martes, 16 de octubre de 2012

Otoño Flaubert 2. Un ermitaño en Croisset

Pabellón de Flaubert en su finca de Croisset

«El 26 de diciembre de 1858, Flaubert le escribe a Mlle. Leroyer de Chantepie: "Un livre n'a jamais été pour moi qu'une maniere de vivre dans un milieu quelconque. Voilà ce qui explique mes hésitations, mes angoisses et ma lenteur" [Un libro ha sido siempre para mí una manera de vivir en un medio dado. Esto explica mis dudas, mis miedos y mi lentitud]. La frase resume maravillosamente el método flaubertiano: esa lenta, escrupulosa, sistemática, obsesiva, terca, documentada, fría y ardiente construcción de una historia. Igual que su poética, Gustave descubrió (inventó) su sistema de trabajo mientras escribía Madame Bovary; aunque sus textos anteriores le habían exigido esfuerzo y disciplina —sobre todo la primera Tentation—, sólo a partir de esta novela quedaría perfectamente definida esa suma de rutinas, manías, preocupaciones y ocupaciones que le permitían el máximo rendimiento. Una manera de vivir en un medio dado: esa profunda compenetración con un "medio", para recrearlo verbalmente, es algo que Flaubert consigue mediante la entrega absoluta de su energía y de su tiempo, de su voluntad y de su inteligencia, a la tarea creativa. Unos meses después de la carta citada, usa la misma fórmula para explicar su trabajo a Mme. Jules Sandeau: "Un livre a toujours été pour moi une maniere spéciale de vivre, un moyen de me mettre dans un certain milieu" [Un libro siempre ha sido para mí una forma especial de vivir, una manera de situarme en un determinado entorno] (Carta del 7 de agosto de 1859). 

Louis Bouilhet
Se levanta a eso del mediodía y, luego de desayunar con su madre, o solo con su perro, y de leer la correspondencia (las cartas de Louise llegaban a diario), dedica una hora a dar clases de gramática, historia y geografía a su sobrina Caroline, cuya educación se había empeñado en vigilar personalmente. A las dos de la tarde se encierra en las habitaciones contiguas que son su dormitorio y su escritorio; éste tiene una terraza desde la cual se divisa el (en ese entonces) bello y tranquilo paisaje: las aguas del Sena, la tierra fértil, las suaves colinas con álamos.  Permanece en el escritorio, donde, frente a la ventana, se halla su gran mesa redonda y una banca de roble. Cubre la mesa un tul verde, para impedir que los criados Julie y Narcisse ordenen el riguroso desorden de fichas, cuadernos y papeles que lo atestan. Un mazo de plumas de oca irrumpe de un recipiente, junto al tintero, que es una rana de cristal. Hay estantes con libros, un diván cubierto por la piel de un oso blanco, y aquí y allá, muchos de los objetos que trajo del Oriente: un narguilé, muchas pipas, un cocodrilo embalsamado. En invierno mantiene encendida la chimenea y en verano trabaja con las ventanas abiertas, vestido casi siempre con una bata de seda blanca que le llega hasta los pies. Escribe hasta las siete u ocho de la noche, hora en que sale a cenar con su madre y luego hace un rato de sobremesa con ella. Regresa al escritorio, donde sigue absorbido en la novela hasta las dos o tres de la madrugada. A esa hora todavía tiene ánimos para escribir a Louise cartas extensas, en las que, algunas veces, se muestra exultante porque ha trabajado bien, y otras, la mayoría, loco de furor por haber pasado horas tratando de mejorar una sola frase.

Fachada de la casa de Flaubert en Croisset
Hasta octubre de 1853, este horario rígido cambiaba ligeramente los fines de semana, que Louis Bouilhet venía a pasar con él a Croisset. Los amigos permanecían encerrados todo el domingo en el escritorio, leyéndose y criticándose mutuamente —de manera implacable— el trabajo de la semana. Gustave tenía confianza total en la opinión de Bouilhet y solía acatar los consejos de éste, quien, a lo largo de la redacción de Madame Bovary, fue una segunda conciencia crítica para Flaubert. Pero Gustave y Louis dedican también muchos domingos a comentar con detalle —y a corregirlos, rehaciendo estrofas enteras— los poemas que les envía Louise Colet. Esa venida de Bouilhet, a quien Flaubert quiso siempre entrañablemente, era una de las pocas distracciones de su vida monacal, un asueto que esperaba con avidez durante la solitaria y extenuante semana. Cuando Bouilhet partió a París, en octubre de 1853, el domingo se convirtió en un día idéntico a los otros.

Gabinete del escritor
Suele fumar muchas pipas al día, a veces hasta quince. Se ha comprobado que la luz de sus ventanas, eternamente encendidas, servía de faro a los pescadores de cangrejos de la región. Visita poco Rouen, salvo por cuestiones de trabajo. Así, va al Hôtel-Dieu, para que su hermano Achille lo asesore sobre la patología del pie deforme cuando está relatando la operación de Hippolyte, y hace otro viaje especial para documentarse en el hospital y en la biblioteca sobre envenenamientos con arsénico antes de narrar el suicidio de Emma.»

(Fragmento de La orgía perpetua: Flaubert y Madame Bovary, por Mario Vargas Llosa) 
________________________________________________________________

ACTIVIDAD 2:
A) Indica qué relación guarda cada una de las siguientes entradas con la vida y obra de Flaubert (p.e.: Ruán: ciudad natal del escritor):

1. Maupassant. 2. Louise Colet. 3. Grecia. 4. Cervantes. 5. La educación sentimental. 6. Byron. 7. Salambó. 8. Año 1857. 9. La tentación de San Antonio (cuadro de Brueghel). 10. Maxime Du Camp. 11. Elise Schlésinger. 12. Croisset. 13. Mémoires d'un fou. 14. Louis Bouilhet. 15. Cartago. 16. "Madame Bovary soy yo." 17. George Sand. 18. Años 1849-1851.

FUENTES PARA TRABAJAR LA ACTIVIDAD:
Vida y obra de Flaubert, por Germán Palacios 

¡¡Envía tu actividad a elinfiernodebarbusse@gmail.com, junto con las demás que se proponen en Otoño Flaubert, antes del 3 de noviembre y gana uno de los tres ejemplares de La señora Bovary  (Alba Editorial) que se sortean!!

3 comentarios:

  1. ¡Menudo lobo estepario, Gustave!
    Estoy con las actividades.
    Saludos.

    ResponderEliminar
  2. Madame Bovary c'est moi! Por cierto, a mi de Flaubert me encantó Bouvard et Pécuchet. Besos.

    ResponderEliminar
  3. Hola, Enma: "Bouvard y Pécuchet" es la gran obra que prefigura a Kafka y a Beckett (como dice Borges). Una gran cruzada contra la estupidez contada por un par de estúpidos. Un libro asbolutamente cervantino, moderno y anticipador de la literatura contemporánea. Si Flaubert fue el gran realista (con muchas particularidades), aquí rompe el realismo y se hace expresionista, casi surrealista. Un libro con humor y trascendencia, absolutamente un "must", a pesar de que está inacabado.

    Bienvenida al infierno.
    Saludos.

    ResponderEliminar