lunes, 15 de septiembre de 2014

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Julien Sorel se viste de Alba


Hay imágenes que hablan por sí solas. Dejemos que hable ésta...

Añadir tan solo que la traducción viene firmada por María Teresa Gallego, de cuya mano pudimos leer hace un par de años una deslumbrante versión de la Bovary de Flaubert.

La edición es de Alba (Clásica Maior, a lo grande).

La portada es de Malévich.

El resto lo pone Stendhal.

martes, 9 de septiembre de 2014

Dos imprescindibles que no han perdido su "im"



Recién vestidos de limpio por Alianza, estos dos ejemplares fueron vistos salir juntos de una famosa librería granadina a primera hora de este pasado sábado de septiembre, aherrojados bajo el brazo de un señor que presuntamente responde a la identidad de un tal monsieur Barbusse. Se desconocen las razones del apoderamiento conjunto de ambas víctimas, aunque los agentes del orden ya están trabajando para esclarecer si se trata de una cuestión de simple azar o, por el contrario, existe algún tipo de conexión entre ellas. Lo que sí ha podido saberse es que ambas son ejemplos de literatura de gran calidad, narraciones maestras en lengua española, y ambas de precio muy asequible, por no decir irrisorio, por lo que el móvil económico parece descartarse.

En las diligencias de la investigación se incluyen los testimonios de personas que aseguran haber escuchado al citado señor Barbusse referirse a Torquemada -una de las víctimas- como uno de sus personajes de ficción más admirados, y a la novela en cuestión como "una obra excepcional, fresca, sarcástica y muy divertida, que ya podrían leer de vez en cuando, por si se les pega algo, algunos de los que se autoproclaman escritores". 

En cuanto a la segunda víctima, también hay constancia de las inmoderadas inclinaciones afectivas que el sospechoso sentía hacia ella. La policia encargada del caso ha tenido acceso a un comentario, escrito por éste en una conocida red social no hace mucho tiempo, en el que manifiesta sin ambages su querencia por la novela, prueba más que contundente de los hechos que se le imputan.  El comentario en cuestión dice: "Hay obras, como ésta, que (universales en su planteamiento) están, desgraciadamente, de plena actualidad. Los viejos como seres despreciables, inútiles y molestos deben ser eliminados. La batalla (y la gran literatura) comienza".

Debido a lo escasamente leídas que son en nuestro país las obras objeto del hecho que se relata, no parece que éste vaya a conmocionar a la opinión pública, como podría ocurrir con otras de escritores de menor nivel pero más ensalzadas y divulgadas, por lo que se decide finalmente archivar el caso sine die.

[Extracto del informe policial expt. GR-345-06092014]

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Un Sherlock Holmes lisboeta (dicen)


Ahora que, por lo que parece, el señor Barbusse me ha dejado aquí a mis anchas, encargado del meollo, sin contraorden al respecto ni de tipo acústico ni de otro signo, hum, les voy a celebrar la aparición de un libro que a mí me promete muchas satisfacciones y quizá a alguno de ustedes también, espero. Así se airean un poco de los ladrillos que les recomienda mi representado.

Ustedes conocen poco al señor Duvenand (que soy yo), claro, es natural, pero desde ya les digo que soy muy aficionado a los libros de tramas detectivescas donde se presenta una puzzle misterioso que una cabeza privilegiada ha de recomponer. Huelga decir mi devoción por los relatos de Sherlock Holmes o del Padre Brown, que leo con fruición una y otra vez en la lengua en que fueron concebidos.

El auténtico Sherlock en plena deducción

Por eso ahora, sepan que la editorial Acantilado se apunta un tanto a favor de mi estima al publicar hoy mismo en un solo volumen los relatos policíacos del escritor portugués Fernando Pessoa, conocido más como poeta y autor de algún que otro mamotreto deprimente, pero quien, por lo visto, era muy aficionado a este género, según su propia confesión. Les leo un fragmento de sus escritos autobiográficos..., esperen a ver, que me inscruste los quevedos, hum, ahora:

"Uno de los pocos divertimentos intelectuales que persisten en lo que aún le queda de intelectual a la humanidad es la lectura de novelas policíacas. Entre el inestimable y reducido número de horas felices que la Vida me permite pasar, considero que el mejor año es aquél que me permite pasar horas enfrascado, de cabeza y corazón, en las lecturas de Conan Doyle o de Arthur Morrison.
Un libro de estos autores, un cigarrillo de a cuarenta y cinco la cajetilla, la idea de una taza de café—trinidad cuya unidad con juga la felicidad para mí—, en esto se resume mi felicidad. Tampoco será para tanto, cierto. Pero una persona con sentimientos intelectuales y estéticos no puede aspirar a más con el ambiente actual en Europa.
Tal vez para estos señores sea motivo de asombro, no que éstos sean mis autores predilectos y de cabecera, sino que confiese que lo son."

¿Qué les parece, eh? Inteligente este hombre, ¿no? .

El curita Brown cavilando
El detective Abílio Quaresma es el cerebrito protagonista e hilo conductor de los doce relatos que integran el volumen de marras titulado Quaresma descifrador. Quaresma es una especie de Sherlock Holmes lisboeta (bueno, eso habrá que verlo, hum), un hombre maduro, soltero, soñador y alcohólico. "Médico sin clínica, espectador de la vida y descifrador de enigmas", según la descripción que hace el detective de sí mismo.

No se esperen que Quaresma sea el típico detective de acción que se disfraza y todas esas cosas, no, él pone en movimiento su magín y se deja llevar. Es un amante de la filosofía, de la ciencia médica y de Shakespeare que se sirve de sus lecturas para analizar el carácter de las personas y resolver los crímenes.

O al menos eso es lo que he podido saber, que yo no he leído estos relatos, oigan. Pero ¿prometen, eh?

¡No dicen ustedes nada! Malo.

Por lo que a mí respecta, ya he adquirido un ejemplar. Y me queda en casa algo de café para esta tarde. Me faltaría solo la cajetilla de a cuarenta y cinco. ¡Demonio de Pessoa!
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sábado, 30 de agosto de 2014

Una de las formas de la felicidad


Desde un lugar indeterminado y, por lo que se puede apreciar, ciertamente agradable, el señor Barbusse me hace llegar estas imágenes para que las comparta con ustedes. En la misiva que he recibido hay un breve texto, escrito de su puño y letra, hum... que trabajosa (por la endiablada tortuosidad de la caligrafía de mi representado) pero gustosamente paso a transcribirles a continuación. Esperen un momento que me ponga los anteojos..., hum, a ver: ¡ahora! La nota, que viene encabezada por el lema "Con Jim en el bolsillo", dice así:

"Amigo Duvenand, muestre a mis seguidores estas instantáneas como testimonio de que sigo vivo (o debería decir más bien como rastro o vestigio de mi existencia, pues no se me aprecia en las tomas). Me avergonzaba desde hace mucho tiempo confesar lo que hoy le puedo confesar. Se trata de un asunto que me venía produciendo una gran incomodidad y tensión cada vez que a alguien se le ocurría sacarlo. Yo solía callar, me sonrojaba y disimulaba de la mejor manera posible o intentaba desviar la conversación hacia otro tema. Pero todo tiene un límite, nadie puede vivir así. De modo que me decidí a ponerle solución y ahora, una vez que mi problema ha dejado de ser tal, puedo decir sin miedo a que me tachen de patético o idiota (lo que, desde luego, comprendería perfectamente) que hasta ahora no había leído La isla del tesoro. Sí, suena fuerte, lo sé. Pero cada uno tenemos nuestros ignominiosos secretos, usted también los tendrá, supongo. De todas formas, tal como le he dicho, eso es ya pasado. Como ve, Duvenand, este verano he puesto remedio y puedo asegurarle que hay que ser ciertamente un insensato para haberse perdido algo así. Ahora entiendo a Borges cuando llegó a decir que leer a Stevenson es una de las formas de la felicidad. No voy a ser yo quien ponga o quite una coma a esa verdad como un templo. La edición que me he llevado a este rinconcito es la de bolsillo de Valdemar, ilustrada y en pasta dura, sencillamente espléndida. Dígaselo a los seguidores del blog, no se olvide. Y dígales, haga el favor de decirles que ahora Jim ya siempre irá conmigo".  


Así dice el texto que he recibido. Les adjunto las otras dos "instantáneas" (usando el mismo término de mi representado) que lo acompañan. Aquí, en petit comité, hum... he de confesarles que me he quedado paralizado con esta misiva. Entiendo poco de estas cosas, pero no haber leído nunca este clásico me resulta extravagante, por no decir indecoroso. Y se las da de sabiondo de las letras, encima. Si yo llevara este blog, otro gallo cantaría, hum. En fin, les dejo, yo he cumplido mi misión, que es lo que se espera de mí y para lo que me sufraga mi representado, así que no seré yo quien lo critique.

No haber leído La isla del tesoro, ¡ja!, menudo pazguato.

viernes, 18 de julio de 2014

Feliz (para algunos) verano



Me retiro a mis epicentros hasta el mes de septiembre. Este año no he querido poner la imagen del solitario contemplativo ante la vasta inmensidad del océano o la de los rayos de sol dorando tersos cuerpos juveniles. O la del éxtasis estival reflejado en rostros alegres y exultantes ante la inmediata expectativa del descanso y del ocio dilatados. Como somos el país en que más se abandona a los animales de compañía -en algo teníamos que batir récord-, les dejo esta imagen que habla por sí misma y que no necesita explicación, ni glosa ni comentario, para que, de alguna forma, cuando veamos a un animal abandonado, confuso y huidizo, buscando una sombra, una mano o un resquicio de conmiseración, seamos conscientes de que debería de caérsenos la cara al suelo de vergüenza de pertenecer al género animal al que dicen pertenecer algunos seres de nuestra suprema y desarrollada especie. Afortunadamente aún hay quien mira a los ojos y es capaz de entender -como decía Saint-Exupéry- que no se ve sino con el corazón y que lo esencial es invisible a los ojos. Para ellos -solo para ellos-, feliz verano.

Imagen: Contacto, de Gianni Strino

lunes, 14 de julio de 2014

Collins siempre

Wilkie Collins fotografiado en 1865

Este señor de barba generosa y ajustados anteojos es Wilkie Collins. El señor Barbusse, que prepara su partida para Inglaterra en pos, entre otros asuntos, de la estela personal y literaria de Collins por distintos barrios londinenses -ese es el motivo de que les escriba yo- guarda una especial devoción, admiración y cariño por este autor. 

Tras el rastro de Collins
La fijación del señor Barbusse por Collins viene, según tengo entendido, de antaño, cuando él era un adolescente ávido de lecturas enjundiosas de crimen y misterio que transcurriesen o estuviesen ambientadas en Londres y alrededores. Por lo que he podido llegar a saber, su madre, la del señor Barbusse, le regaló La dama de blanco por su nosécuantosperopocos cumpleaños y le fascinó de tal manera el arte de narrar del señor Collins que se devoró el libro -bastante extenso, por cierto- en menos días que dedos exhibe una mano. Según anota en su diario personal inédito, al que he tenido acceso dada mi condición de secretario y albacea personal, La dama de blanco le dejó "como poseído por un ansia irrefrenable o, más bien, por una necesidad fisiológica de inyectar en vena más historias de Collins", por lo que su reacción inmediata fue la de recorrer diferentes establecimientos dedicados a la venta de libros para conseguir otras obras surgidas de la mano del escritor. "Lo quería leer todo de él, y todo lo que había escrito me parecía poco", escribe Barbusse en la hoja 37bis de su diario. Así es cómo llegó a adquirir, con su por aquel entonces escaso presupuesto monetario propio, La piedra lunar ("en la única edición disponible en aquellos días, la de Montesinos; aún no se había publicado la impecable de Alba editorial"), Armadale (cuya lectura dice no haberle dejado del todo satisfecho), Basil, El secreto de SarahDoble engaño, El hotel encantado y otros títulos (el listado es prolijo, no quiero cansarles con citas innecesarias). 

Dos reliquias de la biblioteca de mi representado
A su biblioteca se sumaron, años más tarde, Marido y mujer, con la que confiesa haberse "divertido mucho", y Sin nombre, libro sobre el que no he encontrado ninguna alusión textual en su diario. Sí, no obstante, lo que parecen ser cinco asteriscos o estrellitas dibujadas, en color rojo, junto al título de la obra, y que sería lógico suponer que se trata de una simbología de carácter claramente valorativo.

Al final de la entrada dedicada a Collins, Barbusse anota en la hoja 38 recto de su diario: "Convivir -esa es la palabra- con un libro de Collins obliga a declinar cualquier invitación de actividad que no sea la de la exclusiva y entregada dedicación a su lectura. Así que conviene anunciar a familiares, amigos y conocidos esta tarea como si se tratase de unas vacaciones, un viaje o un retiro preventivo del mundanal ruido". Junto a esta nota hay, además, una posdata, de añadido más reciente, si juzgamos por la frescura de la tinta con que ha sido escrita: "La trilogía básica de este grandioso talento y que ningún lector con sano juicio debería perderse estaría compuesta por las inolvidables La piedra [i.e. La piedra lunar], Sin nombre y La dama [i.e. La dama de blanco], estando esta última -justamente mi preferida- necesitada de una nueva edición con una traducción a su altura (ojalá Alba se decida, lo merece el libro y la editorial, ambas; insistiré)".
 

Finalmente, he recibido esta misma mañana un wassap de Barbusse que -siguiendo instrucciones- les transcribo a continuación: "Duvenand, querido amigo, no se olvide de incluir en el texto que prepara para El infierno la noticia de que acaba de aparecer en Cátedra una nueva edición (aunque no traducción) de La sotana negra, novela de Wilkie Collins que aun no he leído, pero de la que he oído buenas y animosas consideraciones. Conviene  no perder la pista. Collins siempre. Un saludo."

Atte. les saluda,
Monsieur Duvenand,
secretario-albacea de Monsieur Barbusse.