martes, 4 de febrero de 2014

El conocimiento de los árboles


«Diferenciar el hombre de palabras del de obras. Es única precisión, assí como la del amigo, de la persona, o del empleo, que son mui diferentes. Malo es, no teniendo palabra buena, no tener obra mala; peor, no teniendo palabra mala, no tener obra buena. Ya no se come de palabras, que son viento, ni se vive de cortesías, que es un cortés engaño. Caçar las aves con luz es el verdadero encandilar. Los desvanecidos se pagan del viento; las palabras han de ser prendas de las obras, y assí han de tener el valor. Los árboles que no dan fruto, sino ojas, no suelen tener coraçón. Conviene conocerlos, unos para provecho, otros para sombra.»
Oráculo manual y arte de prudencia. Baltasar Gracián. Huesca, 1647

Imagen: Le banquet. René  Magritte, 1957

8 comentarios:

  1. Hola a todos!

    Lo que sucede, amigo Jesús, es que, por estas tierras, siendo el nuestro un pueblo eminentemente emocional, se valora la sombra demasiado, como ya se desprende del propio Gracían que hasta le presta alguna utilidad a las apariencias, y no cabiendo a muchos encontrar resquicio ya bajo las acacias, penan al sol, sin sombra y sin tampoco fruta que llevarse al buche.

    Porque al fin y a la postre, para la persona cabal, la palabra sólo ha de ser al cien por cien creíble cuando perfila fantasías. De aquí que... en este blog... nos encanten las novelas.

    Abrazos.

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    1. Cierto es, julian. El problema es que las hojas se han vuelto amarillas. Y ya ni siquiera las hay verde clorofila. Buena reflexión. Un saludo.

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  2. Has dado con uno de los libros que más me han hecho compañía a lo largo de mi vida. Lo tengo como libro de cabecera desde hace mucho mucho. Excelente y provechoso. Un saludo.

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    1. Y además de plena actualidad en pleno siglo XXI. Sobre su provecho hay un gran ejemplo en Schopenhauer, que admiraba tanto este libro que llegó a traducir su bella y difícil prosa al alemán.

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  3. Magnifico libro el aportado hoy. Muchos años hace que lo tengo en mi librería y es consultado con cierta asiduidad. De los trescientos aforismos que recoge, a mi personalmente me gustaría aportar al blog el número 86 que se titula Prevenir los rumores: "La muchedumbre tiene muchas cabezas, y por eso muchos ojos para la malicia y muchas lenguas para el descrédito. A veces corre por ella un rumor que afea la mejor reputación y si se convierte en una extendida burla acabarà con el renombre. Con frecuencia nace por algún error notorio, por ridiculos defectos que son materia adecuada a las murmuraciones. Hay también descreditos malintencionados provocados por la envidia propia de la malicia común y arruinan más rápido una buena reputación con un chiste que con una desverguenza. Es muy fácil alcanzar mala fama, porque lo malo es muy creíble y cuesta mucho borrarlo. El hombre prudente debe evitar estos descréditos oponiendo sus dotes de obsevación a la insolencia vulgar. Es más fácil prevenir que remediar".
    Maravilloso.
    Un saludo.

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    1. Antonio Luis, veo que lo tienes siempre entre dedos, y no es sorprendente porque los aforismos que incluye son de plena aplicación práctica y efectiva para el hombre contemporáneo.El que aportas, por ejemplo, está a la orden del día. Básicamente porque el ser humano no ha cambiado en siglos.

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  4. En una misma dinámica, aunque tres siglos más moderno, me permito la licencia de recomendarte "El cazador de instantes", de Rafael Argullol, cuyos aforismos tampoco tienen desperdicio. Yo me anoto a Baltasar Gracián.

    Saludos.

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    1. Consultaré la obra que me indicas. La desconozco y me has despertado el interés. Te cambio un gracián por un argullol.

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