martes, 29 de abril de 2014

Inocular literatura


"Vivimos inmersos en el reino de la cantidad. Hoy en día la calidad, si no cuenta con un buen número de lectores, es relegada a los márgenes. Los medios fomentan esto; y además las cosas solo interesan en la medida en que son noticia. Los muertos dejan de leerse porque dejan de ser noticia y de ser promocionados. Es terrible. Yo abogo por una sociedad que rinda tributo a lo pequeño: pequeñas empresas, autores de culto, redes interactivas con los lectores, frente a emporios anónimos, autores de grandes cifras y publicidad a raudales. Esto es perfectamente posible en la actualidad y transformaría el uniforme panorama. El reino de la cantidad es nuestro becerro de oro."

Esto lo dice hoy en El mundo Jacobo Siruela, editor y dueño del sello Atalanta, a propósito del reportaje titulado "Cuando lo que leíamos era literatura", en el que se habla de cómo ha venido empeorando, a lo largo de unas décadas, la calidad de los libros más vendidos. A mí, que me interesan poco los libros más vendidos y menos aún el cambio que se ha podido venir produciendo en su supuesta calidad a lo largo del tiempo, sí que me interesan -y comparto al cien por cien- estas palabras de Jacobo Siruela. ¡Cómo no, si este blog -casi una materialización de lo que él manifiesta- entronca con esa vocación por la difusión de la calidad, el enaltecimiento de lo minoritario, la apuesta por la grandeza de lo menudo!

¿Exigen los lectores menos? ¿Leen lo que se quiere que lean? ¿Les falta criterio? Tal vez todo ello. O nada. Tal vez lo que falten son verdadedores orientadores en esto de la lectura que sepan llevarnos de la mano, descubrinos universos que conecten con nosotros, acercarnos a lo que verdaderamente esperamos de un buen libro, señalarnos -aunque solo sea para saberlo- dónde reside la gran literatura que, en la mayoría de casos, nada tiene que ver con esa de cartón piedra del marketing programado, con esa postiza, espuria, de los estantes piramidales de los hipermercados.

Hay tanto por leer y tan bueno...

Vivimos en la confusión de la abundancia, debería haber dicho Siruela. Como no lo ha dicho, lo digo yo. También se lo dijo Séneca a Lucilio: "En cuanto a la lectura, no te dejes llevar por la confusión que provoca tener mucho a tu alcance. Lo importante no es el número de libros que leas, sino la intensidad con que lo haces, lo que te reporta y aprovecha cada lectura, y la calidad de lo leído." No es mal consejo para quien empieza.

La semana pasada dos personas -jóvenes- interesadas en la lectura me pidieron que les recomendara algunos libros para introducirse en la buena literatura. A la primera -chico, veinte años- le recomendé En las montañas de la locura de Lovecraft y David Copperfield de Dickens. A la segunda -chica, alrededor de treinta-, El gato de Simenon y ¿Fue él? de Zweig. No sé si acerté abriéndoles una puerta -el tiempo lo dirá-, pero si sé que si esa puerta se ha abierto, permanecerá abierta -si acaso entornada- el resto de sus vidas. Esa es la gran satisfacción, el sentido final de quienes, de una manera u otra, intentamos inocular en los demás el virus de la literatura.

Imagen: Norman Rockwell. Before the shot, 1958

31 comentarios:

  1. Tiene usted toda la razón y, además, la cultiva cada vez que escribe en su estupendo blog. ¡Sin retórica ni empalago! Da gusto leer su excelente prosa y compartir su entusiasmo.

    Jorge Martín

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  2. Gran texto, Barbusse, y toda una declaración de principios de su propio blog.Coincido con Jorge en que es un lujo leerle. Un saludo.

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    1. Pues sí, una declaración de la vocación que tiene este blog. Gracias.

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  3. Es absolutamente cierto que, al final, lo que se recomienda personalmente, de boca en boca es lo que funciona de verdad. Y si se recomienda con criterio, con sinceridad y con la premisa de la calidad, pues ya no veas. Los tres ingredientes se dan en este blog, a lo que se suma la ausencia de pedantería, tan usual en estos sitios. Enhorabuena y que sigas mucho tiempo con este infierno de Barbusse porque a mí concretamente sí has conseguido inocularme ese virus de la literatura.

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    1. Hola, Carmen. Yo creo que también juega a favor de nuestra confianza la credibilidad que demos a quien nos recomienda. Eso de que la credibilidad una vez que se pierde no se recupera es totalmente cierto. Por eso no queda otra que basarse en la calidad y en la sinceridad, siempre dentro de los gustos de cada cual, claro está.

      Me alegro de que tengas el virus.

      Un saludo.

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  4. Estoy de acuerdo en casi todo. Y digo "casi" porque, aunque es una realidad innegable que hoy en día todo es publicable, que todo se basa en la cantidad y no en la calidad, y que el ser humano ha desarrollado una enfermiza tendencia a desear a toda costa recompensas inmediatas, me escama un poco cuando editores o dueños de ciertos sellos editoriales no muy conocidos (al menos, para el gran público) o que comienzan a emerger y a hacerse un sitio hacen tales aseveraciones, llevándome por ende a la pregunta de si su criterio sería el mismo en el caso de que sus empresas -al fin y al cabo una editorial no es otra cosa que una empresa, aunque el género con el que trabaje sea principalmente de abastecimiento para el espíritu- gozasen de mejor salud y más prestigio. Aunque son razones bien argumentadas y demostradas (y no digo que este señor no esté siendo absolutamente sincero), no es menos cierto que flota en el aire, entre escritores, blogueros y editores cuyo trabajo languidece en el anonimato o en cotas de prestigio que ellos creen que deberían ser mayores, cierto tufillo a envidia. Hasta tal punto esto es así, que yo he visto a escritores de best-sellers criticar a otros por ser lo mismo que ellos son, y no deberíamos obviar que no todos los libros que son éxitos de ventas tienen que ser, a la fuerza, malos libros, ni todos los escritores que gozan de un mayor cuidado por parte de las editoriales tienen por qué ser escritores mediocres. Ana María Matute, en su tiempo, fue un éxito de ventas, y el mismísimo Alejandro Dumas fue de los pocos escritores "buenos" que gozó de prestigio y fama estando en vida, sin que eso devalúe ni un ápice su ejemplaridad con la literatura de calidad. Creo que deberíamos leer lavados de prejuicios, porque para poner a cada autor y a cada editorial en su lugar ya se ocupa la historia. E insisto: estoy de acuerdo con esa opinión, pero no apruebo a quien la pronuncia por tratar de tapar su mediocridad o incompetencia criticando el trabajo de otros que, acertado o no, mejor o peor, con mega campaña publicitaria o sin ella, es lo que un gran número de lectores han elegido.

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    1. Estoy de acuerdo con el matiz, Raúl. Tanto es así que en ningún momento he dicho que lo que venda mucho sea malo. Pero sí que hay mucho malo (casi todo) que vende mucho. ¿Que el tiempo pone a cada obra y a cada autor en su lugar? Desde luego. Es cada lector quien pone sus exigencias. Al igual que cada espectador de cine o de televisión. Y esas exigencias a veces adolecen de cierto conocimiento de lo que hay más allá de la mera superficie, de lo más inmediato, de lo más publicitado. Si nos internamos en el bosque hay mucho más de lo que imaginábamos en un primer momento y -probablemente- sea más atractivo y de mayor belleza.

      Y sí, Dickens y Conan Doyle y Dumas y tantos otros fueron (y son) autores muy leidos. Pero partimos de unas premisas de calidad, que son las que permanecen y las que hacen que hoy se siga leyendo las obras de estos grandes escritores. Hoy el panorama es bastante más pobre, bastante menos exigente, estrictamente comercial, hecho con clichés y casi con plantilla. La prosa de los escritores que más venden es muy mediocre y anodina, salvo en algunos autores imaginativos y con enjundia (véase Pérez Reverte o algún otro caso excepcional). Los premios Planeta y los Nadal son de vergüenza ajena.

      Que está bien respetar los gustos de la gran mayoría, por supuesto. Y que debemos elegir dejando prejuicios al margen. Pero hay comparaciones que son imposibles porque no se sostienen y porque no deja de ser una injusticia -amén de una osadía- comparar copias con originales, cheques bancarios con literatura y gente que escribe con escritores.

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    2. Creo que el gran problema radica en la "educación literaria" -por así decirlo- y, sobre todo y ante todo, en lo voluble de las personas. Hace un tiempo (no muy lejano, relativamente; hablo de tres o cuatro décadas) había quienes criticaban muy duramente a Faulkner; ahora, sin embargo, resulta que todos somos muy eruditos y cultivados y a todos se nos llena la boca diciendo que Faulkner es "un imprescindible", a mí el primero. Lo curioso del asunto es que estas críticas venían espoleadas sobre todo por esas editoriales que no tenían los derechos de publicación de sus obras, escociéndoles visiblemente no poder ganar dinero con él. Por otro lado, yo he leído premios Planeta y Nadal que me parecen estupendos; no son todos, por supuesto, y la temática sobre el chanchullo de los premios literarios en este país daría para varias entradas de tu blog o del mío, pero también hay que saber reconocer méritos. Además, a un autor de hoy en día no se le perdonaría escribir como Melville o Dickens; cuando no te tildan de superficial, te tachan de ser barroco o, algo que está muy de moda, de provinciano, olvidándonos que no hay nada más provinciano que un escritor estadounidense, que un Paul Auster, por ejemplo, pero él habla de Nueva York sin complejos y un autor español no puede hablar de Madrid o Barcelona. Creo que asomarse a los clásicos y a los maestros de la literatura universal es indispensable para entender todo lo llegado después, y para tener esa educación de la que hablaba antes, pero no es menos cierto que no podemos quedarnos sólo en eso. Los libros nunca engañan, aunque mientan quienes los escriben, y hasta los volúmenes más casposos de autoayuda, las modas literarias, y esos infumables que escriben los intrusos -entiéndase por esto famosillos a los que les da por publicar sus mierdas-, pueden servirle a alguien. Además, las editoriales vocacionales y los buenos lectores no deberíamos andar tan a la defensiva con este tema, no debería preocuparnos tanto: como tú sabes y yo sé, la historia pondrá a cada uno en su lugar; entretanto, nos queda la satisfacción íntima y personal de tener la certeza de que lo que estamos leyendo tú y yo es mejor que lo que está leyendo la chica que hay sentada enfrente en el vagón de metro, más hermoso, más sabio, menos perecedero.

      Saludos.

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    3. De Faulkner por ejemplo hay obras que son un verdadero peñazo. El ruido y la furia, sin ir más lejos. Me da igual si se llama Faulkner o el mejor de los sabios dice que es imprescindible. A mi me parece un verdadero peñazo. Denunciar el aborregamiento es necesario también en este sentido, por arriba. La verdadera educación literaria se tiene cuando no hay complejos en reconocer que algo es bueno independientemente de la época, el género y la mano con que esté escrito. Bajo las premisas de la calidad, claro.

      Dime algún premio Nadal o Planeta de los últimos cinco años que te parezca estupendo. Me pica la curiosidad.

      De todas maneras estamos más de acuerdo de lo que parece.

      Un saludo.

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    4. Claro que estamos de acuerdo; lo que ocurre es que desarrollamos diferentes argumentos para elaborar una misma opinión. Ese libro de Faulkner lo estoy leyendo ahora, así que no puedo todavía pronunciarme. Pero entiendo lo que dices, porque a mí me ocurre con "El extranjero", de Camus: todo el mundo dice por ahí que es maravilloso, pero a mí me pareció un bodrio.

      El último Planeta que leí fue "El mundo", de Millás, pero data -creo- del 2007. Me pareció curioso; no me disgustó, aunque tampoco crea que es un libro imprescindible. Y respecto al Nadal, no fue el ganador sino el finalista en la edición de 1997, "La flaqueza del Bolchevique", que en un principio pensé que sería un libro liviano y sin demasiada trascendencia y que, luego, sin embargo, me pareció soberbio, con mucha más sustancia de la que aparentaba, aunque la película que se hizo de esa novela fuera un truño.

      Saludos.

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  5. Yo creo que por suerte, la creación de ciertas editoriales que no son de multitudes y algunos blogs enseñas que quizás son minoría, pero que sigue habiendo y habrá lectores que disfrutan de la calidad y no se dejan llevar por las campañas de marketing, ni por los nombres voceados.
    Pero como tiene que pasar, "De todo hay en la viña...".
    Un saludo.

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    1. Los mejores lectores, esos. Los que no se dejan que se la den con queso.

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  6. Calidad y cantidad no tienen porqué estar reñidas, pero hay que reconocer que hoy en día en muchos casos lo están. Por suerte hay muchos buenos lectores y para que siga así es de agradecer que haya personas, blogs, editoriales... que, de una manera u otra, intenten inocular el virus de la literatura haciendo ver que hay mucho más de lo que se ve a primera vista. Yo siempre me he contagiado de las personas que me rodean, es la mejor manera de aprender.
    Un saludo

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    1. Absolutamente de acuerdo.

      Ir formándose un estilo de lector también es fundamental. Y un gusto propio. Para ello no estaría mal tener presente aquello que decía un diseñador francés: el mal gusto es el que no coincide con el mío.

      :))

      Un saludo.

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  7. Por ejemplo un caso: "La verdad sobre el caso Harry Quebert", de Joel Dicker. Que si una obra maestra, una maravilla de thriller del siglo XXI, un escudriñamiento sobre la posición del escritor ante la composición de su obra, el nuevo Nabokov y etc. etc.

    Un truño, eso es lo que es.

    No tengo más que decir.

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    1. Pues un truño entretenidísimo... hasta el final, que es malo con avaricia.

      http://lamanoqueescribeconpluma.blogspot.ch/2014/03/la-verdad-sobre-el-caso-harry-quebert.html

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    2. Ergo... un truño en definitiva.

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  8. Muy bueno el artículo de Jacobo Siruela de esta semana, lo leí un par de veces y me pareció que ponía el dedo en la llaga a la hora de tratar temas tan peliagudos literariamente hablando. Además, como hacía poquito que había leído "La nueva Grub Street" de George Gissing, me dio qué pensar.
    Respecto a las recomendaciones, creo que fueron apasionadas y la pasión siempre resulta contagiosa. Saludos.

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    1. Bien traído lo del libro de Gissing, apropiado y oportuno.

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  9. Hola, Jesús. Llevo unas semanas leyéndote y creo que esta entrada es idónea para que me estrene como comentarista por aquí.

    Creo que das en el clavo cuando comentas que tal vez lo que falta son orientadores capaces de descubrir lecturas interesantes a cada lector en concreto, parándose a pensar en sus preferencias y sin inculcarle lecturas desde la pedantería. La oferta de libros es tan grande (a pesar de la reducción de títulos) que me temo que muchas personas quizá no pueden dedicar tiempo a informarse y se llevan un título sin referencias previas consistentes. En fin, la sobreinformación y la sobreproducción, esos males de esta época.

    Un abrazo y encantada de leerte. Me verás más por aquí :).

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    1. Tú lo has dicho, Rusta. A cada lector en concreto hay que darle su libro. No valen las recetas ya hechas.

      Me alegra tenerte por aquí. Estás en tu casa.

      Un abrazo.

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  10. este block esta mu bien pero es demasiao curto pa mi. La foto mu bien

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    1. No hace falta que lo digas.

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  11. Una buena recomendación de un libro es un gran regalo, desde luego para mi David Copperfield lo fue en su día. Pero que difícil es a veces dar con el libro correcto para el lector concreto y además, darlo en el momento justo.

    Como siempre, una entrada muy adecuada para los tiempos que corren.
    Saludos

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    1. Cierto. El qué, el quién y el cuándo son fundamentales. De ahí lo difícil. En América hay una rama de la Documentación que se llama Biblioterapia, que involucra literatura y psicología, y donde la recomendación de lectura es esencial para el bienestar de lectores concretos. Como una receta médica, pero en forma de libro.

      Un saludo, Mari Carmen.

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  12. Buscaré el artículo para leerlo; sobre lo que comentábais de El caso de Harry Quebert, es un ejemplo, hay muchos otros, de lo que hoy en día se considera buena literatura. Aún me produce urticaria cuando me acuerdo de alguien que dijo que El Clan del Oso cavernario era la mejor obra de la literatura de todos los tiempos.
    Pero algo que me viene a la mente mientras leo vuestros comentarios. Hay un gafapastimso inverso que considera que todos los autores fallecidos -no uso clásicos a sabiendas- u oscuros son buenos. De eso nada, los clásicos lo son porque siguen vigentes.

    Y enlazando la cantidad con la calidad, a veces me sorprende ver como los que yo considero éstupendos blogs literarios no tiene demasiados comentarios. Probablemente sea por los temas o libros sobre los que hablan

    Este es un tema que realmente da para mucho :)

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    1. Absolutamente de acuerdo contigo. Me sorprende que haya avalancha de comentarios en blogs que son bastante mediocres, o a mí me lo parecen, y que hablan de libros de dudosa calidad, mientras que escasean los comentarios en sitios de verdadero empaque o que traen a primer plano temas u obras fundamentales de la literatura. Yo tampoco sé a qué se debe este fenómeno, pero algunas veces es de vergüenza ajena. Al fin y al cabo vivimos en un país severamente inculto. Tampoco vamos a pedir peras al olmo.

      Un saludo.

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    2. Lammermoor, así es: no todos los autores fallecidos son buenos, eso es indudable. De todo lo que se ha publicado ha llegado vivo y coleando hasta nosotros un mínimo porcentaje. Basta ver el fondo antiguo de una biblioteca para darse cuenta de las toneladas de papel que se usaron para imprimir libros, sobre todo en el XIX y XX. Es el filtro de generaciones y generaciones de lectores, que se sienten identificados con una determinada obra, los que le otorgan el valor y la consideración de clásico. El libro permanece, sigue siendo leido y publicado trapasando años y modas y estilos. O sea, como tú has dicho, que sigue vigente. Es lo que Schopenhauer llama "literatura permanente".

      Un saludo.

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