martes, 24 de noviembre de 2015

Lectura guiada de La novela de don Sandalio

Los jugadores de ajedrez, por Isaac Israëls, ca. 1922

La novela de don Sandalio, jugador de ajedrez (1933) cuenta, a través de una serie de cartas escritas por un narrador anónimo, la relación que este mantiene con un tal don Sandalio, un hombre a quien conoce en el casino del pueblo costero donde ha ido huyendo de la "tontería humana". Con don Sandalio mata el tiempo jugando al ajedrez y, más allá de intercambiar los saludos antes de sentarse frente al tablero, apenas si se dicen nada. 

Pasados los días, el narrador va descubriendo inquietantes informaciones, siempre incompletas y muy sesgadas, sobre su compañero de juego. Lo primero que descubre es que don Sandalio ha perdido a un hijo, después que está en la cárcel y, por último, que ha muerto. Finalmente conoce al yerno del misterioso personaje, quien le asegura que el padre de su mujer sentía por él un tierno afecto y que valoraba en gran medida sus consejos. Tales palabras dejan desconcertado al narrador. No sólo le sorprende que don Sandalio, con quien tan poco había hablado, lo apreciase tanto, es que no recuerda haberle aconsejado nunca nada. Sin embargo, parece que por fin podrá saber quién era su rival sobre el tablero, qué motivos lo llevaron a prisión y de qué murió allí, pero en ese momento, para sorpresa del lector, se niega a saber. El narrador hace tiempo que ha comprendido que no echa de menos a don Sandalio, sino a “mi don Sandalio”, a la imagen que había construido en su cabeza sobre el hombre real.

Novela sobre la identidad, la soledad, y la incomunicación y los sucedáneos inventados para disimularla, en ella Unamuno encuentra el molde perfecto para jugar con todos los posibles yoes que, según él, nos constituyen como personas: el yo que los demás creen que somos, el yo que pretendemos que los demás crean que somos, el yo que creemos que somos, y el yo que realmente somos.

La novela de don Sandalio, jugador de ajedrez es un libro admirable, sencillo y complejo a la vez, con varias capas de lectura. Al igual que ocurre con otros textos contemporáneos de marcado carácter simbólico, la novela de Unamuno se mueve en el terreno de la ambigüedad, tan propio del gran arte, suscitando multitud de interpretaciones Algunos críticos la consideran la mejor novela corta de la literatura española del siglo XX. De lo que no cabe duda es de que la historia de don Sandalio y de su narrador anónimo es tan penetrante y audaz como asombrosamente moderna. 
 

ACTIVIDADES

A) Contesta las preguntas que se formulan en la guía de lectura (aquí) y envía tus respuestas al mail elinfiernodebarbusse@gmail.com.

B) Comparte tu opinión (usando la herramienta "responder" que figura debajo de cada uno de los comentarios que sirven de cabecera) acerca de alguna o todas de las siguientes cuestiones de debate:

1. Don Sandalio es un personaje que ha sido interpretado de maneras muy distintas. Julián Marías lo ha visto como un personaje vacío y sin personalidad, dibujado en hueco. Ricardo Gullón y otros, sin embargo, lo ven como un personaje con supuesta riqueza interior, pero sin interés alguno en comunicarla, vuelto hacia sí mismo, inaccesible, egoísta, sin ningún compromiso vital. ¿Te identificas con alguna de estas interpretaciones? ¿Cómo lo ves tú?

2. ¿Crees que, como el narrador anónimo de esta novela, todos nos fabricamos nuestros particulares "don Sandalios" de las personas que conocemos? ¿Hasta qué punto cuando decimos sobre alguien "yo lo conozco", estamos diciendo algo cierto o no?

3. Lo más enigmático y abierto de la novela es por qué don Sandalio, siendo como es, llega a influir tanto en el autor de las cartas. ¿Cuál es tu opinión?
4. ¿Qué es lo que más te ha gustado o sorprendido de la novela?

La fecha tope tanto para la entrega de la guía como para la realización de comentarios es el sábado día 28 de noviembre.


MATERIAL DE APOYO

Se ofrecen aquí, para el lector interesado, dos breves reflexiones sobre la novela. Estos materiales no son necesarios para hacer las actividades, pero sí recomendables como documentos de lectura y reflexión previa a la realización de las mismas.

El hueco de la personalidad, por Julián Marías
Nota previa a la edición de Alianza

Esta es la tercera lectura y la última actividad del Otoño Unamuno. Si terminaste el bloque I y has completado al menos dos de las tres lecturas propuestas en este bloque, con sus correspondientes actividades, podrás participar en el sorteo "Para seguir leyendo a Unamuno", que se celebrará el próximo 29 de noviembre. Están en juego 3 lotes de libros con la narrativa completa de Unamuno, en la magnífica edición de Biblioteca Castro. Toda la información en aquí.   

54 comentarios:

  1. Don Sandalio es un personaje que ha sido interpretado de maneras muy distintas. Julián Marías lo ha visto como un personaje vacío y sin personalidad, dibujado en hueco. Ricardo Gullón y otros, sin embargo, lo ven como un personaje con supuesta riqueza interior, pero sin interés alguno en comunicarla, vuelto hacia sí mismo, inaccesible, egoísta, sin ningún compromiso vital. ¿Te identificas con alguna de estas interpretaciones? ¿Cón cuál y por qué?

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    1. No lo sabemos, ni podemos saberlo, creo yo. Don Sandalio no se abre en absoluto, ni deja traslucir una opinión o una postura. Yocreo que cada lector se hace su don Sandalio a medida, y que esa era en realidad la intención de Unamuno.

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    2. Unamuno nos sirve a Don Sandalio ciertamente “dibujado en hueco”, como diría Don Julián Marías. Somos nosotros, y el autor de las cartas, los que vamos rellenando los huecos de ese nombre que nos presenta Unamuno. Ciertamente tiene una vida, de la que se nos intentan dar unas pinceladas. Pero ya es tarde; ya todos tenemos “nuestro” Don Sandalio hecho a nuestra medida.

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    3. Unamuno utiliza a don Sandalio como pretexto para definir la personalidad del narrador, es como en Abel Sánchez, que el título de la novela no define al principal protagonista, sino al antagonista.

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    4. Se realza mucho lo poco que sabemos de don Sandalio, y en cambio del narrador no sabemos ni el nombre. Aunque yo me lo imagino.

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    5. Don Sandalio lo veo yo como una persona encerrada en sí misma, pero claro, eso no quiere decir si tiene o no riqueza interior, sencillamente que no hace nada por exteriorizarla. ¿Sin personalidad? No lo sabemos, no lo podemos conocer como lectores, ni tampoco el narrador. Es por eso, yo creo, que éste se la fabrica, y lo hace a su medida, como él se la imagina o quiere creer que es.

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    6. No lo llegamos a conocer, eso es completamente cierto, pero lo es también que a mí como lector no se me aparece como un personaje vacío, veo que hay algo, que don Sandalio tiene vida, la que sea, pero que no nos la deja ver. A mí me gusta este personaje, la verdad.

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    7. Es cierto que no lo podemos juzgar, no lo sabemos, no se nos permite conocerlo. Cualquier juicio, por tanto, es un prejuicio.

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    8. Coincido en gran parte con lo expresado ya por el resto de compañeros. Yo veo a don Sandalio como un enigma. Desde luego tiene una vida y nada apacible, porque en apenas poco tiempo muere su hijo y es encarcelado (¿guardarán estos hechos alguna relación? Ahí es donde, como dice Ángel, cada lector crea su don Sandalio).

      Quizá en su mutismo, en la soledad en compañía del ajedrez es donde don Sandalio encuentra la calma a su tormentosa existencia. Don Sandalio no se comunica porque el ajedrez es su retiro, su isla desierta en la que evadirse de los problemas. Problemas que la vida ofrece sin buscarlos. Todos tenemos algo de don Sandalio y buscamos la evasión, por ejemplo en la literatura, que nos ofrece un tipo soledad como la del ajedrez, porque aunque sea un acto solitario, uno nunca se siente solo cuando está leyendo. Y de ningún modo se aisla de las cosas de los hombres, que están en los libros en toda su hondura.

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    9. Me parece muy interesante tu aportación Gerardo, todos tenemos en realidad algo de don Sandalio, por eso me atrae tanto este personaje.
      Un saludo

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    10. Así es, todos tenemos algo de don Sandalio. El riesgo que señala Unamuno, a mi modo de ver, no es tener algo de don Sandalio, es quedarse solo en eso, no ir más allá, no compartir, no cultivar los afectos, no vivir en definitiva.

      Este fragmento de la novela es clave:

      "El problema más hondo de nuestra novela, de la tuya, Felipe, de la mía, de la de Don Sandalio, es un problema de personalidad, de ser o no ser, y no de comer o no comer, de amar o ser amado; nuestra novela, la de cada uno de nosotros, es si somos más que ajedrecistas o tresillistas o tutistas o casineros, o... la profesión, oficio, religión o deporte que quieras..."

      La novela de Don Sandalio, jugador de ajedrez (fíjense que la inclusión de "jugador de ajedrez" en el título no es tampoco caprichosa) es, en definitiva, una reivindicación de que seamos algo más que meros cuerpos, meras mentes, es una incitación a vivir, a sentir, a darse. Una apuesta por la vida.

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    11. Yo no sería capaz de clasificarlo en ninguna de las dos opciones. Está claro que si hay un mundo interior, don Sandalio no lo deja conocer, por lo menos al narrador, ya que está claro que el yerno algo ve de ese don Sandalio. Claro que tenemos todos algo de don Sandalio. Algo hay que tener.

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  2. ¿Crees que, como el narrador anónimo de esta novela, todos nos fabricamos nuestros particulares "don Sandalios" de las personas que conocemos? ¿Hasta que punto cuando decimos sobre alguien "yo lo conozco", estamos diciendo algo cierto o no?

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    1. Absolutamente, el tanto por ciento que conocemos de las personas varía en función de nuestra proximidad a ellas, pero de lo que no cabe duda es de que todos somos, en el fondo, unos extraños para otros, en diferentes grados, como digo. Es tan habitual el comentario: "Ya no es el mismo", "Ha cambiado", "No le reconozco" que, de alguna manera, nosotros también nos oponemos a que la imagen de nuestros don Sandalios se vean afectadas por la realidad.

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    2. Sin duda. Por ejemplo si yo pienso en “mi” Señor Barbusse me lo imagino sentado en una mecedora, cerca de una chimenea donde crepitan unos leños, leyendo libros del siglo XVIII, mientras de su boca pende una Stanwell Army Mount 03 cargada con alguna de sus mezclas aromáticas Peterson. Al lado una ventana; y, más allá de la ventana, el pico de una montaña con las primeras nieves. ¿Conozco yo a nuestro anfitrión?

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    3. Uy, uy, acierta usted en todo, mi querido Marco, excepto en lo de la mecedora, que no es tal, sino sillón orejero de nanquín, color verde inglés.

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    4. Jajaja, pero es que ahí es donde está la clave del asunto que nos ocupa. "Mi" señor Barbusse siempre se sienta en una mecedora. Se podría decir que conocer a alguien no es tal, sino la "novela" que nosotros hacemos en nuestro interior para cada una de las personas que "conocemos". Conocer es novelar.

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    5. Absolutamente de acuerdo. Y ese es, sin duda, el meollo (uno de los muchos) que Unamuno plantea en esta historia.

      Y siguiendo este juego, y metiéndonos en la piel del narrador anónimo de la novela, la siguiente pregunta sería: ¿por qué a este le molesta, le incomoda que el don Sandalio real se superponga, contamine a "su" don Sandalio, a la "novela" que se ha hecho de él?

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    6. Si el Don Sandalio real lograra suplantar en la vida del narrador al Don Sandalio que él ha novelado, entonces correríamos el riesgo de descubrir que, realmente, Don Sandalio es, tristemente, uno hombre más. Y no podemos olvidar que el narrador huye de la realidad y de los hombres, de la “tontería” de los hombres. No soportaría escuchar al Don Sandalio real soltar sandeces o hacer cosas que no soporta; cosas por las que ha huido. Es como si Bouvard descubriera en Pécuchet un ser como todos los demás.

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    7. "Nunca amamos a nadie, sólo la idea que tenemos de alguien. Lo que amamos es un concepto nuestro, es decir, a nosotros mismos." Esto lo decía Fernando Pessoa, con lo cual quiero resumir mi sentir acerca de esta cuestión.

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    8. Están ustedes tan inspirados esta mañana por el espíritu de don Sandalio, que yo casi mejor me callo.

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    9. Todos nos fabricamos una idea del otro, y todo lo que no coincida con esta idea nos provoca rechazo, nos molesta, nos cuesta asumir. Nos mentimos a nosotros mismos, pero así somos.

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    10. Estoy muy de acuerdo con Marco, es su idea de la superación del don Sandalio real por el don Sandalio del narrador, creo importante esa aportación, ya que en ese caso entraríamos en una nueva dimensión de nuestro personaje. En cuanto a la idea de "mi" Sr Barbusse, no sé, no sé Marco, pero creo que te acercas un poco, ahora lo del sillón de nanquin verde inglés, por favor Sr Barbusse...

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    11. En realidad, todos nos engañamos a nosotros mismos con respecto a los demás, imaginamos a los demás, porque es imposible conocer a nadie con certezas. Ni siquiera uno mismo llega a conocer todo de uno, pues imagínense...

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    12. El más habitual de los "mis don Sandalios" es el que inventamos sobre nosostros mismos. Las personas solemos engañamos, nos ponemos una máscara que, de tanto llevarla, llegamos a creer y confundir con nuestra verdadera cara. Alguien que habló tanto de la identidad como Pessoa (de nuevo sale Pessoa), lo dejó magistralmente escrito en estos versos de su poema "Tabaquería":

      "El disfraz que vestí era equivocado.
      Me tomaron enseguida por quien no era, y no lo desmentí, y me perdí.
      Cuando quise arrancarme la máscara,
      estaba pegada a la cara."

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    13. Estoy de acuerdo, siempre decimos "esta persona me ha decepcionado", pero claro, nos decepciona porque hemos imaginado otra, nos hemos formado una imagen a nuestro propio gusto y criterio y según nuestras necesidades de esa persona. Nos fabricamos muchos ideales en la cabeza y luego vienen las decepciones. Es creo lo que le pasa al protagonista, que no quiere saber sobre el auténtico don Sandalio para no correr el riesgo de decepcionarse, prefiere seguir ilusionado con la imagen que se ha hecho de él.

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    14. Rechaza saber sobre el verdadero don Sandalio pero inevitablemente y al mismo tiempo se hace continuas preguntas sobre él, sobre quién es y sobre su vida. Quiere saber pero rechaza saber por miedo, por miedo a que no sea lo que él cree (se ha imaginado) que es.

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    15. Creo que sí. Nosotros de los demás y ellos de nosotros, en este sentido me parece muy acertado el comentario de Ángel. Creo que la novela plantea esa cuestión, la del conocimiento propio y ajeno. De hecho don Sandalio le sirve al narrador para indagar en lo más profundo de su persona, a lugares donde no hubiera podido llegar de recluirse completamente, como era su intención inicial. Necesitamos a los demás para conocernos y muchas veces, lo que creemos conocer de los demás es una proyección de nosotros mismos.

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    16. Personalmente, siempre he intentado no inventar don Sandalios. Yo misma, parece que emito una imagen que poco tiene que ver con mi persona. No es la primera vez que alguien le sorprende que tenga "un marcado carácter". Claro, yo nunca dije que no fuera así.... Intento no crearme personajes, así no me desilusiona casi nadie. Aunque es inevitable imaginar algo. Siempre he pensado que hasta a veces yo me desconozco, con cambios de opinión a lo largo de la vida. Al resto, los conozco mucho menos. Opino que nunca se conoce a nadie. Incluso a los más cercanos. No sería la primera vez que escucho "No sabía que mamá pensara de esta forma en tal asunto". Ya, pues lo ha pensado toda la vida, igual no la conoces tanto...

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  3. Lo más enigmático y abierto de la novela es por qué don Sandalio, siendo como es, llega a influir tanto en el autor de las cartas. ¿Cuál es tu opinión?

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    1. Pues precisamente por ser como es. Seguramente el narrador de las cartas es exactamente igual que Don Sandalio. Y de hecho Don Sandalio, por lo visto, actúa como él. Don Sandalio, por lo que sabemos, habla a su familia de su compañero de ajedrez a pesar de que, suponemos, ni siquiera sabe su nombre.

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    2. No crean que no le he dado yo vueltas a esta pregunta, incluso antes de que aquí se formulara (por cierto, el libro es absolutamente maravilloso). Mi conclusión es, como ha dicho arriba Marco A. Torres, que el narrador es muy parecido a don Sandalio, tanto que llega a verse muy identificado con él. Se ve a sí mismo en su don Sandalio.

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    3. A pesar de declararse un solitario y de hecho ejercer de ello, el narrador también necesita una especie de anclaje a la sociedad y es don Sandalio el que le sirve de escape a su soledad, pues ya no es el poco rato que pasan juntos jugando al ajedrez, sino también las largas horas que el narrador dedica a pensar en el compañero de partida.

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    4. Pues porque el protagonista se encuentra precisamente con la horma de su zapato, Lo que buscaba o lo que él quiso encontrar.

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    5. El narrador se ve reflejado en don Sandalio, se reconoce en él. Don Sandalio es como un espejo. Le da conciencia de ser.

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    6. Los espejos, desde luego, tienen una presencia destacada en la novela. Sin duda, un refuerzo de la idea que traspasa el texto: la de que todos somos reflejos borrosos, distorsionados o empañados para los demás.

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    7. Para el narrador es un hallazgo, es el tipo de persona que estaba buscando, callada, silenciosa, educada, introspectiva, que no dice tonterias... Le devuelve su confianza en el ser humano. Por eso, dice, la necesita. Es como una renovación de su fe en la humanidad.

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    8. Por eso que dice Malena y otros más arriba, le deja huella al narrador.

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    9. Y precisamente por eso, Esteban, Unamuno lo bautizó como don Sandalio. Ya sabemos que nuestro escritor llamaba a sus personajes con intencionalidad simbólica.

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    10. Y al parecer, como ya se ha mencionado, el narrador también influye en don Sandalio. Dos personas que no se comunican, pero se cobran aprecio y dejan huella el uno en el otro. Toda una paradoja. Quizá como dice el resto de compañeros, la clave es que son el reflejo de una misma identidad o como dice Malena, don Sandalio le influye porque es lo que anda buscando en los hombres. En este punto, quizá la verdadera incomunicación sea el exceso de ella, las palabras huecas, lo que Unamuno engloba como “tontería humana” y las verdaderas relaciones personales se fragüen en esas cosas tan insignificantes, como jugar al ajedrez en silencio o simplemente pensar en el otro.

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    11. Yo creo que porque aunque dice buscar esa soledad, en el fondo, no la quiere. Y busca compañía. Le gusta el don Sandalio que se imagina. Opino como el resto. Ese don Sandalio que no lo defrauda. Y tampoco sabemos cómo es don Sandalio. Igual tiene mucho que no quiere contar....

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  4. ¿Qué es lo que más te ha gustado o sorprendido de la novela?

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    1. Lo inteligente que es. Y la manera de exponer algo complejo con una apariencia sencilla y narrativamente impecable. A mí me ha sorprendido todo, la verdad.

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    2. Todo. Para mi ha sido todo un descubrimiento esta obra de Unamuno, que conocía pero no había leído. A pesar de ser una obra corta creo que está entre lo mejor que he leído de su autor. Dejando al margen, si eso es posible, todo el “aparato” metaliterario que contiene, me quedo con el sabor melancólico, como “otoñal” (qué casualidad), que recorre la obra.

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    3. Coincido con los restantes lectores, me ha parecido una obra maravillosa, sorprendente. Y es verdad que tiene un aire otoñal, impresionista. De lectura deliciosa. Don Sandalio me va acompañar por mucho tiempo, estoy segura.

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    4. A mí cómo se puede decir tanto en tan solo 50 páginas.

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    5. El ambiente de introspección, la soledad de los personajes, la identidad de los mismos, ya que tanto Felipe, como don Sandalio, como el narrador son parte de una misma personalidad. Sorprende que cuando todos esperamos el chisme del desenlace, éste queda como suspendido en aire para que cada cual siga forjando la novela a su gusto. De las tres obras que hemos leído, personalmente prefiero esta última, por no estar tan sujeta a las normas literarias unamunianas como las otras, lo cual no deja de ser una opinión.

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    6. A mí me sorprende el hecho de que esta joya no sea más conocida.

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    7. A mi particularmente Don Sandalio, hombre callado, prudente, que agradece con su mirada a su compañero de partida que mande a callar a los mirones, al que se le muere un hijo, que va a la cárcel y que muere allí. Para colmo tiene un yerno, que eso ya es el no va más...Increíble don Sandalio, y luego dicen que las novelas de Unamuno carecen de argumento, pues no veas..

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    8. El ambiente en que se desarrolla, la presencia de la naturaleza, la reflexión, todo es de una madurez novelística impresionante .

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    9. La manera en que está escrita: poética, sencilla, intensa.

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    10. Su logrado y poético simbolismo (el árbol, el ajedrez, el caserío, la hiedra, los espejos...). Un libro impresionante.

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    11. Aquí coincidimos todos.

      Como Marco, yo también me sumo al “todo”. Aprecio su lenguaje poético, su simbolismo, las hermosas y a la vez profundas metáforas: todavía reverberan después de leer: el roble medio muerto, con el hueco del corazón esa “ancha herida”, la hiedra, la huella en la playa, los espejos, etc. Es que su riqueza en imágenes y la calidad de su prosa es apabullante.
      Pero no se queda en mera forma y en esto constituye para mí un canon de lo que debe ser una novela corta. La incomunicación, el problema de la identidad, la soledad y el aislamiento, la amistad, son tantas cosas en tan pocas páginas. Tiene ideas, muchas y están esbozadas, encarriladas para el lector, porque deja cuestiones abiertas: da que pensar y hace pensar, su lectura es estimulante.
      Y por seguir sumando, su estructura epistolar, con los requiebros que introduce en el prólogo y el epílogo, engancha y crea una sensación de intimidad en el lector, justo como ocurre entre don Sandalio y el narrador. Estamos todos formando parte de esa partida de ajedrez.

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    12. Todo el simbolismo. El ajedrez, la hiedra, el árbol, los espejos., Felipe...
      Y la historia, muy curioso el argumento. Aunque me ha dejado ganas de saber algo más. Y la realidad de que no podré saber nada más.

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