lunes, 27 de mayo de 2013

La suerte está echada

Un parque de Londres a principios del siglo XX

Evaluadas y cuantificadas las respuestas a las preguntas del sorteo de tres ejemplares (cortesía de la Editorial Impedimenta) de la novela Enterrado en vida, de Arnold Bennett, doy a conocer a continuación los nombres (y números) de los participantes que tan aplicada y satisfactoriamente han superado todas las pruebas planteadas sobre el Londres de principios del siglo XX. El sorteo se celebrará esta tarde a las 18:00 h., con la herramienta Sortea2. El resultado del mismo, con los ganadores, se dará a conocer en este enlace (clic).

Ahí va la lista:

María López Villarquide: 1, 38, 45
Ramón J.: 2, 39, 46
Mónica Gutiérrez: 3, 40, 47
Lu: 4, 37, 48
Inés Díaz: 5, 36, 49
Lola Roiz: 6, 35, 50
Antonio Luis: 7, 34, 51
Julián Bluff: 8, 33, 52
Marí Carmen Legaz: 9, 21, 53
Óscar Vega: 10, 22, 54
Helena Villarquide: 11, 23, 41
Alberto Chaves: 12, 24, 42
Tizire: 13, 25, 43
Fernando Ponce: 14, 26, 44
Ángel Cuevas: 15, 27, 55
Nacho Ferrer: 16, 28, 56
Pilar Illa: 17, 29, 60
Esteban Nogalés: 18, 30, 58
Pedro G.: 19, 31, 59
Cristina Chaves: 20, 32,57

¡Muchas gracias por participar y mucha suerte en el sorteo!

¡Ya hay ganadores! (ver aquí). ¡Enhorabuena!

viernes, 24 de mayo de 2013

Sorteo Enterrado en vida (y 4)

La National Gallery, con St. Martin in the Fields al fondo, Londres, ca. 1900

«La modernidad del vehículo, y la indumentaria y la lozanía del señor Oxford contrastaban con el aspecto de Priam, que parecía en comparación bastante andrajoso. En realidad, estaba entonces bastante andrajoso. El descuido en el vestir se había ido apoderando de él poco a poco en Putney. En otros tiempos había sido un dandy pero eso fue cuando tenia al sinvergüenza de Leek a su servicio Y conforme el coche avanzaba, sin despedir pestilencias gaseosas y sin hacer ruido alguno, por las concurridas avenidas de Londres hacia el centro de la ciudad, ya a toda velocidad cual centella, ya deteniéndose con suave prontitud, ya adelantando en veloz parábola a un vehículo pesado, Priam iba sintiéndose cada vez más y más incómodo. En Putney se había asilvestrado. En los dos últimos años no había salido de Putney –salvo en muy contadas ocasiones, para ir a buscar inspiración en la National Gallery–, y siempre iba en tren y en metro (porque el metro siempre le recordaba momentos maravillosamente románticos), y siempre salía de las profundidades de la tierra en la esquina de Trafalgar Square, Con un extraño entusiasmo emocional. Así que hacía mucho tiempo que no había visto las principales calles de Londres. Había olvidado la riqueza y el lujo de Londres, y las tiendas de cigarrillos orientales, cuyos propietarios tenían nombres terminados en –opoulos, y la altivez de las clases altas y la soberbia, aún más envarada, de sus lacayos. Había dejado a Alice en Putney. Y un demonio misterioso se apoderaba de él, le clavaba sus garras y pugnaba por arrastrarle de nuevo hacia la sencillez de Putney; aquel demonio luchaba ferozmente con él, y consiguió acobardarlo y amilanarlo ante el brillante espectáculo del centro de Londres, y a punto estuvo de sacarlo del coche a la fuerza y obligarlo a volver corriendo a Putney tan rápidamente como pudieran sus piernas. Era el demonio que llamamos "costumbre". Priam hubiera dado su mejor cuadro por estar en Putney, en lugar de pasar a toda velocidad por la esquina de Hyde Park en compañía del señor Oxford, a pesar de su amigable, respetuosa e inteligente conversación.»

(Enterrado en vida. Arnold Bennett. 1908)
 
Una carnicería en el barrio de Putney, Londres, ca. 1908


PREGUNTA 4:

Priam busca refugio en el tranquilo barrio de Putney, al suroeste de Londres. Allí se instala y vive cómodamente, alejado del bullicioso centro londinense y de los ajetreos que conlleva la actividad de un artista de renombre. Este barrio, con sus pequeños negocios y su discreta pero interesante vida social, proporciona a Priam la estabilidad y la felicidad que deseaba. Ahora solo siente necesidad de ir a Londres para meterse en la National Gallery y contemplar las obras de los auténticos maestros de la pintura. Fundada en 1824 y situada en la cara norte de Trafagar Square, esta pinacoteca destaca por exhibir pinturas de toda la historia del arte occidental desde el Renacimiento hasta el Postimpresionismo. Acompaña ahora a nuestro protagonista a dar un paseo por la National Gallery y cita tres cuadros importantes de maestros ingleses que estén expuestos en dicho museo en la actualidad. (Junto con los datos de cada cuadro, incluye una imagen del mismo.)  

Recuerda que el sorteo se realizará el día 27 de mayo de 2013.
¡Suerte!  

martes, 21 de mayo de 2013

Sorteo Enterrado en vida 3

Abadía de Westminster, Londres. The Descriptive Album of London, George A. Birch, ca.1896


«Uno de los jóvenes echó a correr a toda prisa escaleras abajo. Afortunadamente, el órgano y los coristas se habían conjurado ya para ahogar los sollozos de Priam. Al poco, un poderoso brazo escondido bajo una negra sotana cayó sobre el hombro de Priam. Este intentó zafarse con ademanes histéricos, pero no pudo. La sotana y los dos jóvenes lo arrastraron escaleras abajo. Descendieron todos juntos a trompicones, tropezando y dando traspiés. Abrieron luego una puerta y Priam se vio al aire libre, en los claustros, sin sombrero y jadeando sin resuello. Sus vigilantes también resoplaban entre jadeos. Lo miraban con gestos amenazadores y triunfales, como si hubieran hecho algo excepcional –y, en realidad, algo habían hecho–, y como si tuvieran la intención de hacer algo más, pero aun no hubieran decidido qué.
–¿Donde esta su invitación? –preguntó el hombre de la sotana.
Priam la buscó en los bolsillos y no pudo encontrarla 
–Debo de haberla perdido –dijo con voz débil.
–¡Bueno, da igual! ¿Como se llama usted?
–Priam Farll –dijo Priam Farll sin pensar.
–¡Está loco perdido, evidentemente! –murmuró  uno de los jóvenes con un gesto de desprecio–. Vamos arriba, Stan; no vayamos a perdernos el salmo por este idiota.
Y los dos estaban a punto de marcharse cuando apareció un policía joven, poniéndose el casco al salir del templo.
–¿Qué es todo este lío? –preguntó con la seguridad y la confianza de alguien que actúa con el respaldo de todos los poderes del Imperio.
–Este individuo, que ha estado molestando y armando escándalo junto al órgano, y ahora dice que se llama Priam Farll –explicó el de la sotana.
–¡Oh! –exclamó el policía–. ¡Vaya...! ¿Y cómo consiguió llegar hasta allí?
–No tengo ni idea –contestó el de la sotana–. No tiene invitación.
–Entonces, ¡fuera! –dijo el policía, cogiendo a Priam bruscamente por el brazo.
–Le agradecería que me dejara en paz –exclamó Priam, rebelándose con todo el orgullo de su carácter contra la fuerza de la ley.
–¿Ah, sí? ¿De verdad? ¿De verdad? –dijo el policía–. ¡Ya lo veremos! ¡Vamos a verlo ahora mismo!
Y el policía arrastró a Priam a lo largo del claustro mientras a lo lejos se percibían los ecos del ‘Destruiría a la muerte para siempre...’.»
(Enterrado en vida. Arnold Bennett. 1908)

Un 'Bobby' o policía de Scotland Yard, ca. 1908

PREGUNTA 3:

Priam Farll asiste a su propio funeral en la abadía de Westminster, después de que los principales periódicos de Inglaterra, haciéndose eco de la sociedad londinense, debatieran intensamente sobre la idoneidad de enterrar o no al gran artista en la iglesia más antigua de Londres. A pesar de los obstáculos que le ponen las autoridades eclesiásticas y los agentes de Scotland Yard, Priam logra zafarse de ellos y va a ser testigo de los honores que rinden a su memoria en la imponente catedral, lugar donde reposan los restos de las más ilustres personalidades del Reino Unido. En el llamado Poet's corner están enterrados algunos de los principales literatos ingleses, científicos, exploradores, políticos, militares, pintores, músicos e incluso actores de renombre internacional. Ahora te toca a ti decir cuáles de los siguientes siete insignes ciudadanos británicos están enterrados en la abadía de Westminster y van a servir de compañía a nuestro querido Priam en su morada final: Lord Byron, Charles Dickens, Isaac Newton, Oscar Wilde, William Shakespeare, Charles Darwin y Jane Austen.

Las bases del sorteo, aquí

¡Suerte!  

viernes, 17 de mayo de 2013

Sorteo Enterrado en vida 2

Estación de metro de Piccadilly Circus, Londres, ca. 1908. Tarjeta postal

«Siguiendo las indicaciones de Alice, compró billetes para otra estación cuyo nombre oía también por primera vez, y en seguida pasaron por unas aspas giratorias de metal que había a la entrada y que tintinearon tras ellos, dejándolos en una especie de gran cofre cuya única salida era un largo y oscuro túnel. Unas manos pintadas en los muros, apuntando a la misteriosa palabra 'Vagones', señalaban la dirección que debía tomarse a lo largo del túnel. Se oyó una voz que, surgiendo de la espectral penumbra, gritaba: 'jSuban, por favor...!'. La señora Challice echó a correr. Priam la siguió. Mientras avanzaban por el túnel en forma de cofre soplaba un viento constante, de una fuerza tremenda. En cuanto Priam comenzó a correr en pos de Alice, aquel formidable huracán le arrancó el sombrero, que salió volando en dirección a la calle de nuevo. El artista corrió tras él como si fuera un joven de veinte años y consiguió recuperarlo. Cuando volvió hacia el interior del túnel, sus asombrados ojos no vieron más que una gran jaula donde un gran número de seres humanos iban apiñados tras unos barrotes de hierro. Sonó un chasquido metálico, y la gran jaula, con todas aquellas gentes dentro, se perdió de vista en las profundidades de la Tierra.
Le pareció que todo aquello superaba todo lo que había imaginado que pudiera existir en la ciudad de los milagros. Al cabo de un par de minutos, otra gran jaula surgió de las profundidades y apareció en el túnel por un punto distinto de aquel en que la primera se había hundido, vomitó a sus cautivos, y descendió rápidamente con Priam y otros muchos, lanzándolos allí abajo, a una mina de paredes blanca con incontables galerías. Priam corrió durante bastante rato aquellas interminables galerías, bajo el suelo de Londres, siguiendo la indicación de las manos pintadas en los muros, y de vez en cuando trenes mágicos, sin máquinas, pasaban, como visiones fantásticas, por delante de sus asombrados ojos.»
 (Enterrado en vida. Arnold Bennet. 1908)

Cartel publicitario del metro de Londres de 1908

PREGUNTA 2: 

El metro de Londres, que data de 1863, es el más antiguo del mundo. Resulta chocante imaginar a damas y caballeros ataviados a la moda más puramente victoriana (o eduardiana, ya en la época de esta novela) pululando por corredores y escaleras subterrános, y entrando y saliendo de esas "jaulas con barrotes de hierro", como diría nuestro protagonista. La imagen del metro la solemos asociar a épocas más recientes, aunque bien es cierto que ya, por ejemplo, Charles Dickens, pudo haber viajado en este medio de transporte. En cuanto a nuestro querido Priam, como vemos, su experiencia con el metro no es muy satisfactoria. Bajo el suelo de Londres no solo pierde a Alice, sino también su sentido de la orientación, que lo lleva a vagar por aquellas interminables y ventosas galerías en busca de una salida al mundo exterior. Ponte de nuevo en la piel de Priam y ayúdale a salir de ese laberinto. Indícale el trayecto que ha de seguir para ir en metro desde Piccadilly Circus (que es donde se ha perdido) hasta South Kensington (que es donde quiere ir). Detállale la línea o líneas que ha de tomar, si ha de hacer transbordo o no, y el nombre de las estaciones por las que pasará en su trayecto. Para ello, lógicamente, deberás consultar un mapa del metro de Londres del año 1908. 

Las bases del sorteo, aquí

¡Suerte!  

miércoles, 15 de mayo de 2013

Una lista de obras con muy buen humor

El absurdo, una forma de humor
Aprovechando que estamos estos días metidos de lleno en la divertida novela Enterrado en vida, de Bennett, mi buen amigo A. me inquiere (vehementemente, como en él es habitual) una lista con recomendaciones de libros que sean para reír (o, al menos, sonreír). Hace poco —se acordarán los asiduos de este blog, y si no, pueden hacer memoria aquí— le confeccionaba a mi amigo A. una lista de obras de misterio y terror. Ahora es el turno de otro tipo de literatura (espero que a A. no le dé por pedirme una lista para cada género): la llamada literatura cómica, de humor, satírica, paródica...

Ya saben que esto del humor es muy del gusto personal —y a menudo intransferible— de cada homínido. En realidad, hay tantos tipos diferentes donde elegir como caracteres: humor inglés, humor francés, humor blanco, humor negro, humor compasivo, humor ácido, humor surrealista, humor inteligente (éste último es una redundancia, porque el humor, si es buen humor, es siempre inteligente). Yo, que soy alérgico a las etiquetas simplificadoras,  no me meteré en categorías y calificaciones, solo en recomendaciones, porque lo que en realidad importa es que en ninguna de estas, ya más que consolidadas, veinte novelas  que recomiendo hay mal humor (que es el peor de los humores) y sí mucha simpatia y mucha terapia y mucho reirse de nosotros mismos desde nosotros mismos. Habría que levantarse cada mañana y hacer el ejercicio de partirse de risa al mirarnos al espejo del cuarto de baño, es la mejor manera de mantenerse joven, al menos mentalmente. Porque el humor es la vía más directa, más eficaz de decirnos la verdad, de no engañarnos, de reconocer lo intranscendentes que somos ("El cementerio está lleno de gente imprescindible", decía Clemenceau), de no perder el contacto con la tierra .

Bueno, querido A., ahí los llevas. Aplícate —aplíquense— el lema de Chaplin: "Dia que no te has reído, dia que has perdido". Quizá alguno de estos libros (o todos) contribuyan a lograrlo. 

Cándido (Voltaire)
El inimitable Jeeves (P.G. Wodehouse)
Caída y auge de Reginald Perrin (David Nobbs)
Dialógos de los dioses (Luciano de Samósata)
La conjura de los necios (John Kennedy Toole)
Los viajes de Gulliver (J. Swift)
Los papeles póstumos del Club Pickwick (Dickens)
Las novelas de Torquemada (Benito Pérez Galdós)
Tristram Shandy (Laurence Sterne)
Wilt (Tom Sharpe)
Amor y pedagogía (Miguel de Unamuno)
Don Quijote de la Mancha (Cervantes)
Amor se escribe sin hache (E. Jardiel Poncela)
Gargantúa y Pantagruel (Rabelais)
Las aventuras del valeroso soldado Schwejk (Jaroslav Hasek)
La tesis de Nancy (Ramón J. Sender)
El mal de Portnoy (Philip Roth)
Sin noticias de Gurb (Eduardo Mendoza)
Mi familia y otros animales (Gerald Durrell)
Enterrado en vida (Arnold Bennett)

Mi amigo A. les agradecerá también otras aportaciones (razonadas) no incluidas aquí, que podrán ser muchas, no lo dudo, pero el trato cerrado con él era de veinte títulos.  

martes, 14 de mayo de 2013

Sorteo Enterrado en vida 1

Picadilly Circus, Londres. The Descriptive Album of London, George A. Birch, ca.1896

«De repente se vio ante una gran fachada con grandes arcos en la que había un gran letrero que rezaba: 'TÉ'. En el interior distinguió, en efecto, a centenares de personas tomando té. Al lado había otra arcada, también con un gran letrero con la palabra 'TÉ', y en cuyo interior vio a otros centenares de individuos sorbiendo té; y más adelante había otro establecimiento idéntico, y luego otro y otro. Y entonces, de repente, llegó a una plaza circular muy amplia que le resultaba vagamente familiar.
–¡Por Júpiter!–exclamó–. ¡Pero si es Piccadilly Circus!
Y justo en aquel mismo momento, encima de una puerta estrecha, vio la imagen de un gran árbol y las siguientes palabras: 'The Elm Tree'. Era, pues, la entrada de los salones de té The Elm Tree Rooms, de los cuales se hablaba tan encomiásticamente en el Daily Telegraph. En cierto sentido, Priam Farll era hombre de ideas humanitarias y progresistas, y la idea de aquellas damas, de fina educación, que luchaban valerosamente contra el mundo para procurarse medios decorosos de vivir, en vez de dejarse morir de hambre, como hacían en tiempos pasados, excitó su espíritu caballeresco. Decidió ayudarlas tomando té en su reputado salón. Reuniendo todo el coraje del que era capaz, se adentró en un pasillo alumbrado con luces eléctricas de rosados tonos, y luego subió unas escaleras también rosadas. Al final, una puerta de color rosa le detuvo. Aquella puerta podia haber ocultado muchas cosas misteriosas y peligrosas; pero una inscripción en ella decía lacónicamente: '¡Empujar!', así que hizo caso y empujó con valentía. Se encontró entonces en una especie de boudoir repleto de sillas y mesitas. La brusca transición de la calle bulliciosa y tumultuosa a aquel saloncito produjo en él cierto asombro que le obligó a quitarse el sombrero instantáneamente, como si estuviera al rojo vivo. Salvo por las dos damas altas y elegantes que estaban juntas al otro lado del salón, las sillas y las mesas eran las únicas que ocupaban la estancia. Priam estuvo a punto de farfullar alguna excusa y huir de allí, cuando una de las damas le dirigió una mirada, así que se sentó. Las damas reanudaron su conversación. Él miró cautelosamente a su alrededor. Olmos firmemente arraigados en el borde de una esterilla india crecían por todas las paredes en exótica profusión, y las ramas más altas de sus copas se extendían por el techo. Un cartel, en el tronco de uno de los árboles, advertía con sequedad: 'No se admiten perros'. Aquello pareció infundirle ánimos.»
(Enterrado en vida. Arnold Bennet. 1908)

Salón de té, The Coliseum, Londres, ca. 1908. Tarjeta postal

PREGUNTA 1:

El protagonista de Enterrado en vida, Priam Farll, tras haber pasado mucho tiempo fuera de Londres, pasea por Piccadilly Circus y se asombra de la cantidad de negocios, especialmente salones de té, que abarrotan la, ya por entonces, famosa y concurrida plaza. Construida en 1819, para conectar Regent Street con Picadilly, la principal calle de compras, esta plaza se convirtió desde muy pronto en uno de los centros neurálgicos de la vida social y comercial de Londres. Intenta ahora ponerte en la piel de Priam, y cita tres lugares de interés (edificios, monumentos, etc.) situados en Piccadilly Circus que nuestro protagonista pudo haber visto durante su paseo (recuerda que la novela se sitúa en 1908). 

Bases del sorteo, aquí.

¡Suerte!

domingo, 12 de mayo de 2013

Tres flamantes ejemplares

Ayer llegaron al Infierno, procedentes del centro neurálgico de Impedimenta, estos tres flamantes ejemplares de Enterrado en vida, que aún desprenden un olor extasiante a tinta recién impresa. Vinieron acompañados de unos marcapáginas a juego y aguardan -pacientes y a buen recaudo- la calidez, la complicidad y el sentido del humor de lectores que estén a su altura ética y estética. Es el caso de los asiduos visitantes de este blog, que, como ya saben -o deberían, y si no lo saben, ahora ya lo saben-, a partir de este próximo martes 14 podrán participar en un ameno sorteo para poder llevarse uno a casa y situarlo en un sitio preferente de su biblioteca y de su memoria. Merece (mucho) la pena. Yo que ustedes...

jueves, 9 de mayo de 2013

Sorteo Enterrado en vida

Como ya avancé aquí hace unos días, el Infierno de Barbusse se complace en sortear 3 ejemplares (cortesía de Impedimenta Editorial) de la deliciosa novela Enterrado en vida, de Arnold Bennett.

Esta edición (clic aquí) cuenta con la excelente traducción de Vicente Vera, un estudio de José C. Vales sobre Bennett y su contexto literario, y un prólogo a cargo del autor de este blog. 

El sorteo se realizará el día 27 de mayo de 2013 y para participar se deben contestar cuatro sencillas preguntas que versarán sobre el Londres en que se ambienta la novela, y que serán formuladas en el blog los días 14, 17, 21 y 24 de mayo. Podrá participar en este sorteo cualquier persona con residencia en España. Los interesados deberán enviar sus respuestas a la dirección de correo electrónico elinfiernodebarbusse@gmail.com

Las respuestas se pueden enviar en varios mails, conforme se vayan formulando las preguntas, o bien en uno solo, al final, pero en cualquier caso, deben llegar al correo antes del día 26 de mayo a las 23:59 h.

Por cada participante que haya satisfecho las respuestas correctas, se adjudicará un número, que será con el que participe en el sorteo. A los miembros o seguidores inscritos en el blog, se les bonificará con dos números adicionales más, con lo que participarán en el sorteo con un total de tres números (los interesados en hacerse seguidores, pueden hacerlo aquí, en la barra de la derecha, donde pone 'Participar en este sitio'). 

El sorteo se efectuará con la herramienta Sortea2.

martes, 7 de mayo de 2013

Ya es primavera y con corte inglés


La señorita Buncle está de vuelta. Y esta vez como señora. Esta segunda entrega de sus aventuras se perfila como el mejor complemento de lectura del Enterrado en vida, de Bennett, de cara a este equinoccio de primavera. 

(Que me disculpe la Stevenson por el título de esta entrada, que ella era escocesa, pero es que si no, no me salía el -en verdad patético- remedo publicitario. Ustedes, por su parte, me perdonarán, que es gerundio.)

Clic aquí, para más información.

viernes, 3 de mayo de 2013

Priam resucitado

Para buenaventura de los lectores que buscaban hace tiempo esta obra entre los volúmenes de celulosa compacta y amarillenta que pueblan las librerías de lance –búsqueda errabunda e infructuosa, en la mayoría de los casos–, la editorial Impedimenta desentierra el Enterrado en vida de Arnold Bennett. Es el libro de esta primavera. No solo de esta primavera –qué digo–, de muchas más, pues su recuerdo, una vez leído, es indeleble. ¿Que no me creen? ¿Que lo dudan? Vale. Pero no duden de que yo dude, porque yo no dudo, yo afirmo, sentencio, proclamo. Desde que leí en la ya clásica colección de la Biblioteca Personal Borges esta deliciosa novela, su antihéroe, el entrañable Priam Farll, entró a formar parte, directa e inamoviblemente, de mi particular galería de personajes literarios de ficción. Y entrar en ese selecto club no es –ya se lo aclaro– fácil ni rápido. Requiere reunir unas condiciones, comportamientos y desventuras que solo unos pocos caracteres atesoran y despliegan. Requiere unas duras oposiciones por parte de los aspirantes. Así que, les repito, no duden de que yo dude. Tampoco dudarán ustedes cuando conozcan al pobre Priam. Tiempo al tiempo.

En España, la presencia en librerías de este gran autor que es Bennett se ha limitado a la que se considera su obra maestra, Cuento de viejas (Editorial RBA, 2011), en su línea narrativa mas seria. Ahora viene a sumarse a la oferta este clásico de la novela cómica inglesa –Bennett cultivó este género con varios títulos inolvidables–, impagable por lo que de satisfacción y bienestar nos reporta a nuestro sistema nervioso central. En esta flamante edición, Impedimenta rescata, con feliz criterio, la traducción de Vicente Vera (aparecida ya en la edición de Calpe, de 1921), que ha sido revisada y actualizada por José C. Vales (colaborador habitual de la editorial de Enrique Redel), y que transmite de modo admirable el tono humorístico –a veces un tanto surrealista– y grácilmente irónico de la novela. El mismo Vales escribe también un estudio sobre el autor, su producción y su contexto literario. Pero lo más importante de esta edición, y lo que supone una verdadera apuesta por su consistencia bibliófila, es que incluye –aunque esto no se refleje en la cubierta, sí en la portada interior (tendrán ustedes que abrir el volumen si quieren comprobarlo)– un airoso prólogo –a mi juicio– titulado «Priam Farll y el antídoto perfecto para la timidez», a cargo del señor Barbusse (aunque firmado, eso sí, con su seudónimo urbano). Digresiones aparte, lo que les puedo decir con absoluta seriedad es que quien se haga con esta edición, tendrá una verdadera joya, pues los ingredientes con los que se ha arropado –y los cocineros que han cocinado– tanto contenido como continente de la obra son de la mejor calidad y buen gusto.

La semana que viene este Enterrado en vida resucitará en sus librerías próximas y/o amigas. Y para esas fechas, y para darle a Bennett el acogimiento que se merece, podrán ustedes participar –si lo desean– en un sorteo de ejemplares (está por ver cuántos, ¿2, 3?) de esta divertida obra de Bennett. Permanezcan, pues, atentos al Infierno. No se me despisten.