo no has podido leer durante esta semana, no hay problema por enviar varias actividades conjuntamente, siempre que esta excepción no se convierta en un hábito general.

Pregunta compartida

Cita alguna escena, fragmento o frase de la parte de la novela leída hasta el momento que te haya gustado especialmente. Usa para ello la zona de comentarios que aparece al pie de esta entrada. 

viernes, 19 de octubre de 2018

Compras de obligado cumplimiento


Lo que acaba de publicar Pre-textos me alegra el día y la semana (quizá el mes). Las Piedras de colores de Adalbert Stifter. Y por primera vez en su versión íntegra en español, con las seis historias que la componen. La única edición disponible en castellano de estas magníficas historias protagonizadas por niños era la de Cátedra, que incluía solo dos de ellos: Cristal de roca (Bergkristall, 1845) y Creta blanca (Bergmilch, 1843). La guinda la pone quien firma la traducción: Carmen Gauger. Compra de obligado cumplimiento. 

miércoles, 17 de octubre de 2018

El aprendizaje de nuestra levedad
(Planetarium, de Wormell y Prinja)



Leer sobre el Cosmos, sobre el Universo, sobre lo que hay más allá del planeta Tierra (una caca de mosca en la inmensidad del espacio) es un ejercicio de humildad muy recomendable que yo practico con cierta asiduidad. Te obliga a mirar las cosas desde otro punto de vista, un punto de vista aéreo y cenital, como el que tendría un pájaro que volara a gran altura, a una distancia de años luz, sobre nuestras cabezas y a relativizar nuestra importancia, la del ser humano, ese que se cree el dueño y señor del orbe terrestre. Es entonces cuando empiezas a reírte de la pomposidad de nuestra especie, de su ridículo afán de protagonismo, de su patética solemnidad. 

Decía Carl Sagan que en el Universo hay más planetas que granos de arena en todas las playas del mundo. Y, sin embargo -es curioso esto-, hay personas dispuestas a partirse la cara o a liquidar a sus semejantes en nombre de un trocito minúsculo, microscópico, de uno de esos granitos. Es la historia del mundo, en realidad. Y sigue siéndola. Así que, cuando nos carguemos definitivamente nuestro planeta (y en esto progresamos adecuadamente), nos iremos a otro (si es que nos da tiempo) para poner allí nuestro huevecillo y continuar con nuestras labores de destrucción y excrecencia generalizadas. 

Por eso digo que es tan bueno leer sobre estos asuntos. Al principio puede dar vértigo, pero es un vértigo saludable. Nos obliga a abrir la mente y a relativizar todo, absolutamente todo. El hombre, como ser finito, no puede concebir en su mente algo infinito como el universo, dejó dicho Aristóteles (¿o era Aquino?). Y eso, además de fascinante, es el primer paso en el aprendizaje de nuestra levedad.   

Todo esto viene al hilo del maravilloso libro que Impedimenta acaba de publicar titulado Planetarium. Es un libro escrito, de manera clara y diáfana, por Raman Prinja, profesor de Astrofísica de la University College de Londres, y a cuyo texto acompañan unas deslumbrantes ilustraciones de Chris Wormell. El contenido de la obra no solo abarca el Sistema Solar, sino también la Via Láctea, los exoplanetas, la muerte de las estrellas, el fin del Universo, los agujeros negros, además de objetos astronómicos, estaciones de observación, etc.  


Planetarium es un libro instructivo y apasionante, un juguete precioso para todas las edades (como deben ser los juguetes) y que puede disfrutarse de manera individual o (puesto que así lo permiten sus extraordinarias dimensiones) compartida. 

Cada noche me llevo el libro a la cama, y me demoro leyendo algún fragmento o mirando alguna de sus maravillosas ilustraciones. ¡Qué poca cosa somos!, pienso. Sin embargo, mi mente navega por sus páginas sin inquietud, sin sobrecogimiento, antes al contrario, discurre de manera fluida y apacible, como un pez en el agua, como si eso que leo o miro fuese algo ya familiar a mi consciencia y, como si de algún modo, ésta reconociese (o recordase) en ello su entorno natural y primigenio. Al final va a ser verdad aquello del iluminado William Blake de que el cuerpo es solo el traje.