jueves, 17 de agosto de 2017

Viajar al Más Allá


Tartessos me fascina. Tartessos sin cursivas (esto es, la primera y más enigmática civilización conocida en el occidente europeo) y Tartessos con cursivas (es decir, este libro que firma Alberto Porlan tras más de 30 años dedicados a la investigación sobre el tema, y para el que solo se me ocurren dos calificativos que le hagan justicia: brillante y apasionante).

Desde el libro de Adolphe Schulten (1945, 2ª ed.) y posteriormente el de Juan Maluquer (1970),  no se había publicado nada sobre la civilización tartésica tan relevante y que mereciera prestarle tanta atención. A diferencia de los dos autores anteriores, Porlan rechaza razonadamente la hipótesis tradicional que ubica a Tartessos en la desembocadura del Guadalquivir (de ahí el subtítulo de la obra, un nuevo paradigma) y sitúa en tierras gaditanas la ciudad y el territorio tartessio. Concretamente en el sector occidental del estrecho de Gibraltar, lo que equivale a decir en las primeras aguas atlánticas. Sigue así la corriente antigua que encabezaran Pytheas, Eratóstenes y Dionisio Periegeta, que continuaron Ausonio y Sidonio Apolinar y que retomó siglos después el cosmógrafo holandés Abraham Ortelius, máximo exponente de la cartografía de su tiempo.

El libro está profusamente ilustrado con imágenes explicativas.

Porlan relaciona la información histórica que nos transmite Heródoto con el periplo anónimo griego del siglo VI a.C. por las costas españolas que sirvió a Avieno para redactar su Ora Maritima, único documento histórico disponible para fijar la localización de Tartessos. En esta parte el ensayo se torna fascinante: el autor desmenuza con meticulosidad de cirujano los versos de la Ora Maritima y, para perplejidad del lector, las descripciones de Avieno, debidamente analizadas y contextualizadas, encajan como un puzzle con la configuración geográfica que encontramos en la zona que comprende desde el cabo Trafalgar hasta Tarifa (en el litoral), y desde la marisma de Barbate hasta la partidera de aguas de dicho río (en el interior), que son los límites propuestos por el autor para el terriorio tartésico.

Tartessos guarda una estrecha relación con el Más Allá de los griegos, algo que no resulta nada extraño. Occidente era para ellos un misterio, lo desconocido. Por eso se transformó en leyenda. El control de esta parte de las tierras lo ejercían los semitas desde antes de Homero, así que los recuerdos de las primitivas exploraciones del fin del mundo que hicieron sus antepasados, los cretenses y micénicos del segundo milenio, se habían convertido para ellos en mitología. Llegó la escritura y terminó fijando unos relatos orales que se transmitían de generación en generación como orgullosas pruebas de la audacia helena y valiosísimos conocimientos acerca de la geografía del fin del mundo. Sobre esos datos físicos se superpuso la noción metafísica de que las almas de los difuntos, que ya no pertenecen a este mundo, viajaban a Occidente en busca del otro. La noción religiosa se enganchó al conocimiento geográfico, y el fin del mundo, con sus accidentes auténticos y hasta con algunos de sus nombres, pasó a ser la salida mística que nos espera a todos los mortales: el paso al Más Allá. En este sentido, resulta increíble las coincidencias que existen entre numerosos topónimos actuales de la zona donde Porlan ubica Tartessos con los que aparecen en los mitos griegos referidos al Otro Mundo. Como el propio autor dice: "Sólo el desinterés por lo que no resulta 'científico' explica que nunca se haya realizado una comparación entre la geografia mítica que transmite Homero y la geografía real, a escala humana, de las primeras tierras oceánicas. De haberse efectuado ese análisis es probable que al analista le hubieran llamado la atención las notorias coincidencias que se acaban de exponer. Y algunas más que se verán después."

Laguna de La Janda, antes de su desecación.

El libro culmina con una teoría sencillamente extraordinaria. La posibilidad de que Pitágoras de Samos formara parte del grupo de griegos de la Jonia que visitaron oficialmente Tartessos en el siglo VI a.C. (presumía el filósofo de haber estado en el Más Allá y haber regresado al mundo de los vivos para contarlo). Asimismo, como ya hiciera Schulten, Porlan propone que el relato de Platón sobre la Atlántida tuvo su origen en el conocimiento que este tenía de Tartessos a partir de los informes que sobre el terreno había elaborado la citada embajada jónica.

En este sólido e impresionante ensayo publicado por la editorial Libros de la Herida, Alberto Porlan nos conduce por las múltiples sendas del laberinto tartessio (la mitológica, la filológica, la toponímica, la geográfica y la histórica) y argumenta que todas ellas convergen en la que él llama isla H, una isla fluvial a 25 km del litoral atlántico y a 40 del Mediterráneo, con una superficie de 75 hectáreas, situada en el término municipal de Medina Sidonia, muy cerca de donde estuvo la laguna de la Janda (desecada en su totalidad en 1967). Es ahí donde podría estar enterrada Cartare o Eritia (según su nombre púnico o griego), la ciudad principal de Tartessos. Y es ahí donde habría que excavar para que hablaran -o no- las piedras.

Mientras tanto, en unos días pondré rumbo al Más Allá. Para volver, espero. Como Pitágoras.

miércoles, 2 de agosto de 2017

Lo que es justo y correcto



Emerson es de esos autores que hay que tener siempre entre dedos y bajo atenta y vigilante mirada.

«Para estar en soledad las personas necesitan retirarse tanto de su habitación como de la sociedad. No estoy solo mientras leo o escribo, aunque nadie esté a mi lado. Pero si alguien quiere estar realmente solo que mire a las estrellas. Los rayos que provienen de esos mundos celestes le separarán de lo que toca. Podríamos pensar que la atmósfera se hizo transparente con la finalidad de dar al hombre, a través de los cuerpos celestes, la presencia perpetua de lo sublime. ¡Qué grandes parecen desde las calles de las ciudades!»

Dejarse llevar por su ritmo y por su sabiduría es un regalo que, por sí solo, celebra y justifica el hecho de haber aprendido a leer. En una tarde lluviosa de invierno, junto a una chimenea, o en un claro día de verano, a la orilla de un río o al pie de un árbol, la lectura de Emerson es tan reconfortante y amplificativa que difícilmente se desvanece luego en nuestra memoria.

«Las estrellas inspiran cierta reverencia porque aunque siempre están presentes, son inaccesibles, pero todos los elementos naturales dejan una impresión semejante, cuando la mente está abierta a su influencia. La naturaleza nunca muestra una apariencia mezquina. Ningún hombre sabio vulnera su secreto, ni sacia su curiosidad desvelando toda su perfección.

La naturaleza no se convierte en juguete para un espíritu elevado. Las flores, los animales, las montañas, reflejan la sabiduría de su mejor momento, tanto como habían deleitado la sencillez de su infancia.»
 
Verdad, Bondad y Belleza, la tríada esencial platónica, impregna toda su obra, especialmente la que dedicó de manera tan admirable a la relación del hombre con la naturaleza. Verdad, Bondad y Belleza que es lo mismo que decir Filosofía, Ética y Arte.

«Para hablar claro, pocos adultos son capaces de ver la naturaleza. La mayor parte de las personas no ven el sol, o al menos su visión es superficial. El sol solo ilumina el ojo humano pero brilla en la mirada y el corazón del niño. El amante de la naturaleza es aquel cuyos sentidos internos y externos están realmente ajustados entre sí; aquel que retiene el espíritu de la infancia aunque llegue a la edad adulta. Su relación con el cielo y la tierra se convierte en su alimento diario. En presencia de lo natural, un delicioso sentimiento salvaje recorre a las personas a pesar de sus penas. La Naturaleza dice «esta es mi criatura» y a pesar de sus impertinencias disfrutará conmigo. No solo el sol o el verano, sino que cada momento y estación rinde su tributo de deleite. Cada momento, cada cambio corresponde a un estado diferente de la mente, desde el mediodía jadeante a la tenebrosa medianoche. La naturaleza es una configuración que se adapta así de bien tanto a la comedia como a la tragedia. Con buena salud, el aire es un acicate de increíbles virtudes. En el crepúsculo, atravesando un simple campo, charcos de nieve, bajo un cielo nublado, sin que cruzara por mis pensamientos nada de especial fortuna, disfruté de una alegría perfecta, una emoción vecina al temor. También en los bosques el hombre puede dejar atrás su edad, como la serpiente su piel, y ser un niño a pesar del tiempo. En los bosques se siente la eterna juventud. En estas plantaciones de Dios reina el decoro y la santidad, y se celebra un festival perenne en el que el invitado no podría cansarse de ello ni en mil años. En los bosques regresamos a la razón y la fe. Si me fijo bien, siento que nada malo puede acontecer en mi vida, ninguna desgracia, ninguna calamidad que la naturaleza no pueda reparar. Sobre la tierra desnuda —con mi cabeza bañada por el aire libre e inmerso en el espacio infinito—, desaparece todo rastro de egoísmo. Me convierto en un transparente globo ocular; no soy nada; veo todo; las corrientes del Ser Universal me atraviesan; soy parte o partícula de Dios. El nombre del amigo cercano suena entonces ajeno y accidental: ser hermano o conocido, dueño o sirviente, es entonces una nimiedad y un trastorno. Soy amante de la belleza incontenible e inmortal. En la naturaleza salvaje encuentro algo más amado y afín que en las calles o las aldeas. En la tranquilidad de un paisaje, y especialmente en la lejana línea del horizonte, el hombre observa algo tan hermoso como su propia naturaleza.»

Emerson es de esas lúcidas mentes que avisaron del batacazo que el hombre podía estar a punto de darse si seguía gastando esa soberbia de creerse dueño de todo, el único ser creado a imagen y semejanza de Dios, el rey del mambo. Y eso un ser que le ha vuelto la espalda a todo lo que no sea su propio interés, que depreda y utiliza lo que se le ponga por delante, que no tiene el más mínimo respeto por el resto de criaturas vivas que con él comparten y lo comparten en usufructo el mundo.

«La mayor delicia que proporcionan los campos y bosques es la sugerencia de la oculta relación entre humanos y plantas. Ni estoy solo, ni soy ningún extraño. Me saludan y yo a ellos.

En medio de la tormenta el balanceo de las ramas es a la vez para mí nuevo y antiguo. Me sorprende, y a la vez no me es desconocido. El efecto que produce es el mismo que cuando un pensamiento elevado, o una intensa emoción me embarga, siento que es justo y que ocurre lo correcto.»

La edición de los dos hermosos textos que el pensador de Concord dedicó a la Naturaleza los ha reunido la editorial La Línea del Horizonte en un precioso volumen, con excelente traducción de Salvador Sediles y de Carlos Muñoz Gutiérrez, quien firma además una espléndida introducción titulada "El Virgilio americano".

lunes, 24 de julio de 2017

Homo umbilicus

Egon Schiele, Autorretrato con el ombligo al aire, 1911

Pienso en estos días en lo estimulante que resulta la idea de una teoría de la evolución de las especies inacabada o errónea, incluso fracasada, en la iluminadora visión de que el hombre es solo un eslabón en la cadena de la evolución biológica y que aún está en pleno proceso de desarrollo hacia estadios más perfeccionados, estadios en los que adquirirá más consciencia de su propia condición, de su supremacía, de su responsabilidad y -si así lo quiere- de su enorme capacidad (casi milagrosa) de cuidar y respetar el mundo que habita y a las personas -especialmente a las más débiles- que con él lo comparten. 

Es plausible y consolatorio (aunque esto último solo sirva para que los escépticos, como yo, acerca de las buenas intenciones del ser humano nos autoengañamos) aquello que Skolimowski, en su espléndido y necesario ensayo La mente participativa, comenta sobre Koestler: 

«Arthur Koestler ha insistido en que la evolución cometió un error al desarrollar tanto nuestras capacidades intelectuales y tan poco nuestro sentido moral. Creía que ésta sería la causa de nuestra perdición y anduvo desesperado debido a este "desliz". Pero la desesperación no ayuda; es muy probable que la próxima fase de nuestro desarrollo evolutivo consista precisamente en desplegar un espectro de sensibilidad que facilite la adquisición de un sentido más profundo de la moral, una compasión más verdadera y un entendimiento más hondo de todo lo que existe, incluyéndonos a nosotros mismos.»

Sí, es bonito. Pero me temo que del homo sapiens al homo sensibilis o al homo moralis queda mucho. A lo mejor queda tanto que nunca tendrá lugar. De momento, día tras día, año tras año, hecho tras hecho, lo que vamos es hacia la consolidación del homo umbilicus (es decir, el señor o la señora que se dedica a mirarse a jornada completa su santo ombligo, anhelando que a él o a ella el mundo no le importune), o hacia el homo destructor, que es la eterna y, nunca abiertamente confesada, genuina vocación del bípedo implume.

jueves, 22 de junio de 2017

Las máscaras de Dios


Decir que Si la editorial Atalanta no existiera, habría que inventarla no es un eslogan que yo deje caer por aquí periódicamente, que también, sino que es una verdad como un templo (a ser posible budista, que suelen ser muy llamativos y generosamente proporcionados). Lo que Jacobo Siruela, en poco más de diez años, ha conseguido con Atalanta es lo que muchos editores -la gran mayoría- no consiguen en toda una vida y lo que, desde luego, ningún editor serio estaría dispuesto a negar como lo máximo que se puede llegar a lograr en esa profesión: convertir tu marca en autoridad, tu sello en garantía, tu catálogo en referente.

Desde su fértil retiro ampurdanés y junto a Inka Martí, su mujer (no sé si esto es políticamente incorrecto y habría que decir esposa o desposada o persona del género femenino que guarda una relación conyugal con respecto a, vaya usted a saber), Jacobo, como digo, está confeccionando paso a paso, gota a gota y libro a libro un catálogo que, por su coherencia y osadía, es un verdadero oasis para un lector inquieto del siglo XXI.

Atalanta suma y sigue. La última gran alegría que me ha proporcionado -y supongo que igualmente a todos los que les fascina la mitología (una de las líneas medulares de la editorial)- es la publicación actualizada de un clásico monumental como es Las máscaras de Dios, de Joseph Campbell, obra que aparecerá en cuatro volúmenes y de la que acaba de salir el primero, dedicado a la Mitología primitiva.

Todo lo que podría yo decir sobre lo que significa esta obra ya lo ha dicho, y mucho mejor que yo, Luis Alberto de Cuenca, en una magnífica reseña aparecida hace unas semanas. Así que les dejo el enlace aquí para que puedan leerlo si les apetece, y así nos ahorramos -ustedes leerlo y yo escribirlo- ruido textual absolutamente innecesario. 
 
Jospeh Campbell, hacia 1940
Campbell, que dedicó toda su vida al estudio de la mitología comparada, demostró el enorme parecido que guardan unos mitos con otros en cualquier parte del planeta, acuñando para ello el término monomito. Como dice Cuenca en su reseña, "la aventura del héroe, sea cual sea el origen étnico o geográfico de su protagonista, es la misma siempre. Las historias de Osiris, Prometeo, Odín, Moisés, el Buda o nuestro Jesucristo son parecidas. Temas como el robo del fuego, el diluvio, el país subterráneo donde habitan los muertos, el nacimiento de una madre virgen o el héroe resucitado aparecen en todas las latitudes del planeta Tierra, envueltos, eso sí, en ropajes diferentes, pero albergando un único esqueleto narrativo y una misma sustancia conceptual. Esa es la idea nuclear que inspira Las máscaras de Dios y toda la obra de Campbell."

Universalidad y atemporalidad del mito que es razón más que suficiente para no obviar (como se ha empeñado el materialismo desasosegante y ciegamente orgulloso desde el siglo XVII hasta hoy) ese componente esencial y propio del ser humano que es el espiritual, el imaginativo y que lo vincula con el cosmos (su casa en alquiler), le desencadena de lo corpóreo ("El cuerpo no es más que el traje", decía William Blake) y le impele a saber más y más para intentar sofocar al menos alguna de las preguntas de la tríada esencial: Quién soy, De dónde vengo y -sobre todo- Hacia dónde voy.

El mito es la respuesta del hombre ante lo no hollado, ante lo desconocido, ante el vacío. Por eso es tan fascinante.

martes, 13 de junio de 2017

Faros en un mundo a oscuras


«Los tiempos son ciertamente malos para la defensa y el cultivo de las humanidades. La cultura general no es rentable, a primera vista, como lo es la formación especializada y la seria preparación técnica para cualquier carrera u oficio.
En un mundo preocupado por la conquista de nuevos puestos de trabajo, por la especialización, por la preparación tecnológica cada vez más precisa, la rentabilidad de la cultura humanística no resulta nada evidente. Por otro lado, esos objetivos de un examen crítico, afán universal de comprensión de los demás humanos y una visión personal del mundo no parecen figurar entre las propuestas ideales de ningún grupo político. El humanismo de ese estilo crítico y universal no parece rentable en política, al menos a corto plazo. (Y es difícil de conjugar, de modo general, con ciertos intereses nacionalistas, por ejemplo.)
En una cultura dominada por los medios de comunicación de masas, de los que la auténtica calidad intelectual ha sido marginada (valga la programación de la televisión española en conjunto como botón de muestra), es muy difícil que el pasado cultural —ese mundo de saber y sentir que se conservaba como aleccionador y modélico— mantenga, no ya su prestigio, sino una cierta presencia, y es imposible que la alta cultura conserve cierta autoridad en los medios más populares. La lectura sigue siendo —a pesar de todas las sofisticadas y cómodas tecnologías de comunicación a gran escala y largas distancias— el fundamental medio educativo, por sustanciales razones, en lo que toca a la más elevada educación. Pero incluso leer, a fondo y en silencio, puede volverse un difícil deporte en un mundo desgañitado por el ruido y abrumado por una inmensa e indigerible masa de informaciones urgentes, angustiosas, vocingleras y triviales. El abandono de las humanidades se nos presenta como una amenaza en este contexto tan desfavorable, pero eso no nos impide seguir empeñados en combatir por ellas, si es que creemos en su necesidad para una vida más digna y valiosa. El ser humano no puede renunciar ni a su condición histórica, ni a la conciencia de que la vida humana está construida sobre los logros, espléndidos, costosos y sufridos, de todo un vasto y variado pasado histórico que necesitamos recordar y revalorizar. El conocimiento de la historia —con mayúsculas o minúsculas— y de la poesía y la literatura en la larga tradición cultural de Occidente —en un sentido amplio— es necesario para una "vida examinada", según la máxima socrática, y lo es para una existencia en nuestro mundo, con una enriquecida y productiva perspectiva intelectual».

El profesor García Gual —siempre estimulante e inteligente, quizá por eso no ha tenido suficientes apoyos para entrar en la Real Academia Española, ¡país de badulaques!— acaba de publicar, retomando algunos textos ya aparecidos en su Sobre el descrédito de la literatura y otros avisos humanistas (Península, 1999), este maravilloso libro, que es una defensa (apasionada) de las humanidades y un repaso a los grandes hitos y a la interpretación y reinterpretación de la cultura clásica a lo largo de la historia. 

Hoy más que nunca, para resistir, para no claudicar ante el tsunami del pensamiento único, del sentimiento único y de la gilipollez única, universal y gratuita, hemos de tener aliados, compañeros de viaje, voces cálidas y amigas que nos mantengan abiertos los ojos, la mente, que nos alienten y nos guíen. Y ¡qué mejor que los lejanos, fiables, sabios faros de los griegos y los latinos!

jueves, 8 de junio de 2017

La generosidad del fanatismo


«Creo que la esencia del fanatismo reside en el deseo de obligar a los demás a cambiar. En esa tendencia tan común de mejorar al vecino, de enmendar a la esposa, de hacer ingeniero al niño o de enderezar al hermano en vez de dejarles ser. El fanático es una criatura de lo más generosa. El fanático es un gran altruista. A menudo, está más interesado en los demás que en sí mismo. Quiere salvar tu alma, redimirte. Liberarte del pecado, del error, de fumar. Liberarte de tu fe o de tu carencia de fe. Quiere mejorar tus hábitos alimenticios, lograr que dejes de beber o de votar. El fanático se desvive por uno. Una de dos: o nos echa los brazos al cuello porque nos quiere de verdad o se nos lanza a la yugular si demostramos ser unos irredentos. En cualquier caso, topográficamente hablando, echar los brazos al cuello o lanzarse a la yugular es casi el mismo gesto. De una forma y otra, el fanático está más interesado en el otro que en si mismo por la sencillísima razón de que tiene un sí mismo bastante exiguo o ningún sí mismo en absoluto».

Esta brillante y certera reflexión de Amos Oz sobre la esencia del fanatismo (en cualquiera de sus múltiples manifestaciones) me sirvió ayer de colofón para el Taller de lectura Educar en el fanatismo (niños programados) que he tenido el placer de impartir en Granada desde final de abril.

Unamuno, una vez más, ha triunfado, y su Apolodoro ha hecho reír y sufrir, pensar y emocionar. Gosse, por su parte, se ha ido ganado lenta y progresivamente a los lectores, con su sincera y meticulosa confesión de una niñez asfixiada por un padre dotado de un radicalismo religioso (nótese el oxímoron) altamente nocivo. Gosse es un extraordinario escritor y su Padre e hijo un libro de los que se incrustan en la memoria de los que lo leen y no se va de allí jamás. Ni debería irse.

Por lo demás, esta mañana me he desayunado con este titular de prensa, que recoge las palabras de uno de los terroristas de Londres: "Por Alá mataría hasta mi madre".

Lo dicho.

lunes, 5 de junio de 2017

Thoreau en un gran ensayo



La calidad del ensayo literario que se cultiva hoy en España está a años luz del de su compañera de viaje, la literatura de ficción (novela, sobre todo), la cual parece poseída hace tiempo por un supervirus de autocomplacencia, autocompasión y vacuidad extremadamente contagioso. La cuestión es que obras como la que ha escrito Esquirol (La resistencia íntima, ed. Acantilado) o Juan Arnau (La invención de la libertad, ed. Atalanta) son dos ejemplos recientes de ensayos excepcionales, cuya lectura he disfrutado muchísimo, y a los que ahora sumo este El triunfo de los principios en el que Toni Montesinos aborda la figura de Henry David Thoreau, su gran lección vital y su importante e inspiradora obra escrita. 

Thoreau fue un hombre que anhelaba, por encima de todas las cosas, estar, vivir, ser, integrarse en la Naturaleza. Un hombre digno, con principios, con valores, un ejemplar de la especie humana que hoy parece casi extinto. Un hombre que fue intensa e ininterrumpidamente él mismo, alguien que interpretó su papel en este escenario del mundo con todas las consecuencias: "Si yo no soy yo, ¿quién lo va a ser?", escribió. 

Es el mismo que, asqueado de la falsedad humana, se construyó una cabañita de madera al borde del lago Walden, en Massachussets, y allí se pasó dos años, viviendo de manera libre y salvaje. En Walden (1854), libro donde relata esta experiencia solitaria en la naturaleza y feroz crítica de la sociedad y sus imposiciones, dejó clara cuál era su intención: "Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente, enfrentándome solo a los hechos esenciales de la vida, y ver si podía aprender lo que la vida tenía que enseñar, no fuera que cuando estuviera por morir descubriera que no había vivido. No quería vivir nada que no fuera la vida, pues vivir es algo muy valioso".

Haciendo un juego con los títulos de los ensayos antes citados, puede decirse que Thoreau es uno de los más valiosos ejemplos de resistencia íntima y de invención de la libertad de los que el ser humano dispone. Hoy más que nunca, en una sociedad como la nuestra, podrida por dentro y perfumada por fuera, el mensaje de Thoreau resurge poderoso, provechoso y necesario.

jueves, 1 de junio de 2017

viernes, 19 de mayo de 2017

Misterios primaverales


Un viejo amigo, Gervase Fen, protagoniza nuevo título -Enterrado por placer- en su colección de Impedimenta. Misterio inglés. 

Por otra parte, de Seicho Matsumoto (autor que ya nos ganó con su estupendo El expreso de Tokio), también hay nueva obra, La chica de Kyushu, editada por Asteroide. Misterio japonés.

Ambos misterios, en todo caso, interesantísimos para los que les guste este género. O no.

jueves, 11 de mayo de 2017

Época lamentable

Andreas Feininger - Denis Stock, New York 1951

«Vivimos una época tan lamentable que la cultura se identifica con el entretenimiento».

[Anotación de Barbusse, Cuaderno ocre, letra M, p. 21]  

martes, 9 de mayo de 2017

El pejiguera de don Miguel


Unamuno siempre ha sido, es y seguirá siendo noticia aquí en este blog, donde se le considera un escritor enorme de obligada, necesaria y recurrente lectura. Por eso, debo referirles que Páginas de espuma acaba de sacar esta reedición (en tapa dura) de los Cuentos completos de ese gran pejiguera entre pejigueras que fue don Miguel (¡cuántos pejigueras de verdad, como él, nos harían falta hoy en esta sociedad nuestra abarrotada de aparentes peguijeras que nos son más que cabezas huecas, amebas bucoparlantes al servicio de una forma u otra de poder!). 

Y aunque ya le dedicamos a este gran intelectual todo un monográfico en Otoño 2016, siempre es buen momento para escuchar la voz (escrita) de sus personajes, es decir, de todos nosotros y de -aunque no lo sepan- todos los demás, con su carga a cuestas de angustia y miedo, de esperanza y abrumador desconcierto, de impúdica humanidad.  

Unamuno es siempre necesario. Como la voz de un Maestro que nos susurrara al oído.

martes, 2 de mayo de 2017

Efecto Collins

Fráncfort, circa 1890

Esta vez el maestro Collins (pongámonos de pie) nos lleva de Londres a Fráncfort, de la sede de una firma comercial al hospital psiquiátrico de Bedlam, de la Universidad de Wurzburgo al armario de una inquietante habitación rosa. 

Si van a leer esa pieza de cámara magistralmente pensada y escrita que se llama La hija de Jezabel (en la extraordinaria traducción de Catalina Martínez Muñoz, Alba Editorial), les auguro unos tres (cuatro, a lo sumo) días de goce puro. Justo lo que van a tardar en devorárselo. Lo siento, el placer suele durar poco.

Este hombre, en dos frases, te atrapa con su inteligencia, con su ritmo narrativo, con su creación de ambientes. Y no solo eso: te secuestra, se hace dueño de tu voluntad, te hipnotiza. Por eso, no se asusten. Tendrán en esos tres o cuatro días inapetencia por todo, excepto por regresar a casa -quizá con las manos temblorosas-, despachar rápidamente a cualquiera que se ponga por medio, abrir el libro y meterse de nuevo en esa historia, sin pausas y sin horas por delante. 

Se trata de una "posesión literaria" en toda regla. 

Se llama efecto Collins.

viernes, 28 de abril de 2017

El especialista en nubes


«Su especialidad eran las nubes: las largas plumas de hielo de los cirros, las torres granulentas de los cumulo-nimbos, los jirones recortados de los estratos, los estratocúmulos que arrugan el cielo, como hacen las olitas de la marea con la arena de las playas, los altoestratos que forman velos en el sol, todas las grandes formas a la deriva bordeadas de luz, los gigantes algodonosos de los que caen la lluvia, la nieve y los rayos. Sin embargo, no era una persona que estuviese en las nubes... al menos, yo no lo creo. Nada de lo que sé de él hace pensar que fuera un fantasioso. Representaba a la URSS en la Comisión Internacional para el Estudio de las Nubes, participaba en congresos pansoviéticos sobre la formación de las nieblas y en 1930 había creado la Oficina del Tiempo, pero esas denominaciones poéticas no lo hacían soñar, se tomaba todo eso en serio, como un científico que desempeña su profesión al servicio, naturalmente, de la construcción del socialismo; no era un profesor Nimbus. Las nubes no eran un pretexto para soñar, nada vaporoso había en él, hasta lo imagino algo rígido. Al pasar a ser en 1929 el primer director del Servicio Hidrometeorológico de la URSS, se había propuesto hacer un catastro de las aguas, otro de los vientos y otro del sol. Seguramente no veía nada pintoresco al respecto; en estos proyectos de cartografiar lo inaprensible no había solicitud alguna a la imaginación, lo que le interesaba era lo concreto, realidades mensurables, los encuentros de las grandes masas de aire, el estiaje de los ríos, la formación del hielo y el deshielo, la evolución de las lluvias, la influencia de esos fenómenos en la agricultura y la vida de los ciudadanos soviéticos. También en el cielo se edificaba el socialismo. 

Había nacido en 1881 en Krapivno, un pueblo de Ucrania.»

Este es el comienzo de El meteorólogo, novela de Olivier Rolin que la editorial Libros del Asteroide pone en la calle el próximo 2 de mayo. Llámenme Rappel, pero lo que mi olfato me dice que les diga es que estamos ante un libro con todas las trazas de ser interesantísimo. Tal vez, casi (o precisamente) espléndido.

A veces falla. Mi olfato, digo. Pero nunca da pistas falsas.    

martes, 25 de abril de 2017

El dieciseisavo de Múnich

El Quijote en dieciseisavo encontrado en Múnich 

¡Pues no que ayer me hizo este hombre (me refiero, claro está, a mi representado, ¿a quién si no?) recorrer todas las librerías de fondo antiguo de Múnich y alrededores (estoy de viaje de negocios por Alemania) solo porque se le había antojado de pronto (así, sin más, como a quien le apetece tomarse unos cacahuetes) que necesitaba un nuevo Quijote en formato fácilmente transportable, "para mis salidas a la naturaleza", decía, lo que, aquí entre ustedes y yo, no significa otra cosa que irse a leer a campo descubierto, a cielo raso, vamos, a la puñetera intemperie, en una palabra, hum...! 

Pero, digo yo, ¡si tiene miles de Quijotes, demonios! Y, además, ¡con lo bien que se lee en casita!: sin moscas, sin hormigas, sin lagartos, con tu copita de brandy de barrica de roble bien adherida a la mano y tu pipa de brezo generosamente cargada... Así leo yo todos los domingos, tras la cena, junto a mi Agnes, mi capítulo semanal de Pamela o La virtud recompensada. ¿Acaso admite esto comparación con ponerse a expensas de los desagradables coleópteros montaraces? No, ¿verdad?

Pues nada. La cuestión es que por narices había que buscarle al señor Barbusse (y traerle, claro, que es lo peor) un ejemplar de -¿como dijo?- "tamaño dieciseisavo, Duvenand, no se le olvide". Encima esto, esta humillación, que es un gota a gota que algún día -ya les digo yo- terminará por rebosar la vasija de mi apostólica paciencia. 

Sea como fuere (ya que me he desahogado un poco), encontré en un pequeño negocio de libros de la zona de Marienplatz y muy a última hora de la tarde, este atractivo ejemplar de la novela de Cervantes: Plaza y Janés, año 1961, encuadernado en piel, papel de calidad y letra decente. Y dieciseisavo, según órdenes precisas, vayamos a líos, hum. Ya sólo falta que le guste (que esa es otra cuestión, y no baladí). 

Quedo a sus pies,
E. Duvenand,
secretario-albacea de monsieur Barbusse.

domingo, 23 de abril de 2017

Sorteo Cinco años, cinco clásicos

Dos lotes como el que ven arriba  para celebrar cinco años con ustedes

Miren qué panorama el de la imagen de arriba. Impresionante, ¿verdad?

Los nombres de los 39 participantes en este concurso aniversario ya están en el bombo giratorio que decidirá qué dos afortunados van a tener solucionado el tema de la lectura durante esta primavera y el próximo verano. 

El sorteo se programará para las 17:00 horas y será anunciado a esa hora aquí mismo.

Gracias a todos por participar y mucha suerte.

Actualización; 17:00 h.: Sorteo celebrado. Consultar aquí.

NOTA IMPORTANTE: Tras haber contactado con los participantes que han resultado ganadores, a fin de solicitarles los datos de sus direcciones postales para el envío de los premios, se ha podido comprobar que en el caso de Diego Dabán, no cumple con uno de los requisitos que se establecieron en la bases del concurso: la de ser residente en territorio español. Lamentándolo mucho por él, pero siendo justo con el resto de participantes, se ha decidido celebrar un nuevo sorteo mañana a las 17:00 horas, en el que entrará en juego solo el lote de libros que finalmente no ha resultado adjudicado.
Resultado sorteo adicional del 24/04/2017: aquí.

Enhorabuena a los ganadores. 

jueves, 20 de abril de 2017

Concurso Cinco años, cinco clásicos. 5

a) El quinto de nuestros invitados a este concurso-aniversario es el escritor checo Leo Perutz. Sus novelas, que se mueven en un terreno que participa de lo fantástico, lo misterioso y lo psicológico, fueron definidas de un modo muy elocuente (casi un eslogan promocional) por el crítico literario Friedrich Torberg. ¿Podrías decir cómo las definió?

b) En una entrada de este blog, de abril de 2014, el señor Barbusse hace toda una declaración de principios: "Tal vez lo que faltan son verdaderos orientadores en esto de la lectura que sepan llevarnos de la mano, descubrinos universos que conecten con nosotros, acercarnos a lo que verdaderamente esperamos de un buen libro, señalarnos -aunque solo sea para saberlo- dónde reside la gran literatura que, en la mayoría de casos, nada tiene que ver con esa de cartón piedra del marketing programado, con esa postiza, espuria, de los estantes piramidales de los hipermercados". El titulo de dicha entrada resume la esencia, la intencionalidad y la razón de ser de El infierno de Barbusse. ¿Cuál es dicho título?

Envía tu respuesta a esta pregunta a elinfiernodebarbusse@gmail.com, junto con las demás propuestas en este concurso, antes del 23 de abril y gana uno de los dos estupendos lotes de clásicos literarios que se sortean. Toda la información aquí

martes, 18 de abril de 2017

Taller de lectura 'Educar en el fanatismo'


Un muy íntimo amigo del señor Barbusse (tan íntimo que dicen las malas lenguas que en más de una ocasión ha ejercido de "negro literario" en este blog) impartirá el taller de lectura Educar en el fanatismo: niños programados los días 26 de abril, 10, 17, 24, 31 de mayo y 7 de junio, en la sede de la Biblioteca de Andalucía, en Granada.

Las inscripciones podrán hacerse a partir del 20 de abril a las 9:00 horas, bien presencialmente, en el Dpto. de Difusión de la Biblioteca, o por teléfono, en los números que se indican.

Aquí el texto de presentación del taller: 

Ciencia y religión pueden llegar a ser igual de dogmáticas. Ni una ni otra, por sí solas, son válidas para comprender el mundo, para explicar la vida y guiarnos en ella, para procurar serenidad. Esta es la conclusión a la que llegan tanto Unamuno, en su novela Amor y pedagogía, como Edmund Gosse, en su autobiografía Padre e hijo, dos textos de una calidad literaria excepcional que nos advierten de los peligros y las dolorosas consecuencias de educar sin amplitud de miras, sin espíritu crítico y sin libertad.

En este taller se leerán ambas obras y, a partir de ellas, se analizarán las características que definen la figura del niño programado o enjaulado, víctima de una formación estrictamente racional (como nos muestra Unamuno) o religiosa (como lo hace Gosse), pero en cualquier caso sesgada y deformada por un ciego radicalismo que niega aquello que nos hace verdadera e inconfundiblemente humanos: nuestros afectos.

La contundente modernidad de Amor y pedagogía, con su carga de humor e inteligencia, pondría fin al realismo literario en España, inaugurando una nueva etapa en nuestra literatura. Por su parte, la descarnada sinceridad de Padre e hijo testimoniaría el final en Inglaterra de una época tan moralista y contradictoria como la victoriana.