jueves, 26 de marzo de 2015

Tres años de infierno (sorteo)

El atrezo no se sortea, ojo, solo los libros. 

El próximo mes de abril El infierno de Barbusse cumple tres años y el monsieur que escribe este blog ha decidido celebrar la ocasión obsequiando a sus seguidores y habituales visitantes con tres ejemplares de una obra excelente, El anticuario de Walter Scott, en la edición, magnífica, que acaba de publicar Alba.

El evento es muy sencillo: ustedes contestan a tres preguntitas muy sencillas sobre Scott y su obra, y entran en un sorteo en el que pueden ganar uno de estos tres espléndidos ejemplares (cedidos, por cierto, amablemente por la editorial).

Sólo dos requisitos para participar: 1) ser seguidor del blog y constar como tal públicamente; y 2) tener residencia en España.

Las preguntas se formularán los días 9, 13 y 16 de abril. El sorteo se realizará el día 18 de abril.

Estén atentos.

lunes, 23 de marzo de 2015

Gratificarse en primavera


Si bien el clima era parecido al de mi Escocia natal -aunque mi apellido pueda mover a confusión, soy nacido y criado en las Highlands-, el pasado sábado se incrustó en el ánimo y en la mente del señor Barbusse la obcecada y urgente idea de obligarse a salir muy de mañana con el fin de, según sus palabras, "gratificarse por la llegada de la primavera". Semejante cursilada no es otra cosa que el eufemismo con que mi representado intentaba justificar -ante los demás y ante sí mismo- el gasto en la adquisición de nuevos libros y el posible desorden de conciencia que ello pudiera generarle. En fin, este hombre no tiene arreglo. El hecho es que para saludar a la época de las flores y las abejas -por no decir de las rinitis y de los lloriqueos oculares- se echó al bolsillo estos tres ejemplares que acaba de incorporar a su biblioteca y que desea que yo les dé a conocer a ustedes. Él tiene el dilema moral de por cuál empieza. Y yo el de cómo cuadrar balances y cuentas, si esto sigue así.

Mucho caballo veo yo por ahí, si les soy sincero. 

Les saluda, E. Duvenand.

viernes, 13 de marzo de 2015

Teletipos del viernes

Acaba de publicar novela, con una pinta -por dentro y por fuera- atractivísima, Arturo Pérez-Reverte. Ambientada en el XVIII y con una trama en la que hay libros de por medio. Pero eso ya lo saben, seguro, ¿a que sí? Qué alegría que un día al año las noticias y redes asociales hablen de literatura y la gente salga retratada, mayormente en un selfie, con su librito bajo el brazo o sostenido delicadamente entre las manos, como si abrigaran un pajarillo manso y achacoso. Me pregunto cuántos de ellos lo leerán realmente. 

Pero, qué mas da, ¿no? Lo importante es que la gente se dé cuenta de que los libros no muerden ni nada de eso, que tus amigos no te van a mirar mal ni a negarte el saludo por gastarte 20 euros en unas 500 páginas de papel con texto impreso. No pasa nada, sigues siendo el mismo. Una extravagancia la tiene cualquiera, dirán. Nadie es perfecto. Y además, oye, que una  vez al año no hace daño. Ni perjudica la vista. Lo importante, creo yo, es que se hable de libros con las misma normalidad con que se habla de otros asuntos cotidianos. En fin, ya ven que no le hago ascos a los best sellers, si estos son dignos y cuidados y con una trama tan estimulante como ésta. 

Más cosas. Pablo d'Ors también tiene novela nueva. Contra la juventud se llama. La edita Galaxia y como todo lo que este hombre publica, merece mi atención personalizada. Pablo está en el otro extremo de Pérez-Reverte, me refiero al diferente salseado comercial con que se dispensan los libros de uno y los del otro. Hamburguesa simple sin ketchup para Pablo y extra de queso y salsa brava para Arturo. Ya sé que estas cosas del marketing son estrategias de las editoriales. Pero, caramba, como si Arturo a estas alturas necesitara de ese dispendio publicitario para que se le lea (o para vender sus libros). Bueno, sea como sea, lo nuevo de d'Ors me lo recomiendo a mí mismo desde ya. Apunto: un libro no contra los jóvenes, sino contra la juventud.   


Un tercer y último teletipo, para que estén prevenidos. No he comentado hasta ahora nada sobre un libro que he podido leer hace unas semanas -La vida soñada de Rachel Waring, de Stephen Benatar-, eso sí, lo he recomendado en privado con insistente agresividad. ¿Qué les puedo decir? Que es una novela tan sorprendente y sorpresiva que no invita al comentario sino a que cada lector la goce e interprete por sí mismo. Haciendo uso de las mismas palabras con las que, en un momento de la novela, la protagonista se refiere a una película que acaba de ver en el cine y cuyo título ahora no recuerdo, lo que les puedo decir de esta obra es que es "deliciosa, divertida, tierna y triste". Un libro maravillosamente bien escrito. Y un personaje de los que no se olvidan. 

miércoles, 11 de marzo de 2015

Un editor en el infierno. Rafael Díaz Santander

Un "halo de misterio" rodea siempre a Díaz Santander
Fue en 1986 cuando Rafael Díaz Santander (hoy en el infierno) junto con Juan Luis González fundaron Valdemar, una editorial cuyos libros son, a buen seguro, objetos familiares en el hábitat de todo gran lector. Hablar de este sello es hablar del más nutrido catálogo editorial español de literatura de misterio y terror, género en el que se ha centrado, aunque sin descuidar otros interesantes focos de atención (entre ellos, la literatura de aventuras, fantasía, western, ensayo, etc.), por lo que Valdemar bien puede ser considerada una editorial todoterreno que hay poco con lo que no se atreva: desde Stevenson a Proust, pasando por Schopenhauer, Kafka, Flaubert, Dickens, Melville y un largo etcétera. Sus ediciones del canon de Sherlock Holmes y del Padre Brown, de Drácula, de Melmoth el errabundo o de La isla del tesoro, por citar solo algunos de los títulos que al señor Barbusse le vienen ahora a la cabeza, pueden considerarse auténticas joyas dignas de persecusión bibliográfica. Marcas de la casa: su gran personalidad y el cuidado externo e interno (léase traducción) con que trata todo lo que publica.  


Nadie lee nada. Si lee, no comprende nada, y si comprende, lo olvida enseguida. No lo digo yo, son palabras de Stanislaw Lem. ¿Demasiado pesimista?

No conozco el contexto de esa afirmación. Así en bruto parece un tanto radical, ¿no?

Imagínese que una inundación –por elegir una catástrofe– amenaza con hacer desaparecer su fondo editorial. ¿Qué libro (solo uno, por favor) salvaría? 

El manuscrito encontrado en Zaragoza. Pero puede que mañana eligiera otro…  

Yo le digo: la calidad en la literatura es subjetiva. Y usted me dice…

Sí, claro, pero también está el buen gusto y el criterio, que también son subjetivos, de modo que esto es un bucle que no lleva a ninguna parte. 

Salvado de la catástrofe
¿Con qué personaje de ficción le gustaría irse a tomar unas copas?

Con Dios, sin duda, habría que aprovechar para decirle unas cuantas cosas… 

¿Qué título publicado por otra editorial le hubiese hecho feliz tener en su catálogo?

Uff, hay muchos, diré, por citar alguno, El Señor de los anillos, que además nos habría dado mucha pasta. 

¿Soy un retrógrado, un romántico o un friki si le digo que mi experiencia con el libro electrónico me ha producido un efecto rebote y ahora compro más libros en papel que nunca?

Yo diría que no hay nada más retrógrado que esa fe y dependencia casi ciega en una tecnología que nos esclaviza, nos censa y nos controla. Pero, para no divagar, el libro electrónico es meramente un texto arrancado de su soporte natural, formateado para su lectura en diversos dispositivos. El cerebro se adapta sin problemas a la lectura en dispositivos electrónicos, pero conlleva pérdidas de orden estético y funcional. No es extraño que algunos necesitemos el papel para obtener el máximo placer. Salvando las distancias, no es lo mismo ver un cuerpo desnudo en una pantalla que tenerlo delante, ¿no? 

Decía Kafka que un libro debe ser el hacha para el mar helado de nuestro interior. ¿Algún libro-hacha que destaque en su vida?  

Parerga y Paralipómena, de Arthur Schopenhauer, por ejemplo. Pero también podría ser la Antología del humor negro de André Breton.

Un libro que detesta o al que le tiene especial manía es… 

Peter Pan, por citar un clásico. No es que lo deteste, pero me cae mal ya desde la versión Disney. 

En literatura, ¿está todo inventado?

Yo diría que sí, pero a lo mejor viene alguien y nos sorprende. 

Dígale algo a un adolescente que no lee para que se sienta interesado por la lectura; o lo que es lo mismo, ¿qué nos aporta el acto de leer?

Le diría que se mantenga apartado de la lectura. ¿Para qué introducir la incertidumbre en un sistema de vida que le proporciona todas las respuestas? La lectura puede llevarle a plantearse preguntas incómodas sobre sí mismo y lo que le rodea, puede llegar incluso a intuir que detrás de lo que acostumbra a tomar por la realidad hay algo innombrable y tenebroso… Mejor que siga con sus cachivaches electrónicos sintiéndose libre en un mundo donde las ideas recibidas se propagan como un virus. 


Uno de los títulos del canon holmesiano

Si mañana los alienígenas invadieran la Tierra y estos quisieran hacerse una idea, leyendo un libro, de cómo son los humanos, ¿qué obra les aconsejaría para ilustrarlos? 

La jungla, de Upton Sinclair. Y si después de esto quieren hacerse nuestros amiguitos es que son más perversos que nosotros y vienen a comernos. 

Un clásico de la literatura que le sonroje no haber leído aún.

Todavía no he podido terminar Ulises, pero no me sonroja en absoluto: lo he intentado varias veces, y algún día puede que lo consiga. 

Dígame un libro que le haya hecho reír (con o sin carcajadas). 

A White Merc with Fins, de James Hawes. Creo que alguien lo tradujo al español como El plan perfecto, vete a saber por qué… Otra opción sería el de Los hombres salmonela en el planeta porno, de no me acuerdo qué japo loco. 

Y otro que le haya hecho llorar (con o sin lágrimas). 

Recuerdo que me conmovieron mucho de pequeño La Dama de las Camelias, y Billy Budd, si es a eso a lo que te refieres. 

Una delicatesse
Un autor de cabecera y otro de cabezada.

Thomas Ligotti, de cabecera. Para echar cabezadas está Thomas Pynchon. 

Un autor del momento que presume se seguirá leyendo dentro de cien años.

Creo que dentro de cien años leer literatura será una actividad casi clandestina, reservada para gente melancólica o muy rara, y los autores se habrán extinguido. 

¿Cuál es su lema como editor? 

Intentar no defraudar a nuestros lectores. Esto es casi imposible, pero hacemos el esfuerzo. 

¿Qué opinión le merece la opinión de que los libros son caros?

Bueno, esto es muy relativo. A mí me parece caro el fútbol y las tarifas de telefonía y toda ese rollo. De todas formas, el mercado del libro en España es muy anómalo. Hay pocos lectores, muchas editoriales, pocas bibliotecas, un mercado de segunda mano casi inexistente... La mayoría de los editores que conozco las pasan canutas, así que no es un negocio muy boyante que digamos. 

¿Cuál de los títulos que usted ha editado es el más vendido? 

Seguramente sea la narrativa completa de Lovecraft, a lo largo de los años… 

¿Qué tiene Cincuenta sombras de Grey para vender 30 millones de ejemplares en todo el mundo?

No me jodas, ¿30 millones? No me lo trago. No puede haber tantos gilipollas en el mundo, ¿o sí? Bueno, este negocio es así, si consigues vender a la gente que no lee te forras. 

Defíname lo que es para usted un libro bien editado.

Para mí un libro bien editado cuida todos los detalles, la traducción, si la tiene, la tipografía, la cubierta, los materiales empleados, la impresión, la encuadernación. Un libro bien editado es como un/a amante a quien quieres sobar todo el rato… 

Ligotti, de cabecera
¿No debería pagarse el precio de un libro una vez leído, y no previamente sin que sepamos si nos va a gustar?

Me parece una premisa un tanto rousseauniana e ingenua, como de mundo perfecto. Ya puestos, podemos pagar sólo aquellas películas que nos gustan, o la música… ¡ah, espera, que ya nadie quiere pagar por estas cosas! No, en serio, hoy en día hay suficientes herramientas en Internet para saber si un libro puede gustarte o no. Equivocarse con algunos libros o autores es normal, el criterio se forma también con los errores. 

¿Hay muchos gatos -bien maquillados- y pocas liebres en los expositores de las librerías españolas?

No, no, ni mucho menos. Estamos en una especie de edad dorada de la edición en España. En los últimos años han surgido multitud de pequeñas editoriales con catálogos excelentes que están recuperando obras y autores incomprensiblemente ausentes en nuestro país. Hay mucha basura tóxica en la superficie, pero si la apartas y buscas bien, encuentras verdaderos tesoros. 

¿Editar en España es llorar o lloriquear?

Para nosotros ha sido y es divertido editar, si descuentas las enormes decepciones y las penurias económicas. No obstante, Valdemar es una editorial de “fans”, pocos, tal vez, pero enormemente agradecidos y leales, y esto es muy satisfactorio, te comprometes con ellos, da la sensación de que editas para un grupo de buenos amigos. 

Una ilusión aún no cumplida.

Poder editar lo que me de la gana sin hacer números ni previsiones de ventas. Esto sería acojonante.

lunes, 9 de marzo de 2015

Saber del agua


«Érase dos peces jóvenes que nadaban juntos cuando de repente se toparon con un pez viejo, que los saludó y les dijo: "Buenos días, muchachos ¿Cómo está el agua?". Los dos peces jóvenes siguieron nadando un rato, hasta que eventualmente uno de ellos miró al otro y le preguntó: "¿Qué demonios es el agua?".»

Nunca he querido ser -ni he sido- como los peces de la conocida parábola de David Foster Wallace. Al contrario, quiero saberlo -hasta dónde pueda o alcance- todo sobre el agua, qué me ofrece, qué me esconde, qué me tiene reservado. Certezas, posibilidades, probabilidades. No me conformo únicamente con disfrutarla. Deseo conocer -aunque me inquiete o me produzca vértigo- dónde estoy. Qué soy. Quién soy.  

Cualquier novedad de la editorial Atalanta debería ser (lo es para mí) noticia. Y de las importantes. Si usted también quiere saber, anhela verdad, busca estímulos, preguntas y respuestas, piensa, siente, vive..., aquí tiene dos citas importantes, dos novedades extraordinarias de un editor al que nunca podremos agradecérselo lo suficiente. 

Ah, el agua. Eso, el agua... 

viernes, 6 de marzo de 2015

Tom y el señorito Blifil

Portrait of two boys, Joseph Francis Nollekens, 1745

«Como desde el momento mismo en que nos sentamos a escribir esta historia decidimos no halagar a nadie, sino guiar nuestra pluma por los caminos de la verdad, nos vemos obligados a presentar a nuestro héroe en unas condiciones bastante más desventajosas de las que desearíamos, y a declarar honradamente, incluso desde su primera aparición, que era opinión unánime de todas las personas que integraban el hogar del señor Allworthy, que había nacido para ser ahorcado.

Y he de reconocer, no sin pena, que estas conjeturas no carecían de fundamento. Desde su más tierna edad el muchacho había puesto de manifiesto su propensión a muchos vicios, y en especial a uno que tiende directamente, al igual que algunos otros, hacia ese fin que acabamos de observar que le había sido proféticamente anunciado. Había sido ya declarado autor de tres robos: saquear un huerto, hurtar un pato del corral de un granjero y sacar una pelota del bolsillo del señorito Blifil.

Los vicios del muchacho aparecían aumentados, además, cuando se los comparaba con las opuestas virtudes del señorito Blifil, su compañero, de un temple tan diferente al del pequeño Jones que no sólo los de la casa, sino toda la vecindad cantaba sus alabanzas. Era, en efecto, un muchacho de notables cualidades: sobrio, discreto y con una piedad muy superior a lo que de su edad podría esperarse. Cualidades que le granjeaban la estimación de todos cuantos le conocían, en tanto que Tom Jones era el objeto del desagrado general, siendo muchos los que se admiraban de que el señor Allworthy se aviniera a que un muchacho de esta clase se educara con su sobrino, sin tener miedo de que las buenas costumbres del último se corrompieran con el ejemplo del primero.»

Henry Fielding. Tom Jones (Libro III, cap. 2). Trad. de María Casamar