miércoles, 2 de diciembre de 2015

Dolor y música

Blackie Books conquista con esta edición de las memorias de Rhodes

Si hay unas memorias recientes que alternen, sin remilgos ni victimismos, oscuridad y luz, estas son las del concertista de piano James Rhodes, que acaban de publicarse en España, de la mano de la interesantísima editorial Blackie Books, bajo el título Instrumental. Memorias de música, medicina y locura.

Hay en este libro mucho de insoslayable sufrimiento, de dolor y de efectos secundarios: a Rhodes lo violaron reiteradamente desde los seis años hasta los diez, lo internaron en un psiquiátrico, fue drogadicto y alcohólico, se intentó suicidar cinco veces, se casó y tuvo un hijo, cuya custodia perdió. Ahí es nada. Pero también hay en él una sinceridad apabullante, que empieza en el lenguaje mismo -inmediato y duro- en que está escrito. Y también hay verdad (con mayúscula, no de cartón piedra). Y vida, vida que puede masticarse, esa que a veces cuenta contigo / a veces ni te mira (como dice la canción de Dani Martín). Y, sobre todo y ante todo, hay un apasionado y monolítico amor a la música (clásica, para más señas), en especial a Bach, porque fue quien salvó a Rhodes de la autodestrucción (a los siete años descubrió casualmente una grabación de la Chacona en re menor para violín y le cambió la vida: fue consciente del poder calmante, protector y, a largo plazo, curativo del arte de los sonidos). No me extraña. Si Bach no es Dios (perdonen la blasfemia), al menos se le parece mucho. Lo sabe quien se acerca a él desde dentro, interpretándolo, o desde fuera, escuchando atentamente cualquiera (da igual cuál) de sus piezas. Jamás se ha compuesto una música tan bella, tan espiritual, tan perfecta.

James Rhodes: "Bach, literalmente, me salvó la vida"
Cada capítulo (o tema, como lo llama Rhodes) de este libro valiente y desgarradoramente humano va introducido por un breve y sentido alegato de una obra musical. Las piezas de las que habla son mayormente movimientos concretos de conciertos o sinfonías que conforman el canon musical personal que el autor ha ido conformado durante sus años de oyente y de concertista: Schubert, Shostakóvich, Beethoven, Ravel, Schumann, Bruckner.., y, por supuesto, Bach.

Refiriéndose a Beethoven, Rhodes cita unas palabras de e. e. cummings que perfectamente se le podrían aplicar a él: "Ser únicamente quien eres, en un mundo que hace todo lo posible, continuamente, por convertirte en todos los demás, implica luchar la batalla más difícil que puede librar cualquier ser humano, y no dejar nunca de hacerlo".

En ello está. 

2 comentarios:

  1. Me sorprende una biografía tan tormentosa de un intérprete clásico. Tiene uno la idea de que estos músicos llevan una vida ordenada y perfectamente planificada, basada en el estudio casi desde la cuna; en fin, un prejuicio más. Lo que está claro es el carácter redentor y purificador de la música. Salvó a Rhodes y me parece que fue Platón el que dijo que la música es "gimnasia para el alma".
    Me anoto esta recomendación.
    Saludos

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  2. Me interesa también, y mucho. He oído muchos comentarios buenos sobre este libro, incluso lo dieron como noticia en el telediario. La frase de cummings es para tenerla como bandera. Un saludo.

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