jueves, 17 de octubre de 2013

Otoño Kafka 2. La mampara de cristal

Franz Kafka en 1907

«Soy una persona retraída, callada, insociable y descontenta. De la vida que llevo en casa pueden sacarse al menos algunas conclusiones. Vivo en medio de la familia, entre las personas más buenas y cariñosas, más extraño que un extraño. Con mi madre no he hablado en los últimos años ni siquiera veinte palabras al día por término medio; con mi padre casi nunca he intercambiado más que los buenos días. Con mis hermanas casadas y mis cuñados no cruzo palabra y eso que no estamos enfadados.» (F. Kafka, Carta al padre de Felice Bauer)

«Todas las personas que conocieron a Franz Kafka en su juventud o en su madurez tuvieron la impresión de que le rodeaba una 'mampara de cristal'. Allí estaba, detrás de ese cristal muy transparente, caminaba con gracia, gesticulaba, hablaba: sonreía como un ángel meticuloso y ligero; y su sonrisa era la última flor de una gentileza que se daba y enseguida se hurtaba, se prodigaba y se replegaba celosamente en sí misma. Parecía decir: "Soy como vosotros. Soy uno de vosotros, sufro y gozo como hacéis vosotros". Pero cuanto más participaba del destino y de los sufrimientos ajenos, más se excluía del juego, y esa sombra sutil de invitación y de exclusión en la comisura de sus labios aseguraba que él no podría estar nunca presente, que vivía lejos, muy lejos, en un mundo que tampoco era el suyo.

Kafka junto con Max Brod
Pero ¿qué veían los otros detrás de la frágil mampara de cristal? Era un hombre alto, flaco, endeble, que paseaba su largo cuerpo como si lo hubiera recibido de regalo. Tenía la impresión de que no crecería nunca; y que jamás conocería el peso, la estabilidad y el horror de lo que los demás llaman con una incomprensible alegría la "edad madura". En cierta ocasión le confesó a Max Brod: 'Yo no alcanzaré nunca la edad de hombre: de niño pasaré a ser enseguida un viejo con el pelo blanco'.

Todos se sentían atraídos por sus grandes ojos, que él mantenía siempre muy abiertos y en ocasiones desencajados y que en fotografía, impresionados por el imprevisto destello del magnesio, parecían de poseído o de visionario. Tenía unas largas pestañas y unas pupilas que son definidas a veces como marrones, otras grises, cuando no azul acero, o simplemente oscuras, mientras que un pasaporte asegura que eran de "un gris azulado oscuro". Cuando se miraba al espejo le parecía que sus miradas eran «increíblemente enérgicas». Pero los demás no se cansaban de comentar e interpretar sus ojos, como si solamente ellos ofrecieran una puerta de entrada a su alma.

Alguno los juzgaba llenos de tristeza; otro se sentía observado y escrutado; otro los veía iluminarse de repente, resplandecer cual pepitas de oro y luego volverse pensativos e incluso distantes; otro los veía teñidos de una ironía unas veces indulgente, otras corrosiva; otro descubría en ellos asombro y una extraña astucia; otro, que lo había querido mucho, tratando de mil maneras de descubrir su enigma, pensaba que, al igual que Tolstói, sabía alguna cosa que el resto de los hombres ignoraba totalmente; otro los encontraba impenetrables; otro, por último, creía que una calma pétrea, un vacío mortal, una extrañeza fúnebre dominaba a veces su mirada.»

(Fragmento de Kafka, por Pietro Citati, 2007) 
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ACTIVIDAD 2: 
Para realizar esta y la siguiente actividad, veremos el excelente documental ¿Quién era Kafka?, dirigido por el suizo Richard Dindo en 2006. En él se intenta que el espectador tenga la sensación de haber conocido a las personas más allegadas a Kafka, mediante varios actores que interpretan a estas personas a través de fragmentos de las cartas de Kafka y de varias biografías y testimonios sobre el autor. La  primera parte del documental, que es la que nos ocupará en esta actividad, se centra en la relación entre Franz y su padre, y en la del escritor con su prometida Felice Bauer. Elige dos frases que aparezcan en el documental que sirvan para ilustrar cómo era la relación de Kafka con su padre, y otras dos frases que condensen o expliquen la relación de Kafka con Felice Bauer y por qué ésta no fructificó. Finalmente contesta: ¿cómo se sentía Kafka en Praga, su ciudad natal?, y ¿qué opinión le merecía a él su literatura? La primera parte del documental dura hasta los 59':35" (el resto lo trabajaremos en la próxima actividad).

FUENTES PARA REALIZAR LA ACTIVIDAD:
¿Quién era Kafka?, por R. Dindo, 2006 (hasta 59':35")


¡¡Envía esta actividad a elinfiernodebarbusse@gmail.com, junto con las restantes propuestas en Otoño Kafka, antes del 3 de noviembre y gana uno de los tres ejemplares de La metamorfosis  (edición de Libros del zorro rojo) que se sortean!!

7 comentarios:

  1. Cómo se nota señor Barbusse que le gusta Kafka, qué cuidado todo, qué gusto y qué extraordinario otoño este. Me reafirmo en que este blog es verdaderamente único e insólito en el panorama nacional. le felicito por saber cómo difundir de verdad la literatura, la gran literatura.

    Un saludo.

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    1. Muchas gracias, Alfredo, me alegra que guste. FK se lo merece, ¿no cree?

      Un saludo.

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  2. Mire usted que bien, auf deutsch... y así practico.

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  3. Muy interesante la relación de Kafka con su padre y muy triste. Este "Otoño Kafka" va cada vez mejor.
    Un saludo.

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  4. Yo también practico con auf deustch, que guay!!!

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  5. Hola! Me encantan todas las actividades, a ver si mando esta pronto... Increíble Kafka. Ha dominado su vida la relación con su padre. ¿Sería para tanto, me pregunto yo, o la sensibilidad del escritor sería muy acentuada (bueno, eso ya veo que sí)? Un saludo!!

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  6. Un artículo impecable. Lo que es seguro es que kafka escribía como un Dios, y que obviamente era la clase de persona que no solo sabía "ver a", sino también "a través de".

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