lunes, 10 de diciembre de 2012

Lectura Madame Bovary, II, caps. 11-15

Charles lleva a cabo una operación para curar del pie zopo a Hippolyte, el mozo cuadra de la fonda El León de Oro. Rodolphe, que se revela como un hombre independiente y egoísta, acaba por sentirse atrapado por Emma y, cuando habían planeado escaparse juntos, la abandona. La joven cae entonces gravemente enferma. Meses después empieza a recuperarse y Charles, para animarla, la lleva a ver una obra de teatro a Rouen.

Guión de lectura:

1. Tras el fracaso del experimento médico llevado a cabo por Charles, ¿qué siente Emma? ¿Por qué ella misma le había animado a hacerlo? ¿De qué manera repercute en las relaciones entre Charles y Emma el episodio de la pierna amputada al pobre Hippolyte? [cap. 11]

2. De la irritación ante Charles, Emma pasa a la repulsión por él. A continuación, experimenta una serie de cambios, tanto en su relación con Rodolphe como en su comportamiento, en sus modales y en su forma de vestir. ¿Qué hay en el fondo de estos cambios? ¿A qué obedecen? [cap. 12]

3. Observa el contraste entre los sueños y proyectos de Charles, familiares y hogareños, y los de Emma, llenos de fantasía, exaltados, novelescos e idealizados. Fíjate también en los fundamentos librescos, fruto de sus lecturas, de las expresiones y el comportamiento de Emma al final del capítulo, así como el contraste con las reflexiones de Rodolphe. [cap. 12]

4. En la escena de Emma sola y abandonada, como una heroína ante la fatalidad, leyendo la carta de Rodolphe en el desván: ¿qué tentaciones le asaltan? [cap. 13]

5. Pese a su situación económica, que empieza a ser desesperada (Lhereux se aprovecha de ello), Charles ignorante de todo, solo se preocupa por Emma, quien, por otra parte, siente incluso deseos de ser santa. ¿Es auténtica la religiosidad de Emma? [cap. 14]

6. Observa que todo en Emma es excesivo (sus sentimientos religiosos, sus inclinaciones caritativas...), porque todo es fruto de su idealismo y de su temperamento soñador. [cap. 14]

7. Por boca del cura Bournisien se exponen las opiniones eclesiásticas sobre la literatura y particularmente sobre el teatro y los actores. Es curioso saber por qué excomulgaba la Iglesia a los cómicos. [cap. 14]

8. La ópera a la que asiste la señora Bovary en Ruán -Lucia de Lammermoor, de Donizetti, está inspirada en una novela de Walter Scott, uno de los autores más leídos por Emma- vuelve a recordarle las novelas de adolescente y hace que vuelva a ser la de antes: soñadora, exaltada, sentimental... ¿Qué actitud muestra Charles ante la obra que se representa? ¿Y cuál es la de Emma? [cap. 15]

9. Como don Quijote, de nuevo la protagonista, durante la representación de la obra, confunde y mezcla su vida real con la que es solo ficción literaria. Al contrastar las dos en su mente, ¿qué se destaca de una y de otra? [cap. 15]

10. Con la marcha de Léon, Emma pierde las posibilidad de alcanzar sus sueños. ¿Por qué se sobresalta cuando Homais y Charles hablan sobre la vida de Léon en París? [cap. 15]

El pasaje favorito de Otoño Flaubert:

Es difícil elegir un pasaje de estos capítulos porque hay muchos y muy buenos, entre ellos todo un capítulo completo, el de la operación de Hippolyte, uno de los más logrados de la novela. Me quedo, no obstante, con un pasaje donde la ironía de Flaubert se acentúa sobremanera. Es el momento en que Charles y Homais hablan de la causa del desmayo de Emma y del olor de los albaricoques:

"-¡Extraordinario! -siguió diciendo el boticario-. Pero ¡entra dentro de lo posible que los albaricoques le hayan causado el síncope! ¡Hay naturalezas tan impresionables ante determinados olores! Y sería incluso un estupendo tema de estudio, tanto desde el punto de vista de la patología como del de la fisiología. Los sacerdotes saben lo importan te que es eso y siempre han usado plantas aromáticas en sus ceremonias. Para dejar estupefacto el entendimiento y causar éxtasis, cosa fácil de conseguir por lo demás en las personas del bello sexo, que son más delicadas que las demás. Se dice que las hay que se desmayan con el olor del cuerno quemado, con el del pan tierno...
-Tenga cuidado, no la vaya a despertar -dijo Bovary en voz baja.
-Y no solo están sometidos a esas anomalías los humanos -prosiguió el boticario-, sino también los animales. No ignorará usted, por ejemplo, el efecto singularmente afrodisíaco que produce la nepeta cataría, comúnmente llamada menta de gato, en la raza felina; y, por lo demás, por citar un caso de cuya autenticidad doy fe, Bridoux (uno de mis antiguos compañeros que actualmente tiene su establecimiento en la calle de Malpalu) tiene un perro que padece convulsiones en cuanto le acercan una tabaquera. Muchas veces ha realizado el experimento en presencia de sus amigos, en el pabellón que tiene en Bois-Guillaume. ¿Podría uno pensar que un simple estornudatorio cause tales estragos al organismo de un cuadrúpedo? Es curiosísimo, ¿verdad?
-Sí -dijo Charles, que no lo estaba escuchando.
-Lo cual nos demuestra -añadió Homais sonriendo con expresión de superioridad bondadosa- las incontables irregularidades del sistema nervioso. En lo referido a la señora, siempre me ha parecido, lo reconozco, una auténtica sensitiva. Así que no le aconsejo, mi querido amigo, ninguno de esos supuestos remedios que, so pretexto de atacar los síntomas, atacan el temperamento. ¡No, nada de medicación innecesaria! ¡Un régimen y ya está! ¡Sedantes, emolientes, dulcificantes! ¿Y no cree usted además que habría que estimularle un poco la imaginación?
-¿En qué y cómo? -dijo Bovary.
-¡All, ésa es la cuestión! Esa es efectivamente la cuestión: That is the question!, como leí hace poco en el periódico. 
Pero Emma se despertó y exclamó:
-¿Y la carta? ¿Y la carta?
Creyeron que deliraba; y deliró a partir de las doce de la noche: se le había declarado una fiebre cerebral."
 (La señora Bovary, p. 242-243. Traducción de María Teresa Gallego Urrutia)

Claves de lectura

1) Sobre el personaje de Homais, Nabokov ha dicho: "Es de una vulgaridad intelectual mastodóntica: su ciencia procede de los folletos; su cultura general, de los periódicos; sus gustos literarios son pésimos, sobre todo por la mezcla de autores que cita. En su ignorancia, llega a comentar: «That is the question, como leí hace poco en el periódico», ignorando que cita a Shakespeare y no a un periodista de Ruán..., aunque probablemente, lo ignoraba también el autor del artículo político. Además es un traidor, un sinvergüenza, un asqueroso, y no le importa sacrificar su dignidad a los intereses más importantes de su negocio o para conseguir una condecoración. Es cobarde, y a pesar de sus valientes palabras, le da miedo la sangre, la muerte, los cadáveres. Es despiadado y venenosamente vengativo. Es un asno pomposo, un farsante fatuo, un magnífico filisteo, un pilar de la sociedad, como lo son tantos filisteos." ¿Estás de acuerdo o crees que es exagerado? ¿No se salva nada en él?

2) La incomunicación y, más allá, la inservibilidad del lenguaje para expresar sentimientos complejos y precisos es un tema que está explícitamente plasmado en la novela. Hay en Flaubert una profunda desconfianza en la capacidad del lenguaje verbal, especialmente en sus modos más cotidianos, no sólo para servir de vehículo de comunicación entre los seres humanos, sino mucho menos para entenderse y reconocerse, para ser. Flaubert se adelanta, de este modo, a los postulados del teatro europeo del absurdo del siglo XX. Es por esto, una vez más, plenamente actual. Hay un momento en el capítulo 12 en que lo que comentamos, que habita toda la novela, se expresa de manera muy clara. Flaubert lo incluye como un pensamiento de Rodolphe: "Como unos labios libertinos o venales le habían susurrado frases semejantes, no creía gran cosa en el candor de estas de ahora; había que restarles, pensaba, las palabras exageradas que ocultan afectos mediocres; como si la plenitud del alma no recurriera a veces para desbordarse a las metáforas más vacuas, ya que nadie, nunca, puede dar la medida exacta de sus necesidades, ni de su forma de concebir las cosas, ni de sus dolores; y la palabra humana es como un caldero rajado con el que tocamos melodías para que bailen los osos, cuando lo que querríamos es llegar a las estrellas." (II, 12, p. 225) ¿Estás de acuerdo en que el lenguaje es inútil para expresar determinados sentimientos o para matizar reflexiones profundas y complejas? ¿Estamos abocados a la incomunicación?

19 comentarios:

  1. Hombre, yo tampoco pondría a Homais a la altura que lo hace Nabokov, lo que si esta claro es que el personaje deja mucho que desear. Tenemos como ejemplo el primer párrafo del capitulo XI:
    "Homais había leido últimamente el elogio de un sistema nuevo para curar los pies zambos; y, como era partidario del progreso, concibió la patriótica idea de que en Yonville, para ponerse al nivel, había que hacer operaciones de estrefopodia.
    -Porque- le decía a Emma-¿a qué se arriesga uno? Fíjese bien-y contaba con los dedos las ventajas del intento-éxito casi asegurado, alivio y hermoseamiento del paciente, celebridad a muy corto plazo para el operador. ¿Por qué no podría pretender su marido, por ejemplo, librar de esa molestia al pobre Hippolyte de El León de Oro? Piense que no dejaría de hablarles de esa curación a todos los viajeros y además-Homais bajaba la voz y miraba a su alrededor-,¿quién me iba impedir mandar al periódico una noticia al respecto? Y la verdad es que un artículo circula...se comenta...acaba por crecer como una bola de nieve. Y ¿quién sabe?¿Quien sabe?".
    Yo creo que al final de todo lo que busca es su propio interés personal, y utiliza otros cauces para convencer a Emma, que la verdad tampoco necesita mucho para que la convenzan si con ello se puede subir al carro de la notoriedad.
    un saludo.

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    1. Es un absoluto interesado, Antonio Luis. Asquerosamente interesado, pero igual de estúpido que todos los demás. Más estúpido si cabe, porque es un dogmático e intenta imponer su criterio basado en conocer las cosas por encima sin haber profundizado en nada. Podría decirse que es como el tuerto en el país de los ciegos.

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  2. Es muy interesante el personaje de Homais porque, aun no siendo protagonista, actua de tercer gran carácter de la novela, junto a Emma y Charles. Desde luego que, con su pomposidad y arrogancia, es la voz de la ciencia y el empirismo (y por tanto del anticlericalismo), pero también Flaubert lo trata como un dogmático e intolerante. Quizá Nabokov se pasa en los calificativos, pero es verdad que no sale muy bien parado a los ojos del lector, aunque no deje de esbozarme a mí en concreto alguna cómplice sonrisa según qué aspectos tratados. Desde luego yo no me lo echaría como amigo, eso está claro.

    Saludos cordiales

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    1. Eso eso: es alguien en quien yo no coinfiaría nunca, un asboluto hipócrita y convenenciero. Puede engañar a los demás, pero a mí no me la da, jajaja.

      Está muy bien visto lo que comentas de que es un personaje fundamental del trio de la novela: Charles, Emma y Homais. De hecho hay quien ha visto que la novela gira en torno de este personajes. El historiador de la literatura francesa Javier de Prado ha dicho: "El lector superficial puede pasar sobre él sin percatarse de su existencia o tomándolo como una simple anécdota. La realidad narrativa es bien diferente: cuando al final de la novela las demás comparsas de la narración desaparecen, y el novelista inicia la resolución de los conflictos creados a los personajes por la dinámica del texto, el señor Homais está ahí, concluyendo con la muerte de Charles y la entrada de su hija en el proletariado, como único vencedor de todos los conflictos."

      En definitiva, Homais lleva por su cuenta, a lo largo de la novela una batalla conta el statu quo político de la que saldrá vencedor. Sus armas son las del antihéroe realista, el cinismo probabilista y la vulgarización de los hallazgos filosóficos y tecnócratas del espíritu de la Ilustración: la idea de la ciencia y la idea de progreso en manos de un aprovechado. Lo patético es que de ser un opnonente disimulado del régimen, acabará como gran triunfador integrado en él. Ay, ¿es el destino de todos los "progres"?

      Saludos.

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  3. Yo coincido con Barbusse, el capitulo XI en su totalidad es absolutamente maravilloso. En cuanto a Homais, creo que Nabokov exagera un poco, pero estoy bastante de acuerdo con la descripción que hace de él. A mi también me parece un tipo de lo más rastrero.

    Me gustaría hacer referencia a un pasaje concreto que me ha llamado bastante la atención. Está en el Cap. XII y nos muestra los sueños tan distintos y alejados que tienen tanto Charles como Emma. Mientras que él solo piensa en su hija, en verla feliz, en su futuro etc., Emma, como siempre, solo da rienda suelta a su fantasía, y sueña con un pais irreal e imaginario donde ella supuestamente va a alcanzar la felicidad junto a su amante...

    "Cuando regresaba a medianoche no se atrevía a despertarla......Charles la miraba. Creía oir la respiración ligera de su hija. Iba a crecer ahora; cada estación, rápidamente traería un progreso. Ya la veía volver de la escuela a la caida de la tarde, toda contenta, con su blusita manchada de tinta, y su cestita colgada del brazo; después habría que ponerla interna, esto costaría mucho;¿como hacer? Entonces reflexionaba......Ahorraría lo que le produjera, lo colocaría en la caja de ahorros, luego compraria acciones.....la clientela aumentaría contaba con eso, pues quería que Berhte fuese bie educada, que tuviese talentos, que aprendiese piano.¡Ah!, ¡que bonita sería, más adelante a los quince años, cuando, pareciéndose a su madre, llevase como ella, en verano, grandes sombreros de paja, las tomarían de lejos por dos hermanas......

    Emma no dormía, parecía estar dormida; y mientras que él se amodorraba a su lado, ella se despertaba con otros sueños. Al galope de cuatro caballos, era transportada desde hacía ocho días hacia un país nuevo, de donde no volverian más. Caminaban, caminaban, con los brazos entrelazados, sin hablar. A menudo desde lo alto de una montaña, divisaba de pronto una ciudad espléndida con cúpulas, puentes, barcos, bosques de limoneros y catedrales de mármol blanco...[]... Se pasearían en góndola, se columpiarían en hamacas; y su existencia sería fácil y holgada como sus vestidos de seda, toda cálida y estrellada como las noches suaves que contemplarían...[]...Pero la niña empezaba a toser en la cuna, o bien Bovary roncaba más fuerte, y Emma no conciliaba el sueño hasta la madrugada, cuando el alba blanqueaba las baldosas y ya el pequeño Justin, en la plaza, abría los postigos de la farmacia".

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    1. Ramón, ese pasaje que traes a colación es absolutamente maravilloso, zumo literario.

      La incomunicación y la falta de conexión es bestial y está genialmente lograda por Flaubert. Escribe igual que Dan Brown.

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  4. Creo que ha quedado completamente claro que Nabokov llegó a odiar a Homais, aunque a mi su reacción me parece desproporcionada. Homais no me resulta antipático. Es un hombre limitado e inculto acostumbrado a tener un papel en la sociedad en la que vive y eso le ha crecido, pero no creo que sea pomposo ni malintencionado. Es más bien su ignorancia la que le guía y sus ganas de destacar en algo aunque sea a través de los méritos de otros.
    En cuanto a la segunda parte. Es cierto que a veces es difícil expresar ciertos sentimientos con palabras, pero se trata de casos en los que ni siquiera uno mismo puede explicarse dichos sentimientos.
    Por suerte el lenguaje es rico y tiene infinitas posibilidades para que nos podamos expresar. Solo nuestra limitación a la hora de utilizar el lenguaje puede provocar que a veces nos sintamos incomunicados, pero eso se arregla aprendiendo más.

    Hasta el momento los capítulos que estamos comentando hoy son los que me han parecido más intensos en la vida de Emma y de Charles. En pocas páginas la vida de Emma ha pasado de la felicidad absoluta a la histeria y Charles de una situación desahogada a necesitar la ayuda de "usureros".

    Esta semana he encontrado en un libro de Flann O'Brien una referencia a Madame Bovary que me ha parecido bastante divertida. Flann O'Brien que durante años escribió una columna claramente irónica en The Irish Times, plantea un juicio a la obra de Flaubert tachándola de literatura inmoral, con la intención de retirarla de las calles. O'Brien a través de el Juez Twinfeet que tiene que juzgar el caso decide al final de forma poco ortodoxa pero humorística que la obra no tiene nada de indecente.

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    1. Mariuca, estoy de acuerdo en parte. Es verdad que el lenguaje es variado, rico, flexible, detallista, preciso, matizador y que cuanto más lo conozcamos mejor nos expresaremos. De hecho, por eso es tan importante leer y conocer palabras. Porque solo podemos expresar lo que sentimos y pensamos por medio del lenguaje. Cuanto más pobre, más pobre será nuestra capacidad para delimitar ideas y comunicarlas. Cuanto más rico, más matices y más precisión y más conexión.

      Sin embargo, es cierto que, a pesar de ello, una barrera psicológica nos impide expresar lo que se nos pasa por la cabeza. Y entran en ello múltiples factores, empezando por algo que nos invita a hablar con determinadas personas y con otras no. Desde luego el tema de la incomunicación está en la base de toda la literatura del siglo XX, de los surrealistas que creían que el lenguaje no servía ya para expresar las cosas porque estaba demasiado gastado. Y nos vamos al teatro del absurdo donde las palabras en lugar de ser vehiculos de expresión de sentimientos e ideas, van en contra y se constituyen en un impedimento. Flaubert prefigura también todo esto. Es más mi visión de la novela va por ese camino. Considero que el tema principal de la obra es la incomunicación, la soledad del individuo por la incomunicación, para ser más precisos.

      Ah, y muy interesante lo de O'Brien. (¿Te refieres a su obra " A nadar dos pájaros" tal vez?

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    2. Es una recopilación de artículos del autor de la Editorial Nórdica que se llama "La gente corriente de Irlanda".

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  5. desde luego que uno de nuestras características es la incomunicación y de esto tiene mucho la novela, como comentas. Y Mariuca, estoy co0ntigo en que no es problema del lenguaje, sino de una barrera psicológica que tenemos casi todos en la cabeza que incomprensiblemente nos impide decir cosas, ya no complejas, sino tan sencillas, como "te quiero", por ejemplo. Hoy en día aún es más acusado, tenemos a nuestro alcance la mejor tecnología para decirlo todo y solo hablamos de superficilidades, de nimiedades. El ser humano es ser humano en la época que sea. Muy interesante el tema de hoy.

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  6. Un tema trascendente. Para mí, Emma y Charles no son muy diferentes a esas parejas que vemos sentadas uno frente al otro en un restaurante sin nada que decirse mientras sus cabezas dan vueltas a cientos y cientos de pensamientos y visiones. El pasaje que ha citado Ramon es muy revelador en este sentido. Estoy de acuerdo con Flaubert, el hombre está muy solo.

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    1. Contestando a Carmen y a Ángel:

      Choca que Flaubert, un auténtico esteta y obsesivo con la palabra justa y la perfección del arte de la novela sea precisamente él quien arroje la idea de que el lenguaje no sirve para comunicarnos. Me parece muy revelador en este sentido un texto del escritor inglés E. M. Forster, en el que contrapone personas reales a personajes y define la función del novelista.

      “La función del novelista –afirma E. M. Forster– es revelar la vida interior en su origen, puede que no opte por decirnos todo lo que sabe, muchos de los hechos, incluso los que llamaríamos evidentes, pueden ocultarse. Con frecuencia, no nos entendemos entre nosotros, no sabemos revelar nuestro interior, ni siquiera cuando lo deseamos; (…). El conocimiento perfecto es una ilusión (…). Pero en la novela podemos conocer a las personas perfectamente y, aparte del placer normal que proporciona la lectura, podemos encontrar una compensación al darnos cuenta de lo oscuras que son las personas. En la vida diaria (…) nos conocemos por aproximación, por signos externos y a veces este conocimiento es suficiente, pero los personajes de una novela, si el novelista lo desea, pueden ser comprendidos a cabalidad por el lector. Su vida interior puede revelarse tanto como su vida externa”.

      La iteratura -la novela, siendo más precisos- sería un espejo en el que podemos reconocernos y reconocer lo incomprensible que resulta el ser humano. De ahí la aparente, solo aparente, contrariedad de Flaubert. Por eso prefería el mundo de ficción al real.

      Y por eso es más un escritor del siglo XXI que del XIX.

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  7. Barbusse, este blog es como el vino, mejora con el paso del tiempo, la verdad es que cada entrada nueva es una caja de sorpresas. Esta de ahora, nos trae un tema muy interesante, como dice Carmen martín, el del lenguaje y la comunicación
    La noción más elemental de comunicación es aquella en que se la define como transmisión de ideas o pensamientos y es el lenguaje el vehículo que nos sirve para transmitir esas ideas a los demás, fundamentalmente el lenguaje articulado. Esta definición, sin embargo y de acuerdo con el profesor Quintana, es totalmente falsa. La comunicación concebida de esta manera no existe. La comunicación entendida como transmisión de ideas y sentimientos es radicalmente utópica e irrealizable. A este respecto el hombre es un animal solitario, no podemos comunicar nuestras ideas a los demás porque cada idea es una cualidad propia, personal e intrasferible, y es con esta idea con la que está de acuerdo Flaubert, en el sentido de la imposibilidad de comunicar ideas, sus personajes son solitarios, Flaubert es solitario.
    un saludo

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    1. Gracias, Francisco, se agradece la comparación enológica. Y eso que comentas, lo de que somos islas sin barcas, en todo caso con alguna que otra palmera, es algo que también sabía bien mi alter ego Barbusse, tal como radiografía sobrecogedoramente en su obra "El infierno".

      Y tantos otros grandes, Lispector, y Joyce, y Pessoa y Buzzati...

      Pero claro, si finalmente es así la cosa..., estamos negando la capacidad de la literatura, por ejemplo, para recoger y compartir experiencias, ideas, sentimientos. ¿Por qué habría de funcionar la comunicación en la literatura y no en la realidad?

      Un saludo.

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  8. Coincido plenamente con Barbusse y los demás en la perfección y belleza del capítulo XI. Acabo de leerlo y venía directo a expresarlo aquí, cuando pude comprobar que no era yo el único. Es normal, porque lo bueno, en literatura y en lo demás suele hacerse notar. La historia de Hippolyte (qué ironía, llamar así a alguien con pie equino; muy de Flaubert) da pie a que se "retraten" definitivamente todos los personajes y supone un episodio clave para la evolución posterior de Emma. Hay un antes y un después. Es como si, al mitad de la novela, la señora Bovary hiciese un paréntesis, un amago de adaptarse a una vida de casada más "comme il faut" y, desengañada por el resultado decidiese ir ya directamente a por todas. Interesantes las apreciaciones que habéis hecho sobre el personaje de Homais. Aprecio algo que hasta ahora no tenía tan claro, y es la ridiculización que hace Flaubert de los comportamientos que buscan sólo el lucimiento externo, el "qué dirán", para bien o para mal. Se me ocurre, por otro lado que este capítulo podría titularse (parafraseando a John Kennedy Toole) "La conjura de los necios", pues eso es el afán de todos por fastidiar al pobre Hippolyte por intereses totalmente egoistas de cada cual.
    Un saludo a todos.

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    1. Totalmente de acuerdo contigo, Antonio, cada uno aporta su cuota de egoismo para dejar cojo al pobre Hippolyte, victima inocente de todos estos necios.

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    2. Es tan digno de compasión el pobre Hippolyte que hasta Emma decide que hay que regalarle una pierna de madera.

      Terrible.

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  9. Otro pasaje magistral es ese en el que Emma se encuentra en la buhardilla y acaba de leer la carta de Rodolphe en la que la rechaza, y donde le asalta por primera vez la idea del suicidio...

    "Emma, apoyada en el vano de la buhardilla, releía la carta con risas de cólera. Pero cuanta mayor atención ponía en ello, más se confundían sus ideas. Le volvía a ver, le escuchaba, le estrechada con los dos brazos; y los latidos del corazón, que la golpeaban bajo el pecho como grandes golpes de ariete, se aceleraban sin parar, a intervalos desiguales. Miraba a su alrededor con el deseo de que se abriese la tierra. ¿Por qué no acabar de una vez? ¿Quién se lo impedía? Era libre. Y se adelantó, miró al pavimento diciéndose:
    -¡Vamos!, ¡vamos!

    El rayo de luz que subía directamente arrastraba hacia el abismo el peso de su cuerpo. Le parecía que el suelo de la plaza, oscilante, se elevaba a lo largo de las paredes, y que el techo de la buhardilla se inclinaba por loa punta, a la manera de un barco que cabecea. Ella se mantenía justo a la orilla, casi colgada, rodeada de un gran espacio. El azul del cielo la invadía, el aire circulaba en su cabeza hueca, sólo le faltaba ceder, dejarse llevar, y el ronquido del torno no cesaba, como una voz furiosa que la llamaba.

    -¡Emma, Emma! - gritó Charles.

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    1. Y esto, Ramón, tira por tierra todas las interpretaciones que dicen que Emma se suicida finalmente por las deudas. Nó es así, ya rondaba la idea del suicidio por su cabeza. Retomo de nuevo lo que dijimos de la toma de conciencia de su absurdidad vital, que ya comentamos en los capítulos del bloque anterior.

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