jueves, 29 de mayo de 2014

Si a un genio otro genio se suma
("Informe sobre ciegos" de Sábato y Breccia)




Indagando por la web descubrí con sorpresa -qué persistentemente ignorante es uno- que Alberto Breccia tiene una adaptación gráfica del Informe sobre ciegos, el impactante tercer capítulo -y que puede ser leído por separado- de la novela  Sobre héroes y tumbas de Ernesto Sábato.

Al gran Breccia le conocía su Mort Cinder y -cómo no- el inexcusable Eternauta, amén de las versiones (y visiones) gráficas de varios relatos de Lovecraft. Y miren por dónde me encuentro ahora con que Astiberri ha reeditado hace unos tres años (a raíz de la muerte de Sábato) esta impecable adaptación gráfica que ganó el Premio a la mejor obra extranjera publicada en España en el Salón Internacional del Cómic de Barcelona en 1994. 




Breccia sentía predilección por los universos narrativos con grandes cargas de intriga y misterio. En sus últimos trabajos, parecía obsesionado por adaptar al cómic historias que le permitieran reflejar la locura y los miedos más elementales del ser humano, quizás porque él mismo sentía ya cercana la hora de hacerles frente. Era, pues, cuestión de tiempo el embarcarse en el proyecto de poner en imágenes este descenso a los infiernos de la locura que es el texto de Sábato, el cual, por cierto, se demoró muchísimo -era muy celoso de su obra- en concederle al dibujante el permiso para su adaptación al cómic. El resultado, sin embargo, no puede ser más excelso. El apabullante trazo y dominio de la mancha y del blanco y negro de Breccia son el mejor aliado para transmitir la desazón, la intriga y el tono de hipnótica pesadilla que desprende el relato del escritor argentino. 

Si ustedes ya tenían una obligación -leer cuanto antes Sobre héroes y tumbas-, ahora ya tienen dos: sumarle a dicha lectura la contemplación de esta maravilla visual de Alberto Breccia.

Cuando a un genio se le suma otro genio, ¿qué resulta? ¿Un doble genio? ¿Un genio al cuadrado? ¿Una genialidad genializada?

Ustedes mismos pueden tener la respuesta.

martes, 27 de mayo de 2014

P.O.M.
("Sobre héroes y tumbas" de Ernesto Sábato)


Sobre lo que pienso de esta obra podría decirles mil cosas, probablemente todas ellas vanas, torpes e innecesarias. Así que voy a ser escueto y también un poco abrupto, pero sepan que es en aras de una mayor precisión expresiva. Que ¿qué me parece Sobre héroes y tumbas de don Ernesto Sábato? Una -y ustedes disculpen la rotundidad sonora- Puta Obra Maestra.

viernes, 23 de mayo de 2014

Pájaro azul


hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero soy duro con él,
le digo quédate ahí dentro, no voy
a permitir que nadie
te vea.
hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero yo le echo whisky encima y me trago
el humo de los cigarrillos,
y las putas y los camareros
y los dependientes de ultramarinos
nunca se dan cuenta
de que está ahí dentro.
hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero soy duro con él,
le digo quédate ahí abajo, ¿es que quieres
montarme un lío?
¿es que quieres
mis obras?
¿es que quieres que se hundan las ventas de mis libros
en Europa?
hay un pájaro azul en mi corazón
que quiere salir
pero soy demasiado listo, sólo le dejo salir
a veces por la noche
cuando todo el mundo duerme.
le digo ya sé que estás ahí,
no te pongas
triste.
luego lo vuelvo a introducir,
y él canta un poquito
ahí dentro, no le he dejado
morir del todo
y dormimos juntos
así
con nuestro
pacto secreto
y es tan tierno como
para hacer llorar
a un hombre, pero yo no
lloro,
¿lloras tú?

Bluebird. Charles Bukowski

Para hoy viernes, este poema de Bukowski que me viene por recomendación del autor del futuro y prometedor blog El sótano de Kafka (atentos a sus pantallas).

Imagen: Monika Umba. A blue bird in my heart, 2009

miércoles, 21 de mayo de 2014

Turguénev doble con soda


Turguénev -ese monstruo- está de actualidad. Y no me extraña. El tiempo hace aflorar y posiciona en su merecido sitio a los grandes talentos y a las grandes sensibilidades. Y Turguénev conecta perfectamente con esta época nuestra de pérdida y desubicación. Probablemente él sea el escritor que con más sencilla hondura ha entendido y escrito sobre el hombre superfluo, el hombre mediocre, en el sentido del aurea mediocritas horaciano. Y ello sin displicencias, sin arrebatos de crítica, furia o resentimiento, sino con una gran comprensión y humanidad.

Alba viste de minus a Rudin -qué impresionante cubierta- y edita Nido de nobles en su colección Clásica. Qué quieren que les diga. La copa está servida: un Turguénev doble. Tan solo resta, si a bien lo tienen, añadir soda.

martes, 20 de mayo de 2014

Vivir sin miedo
("El unicornio" de Iris Murdoch)


Confieso que cuando me disponía a escribirles aquí algo acerca de El unicornio, de Iris Murdoch, tenía unas cuantas ideas más o menos hilvanadas en la cabeza, pero ahora, ante el teclado experimento una especie de bloqueo mental difuso que hace que cualquier comentario sobre esta obra, adictiva y enigmática a partes iguales, me parezca innecesaria y superficial, casi ridícula. Me ocurre esto con determinados libros, aquellos que tienen una carga simbólica tan importante que casi -o sin el casi- entran de lleno en el género de la fábula. Y yo, en estos casos, me inhibo, qué quieren que les diga. Que cada cual encuentre la llave, la interpretación, la chispa. Y si no la encuentra, no pasa nada. Hay historias -y eso no les resta validez, belleza o conocimiento- que pueden sobrevolar nuestra cabeza durante meses, años, a veces durante toda la vida, sin que podamos hallar un resquicio siquiera de su potencial o potenciales significados. 

No les asuste esto. Esta carga simbólica no le resta en absoluto encandilamiento -apasionamiento, sería más exacto decir- a la lectura de El unicornio. Al contrario, la intensifica. Murdoch trabaja en varios planos, al menos dos: uno, el meramente argumental, que incluye ingredientes de la novela gótica y que absorbe por completo la atención del lector  (no queden con amigos para salir o adquieran cualquier otro compromiso social durante los días que dediquen a leer esta obra, porque el enganche puede ser severo, ya les aviso); y dos, el plano metafórico, alegórico o filosófico -como queramos llamarle-, imbricado con pasmosa habilidad y naturalidad en la narración, en los diálogos, en el comportamiento de los personajes y que parece querer decirnos, inculcarnos alguna profunda lección moral o de vida. La continua oscilación entre ambos planos es lo que hace que la historia resulte al mismo tiempo transparente y oscura, clarificadora y ambigua, consciente y onírica. Verosímil y siempre extraña y misteriosa. Para algunos, que buscan el círculo cerrado, podría ser demasiado inconcreta o incluso (deliberadamente) inaprehensible; no es mi caso, que disfruto enormemente con las novelas que no me lo explican todo. Que me dejan libertad, margen, espacio para completar lo que me cuentan.

Iris Murdoch
Claro está que de un planteamiento novelístico tan arriesgado sólo puede salir airoso un escritor con unas condiciones excepcionales. Es el caso de la autora que nos ocupa, dotada de una inteligencia y una  preparación intelectual fuera de lo común. La escritura de Murdoch alcanza en El unicornio alturas siderales y se encuentra, sin duda, entre lo más elaborado de su producción. Las brillantes descripciones, observaciones y pensamientos que traspasan la obra, el ritmo de la narración, la sagaz dosificación de la tensión y del suspense, la belleza de su prosa, en definitiva, son un verdadero banquete para cualquier lector exigente. Ese magistral capítulo (creo recordar que es el veinte) en que Effingham se pierde en el bosque es compendio, paradigma  y culmen de lo que digo; y resulta antológico de la calidad literaria del libro.

No voy a entrar aquí en juicios sobre el significado de El unicornio (estén tranquilos, no es mi intención darles la brasa ni premeditar, cuanto menos chafar, su lectura). Pero sí les diré cuál ha sido el leitmotiv que me ha percutido la cabeza leyendo los avatares de estos personajes que pululan alrededor del caserón de Gaze y en ese paisaje de acantilados y páramos. Que hay que vivir sin miedo. Que vivir sin miedo es  la mejor y única receta posible para intentar disfrutar de nuestra existencia. "La culpabilidad -se dice en un momento de la novela- mantiene a las personas prisioneras de sí mismas". La culpabilidad, el arrepentimiento, la conciencia, los pensamientos.

La edición de esta joya corre a cargo de Impedimenta e incluye un prólogo de Ignacio Echevarría y una estupenda traducción de Jon Bilbao.

viernes, 16 de mayo de 2014

Tres escritores en un escenario

Mario, Javier y Arturo en plena charla con su editora, Pilar Reyes

Puesto que las personas realmente interesantes y con cosas importantes que decir jamás salen en televisión (salvo que se mueran y, a veces, ni aun así), hay que acudir a la siempre sorprendente y enriquecedora web para encontrar nichos de estimulación neuronal algo más exigentes que la mera contemplación de una serie de inefables personajes lanzándose desde un trampolín a una piscina en posición fetal o las desavenencias de un grupo de "supervivientes" espantando mosquitos en las playas de Cayo Conejo. 

Como quiera que yo velo más por su integridad cognitiva que los programadores de TV, les voy a recomendar lo que hace unos días me recomendaba un buen amigo. Se trata del acto con el que la editorial Alfaguara celebraba el pasado lunes su 50 cumpleaños y que reunió en Madrid, en el escenario de los Teatros del Canal, a los tres escritores más representativos (y potentes) de su catálogo: Mario Vargas Llosa, Arturo Pérez-Reverte y Javier Marías.

La charla, inteligente, amena y divertida, que mantuvieron acerca de su oficio, de sus lecturas, de sus autores preferidos, de su pasión por la literatura, en general, no tiene desperdicio. La ironía de Marías, el ímpetu de Pérez-Reverte y la cercana grandiosidad de Vargas Llosa sintonizan a la perfección, y hacen que la hora y media que dura la charla se pase en un suspiro. Impresiona y cautiva oír cómo se expresan estas tres cabezas tan bien amuebladas. Es normal, acostumbrados como estamos a escuchar tanta reverenciada banalidad y tanta aplaudida tontería.

Pueden ver el vídeo aquí. Que lo disfruten.  

martes, 13 de mayo de 2014

Razonar el deseo
("El túnel" de Ernesto Sábato)






«Cada vez que María se aproximaba a mí en medio de otras personas, yo pensaba: "Entre este ser maravilloso y yo hay un vínculo secreto" y luego, cuando analizaba mis sentimientos, advertía que ella había empezado a serme indispensable (como alguien que uno encuentra en una isla desierta) para convertirse más tarde, una vez que el temor de la soledad absoluta ha pasado, en una especie de lujo que me enorgullecía, y era en esta segunda fase de mi amor en que habían empezado a surgir mil dificultades; del mismo modo que cuando alguien se está muriendo de hambre acepta cualquier cosa, incondicionalmente, para luego, una vez que lo más urgente ha sido satisfecho, empezar a quejarse crecientemente de sus defectos e inconvenientes. He visto en los últimos años emigrados que llegaban con la humildad de quien ha escapado a los campos de concentración, aceptar cualquier cosa para vivir y alegremente desempeñar los trabajos más humillantes; pero es bastante extraño que a un hombre no le baste con haber escapado a la tortura y a la muerte para vivir contento: en cuanto empieza a adquirir nueva seguridad, el orgullo, la vanidad y la soberbia, que al parecer habían sido aniquilados para siempre, comienzan a reaparecer, como animales que hubieran huido asustados; y en cierto modo a reaparecer con mayor petulancia, como avergonzados de haber caído hasta ese punto. No es difícil que en tales circunstancias se asista a actos de ingratitud y de desconocimiento.

Ahora que puedo analizar mis sentimientos con tranquilidad, pienso que hubo algo de eso en mis relaciones con María y siento que, en cierto modo, estoy pagando la insensatez de no haberme conformado con la parte de María que me salvó (momentáneamente) de la soledad. Ese estremecimiento de orgullo, ese deseo creciente de posesión exclusiva debían haberme revelado que iba por mal camino, aconsejado por la vanidad y la soberbia.»

Releo estos días El túnel de Sábato (o Sabato, nunca lo supe bien) y confirmo lo que ya pensaba hace veinte años, cuando leí la obra por primera vez. Que es lúcida y enigmática. Que no ha terminado de decir todo lo que tenía que decir (usando la acertada expresión de Italo Calvino para referirse a los clásicos). Que habla de lo esencial, de lo que verdaderamente atañe al hombre en esta chispa de luz entre dos oscuridades que es nuestra vida.

¿Y qué es lo esencial? Paradójicamente, lo que no se puede expresar con palabras. Por eso Sábato se vale de lo fragmentario y de lo incierto, de lo anómalo y de lo subjetivo. Y se vale de un castellano penetrante y quirúrgico, préstamo de su racionalidad científica.

Razonar. He ahí la palabra. Razonar es lo que hace Castel. Hasta que el abismo le vence. Pero ¿se puede razonar lo que se siente, lo que se ansía? ¿Se puede razonar el deseo? ¿La inacabable, la agotadora tarea de aplacar el lacerante vacío con que nacemos?

Ay, Ernesto. Ernesto Sábato. Me quito el sombrero.

Imagen: Los amantes. Akseli Gallen-Kallela. 1917

viernes, 9 de mayo de 2014

Otra Bovary


Habemus nueva edición de Madame Bovary (noticia que no podía soslayarse aquí). De mano de Siruela y con traducción de Mauro Armiño. ¿Qué aporta?: tres fragmentos inéditos que suprimió Flaubert del manuscrito definitivo de la novela en los que se subraya la pasión de Emma por la lectura y cómo ésta podría haber sido el detonante de su incapacidad para diferenciar realidad y deseo. Es decir, no mucho, sobre todo si tenemos en cuenta que Flaubert eliminó dichos fragmentos por decisión propia y no como consecuencia del juicio por obscenidad y escándalo público al que tuvo que hacer frente. Eso sí, es una opción más para leer este clásico absoluto, aunque yo sigo prefiriendo la edición de Alba, difícilmente mejorable, con la impresionante traducción de María Teresa Gallego.

jueves, 8 de mayo de 2014

Motivos miles


Una comunión (ahora que es mayo).
Una boda.
Un divorcio.
Un cumpleaños, un santo.
Una operación de amigdalitis, por ejemplo.
Un reencuentro.
Un desencuentro. 
Una graduación.
Un catarro.
Una torcedura de tobillo, un alumbramiento.
Un "auf Wiedersehen, invierno".
Un "bienvenido, verano".
Una manera de decir perdón.
Un merecido autorregalo.
En fin, no sé, propongan ustedes.
Siempre hay un motivo o una excusa para hacerse con el Cándido.
Y más ahora con esta edición ilustrada por Quentin Blake.
O cualquier otra, que ustedes tengan a mano. 

lunes, 5 de mayo de 2014

Un básico sobre la identidad
("La dama que se transformó en zorro" de David Garnett)


Era esta una de esas obras que estaba pidiendo a gritos un rescate y una limpieza de cutis. No más, nada de lilfting ni de botox, que no le hacía falta porque el texto se vale más que de sobra por sí mismo y es propenso a permanecer indeleble en la memoria de aquellos lectores que se aventuran en él. 

Como saben los lectores de este blog me dislocan los libros que tratan sobre los límites de la identidad, las transformaciones y todo lo que sea cuestionarnos acerca de lo que somos realmente para nosotros mismos y para los demás. Para muestra un botón: he prologado Enterrado en vida, estoy leyendo El difunto Matías Pascal y dediqué en este blog un intenso monográfico a La metamorfosis. Así que sobran las explicaciones de por qué esta preciosa fábula contemporánea de David Garnett está entre los libros que estimo especialmente.

Las fábulas permiten muchas lecturas. Dejan libertad al escritor y al lector para sugerir y recibir sugerencias, respectivamente. Cada vez me son más gratas, al igual que los aforismos, porque incitan a la elucubración y a las posibilidades interpretativas personales e intransferibles. Y, aunque no las aprehendas (con "h", ojo) en un primer momento, dejan una especie de poso en la conciencia que aflora en el momento que menos te lo esperas, repleto de luces y significados. Son, en este sentido, como la poesía o como la música. No hay que comprenderla, únicamente sentirla.

David Garnett, por Vanessa Bell, 1915

Dicen algunas notas de prensa que esta obra es inédita y desconocida en España. Mentira cochina. Al menos se conocen tres ediciones distintas en castellano, siendo las más recientes las de los años ochenta, una de Lumen y otra de Orbis, esta última en la ya mítica colección Biblioteca Personal Jorge Luis Borges, que fue donde yo la leí. En aquella edición, Lady into fox -que es el título original de la novela- se tradujo como De dama a zorro y se incluían otros dos relatos largos -igual de extraños y lúcidos- del propio Garnett: Un hombre en el zoológico y La vuelta del marinero. Ninguno de estos, no obstante, se instaló de manera tan rotunda en mi imaginación como la historia de la mujer que se convierte en raposa y vaga por los campos de Ox­ford­shire. No les cuento argumento, ya saben por aqui que detesto contar argumentos. Y además, ¿qué importa, en realidad, cuál sea el argumento?

David Garnett escribe con estilo y delicadeza metiendo en la aparente ligereza muchas cargas de profundidad. Habla del dolor y de la pasión, del amor y de la muerte -ahí es nada- sin cursilerías ni petulancias. Inglés hasta la médula, fue amante del famoso pintor Duncan Grant y amigo del Grupo de Bloomsbury al completo, donde lo apodaban “Bunny”.

El feliz rescate de Garnett lo ha hecho Periférica; la limpieza de cutis, Laura Salas, traductora.

Por cierto, la correcta traducción del título -por aquello de que los sustantivos en inglés carecen de género, pero no así en español- hubiese sido La dama transformada en zorra o De dama a zorra . Pero, claro, a ver quién es el guapo que se atreve.