lunes, 10 de febrero de 2014

Hoy no existe París


Hoy no existe París, porque estoy solo.
Hoy no es verdad toda esta luz, cernida
por los verdes castaños
del boulevard; no es cierta
esta gris claridad que lentamente
gotea, ni el mojado
paragüas que camina apresurado,
ni la mujer lejana, inexistente,
que me roza, dejándome
un poco de humedad cerca del hombro.

Hoy no existe París porque no tengo
a quien decirle: "Estas son las piedras
de Saint Germain des Prés"; o sólo:
"rue Bonaparte"; o, acaso:
"aquélla es la Cité": "éste es el Sena".
Y no tengo un portal, una escalera
donde esperar a alguien; y no puedo
impacientarme porque tarde alguien;
y quisiera poder decir a alguien:
"¿por qué tardaste" o "¿qué hacemos ahora?".

Algo, una brizna de belleza, un tallo,
un pezón, una yema
que tímida se asoma entre el vaho infinito,
un poco nada más de luz, es mucho
para tan sólo un hombre en una calle.
Porque es extenso el reino inalcanzable
y, cuando alguna vez, se acerca y rasga
su veladura, convergiendo, como
los rayos a través de un prisma, en sólo
un pedazo de piel humana, es tanto
que convierte en pavesas
todo un presente, un cuerpo, un desamparo.

Sobre los techos de París, ondea
mi corazón como un deshilachado
estandarte. Columnas
de ruido ascienden de las plazas. Bullen
miradas, pechos, íntimos encajes
detrás de las persianas, por las altas
buhardillas. Y estoy fuera.
Y estoy perdido y fuera y anochece.
Borbotea la vida como en una
redoma inmensa, y yo la miro, inmóvil,
abrazado al cristal, externo, y nada
me da su calor.
Por las aceras
nadie saca una mano del brillante
impermeable, nadie
asoma una palabra a la que pueda
asirme para andar. Y el gris se adensa.
Y los anuncios que se encienden hacen
más palpable la irrealidad, más cerca.

Hoy no existe París porque estoy solo.
Porque la gente gesticula dentro
de las lunas de los cafés, en medio
de la prisa del metro, y yo no tengo
una voz cerca que me diga algo
como "sigue lloviendo", o "¿qué día es hoy?";
una voz que pueda
templar un poco esta frialdad cortante.
Tanta belleza es nada
y qué más da, si se anda así, pegado
a las paredes, solo, recogiendo
murmullos por los parques, vida ajena,
aliento ajeno que se va y no alcanza
a empañar nuestros mínimos cristales.
Hoy no existe París. Rafael Guillén

Imagen: París nevado. Lee Miller, 1945

7 comentarios:

  1. Lo he leído y releído. Sencillamente maravilloso. Un abrazo.

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  2. No entiendo de poesía, pero me encanta.

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  3. Maravilloso !. Para degustar y paladear una y otra vez...sin prisas..

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  4. No me tira mucho la poesía pero reconozco que no se puede describir mejor ni más emotivamente la soledad y la nostalgia. Enhorabuena una vez más. Saludos.

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  5. hola!
    No estoy acostumbrada a leer poesía pero me gusta.
    Un saludo!

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